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La influencia de los demás en nosotros
Hubo un indio guerrero que encontró un huevo de águila en la cima de una montaña y puso éste huevo de águila junto con los huevos que iban a ser empollados por una gallina. Cuando el tiempo llegó, los pollitos salieron del cascarón, y la pequeña águila también. Después de un tiempo, ella aprendió a cacarear como las gallinas, a escarbar la tierra, a buscar lombrices, limitándose a subir a las ramas más bajas de los árboles, exactamente como todas las otras gallinas. Y su vida transcurría en la conciencia de que era una gallina. Un día, ya vieja, el águila terminó mirando el cielo y tuvo una visión magnífica. Allá, en el azul claro, un pájaro majestuoso volaba en el cielo abierto, como si no necesitase hacer el más mínimo esfuerzo. El águila vieja quedó impresionada. Se volvió hacia la gallina más próxima y dijo: "¿Qué pájaro es aquél?"
La gallina miró hacia arriba y respondió: "¡Ah! Es el águila dorada, reina de los cielos. Pero no pienses en ella. Tu y yo somos de aquí abajo". Y el águila no miró nunca más hacia arriba y murió en la conciencia de que era una gallina. De esa manera, como todo el mundo la trataba, de esa manera creció, vivió, murió.
Texto de Anthony de Mello en Rompe el ídolo
El sufrimiento puede llevarte a la felicidad
Hay una historia de un hombre que, un día, fue hasta su rabino y le dijo: "Rabino, tiene que ayudarme! ¡Mi casa es un infierno! Vivimos en una habitación, mi mujer, mis hijos, mis cuñados y yo. ¡Es un infierno! No hay espacio para todos."
El rabino sonrió y dijo: "Está bien, yo lo ayudo, pero tiene que prometerme hacer lo que yo diga."
Y el hombre: "¡Prometo! ¡Prometo de verdad! ¡Es una promesa solemne!"
Dijo el rabino: "¿Cuántos animales tiene?
El hombre: "Una vaca, una cabra y seis gallinas."
El rabino dijo: "Ponga los animales dentro del cuarto, y vuelva dentro de una semana."
El hombre no podía creer lo que oía, pero ya había prometido. Entonces volvió a su casa deprimido y llevó los animales de la habitación. A la semana siguiente volvió desconsolado y dijo al rabino: "¡Estoy enloquecido! Voy a acabar con un infarto. Usted debe hacer algo..."
Y el rabino: "Vuelva a casa y saque los animales. Dentro de una semana, venga a verme". El hombre fue corriendo hasta su casa.
Y cuando volvió, a la semana siguiente, sus ojos brillaban, y dijo: "Rabino, la casa es una maravilla, ¡tan limpia! ¡Es un paraíso!"
¿Entendió? Yo no tenía zapatos y siempre estaba protestando por falta de zapatos, ¡hasta que conocí a una persona que no tenía pies!
REFLEXIONA: ¿Qué es el lenguaje para Nietzsche? ¿El lenguaje, las palabras, nos acercan o nos alejan de la realidad?
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SIGNIFICADO DE LA ENFERMEDAD Y DIGNIDAD DEL ENFERMO
Dr. Juan Pablo Beca I
La pregunta sobre qué es la enfermedad ha tenido profusas respuestas desde la perspectiva científica, psicológica, social y cultural. La enfermedad ha sido vista como desorden del equilibrio natural, como agresión externa, como consecuencia de estilos de vida, como desgracia y también como castigo. Aunque las miradas varían según el tipo de enfermedad y sus diferentes expresiones, está claro que las respuestas son distintas si las formula el médico, el paciente o su familia. Es evidente que para el enfermo la vivencia profunda no es sólo “tener” una enfermedad, sino el “ser” enfermo, el hecho de pasar de sano a enfermo con todas las repercusiones existenciales propias de cada caso. Como el fin de la medicina es ayudar al enfermo previniendo la enfermedad, intentando curar, cuidando al incurable y favoreciendo una muerte en paz, resulta indispensable que médicos y estudiantes de medicina comprendan en profundidad lo que la enfermedad representa para el enfermo. Sin embargo la preocupación por el tema es escasa y las percepciones del médico y del enfermo son diferentes, lo cual dificulta y distancia su relación.
Los médicos clínicos demoran a veces muchos años para comprender completamente lo que viven las personas cuando presentan una enfermedad seria, amenazante de su vida o de su calidad de vida. Con el propósito de encontrar metodologías para que los estudiantes logren esta comprensión se realizó, en un grupo de alumnos de medicina, una experiencia en la cual cada estudiante fue “acompañante” de un enfermo crónico durante dos meses. El enfermo fue de esta manera un tutor del estudiante para su aprendizaje sobre el significado de la enfermedad para el paciente y su familia. Los estudiantes no sólo confirmaron muchos de sus conceptos teóricos previos sino que los hicieron propios a través de una vivencia. También pudieron conocer cómo los enfermos enfrentan y logran superar diversas limitaciones de sus capacidades y habilidades. Finalmente los estudiantes concluyeron que, para que el médico pueda indicar y conducir adecuadamente el tratamiento de cada enfermo, es necesario conocer bien a la persona enferma, a su entorno familiar, sus esperanzas y valores.
Las dimensiones de la enfermedad para quien la padece son muy amplias y repercuten de muchas maneras en su vida. Una cosa es sentirse enfermo y otra es sentir que está amenazada la persona misma, al punto de que posiblemente ya no será la misma que fue antes. Una enfermedad terminal, o una con riesgo de muerte o de secuelas, constituye por lo tanto una crisis de toda la persona, vivencia que se engloba en lo que se concibe como una crisis espiritual. Por eso se admite que existe una estrecha relación entre espiritualidad y salud, con terminologías y conceptos no del todo precisos. Existen decenas de definiciones de espiritualidad que contienen creencias religiosas, sensibilidad artística, emociones, temores, afectos, relaciones interpersonales y proyectos de vida. La espiritualidad, para los creyentes, está relacionada con su fe personal y, desde una mirada secular, está ligada al “significado” o sentido de cada vida. Ambas perspectivas tienen en común un sentido de trascendencia. De tal importancia es esta relación entre espiritualidad y salud que numerosas facultades de medicina han incorporado cursos de espiritualidad en sus programas. También se han establecido, entre las intervenciones de cuidados paliativos, programas de “cuidado espiritual” que son impartidos por los diversos profesionales del cuidado y no sólo por capellanes como se podría pensar. Otra metodología propuesta en cuidado paliativo es la “terapia de la dignidad”, referida a acciones que tratan con el enfermo los asuntos que él mismo considera que afectan su dignidad.
Sólo si se comprende bien el significado de la enfermedad para cada paciente se podrá indicar los tratamientos adecuados y proporcionados a cada caso, planificar su cuidado de acuerdo a sus necesidades personales y atender a las necesidades familiares. De esta manera se estará aliviando el sufrimiento y, para los enfermos terminales, favoreciendo su muerte en paz. En otras palabras, así se estará respetando íntegramente su dignidad. Por eso Harvey Chochinov propone en un artículo reciente que, así como se habla del ABC para la reanimación de pacientes críticos, se incorpore el concepto del ABC y D para el cuidado de enfermos terminales o con riesgo de morir1. En este caso el ABC se refiere a actitud, comportamiento y compasión (Attitude – Behaviour - Compassion), a lo cual agrega la D de diálogo. Se refiere a “actitud” cercana sin juicios previos ni intuiciones de parte del profesional, “conductas” concretas que expresen bondad hacia el paciente, “compasión” como virtud y comprensión de lo que está viviendo el enfermo y, finalmente, “diálogo” como elemento básico de empatía que permite conocer al enfermo escuchando lo que él expresa. De esta manera, comprender el significado de la enfermedad para el enfermo es una condición necesaria para una buena medicina y la base del respeto a la dignidad de la persona que presenta una enfermedad.
Para vivir y aplicar el ABC-D propuesto, es necesario un tipo de médico que haya incorporado, durante su formación y a través de su vida profesional, conceptos de persona humana y de su dignidad intrínseca, sentido de la medicina como profesión de ayuda, excelencia científica y virtudes profesionales. Es difícil que médicos que restringen su acción profesional a lo puramente científico y técnico, desconociendo o postergando sus aspectos humanistas, logren respetar íntegramente la dignidad del enfermo, porque no centrarán sus indicaciones y actuaciones en lo que es más importante para el enfermo en su vida.
Lo anterior puede ser relativamente fácil de comprender si se trata de enfermos terminales o en riesgo vital. Sin embargo el deber profesional de respeto a la dignidad del paciente, así como la necesidad de conocerlo para ajustar los tratamientos a sus necesidades y posibilidades, es transversal a toda la medicina y constituye una de las características de la medicina como arte. Más aún, es en la atención primaria, ejercida por médicos familiares o por especialistas en la atención ambulatoria, cuando más se debe ejercer una medicina centrada globalmente en la totalidad de la persona.
A modo de síntesis se puede afirmar, coincidiendo con lo expresado por los estudiantes en la investigación citada, que conocer el significado de la enfermedad para el enfermo y su entorno, es fundamental para ofrecer una buena atención médica, para lo cual es ineludible enfrentar los aspectos espirituales junto a los somáticos. Sólo de esta manera se estará respetando íntegramente la dignidad de la persona enferma.
Hay en una de las paredes de mi cuarto un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.
Casi todo el tiempo, el reloj es sólo un inútil adorno en una blanquecina y vacía pared.
Sin embargo hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.
Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares marcan las 7 y los cu-cu y los gong de las demás máquinas hacen sonar por 7 veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces por día, a la mañana y a la noche, el reloj se siente en absoluta armonía con el resto del universo.
Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección…
Pero pasado ese instante, cuando los otros relojes han acallado su canto y las manecillas siguen sus monótonos caminos, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.
Y yo amo ese reloj y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez me siento más parecido a él.
También yo estoy parado en un tiempo, también yo me siento clavado e inmóvil, también yo soy de alguna manera un adorno inútil en una pared vacía.
Pero tengo también fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.
Durante esos tiempos, yo siento que vivo. Todo está claro y el mundo se transforma en maravilloso. Yo puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todos los otros momentos. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.
La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los otros.
…Pasado estos momentos, los otros relojes que anidan en
otros hombres, continúan su giro y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar que acostumbro a llamar vida.
Pero yo sé que la vida es otra cosa.
Yo sé que la vida, la vida de verdad es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.
Casi todo el mundo, pobre, cree que vive.
Sólo hay momentos de plenitud y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad.
Por esto te amo, viejo reloj, porque somos la misma cosa tú y yo.
Cuento de GIOVANNI PAPINI. Adaptado por Jorge Bucay.

La palabra «crisis» significa, según el Diccionario, «aquel momento en que se produce un cambio muy marcado en algo, por ejemplo, en una enfermedad o en la naturaleza de una persona». En el caso de la enfermedad, entra en crisis cuando se decanta hacia la recuperación o hacia la muerte; en el caso de los valores personales, entran en crisis cuando alguien empieza a poner en cuestión sus convicciones, a dudar de que sean verdaderas, y se produce una situación de inquietud o de angustia porque no sabe si se reafirmará en ellas o acabará abandonándolas. De este tipo son las crisis de valores o las crisis de fe en el caso de las personas.
El momento crítico es, pues, aquel en que se está produciendo un cambio muy marcado, cuyo desenlace todavía no se sospecha, pero que en el caso de la enfermedad es o bien la curación o bien la muerte, mientras que en el de las personas es o bien la confirmación en las convicciones o bien el abandono de las mismas. En cualquiera de estas opciones personales ha podido producirse o un crecimiento o un deterioro. Por eso las crisis personales pueden llevarnos a crecer o a deteriorarnos.

"...¿de qué se ocupa la filosofía?. La respuesta es simple: la filosofía se ocupa de problemas absolutamente elementales:
Problemas en absoluto abstractos, sino precisamente reveladores (en quien por ellos se interesa) de una exigencia incompatible con la abstracción y la astenia que caracterizan a la vida ordinaria del espíritu.
Problemas en absoluto artificiosos, sino, por el contrario, perfectamente vigentes y hasta acuciantes, en las antípodas precisamente de esos malabarismos que alimentan a menudo los espacios culturales [...]
Y sin embargo la última palabra no está pronunciada. Pues aunque todo indica que vamos a vivir sin filosofía, resulta que sin filosofía... pura y simplemente no cabe vivir; no cabe al menos vivir si de una vida humana y no mera existencia biológica se trata. Aristóteles lo señalaba radicalmente en la frase que anima este escrito y que constituye un deber iterar en cuantas ocasiones sea necesario: "todos los hombres por genuina disposición aspiran a ser lúcidos". Por lo irrenunciable de tal aspiración, vivir sin filosofía es sumergirse en la sombra; sombra poblada de fantasmas, ahora simplemente grotescos, ahora potencialmente criminales".
(Víctor Gómez Pin: "Los ojos del murciélago")

1) Las respuestas filosóficas –si las hay- no son empíricamente verificable. Si lo fuera sería respuesta científica. En filosofía no hay problemas resueltos, los grandes problemas filosóficos no pueden ser definitivamente solucionados. Se pueden plantear correctamente y proponer alguna hipótesis. Las teorías filosóficas son inverificables (si lo fueran serían hipótesis científicas).
2) La religión pertenece al reino de las creencias, y el fundamento de la creencia es una revelación de la que no puede decirse racionalmente ni su verdad ni su falsedad en sí misma. La filosofía no fundamenta su reflexión en revelaciones divinas sino en experiencias y razonamientos. La filosofía es racional y crítica; la religión es dogmática y acrítica.
3) La filosofía es esencialmente crítica, dudar y sospechar, incluso lo que parece más evidente (elemento muy perturbador en nuestro pacífico existir). Es autocrítica, no debe ser el filósofo un dictador de ideas
4) La filosofía es continua búsqueda crítica y sistemática de una explicación racional, por lo tanto es privativa de personas especialmente reflexivas, ADMIRACIÓN -> PREGUNTA -> CONCIENCIA DE LA IGNORANCIA -> REFLEXIÓN FORMAL
El que desee filosofar, debe ejercitarse en el ejercicio libre de su razón y no en un ejercicio imitativo y esclavo. A la filosofía le compete el pensar, pero muchas veces nos fascina la copia, es un tiempo de plagios, la atracción por la repetición, la clonación, la reproducción exacta de cualquier cosa, es la cultura de la copia, deseamos lo mismo, perfumes, coches, idénticas películas y vídeos, es el signo de la nueva cultura, la vulgaridad y ramplonería, la mediocridad.

CUESTIÓN: Explicar el significado de filosofía en la proposición “tomarse las cosas con filosofía”
ACLARACIONES: Si analizamos la frase “tomarse las cosas con filosofía”, veremos que no es una frase que tengamos que rechazar sin más, contiene una parte implícita a la resignación y a la paciencia, pero el punto más importante es, la invitación a la reflexión, a comprender lo que ocurre, posee un fondo racional y como tal hay que afrontarlo, concentrarse en las propias fuerzas racionales y no dejárse llevar por los impulsos instintivos y violentos. Los modismos populares en los que aparece el término filosofía o filósofos tienen casi siempre el significado de superar las pasiones bestiales y elementales y la necesidad de obrar en una dirección consciente.

El negro ROSA MONTERO EL PAÍS - Última - 17-05-2005
Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta. Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

Posts para reflexionar publicado por Luis Luiño. Hay una idea que a muchas personas les ha ayudado a salir de sus adicciones. Cuando eran adictos, se sentían esclavos. Y por eso decidieron dejar de depender.
Parece ser que hubo una época en la que la sensación de esclavitud que provocan las dependencias fue más cierta que nunca…
En el México azteca, la mayoría de los esclavos decidían serlo vencidos por la depresión y agobiados ante la responsabilidad de tener que seguir ganándose la vida para perderla por culpa de su adicción al patolli.
El patolli era el juego de pelota nacional. Los hombres arruinados por su adicción acababan por convertirse voluntariamente en esclavos para que alguien que no tuviera ninguna dependencia pudiera mantenerles. El fundamento del contrato de esclavitud consistía en que un esclavo tenía que ser alimentado por el amo, que se hacía responsable de él. De lo contrario, tenía que liberarlo.
La elección vital estaba clara en el México azteca: uno podía tener responsabilidad y luchar contra la adicción al juego o no tener responsabilidad y perder la libertad. Es decir, uno podía elegir irresponsabilidad o libertad. No había otra vía.
Hoy en día, en nuestra sociedad, la dicotomía que se plantea es muy parecida. Por una parte, uno puede ser libre: el precio que tiene que pagar es ser responsable de sí mismo.
Por la otra, se puede ser dependiente de una adicción, perder la libertad y convertirse en una especie de esclavo.
De hecho, los estudios muestran una característica constante en aquellos que están en una etapa adictiva. Cuando una persona es adicta, ha perdido el control interno, la sensación de que es dueño de su vida. Ha delegado en los demás la responsabilidad de su propia existencia: cree que todo lo que le ocurre es culpa de los otros, piensa que lo que haga no cambiará los acontecimientos. Ha perdido el control interno y con él se han ido la responsabilidad y la motivación para cambiar.
Cuando esa etapa adictiva se acaba, las personas vuelven a recuperar el control sobre su vida. Vuelven a tener la sensación de que, por lo menos en cierta medida, pueden cambiar su vida. Retoman las riendas, dejan de echarle la culpa a los demás y dejan de ser esclavos. Han descubierto que toda prisión tiene su ventana y la única motivación adaptativa son las ganas de saltar por ella.
Lo dicho: que ser esclavo, aunque uno lo haya elegido, es ser prisionero.

http://www.observacionesfilosoficas.net/indexcategorias.htm
Revista de filosofía A parte rei: Revista de la Sociedad de Estudios Filosóficos de Madrid
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/
Indice temático:
http://serbal.pntic.mec.es/%7ecmunoz11/contenidos.html
Revista Psikeba - revista depsicoanálisis y estudios culturales-
Revista La lámpara de DIógenes: Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México
http://www.ldiogenes.buap.mx/revistas/12/index.html
Revista Cuenta y Razón: Revista de la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES) Madrid. Fundada por Julián Marías y de periodicidad trimestral.
Revista: Oxigen 2006:
http://www.revistaoxigen.com/edicion_actual.htm
Revista Enfocarte: Revista internacional de arte y cultura
Cuaderno de materiales
http://www.filosofia.net/materiales/portada.htm
Revista límite;Revista del Departamento de Filosofía y Psicología de la Universidad de Tarapacá
http://www.limite.uta.cl/sumarios/index.html
Revista eikasia
http://www.revistadefilosofia.com/
http://www.konvergencias.net/numeroactual.htm
http://www.architecthum.edu.mx/Architecthumtemp/lectorcolab.html
Astrolabio
http://www.ub.es/astrolabio/Art%EDculos2cast.htm
Almiar: margen cero
http://www.margencero.com/reportajes.html
Opinatio
http://usuarios.iponet.es/ddt/it-filo.htm
Homines
http://www.homines.com/palabras/index.htm
Hombre y mundo
http://www.hombreymundo.com/hym/home.html
Y otras revistas en esta dirección:
http://www.observacionesfilosoficas.net/links.htm

Ver ficha de trabajo:
http://www.truffaut.eternius.com/Farenheit_451_1966.htm
Guy Montag es un bombero que no se dedica a apagar incendios. Montag los crea con la intención de quemar libros ya que, según su gobierno, leer impide ser felices porque llena de angustia; al leer, los hombres empiezan a ser diferentes cuando deben ser iguales.
Montag conoce a una muchacha de 17 años, Clarisse McClellan, quien le cuenta que a ella y a su familia los tachan de "antisociales" porque formulan preguntas, en lugar de que su entorno las pregunte y las respondan ellos mismos. Al principio, Montag la tacha de loca, pero es esa joven la que empieza a generar en Montag la duda sobre si verdaderamente es feliz.
El jefe de Montag, Beatty, le dice que los libros sólo sirven para hacer sentir mal a las personas, que los libros de filosofía sólo dicen que el autor tiene la razón y los demás no. Es un hombre astuto.
Montag acude a un incendio en el que había que quemar una casa de una mujer anciana que tenía una biblioteca. Antes de echar el petróleo, Montag toma un libro y se lo lleva escondido. La vieja no sólo se rehúsa salir de su casa, sino que es ella misma quien le prende fuego con una cerilla. Esto impacta más a Montag y le hace pensar.
Su esposa, Mildred, sólo está interesada en hablar con su "familia": tres pantallas de televisión en la sala. Montag quiere compartir con ella sus inquietudes, pero ella se niega.
Montag se acuerda de un viejo que conoció en el parque, un profesor de Literatura llamado Faber. Como Montag tenía una colección de libros escondida, se lleva un ejemplar de la Biblia, como carnada para Faber. Le plantea al viejo profesor la necesidad de luchar para que los libros permanezcan sobre la ignorancia.
Diseñan un plan. Faber contactará con un impresor desempleado y con varios académicos exiliados. Le da a Montag un dispositivo para que se puedan mantener comunicados y sigan diseñando el plan.
Al llegar a su casa, Montag encuentra a Mildred y a unas amigas hablando con la "familia". Molesto por su ignorancia y por ver que son incapaces de dar cariño incluso a sus maridos e hijos, saca un libro de poemas y lee uno. Una de las amigas se pone a llorar y otra se enoja con él. Faber le reprocha por haber hecho esto, ya que lo considera un error.
Posteriormente deciden ir a enfrentar a Beatty, pero este se muestra muy astuto y no consiguen derrotarlo. Suena un aviso de alarma y deciden atenderla. Era la casa de Montag.
Al llegar, sale Mildred corriendo y se va en un taxi. Beatty le dice a Montag que fue ella quien hizo la denuncia, pero que sus amigas ya habían hecho otra. Le ordena quemar él mismo la casa. Empieza a golpear y a provocar a Montag, cuando se da cuenta del dispositivo con el que Montag se comunicaba con Faber, destruyéndolo, y jura ir en busca de Faber. Enfurecido, Montag quema vivo a Beatty, dándose después cuenta de que Beatty quería morir.
Montag va a casa de Faber, le da dinero y huye. A pesar de que se había organizado una intensa búsqueda, Montag logra escapar, dando con un grupo de académicos dirigidos por Granger. Granger le cuenta que la misión de ellos es memorizar libros para transmitirlos oralmente y así, un día, poder imprimirlos. Mientras caminaban afueras de la ciudad, se oyen venir a los aviones, y caer bombas, destruyendo la ciudad. Y ahí termina la historia, con la esperanza de que algún día el conocimiento supere a la ignorancia.

http://www.karmafilms.es/html/elgransilencio.html http://www.elpais.com/articulo/cultura/cartujos/comen/Borat/elpepucul/20061209elpepicul_4/Tes Una película muestra sin una sola palabra el día a día de un monasterio INFORMACIÓN: VIDA DE LOS CARTUJOS http://www.villadealtura.com/vidacartujos.htm http://www.chartreux.org/index.php En una época en la que cinco minutos de silencio son un lujo, la película-documental de Philip Gröning puede convertirse en un auténtico shock para el público abonado al café y a la agenda repleta. Y es que «El gran silencio» es eso: un prolongado silencio, 162 minutos de pura quietud. Ambientada en el monasterio cartujo de Grenoble, en Francia, relata con imágenes -que no con conversaciones- la vida cotidiana de los monjes: la oración litúrgica, la meditación, el trabajo, los cantos gregorianos, los paseos por la naturaleza, la vida en comunidad... Todo ello envuelto en un silencio pacífico, entre las campanas del monasterio, la música sacra que recitan, las hojas de los árboles que caen y el viento que sopla. Y muy poco más. Porque si los cartujos se distinguen por algo es precisamente por pasar todo el día en silencio, en constante oración. Alguien podría pensar que esta película-documental estaba condenada a pasar desapercibida ante el gran público, aparentemente ansioso de thrillers de acción y suspense, y poco interesado en un film que rebosa paz y tranquilidad por los cuatro costados. Pero no ha sido así. En Alemania, «El gran silencio» ha sido un auténtico éxito de taquilla, que ha superado con creces a Harry Poter en la media de público por proyección. La que parecía que iba a ser la película de la década ha sido desbancada por una comunidad de monjes orantes. La contemplación ha ganado a la magia de Rowling. Un largo proceso. Cuando Philip Gröning comenzó a idear la película corría el año 1984. Habló con la orden monástica sobre la posibilidad de grabar el film ese mismo año. ¿La respuesta? Era demasiado pronto: «Dentro de diez o quince años, quizá». Está claro que el tiempo en un claustro no se mide igual que en una oficina. Finalmente, en 1999, el momento había llegado. El director recibió una llamada del monasterio del «Gran Charteuse» de Grenoble, en los alpes franceses, el referente de todas las cartujas del mundo. Los preparativos previos a la grabación le llevaron a Gröning dos años. El rodaje, seis meses. Él solo ha grabado, producido y montado la película. Para ello, no ha querido usar luz artificial, ni música de fondo añadida, ni ningún elemento decorativo que no estuviera ya en el monasterio. Sólo quería grabar la realidad, y por eso vivió medio año con los cartujos. En 2005, Gröning presentó la película en el Festival de Venecia, en la sección dedicada al lenguaje experimental («Horizontes»). Y después vino el éxito. Primero, en su tierra natal, Alemania. Ahora, en Italia, donde crítica y público también han acogido «El gran silencio» favorablemente. Será porque la vida de una de las órdenes monásticas más austeras y desconocidas del mundo ha salido a la luz a través de una película donde el factor tiempo es sólo una circunstancia secundaria y el silencio se convierte en una actitud vital. (La Razón) |

http://revistadefilosofia.org/
Revista de actualidad que cubre muchos temas. Dirigida desde Oviedo por la editorial Eikasía. Muy buena

Para Platón el mundo de las imágenes (eidola) no es otro que el mundo de la imitación. Todo lo que tiene que ver con el mundo de la fabricación de imágenes, artes plásticas, poesía, tragedia, música se refiere a la actividad imitadora. «La mímesis es una cosa del orden mismo de la producción, poiesis; producción de imágenes y de ninguna manera de las mismas realidades» (Sofista, 265 b). Distingue dos clases de imitación a las cuales corresponden dos clases de imágenes: la que produce copias (iconos) y la que produce simulacros (fantasmas).
A una la llama el «arte de las copias» (eikastikén) y a la otra «el arte de los simulacros» (phantastikén). El primero consiste en copiar con un máximo de fidelidad, nos dice Platón, un modelo del cual se quieren producir tanto sus dimensiones exactas como características idénticas de color. En cambio, el segundo arte produce solamente simulacros, es decir, figuras o imágenes que aparecen distorsionadas, ya sea por la ubicación desfavorable del espectador o por las proporciones considerables del modelo, las cuales no pueden menos que crear ilusiones. (Sofista, 235e-236c; 264c).
Además, en el Sofista Platón nos habla de pintores que utilizan trucos para engañar al espectador: existen pintores, nos dice, que haciendo uso de su técnica, enseñan desde lejos sus dibujos a los jóvenes para producirles la ilusión de que están en la capacidad de crear la realidad, de la cual su pintura no es sino una imitación de la apariencia en cuanto tal. Por eso esta reproducción, en cuanto tal imitación de la apariencia, no es más que un simple fantasma o simulacro (Republica 523b y 602b-d). Porque el arte del simulacro consiste en hacer aparecer las imágenes como si fueran la realidad, en reemplazar la realidad por imitaciones o ilusiones. Aquí encontramos la clave que permite una distinción entre las copias-iconos y los simulacros-fantasmas.
Platón distingue entre dos clases de modelos: uno que corresponde a las copias y otro a los simulacros. Las Ideas son el modelo a partir del cual se producen las copias-iconos y éstas, a su vez, sirven de modelo a los simulacros-fantasmas.
En la Republica (Libro X, 595b-597a) Platón se pregunta por el modelo que utiliza el artesano en la fabricación de muebles. Aclara que el artesano no construye la cama misma, en su esencia, es decir, la cama real, aquella que es la idea misma. Para él, el artesano «no hace la idea, la cual es la cama misma, sino una determinada cama». Llega a distinguir entre tres tipos de cama: la que existe en la naturaleza fabricada por un dios, la que produce el artesano, y la que realiza el pintor. El artesano utiliza como modelo la idea, o sea, la cama misma, aquella fabricada por un dios, la cama esencial, la «cama única por naturaleza». De modo que lo él produce es una imagen, una copia al modelo original. El pintor es sólo un imitador de la obra de los artesanos: copia una apariencia de la realidad «la apariencia en cuanto tal» (Republica 598c). La copia es apariencia y el simulacro es una simple imitación de esta apariencia; es pues apariencia de la apariencia, copia de una copia, un icono infinitamente degradado, una semejanza infinitamente disminuida. El simulacro participa así solamente de una semejanza de imitación respecto a su modelo que es la copia. Pero nos preguntamos ¿por qué desterrar al simulacro? ¿Qué intenta con ello Platón? Nietzsche parece descubrirlo con perspicacia inigualable. Así, la exclusión del simulacro, del sofista por ejemplo, como maestro del simulacro, tiene características políticas, es decir, morales. Cuando se interroga sobre los presupuestos más generales de la filosofía concluye en su carácter esencialmente moral. La Idea del Bien, por ejemplo, existe para fundar la supuesta afinidad del pensamiento con lo verdadero y para establecer entre lo verdadero y lo justo un compromiso indisociable. A partir de Platón, la práctica justa debe adecuarse a enunciados denotativos, que describen la justicia misma, su idea o su esencia y que, por tanto son verdaderos. Así, si la denotación del discurso describe la justicia, es correcta, es decir, si este discurso es verdadero, la práctica social que rige es o debe ser necesariamente justa. Y es en esto en lo que Platón piensa cuando habla del filósofo-rey como legislador. La realización de lo justo se encuentra pues supeditada al discurso que dice la verdad de lo que la justicia es en sí misma, es decir, su idea o su esencia.
Por esto no es posible concebir lo que es justo, al margen de la mímesis de esta esencia o idea de justicia. En otras palabras, no es posible concebirlo sino a partir de la verdad propia al modelo de justicia. Lo verdadero y lo justo se encuentran así indisociablemente ligados. Y es el carácter legitimador, de selección y exclusión que Platón asigna a la verdad lo que convierte, de acuerdo con Nietzsche, a la voluntad de verdad en voluntad de poder, y así comienza la «inversión del platonismo».
Nietzsche intenta pensar el simulacro al margen de la opción dualista del mundo verdadero y el mundo aparente, del modelo y su reproducción, de la identidad propia del original y la semejanza de la que participan las copias. Logra pensar el simulacro como diferencia en una relación inmediata de lo diferente con lo diferente, que no conlleve la repetición eterna de la unidad, la identidad o la semejanza, es decir de lo Mismo. Intenta lograr el simulacro por fuera de la representación.

El éxito comienza con la voluntad.
Si piensas que estás vencido, lo estás;
Si piensas que no te atreves, no lo harás;
Si piensas que te gustaria ganar,
pero que no puedes, no lo lograrás.
Porque el éxito empieza con la voluntad del hombre.
Muchas carreras se han perdido
antes de haberse corrido.
Y muchos cobardes han fracasado
antes de haber su trabajo empezado.
Piensa en grande y tu hechos crecerán
Piensa en pequeño y quedarán atrás.
Piensa que puedes y podrás.
Tienes que estar seguro de ti mismo
antes de intentar un gran premio.
La batalla de la vida no siempre la gana
el hombre más fuerte, o el más ligero.
Porque, tarde o temprano, el hombre
que gana. Es aquel que cree poder hacerlo.
Christian Barnard (Médico)
http://www.ifs.csic.es/prensa/prensa.htm
Presencia de los investigadores del Instituto del CSIC en los medios de comunicación
El hombre no ha dejado jamás de reflexionar sobre la muerte, sobre su origen, sus causas, su significación, sus consecuencias; la muerte es un tema profundamente humano, es el rasgo más cultural del hombre. Podemos decir que el hombre es verdaderamente hombre desde que entierra a sus muertos. Cada pueblo, cultura o civilización tiene su propia concepción de la muerte y, paralelo a ella, desarrolla un sistema en el que integra todos sus contenidos significativos: costumbres, actos, ritos, valores, creencias ... Aproximarse a la muerte implica penetrar en el contexto de cada sistema cultural, en su religión, filosofía, psicología, política, economía etc.
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La actitud del hombre ante la muerte supone un gran avance en el proceso de hominización, de ahí que sea un asunto clave a la hora de comprender qué es el ser humano. Desde el primer momento el hombre sabe que algún día tiene que morir: por eso la muerte influye poderosamente en la conducta humana, suscitando todo tipo de emociones, sentimiento y actitudes, aunque posiblemente sea el miedo y la ansiedad las respuestas más típicas ante la muerte.
La muerte ha sido conjuntamente con el amor, el tema por excelencia acerca del que los poetas han dejado oír sus líricas voces; representaciones de la muerte aparecen en las muestras artísticas de todos los pueblos conocidos, todas las religiones han pretendido dar respuesta ante el fin del hombre. El enterramiento de los cadáveres no correspondió en los orígenes del hombre a especiales razones utilitarias o de tipo sanitario, sino a motivos principalmente religiosos. De hecho, la creencia de una vida más allá de la muerte parece estar demostrada, por el uso, desde tiempos inmemoriables, del ocre rojo como sustituto ritual de la sangre, como símbolo de la vida. Las tumbas y cementerios, las casas de la muerte, son un testimonio de esperanza en la vida, el enterramiento de los muertos implican facilitar el viaje del desaparecido a su morada de ultratumba y procurarle el mayor bienestar posible, además de proteger a los vivos contra un molesto retorno del difunto.

La Maldición en el lecho de muerte
Entre los cuerpos que adornan la Capela dos Ossos destacan dos cadáveres que cuelgan en una de las paredes. Aún tienen piel y ropa. Los encargados de la capilla desconocen si