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PROCESO DE SOCIALIZACIÓN

PROCESO DE SOCIALIZACIÓN Hay un hecho biológico básico. El individuo, al nacer, se encuentra en total dependencia del grupo que le acoge; y para sobrevivir requiere una protección considerablemente más prolongada que cualquier otro animal. Sin ser acogido por el grupo, la vida humana cesaría de inmediato. Este aspecto constituye, sin duda, un hándicap para el individuo.
Pero esta insuficiencia está, con creces, compensada. A diferencia de otros animales -cuya vida social está basada en el instinto-, el individuo cuenta con capacidad de aprendizaje y, sobre todo, con capacidad de comunicar y transmitir lo que ha aprendido.
De ahí que el estado precario del individuo al nacer se convierta en decisivo para su propio futuro. Es decisivo, para el hecho de ser hombre, la circunstancia de que el hombre nace al mundo como una larva de hombre, en estado de larva. Por de pronto nos debe llevar a romper la imagen del nacimiento del individuo como un momento concreto, determinable en el tiempo. Se parece más bien a un proceso, en el cual, tras su nacimiento físico, debe continuar -por así decirlo- naciendo. Tiene que nacer también para el grupo; pues bien, en esta perspectiva se sitúa la socialización: socializar vale por personalizar.
Campo, S. del.: Tratado de Sociología, Taurus, Madrid, 1992, vol. 1, pág. 165.

EL SER HUMANO Y LA SOCIEDAD
El individuo aislado no puede existir. El ser humano siempre aparece relacionándose con otros seres humanos. Los modos de convivencia pueden adoptar innumerables modalidades; por ejemplo, ser pacíficos o conflictivos, interesados o altruistas, afectivos o racionales, etc.; pero, en cualquier caso, la sociedad y los individuos humanos no pueden ser concebidos sino en relación intrínseca entre ellos: resulta imposible imaginar la sociedad sin pensar en los seres humanos y, a la inversa, tampoco se puede pensar en los individuos sin considerar la sociedad. Allí donde encontremos seres humanos los hallaremos viviendo en sociedad.
En este sentido, incluso Robinson Crusoe, perdido en su isla, sin nadie a su alrededor y, antes de su encuentro con Viernes, continúa conviviendo cultural, espiritual y afectivamente con otras personas, pues resulta indudable que en su mente y en su comportamiento se mantenían presentes, por una parte, todo un inmenso caudal de técnicas, usos, habilidades, creencias, etc., aprendidas en su convivencia social y, por otra, la necesidad, el deseo y la esperanza de regresar junto a sus semejantes: en la soledad de su isla, Robinson Crusoe se construye una vivienda, cultiva los campos, cría ganado, se rodea de numerosas comodidades, recupera la fe religiosa y, tan pronto como se le presenta la ocasión, se esfuerza por asociarse con otras personas y por volver a la sociedad. Robinson Crusoe, pues, incluso en la soledad física o geográfica de su isla, continúa viviendo con su sociedad.
- EN CLASE RECORDAMOS UNA PARTE DE LA PELÍCULA "NAUFRAGO" -
Ahora bien, ¿son los individuos anteriores a la sociedad?; es decir, ¿los individuos, asociándose libre y conscientemente, dan lugar a la sociedad o, al contrario, es anterior la sociedad a los individuos?

Posición de los clásicos griegos
La organización político-social característica de la Grecia clásica fue la polis (o ciudad-Estado) compuesta, en general, por un núcleo de población urbana (de 50.000 a 100.000 habitantes) y varias aldeas vecinas.
Los ciudadanos griegos libres, próximos a sus gobernantes y con capacidad para participar activamente en las decisiones y en los asuntos sociales y políticos, se sentían profundamente vinculados a su comunidad y poseían una concepción positiva de sus instituciones. Debido a estos sentimientos llegaron a una concepción casi organicista de la sociedad, de acuerdo con la cual tendieron a opinar que la sociedad era anterior y superior a los individuos.
En este sentido, Platón pensaba que las virtudes y la felicidad de los individuos coinciden con las virtudes y la felicidad del Estado. Un Estado es justo cuando establece la debida relación entre las distintas clases sociales (es decir, entre los distintos estamentos: gobernantes o sabios, guerreros y productores) permitiendo la participación de todos los individuos en los bienes comunes, de acuerdo con sus "capacidades"; a su vez, el individuo debe ordenar adecuadamente su propia vida dentro del Estado, de tal manera que sus distintas inclinaciones y tendencias aparezcan ordenadas y dirigidas por la razón.
Aristóteles, por su parte, insistía en que la polis es, por su naturaleza, anterior al individuo, porque el todo (la sociedad) es necesariamente anterior a la parte (el individuo), de la misma manera que el cuerpo es anterior a la mano. De este modo, la polis es una sociedad perfecta que posee en sí las capacidades para satisfacer todas las necesidades, mientras que el individuo, separado, no se basta a sí mismo. Por tanto, "resulta manifiesto que la ciudad (polis) es una de las cosas naturales y que el hombre es por naturaleza un animal social y que el insocial por naturaleza y no por azar (por ejemplo, porque ha naufragado o se ha perdido) o bien es menos que hombre (un animal) o más que hombre (un dios)".

Posiciones individualistas
Estas posiciones tienden a resaltar la realidad y los derechos individuales en detrimento de los aspectos sociales y colectivos. De esta manera defienden que los individuos humanos son anteriores e independientes de la sociedad y, en consecuencia, la sociedad surgió en virtud de un acuerdo o pacto entre los seres humanos (pacto social).

En esta línea, el filósofo inglés Hobbes señaló que el ser humano es radicalmente egoísta y antisocial, "el hombre es un lobo para el hombre" (homo hómini lupus).
Por otra parte, aunque rechazando el egoísmo y las tendencias negativas del ser humano, otros filósofos británicos (Locke, Hume...) y franceses (Montesquieu, Rousseau...) mantuvieron posturas análogas e influyeron en el pensamiento liberal de los siglos XVIII y XIX, según el cual el individuo humano es anterior a toda forma de sociedad y, por tanto, toda organización social depende exclusivamente de las voluntades de los individuos.

Posiciones actuales
En la actualidad podemos distinguir una multitud de posiciones a este respecto, entre las que cabe destacar las dos siguientes:
a) Las tendencias organicistas y totalitarias. Estas concepciones propenden a defender la primacía de la sociedad sobre las personas; por ejemplo, los movimientos "nazis", fascistas o el socialismo comunista propugnan que la sociedad, encarnada en el espíritu de partido, del Estado o de la clase social, es la única razón de ser de los individuos; y así, de una manera o de otra, defienden la absorción de la persona por el todo, del individuo por la sociedad, por el Estado, por la nación, por la cultura, etc.
b) Posiciones humanistas. Estas posturas intentan establecer una adecuada armonía entre las personas y la sociedad, y defienden que el individuo sólo se desarrolla y adquiere sus cualidades propiamente humanas en la sociedad: las personas nacen entre personas y, en consecuencia, se encuentran necesariamente insertas en la sociedad, es decir, la sociedad es el medio esencial e imprescindible para la vida del ser humano.
Pero, por otra parte, insisten en que la sociedad no puede ignorar la realidad de las personas, pues todos los elementos que encontramos en ella, organizaciones, instituciones, creencias, costumbres, etc., proceden de los seres humanos. La sociedad, pues, está perfectamente insertada en las vidas personales que en ella se originan y en ella desembocan; es decir, los individuos humanos nacen y se forman en la sociedad, pero, a su vez, ellos crean y reforman continuamente la sociedad y la organizan de una u otra manera.
En definitiva, las personas poseen entidad o naturaleza propia y distinta a la de la sociedad; pero personas y sociedad son intrínsecamente inseparables: toda persona sólo puede desarrollarse en la sociedad y, a su vez, la sociedad se encuentra formada por personas.

Algunos datos empíricos
El carácter esencialmente social del ser humano resulta más patente presentando algunos datos empíricos que lo ratifican. A este respecto, poseemos el ejemplo de determinados hechos accidentales que han obligado a ciertos individuos humanos a vivir totalmente, o en parte, privados del contacto con la sociedad.
No se trata de héroes novelescos, como Tarzán o Mowgli, sino de ejemplos reales de "niños salvajes", cuyas vidas transcurrieron en hábitats ajenos a cualquier contacto humano o con contactos muy reducidos. Estos niños presentaban rasgos físicos y orgánicos humanos, pero su comportamiento distaba mucho de serlo.
Como uno de los ejemplos más significativos podemos citar el caso de dos niñas hindúes, de cinco y ocho años, que vivían entre lobos y se alimentaban como ellos, andaban exclusivamente a cuatro patas y su lenguaje se reducía a un número escaso de gruñidos. Encontradas y recogidas en 1920 por un misionero, una de ellas murió casi inmediatamente; pero la otra, a la que se le dio el nombre de Kamala, sobrevivió nueve años. Durante este período se la educó con sumo cuidado y, de esta manera, se logró que aprendiera a andar erguida y a pronunciar algunas palabras; no obstante, su integración humana fue mínima, pues la privación de la vida en sociedad durante su infancia le había limitado el desarrollo de las facultades y de las capacidades humanas y, además, casi le había impedido la posibilidad de una adecuada adaptación posterior; algo semejante pusieron de relieve otros casos análogos, relativamente bien estudiados, como el del joven alemán Kaspar Hauser (1828), el de una niña americana llamada Anna (1936), el del niño lobo de Hesse, o Genie, una "niña salvaje" de Los Ángeles, descubierta en 1970, y que actualmente tiene unos 40 años.

Kaspar Hauser (1812-1833). joven alemán que, tal vez por motivos políticos, desde su nacimiento fue recluido y tuvo unos contactos muy limitados con otras personas. En 1828 apareció deambulando por las calles de Nuremberg , portando una carta en la que se explicaban sus particulares circunstancias. Recogido por algunas personas, se intentó su reeducación, logrando algunos progresos. Constituye, quizá, el primer caso conocido y estudiado de persona educada al margen de la sociedad.
EL ENIGMA DE KASPAR HAUSER
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