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ORIGENES GEOHISTÓRICOS DE LA FILOSOFÍA (5/6-10-04)

Tanto la geografía -un espacio o tópos, concreto -como la historia- un tiempo cualitativo o Kairós- condicionan los pensares humanos, posibilitándolos. Una breve incursión en el terreno de la historia y de la geografía griegas, en la época en que nació la filosofía, permite hacerse cargo mucho mejor de tan inquietante pensamiento.

Los tres primeros filósofos de los que tenemos noticia -Tales, Anaximandro y Anaxímenes- eran de Mileto -Miletos en griego-, población situada en Asia Menor -en la costa de la Turquía actual- junto a la desembocadura del río Meandro -Meiandros en griego-, corriente fluvial de unos 450 kilómetros. A lo largo del siglo VIII antes de Cristo se convirtió en la ciudad más importante de las doce jónicas, fundando 60 colonias en las costas septentrionales de Asia Menor. Comerciaban por todo el Mediterráneo. La vida de sus gentes adineradas era considerablemente refinada; sus prostitutas fueron famosas. En el año 546 cayó bajo el dominio persa.

Tales, según nos asegura Aristóteles, sostuvo dos cosas:
1. “Todo es en virtud del agua”
2. “Todo está lleno de dioses”

El primer aserto viene a decir que el arkhé - lo primero y lo rector- de cuanto hay es lo húmedo. La segunda afirmación sostiene que todo rebosa de vida, que ésta es la que hace nacer y crecer; es decir, que ésta es Physis, naturaleza.

Anaximandro, entre otros textos de que disponemos, dejó escrito uno que reza así:
"Lo primero y lo rector -arkhé- de cuanto hay es el ápeiron" -lo i-limitado, lo in-definido, lo in-finito”
El hontanar de toda determinación se substrae a cualquier tipo de determinación; no puede ser definito no se le pueden asignar fines o límites. Es invisible porque no tiene figura.

Anaxímenes dijo que "Lo primero y lo rector -arkhé- de todo es el aire", es decir, el aliento, el soplo, el alma.

Como acabamos de considerar, las primeras producciones filosóficas surgieron cabe al mar, elemento del comercio en aquellos siglos, y en una sociedad opulenta. No pueden perderse de vista este par de datos.

En la misma costa vivió Heráclito, concretamente en la ciudad de Efeso, entre el 576 y el 480 antes de Cristo. Efeso - Ephesos en griego - fue asimismo una colonia griega, que a lo largo del siglo VIII ya se convirtió en potencia comercial notable y con banqueros poderosos. El fragmento B-53, entre otros que poseemos de Heráclito, dice:

"La contradicción -pólemos- lo engendra todo y todo lo rige, y a unos hace aparecer como dioses, a otros como hombres; a unos hace esclavos, a otros libres".

Todo lo que se hace presente muestra contrariedad y es fruto de oposición. Lo uno nace pereciendo lo otro. Casi en el otro extremo del Mediterráneo, en el sur de Italia, vive Parménides desde el año 544 hasta el 450. Los griegos denominaron Magna Grecia al conjunto de colonias que fundaron en la Italia del Sur a partir del siglo VIII antes de Cristo. Elea, donde nació Parménides, fue fundada por griegos jonios de Focia - Phokaia en griego-, ciudad rica del Asia Menor, de donde partieron igualmente los fundadores de Marsella y de Empúries en Catalunya -España-. En el fragmento B-6 podemos leer parcialmente:

"Es preciso decir y pensar que el ser es; en cambio nada no es. Te ordeno que te apercibas de esto."

La charla cotidiana confunde es y no es hablando siempre a ojo de buen cubero, pero la verdad descansa sobre el principio de identidad: una cosa es siempre igual a sí misma.

Los primeros filósofos no cobraron conciencia de la especificidad de la filosofía y, por esto, no tuvieron necesidad de inventar una nueva forma literaria que expresara sus ocurrencias. Se contentaron con las for¬mas que les venían de la tradición. Homero -siglo IX antes de Cristo- y Hesiodo -siglos VIII-VII antes de Cristo- habían creado la forma poética y con ella habían educado a los griegos. La filosofía naciente adoptó el poema como manera de proponer sus refle¬xiones.

En cambio, con la llegada de Sócrates se inicia un estilo contrario al poético. La tarea filosófica se apercibe ya de su novedad y distinción. El diálogo platónico, no obstante, se sitúa todavía a medio camino entre la literatura y el escrito reflexivo filosófico. Aristóteles inaugura -a pesar de haber redactado también algunos diálogos que se han perdido - una filosofía académica, una filosofía para ser enseñada. La reflexión filosófica se ha convertido, así, en tarea de escuela. La filosofía se ha enterado, finalmente, de que constituye un pensar propio y específico. Deja de ser literatura. La filosofía nació cerca del mar, un mar que baña costas recortadas y que está repleto de islas, un piélago que facilitaba la navegación y, con ello, el comercio y así mismo el intercambio de ideas. Por otra parte, el mar -de modo especial en aquellos tiempos - exigía audacia y talante aventureros. Los navegantes establecieron contactos con usos y costumbres de otras tierras y con concepciones del mundo harto diferentes.

Como se indicó antes, el mar constituyó para los griegos el medio a través del cual se expansionaron como nación -y no, por cierto, como Estado-. Los pueblos griegos no se asentaron sobre un continente, sino sobre un piélago colocado en medio de tierras -Mediterráneo-. Se hicieron cargo de las costas y de las islas, desde Jonia, en Asia Menor, hasta Empúries -Emporion-, en la costa hispánica, pasando por la Italia meridional y por Sicilia. Los comerciantes no fueron los únicos viajeros, aunque sí los principales impulsores de aquellos trotes; además, se diferenciaron de los fenicios, a quienes interesó sobremanera el comercio.

Junto al elemento marino, está el sociohistórico. En el siglo VI antes de Cristo, en la parte oriental del Mediterráneo, la producción artesanal había alcanzado un grado de desarrollo lo suficientemente elevado como para que fuera ya posible una reflexión teórica. El trabajo de los esclavos, no sólo dejaba libres a los señores, sino que añadía el desdén ante las actividades productoras, despertando, en cambio, una actitud favorable a las tareas liberales, entre las cuales se contaban las ciencias y la filosofía. Aquellos griegos, liberados de las urgencias de la vida, pudieron vacar para lo innecesario.

Desde el latino otium -skholé en griego significó ocio, desocupación; skholé dio escuela-; a partir del asueto y de la disponibilidad se entregaron, algunos, a la contemplación intelectual, al theorein, de las cosas por sólo lo que ellas son, prescindiendo de su utilidad.

No obstante, las condiciones geográficas y sociohistóricas favorables para el discurso teorético-filosófico no pasan de ser simples posibilitadores de dicho discurso, pero jamás se mudan en factores determinantes del mismo. Muchos griegos disfrutaron del ocio, viviendo del trabajo de los esclavos; ahora bien, poquísimos griegos produjeron ciencia, técnica o filosofía. En este sentido, resulta correcto referirse al milagro griego como elemento de iniciativa que intervino también en el surgimiento de astronomía, física, geografía, matemáticas, filosofía... Ni la situación geográfica ni la producción social -división del trabajo, propiedad privada y lucha de clases - explican, por sí solas, por qué Aristóteles se dedicó a la filosofía, Aristarco de Samos a la astronomía y Arquímedes a la matemática y a la física, en vez de ocupar el tiempo de su vida, los tres, en tomar el sol, viviendo en un incesante dolce far niente, como la mayoría de la gente bien situada hizo sin duda. El desarrollo técnico tanto ha producido filosofía como la ha preterido. Aristóteles se dedicó a la filosofía, en parte por lo menos, porque quiso, porque así lo decidió, a partir, ciertamente de unas circunstancias geográficas y sociales favorables.

Condiciones posibilitadoras de la filosofía griega

1. Un mar que facilitó el comercio de la época y el intercambio entre civilizaciones.
2. Una producción artesanal desarrollada que ocupaba a los esclavos dejando libres a los demás.

Elementos decisivos de la filosofía griega
1. La decisión individual de algunos griegos.
2. La costumbre de discutir (dialéctica) entre dos o más personas.

Un factor muy importante en la creación de filosofía griega fue el arte de la discusión, tarea que ocupaba horas y más horas de no pocos ciudadanos, tanto en plazas y gimnasios como en banquetes y otras fiestas. Se dieron dos modalidades en tales discusiones: la dialéctica y la retórica.

La filosofía nació así mismo de la costumbre griega de la dialéctica o discurso colectivo en que el pensar se afina mediante las respuestas del interrogado hasta quedar sancionado, el discurso, por una conclusión última aceptada intelectualmente por cuantos habían intervenido. De no lograrse acuerdo, quedaba pendiente para otra ocasión el tema abordado. En la retórica, en cambio, el orador jugaba con la emoción de los oyentes a fin de persuadirlos. Más o menos como hacen en la actualidad los políticos.
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