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COMENTARIO DE TEXTO: PARÁBOLA DEL BARCO -PLATÓN-

PARÁBOLA DEL BARCO –PLATÓN-

En este texto intentará Sócrates explicar a Adimanto comparando al patrón del barco con el filósofo y a los marineros con la muchedumbre, con el pueblo. Cómo los marineros piensan que la navegación no es un arte que requiera conocimientos ni teóricos ni prácticos, ni conocer las estrellas, los vientos etc., y la muchedumbre tampoco creerá que el gobernar sea un arte. Por eso el adjetivo de “inútiles” a los filósofos es puesto por los políticos actuales que piensan y actúan igual que los marineros del cuento.

TEXTO

En este punto intervino Adimanto.

-Nadie, oh Sócrates -dijo-, podría contradecirte. Pero a los que escuchan en cada ocasión lo que dices les pasan cosas como ésta: estiman que es por mi inexperiencia en interrogar y responder por lo que son desviados un poco por obra del argumento en cada pregunta, y, al acumularse al final de la discusión estos pequeños desvíos, el error llega a ser grande y aparece contradiciendo lo primero que se dijo. Y así como en el juego de fichas los expertos terminan por bloquear a los inexpertos, que no tienen dónde moverse, así también ellos acaban por quedar bloqueados, sin tener que decir, por obra de este otro juego de fichas que no se juega con guijarros sino con palabras, aunque la verdad no gane más de ese modo. Digo esto mirando al caso presente; pues ahora podría decirse que de palabra no se puede contradecirte en cada cosa que preguntas, pero que en los hechos se ve que cuantos se abocan a la filosofía, no adhiriéndose simplemente a ella con miras a estar educados completamente y abandonándola siendo aún jóvenes, sino prosiguiendo en su ejercicio largo tiempo, en su mayoría se convierten en individuos extraños, por no decir depravados, y los que parecen más tolerables, no obstante, por obra de esa ocupación que tú elogias, se vuelven inútiles para los listados.

Y una vez que lo escuché, dije:

 -¿Y piensas que los que hablan así mienten ?

-No sé, pero con gusto oiría tu opinión.

-Oirías, pues, que me parece que dicen la verdad.

-¿Cómo, entonces, ha de estar bien dicho que no cesarán los males para los listados antes de que en ellos gobiernen los filósofos, cuando venimos a reconocer que les son inútiles?

-Para contestar la pregunta que haces necesito de una comparación.

-¿Y claro, tú no acostumbras, creo, a hablar con imágenes?

 -Bueno, te burlas tras haberme arrojado en un asunto difícil de demostrar. Escucha ahora la imagen, para que puedas ver cuánto me cuesta hacer una comparación. Tan cruel es el trato que los Estados infligen a los hombres más razonables, que no hay ningún otro individuo que padezca algo semejante. Por eso, para poder compararlos y defenderlos, deben reunirse muchas cosas, a la manera en que los pintores ^mezclan para retratar ciervos-cabríos y otros de esa índole. Imagínale que respecto de muchas naves o bien de una sola sucede esto: hay un patrón, más alto y más fuerte que todos los que están en ella, pero algo sordo, del misino modo corto de vista y otro tanto de conocimientos náuticos, mientras los marineros están en disputa sobre el gobierno de la nave, cada uno pensando que debe pilotar él, aunque jamás haya aprendido el arte del timonel y no pueda mostrar cual fue su maestro ni el tiempo en que lo aprendió; declarando, además, que no es un arte que pueda enseñarse, e incluso están dispuestos a descuartizar al que diga que se puede enseñar; se amontonan siempre en derredor del patrón de la nave, rogándole y haciendo todo lo posible para que les ceda el timón. Y en ocasiones, si no lo persuaden ellos y otros sí, matan a éstos y los arrojan por la horda, en cuanto al noble patrón, lo encadenan por medio de la mandrágora, de la embriaguez o cualquier otra cosa y se ponen a gobernar la nave, echando mano a todo lo que hay en ella y, tras beber y celebrar, navegan del modo que es probable hagan semejantes individuos; y además de eso alaban y denominan «navegador», «piloto» y «entendido en náutica» al que sea hábil para ayudarlos a gobernar la nave, persuadiendo u obligando al patrón en tanto que al que no sea hábil para eso lo censuran como inútil. No perciben que el verdadero piloto necesariamente presta atención al momento del año, a las estacio­nes, al cielo, a los astros, a los vientos y a cuantas cosas conciernen a su arte, si es que realmente ha de ser soberano de su nave; y, respecto de cómo pilotar con el consentimiento de otros o sin él, piensan que no es posible adquirir el arte del timonel ni en cuanto a conocimientos técnicos ni en cuanto a la práctica. Si suceden tales cosas en la nave, ¿no estimas que el verdadero piloto será llamado «observador de las cosas que están en lo alto», «charlatán» e «inútil» por los tripulantes de una nave en tal estado.

- Ciertamente -respondió Adimanto.

- Y no pienso que debas escrutar mucho la comparación para ver que tal parece ser la disposición de los Estados hacia los verdaderos filósofos, ya que entiendes lo que digo.

- Así es

- Por lo tanto, has de enseñar la imagen a aquel que se asombraba de que los filósofos no sean honrados en los Estados, e intenta convencerlo de que mucho más asombroso sería que los honrasen.

- Se la enseñaré.

- Y también convéncelo de que dice la verdad al afirmar que los filósofos más razonables son inútiles a la muchedumbre, pero exhórtalo a que eche la culpa de eso no a los hombres razonables sino a quienes no recurren a ellos. Porque no es acorde a la naturaleza que el piloto ruegue a los marineros que se dejen gobernar por él, ni los sabios acudan a las puertas de los ricos. Miente aquel que idee tal ingeniosidad. Lo que verdaderamente corresponde por naturaleza al enfermo -sea rico o pobre- es que vaya a las puertas de los médicos, y a lodo el que tiene necesidad  de ser gobernado ir a las puertas del que es capaz de gobernar: no que el que gobierna a los gobernados para poder gobernar, si su gobierno es verdaderamente provechoso. Pero si comparas a los políticos que actualmente gobiernan con los de que acabamos de hablar, y a los que aquéllos decían «inútiles» y charlatanes de las cosas que están en lo alto» con los verdaderos pilotos, no te equivocarás.

- Correcto.

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