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UN LUGAR PARA APRENDER FILOSOFÍA

RUTKA LASKIER

La última página del horror
Las comparaciones con Ana Frank son inevitables.

Rutka Laskier, una niña judía polaca de 14 años, escribió un diario* los días que pasó en el gueto, antes de ser deportada a Auschwitz. Allí murió gaseada en 1943. Nuevos hallazgos arrojan más luz sobre el caso, que ahora se recoge en un libro.
Rutka Laskier  /AP- El País
Rutka Laskier, autora de un diario como el de Ana Frank-
AP

CARLES GELI 27/04/2008 (EL PAIS)

Lo más probable es que hubiera cogido el cólera. Sólo eso explicaría que su ya maltrecha belleza, que aun así llamó la atención del temible doctor Mengele, se marchitara con tanta rapidez. A sus 14 años se consumía por momentos. Zofia Minc, de edad parecida, dormía cerca. Se hicieron amigas en la desgracia. Según su relato, ella misma la tuvo que transportar en una carretilla hacia el horno crematorio. Aún consciente, Rutka le rogó que la dejara junto a la alambrada del campo para electrocutarse: una muerte supuestamente menos dolorosa que la de arder viva, “pero un SS que iba detrás nuestro con un fusil no me dejó”.

El horror que se cebó en Rutka es uno más de los que pueblan los informes del Instituto Histórico Judío de Varsovia, un dossier hallado hace poco y que da mayor exactitud al calendario del terror: contrariamente a lo que se creía, parece que Rutka no murió gaseada inmediatamente cuando llegó a Auschwitz el mismo agosto de 1943, como les ocurrió a su hermano pequeño y a su madre, sino que falleció unos meses después, quizá en diciembre, según el testimonio de la niña superviviente que la conoció. El interés por el matiz en el caso de Rutka es fruto del eco mediático en Europa alcanzado por su cuaderno de notas. Con letra muy pulcra, ligeramente inclinada a la derecha y muy decidida, casi sin tachaduras, Rutka Laskier llenó apenas 60 cuartillas de una libreta entre enero y abril de 1943. La joven polaca de origen judío intuía el Holocausto y su propio final: sólo hacía falta mirar y escribir lo que ocurría en las calles del gueto de Bedzin donde vivía, una ciudad minera con 25.000 judíos y a 40 kilómetros de Auschwitz y de las cámaras de gas de Bierkenau. Inevitable así convertirse en la Ana Frank polaca a través de esos apuntes, El cuaderno de Rutka (Suma), que acaba de aparecer en España.

“(… ) Ah, olvidaba lo más importante. Vi con mis propios ojos cómo un soldado arrancaba a un bebé de las manos de la madre y le abría la cabeza a golpes contra un poste de electricidad. Los sesos de la criatura salpicaron la madera. La madre enloqueció. Ahora lo escribo como si no hubiera pasado nada (… ) tengo catorce años, todavía he visto poco en la vida; sin embargo, ya me he vuelto tan indiferente…”, escribe Rutka. Una cruel realidad analizada con la lucidez que quizá sólo puede tener un adolescente y los temas que le son propios a esa edad fluctúan con tormentosa naturalidad en el cuaderno. Por eso es lógico encontrar la anotación sobre un primer beso aplazado o sobre el deseo de que unas manos ajenas se deslicen por su geografía: “Creo que me estoy haciendo mujer. Ayer, cuando me daba un baño y el agua acariciaba mi cuerpo, anhelé las caricias de otras manos… No sé lo que esto significa, ya que jamás había experimentado nada similar hasta ahora (… ) Creo que a Janek le gusto mucho, pero, para mí, ni frío ni calor”.

La pueril confesión contrasta con las reflexiones de una niña que se reconoce excéntrica, que sale a la calle con pantalones, que pide “libros buenos, filosóficos”, pero que constata: “Dios mío, ¡ay, Dios mío!, ¿qué será de nosotros? Bueno, Rutka, has debido de volverte completamente loca: ¡clamas a Dios, como si existiera! (… ) Si Dios existiera, no permitiría que seres humanos fuesen arrojados vivos a hornos crematorios ni que aplastaran las cabezas de niños pequeños a golpes de culata (… ) Al final, esto se parece a un cuento de la abuela: quienes no lo hayan visto no lo van a creer, pero no es ningún cuento, es la verdad. Basta recordar a ese viejecito a quien pegaron hasta dejarlo inconsciente por haber cruzado mal la calle. Parece absurdo, pero todo esto no es nada mientras nos libremos de Auschwitz… y la tarjeta verde… del final… ¿Cuándo llegará?”.

El escalofrío de la lucidez del relato recorre el espinazo del lector en más de una ocasión. ¿Había una clara voluntad en esa niña, a su edad, de dejar un verdadero registro de un triste momento que pasaría a la historia? “Eran las cinco y media cuando salimos. Miles de personas abarrotaban las calles. Llegamos al lugar a las seis y media y nos las arreglamos para conseguir buenos asientos en un banco. Nuestro ánimo estuvo bien hasta las nueve. Entonces me asomé a la valla y vi soldados con ametralladoras apuntando a la plaza por si alguien pretendía escapar. Los adultos se desmayaban y los niños lloraban. El Día del Juicio empezó enseguida”. Así describe Rutka una de las famosas aktions en las que se vio implicada.

“Hacía un calor espantoso”, prosigue en su cuaderno, “y la gente tenía sed, pero no había ni una gota de agua por allí. Entonces, de pronto, comenzó a llover a cántaros y siguió lloviendo todo el tiempo. (… ) A las tres de la tarde comenzó la selección: ‘1’ significaba regresar a casa; ‘1a’, ir a trabajos forzados, lo cual era mil veces peor que la deportación; ‘2’ significaba ‘revisión posterior’, y ‘3’, la deportación, o, dicho en otras palabras, la muerte. Nos presentamos para la selección a las cuatro. Entonces comprendí qué significa una desgracia. Mamá, papá y mi hermanito fueron enviados al grupo 1, y yo, al grupo 1a. Caminé como en trance hacia mi grupo, donde ya estaban Salek, Linka y Mania. Lo más extraño de todo es que ninguna de nosotras lloraba nada, nada en absoluto”.

Rutka permaneció sentada en ese grupo hasta la una de la madrugada, tiempo suficiente para ver cómo los niños pequeños yacían en la hierba mojada mientras la tormenta arreciaba y “los policías golpeaban a la gente con saña y les disparaban”. La desesperación la hizo valiente: “Salí corriendo con el corazón desbocado y me escabullí saltando por la ventana de un edificio anexo, desde la primera planta”. La embriaguez de un oficial nazi con el que se topó en la huida hizo que éste no distinguiera su estrella amarilla en la ropa. Sin saberlo, Rutka había logrado aplazar su destino.

Ese tipo de anotaciones y alguna otra más vinculada a detalles sobre futuras nuevas aktions o sobre interioridades de las atrocidades que se vivían en los campos de exterminio y que no estaban al alcance de todos los habitantes del gueto dan pie a pensar que la joven tenía contactos con la Resistencia o que participaba en las actividades encubiertas del movimiento juvenil Gordonia, del que formaba parte. “A Janek lo único que le preocupa son nimiedades como llevar bien planchados los pantalones, cuántos pasteles puede comerse en el café de Frontal y las piernas bonitas de las chicas. De todos modos, está claro que no es comunista, por lo que no comprendo por qué Lolek le ha metido en esto”, constata en otro momento.

Algo de esas actividades clandestinas sospechaba la joven polaca Stanislawa Sapinska, seis años mayor que Rutka, hija del propietario del inmueble donde vivía la joven, que vigilaba por encargo de su padre, y con la que estableció cierta intimidad, hasta el extremo de enseñarle un hueco de la escalera donde esconder el cuaderno en caso de emergencia.

La prohibición de ir a clase, los sentimientos de amor-odio hacia el guapo Janek de su pandilla, el trabajo forzado en un taller de uniformes, la estrechez cada vez más asfixiante del gueto, o la angustia, el asco y el miedo de ver a su vez tanto miedo a su alrededor (“Estoy asqueada, harta de estas casas grises y del miedo continuo en el rostro de todo el mundo. Los tentáculos de ese miedo nos envuelven a todos y no dejan respirar”, escribe), van marchitando a Rutka, de natural jovial y educada en una familia laica acomodada y moderna, que esquiaba en invierno e iba a la playa en verano. “El contraste entre la inocencia de una chiquilla de 14 años pero a la vez tan consciente de lo que acabará ocurriendo le da al texto una intensidad brutal”, fija Pablo Álvarez, editor de Suma que, tras “una negociación muy dura”, consiguió los derechos de un libro del que se han impreso 50.000 ejemplares, en tapa dura y con guardas que reproducen hojas del cuaderno original.

El escondrijo de la escalera se utilizaría muy pronto: en agosto de 1943 son deportados los judíos que quedaban en Bedzin. Rutka y su familia (sus padres, Yaacov y Dorka, y su hermano de seis años, Henius) acaban en Auschwitz. Menos el padre, todos serán asesinados en las cámaras de gas. Sapinska encontró el cuaderno en el sitio acordado. Lo recogió y lo guardó en su casa casi 60 años, hasta que un nieto lo halló y le hizo ver que aquello debía salir a la luz.

El silencio de Sapinska no es tan extraño: incómodos en su mala conciencia por su pasividad y su odio, los polacos no asumieron del todo su comportamiento ante la persecución judía. Es más: acabada la guerra, sólo 160 judíos volvieron a Bedzin; en menos de un año, en 1946, tuvieron que marcharse por las hostilidades. Un poeta como Czeslaw Milosz no tuvo reparos en recriminar a sus compatriotas la indiferencia de la mayoría de los polacos ante el extermino de los judíos e incluso el alivio que algunos de ellos sintieron ante el hecho de que Hitler les resolviera la papeleta. Algo de esa incomodidad debe quedar aún hoy: la misma publicación de El cuaderno de Rutka, un fenómeno que ha llegado a 11 países con tiradas significativas, ha tenido una discreta recepción en Polonia, donde no ha pasado de los 6.000 ejemplares, en una edición financiada por un diario local y el Ayuntamiento de Bedzin.

El interés del Consistorio polaco va paralelo (o no es ajeno) a la ruta Rutka que permite visitar los escenarios por donde se movió y hasta el lugar donde fueron fusilados sus compañeros comunistas del grupo. El cuaderno… podría, incluso, convertirse en breve en lectura recomendada en los institutos de Polonia, algo parecido a lo que pretende Suma en España a través de la línea editorial de Santillana: “Colocar este libro en la programación escolar es una manera de sensibilizar a la gente joven en estos temas”, opina Álvarez.

La desgracia parece ser infinita a veces. Yaacov Laskier, además de perder a su esposa y sus dos hijos, también vio morir a sus ocho hermanos. En 1947 intentó rehacer su vida y se casó de nuevo; tuvo una hija, Zahava, que supo que había tenido una hermana a la misma edad que Rutka escribió su diario. Yaacov falleció en 1986 sin saber de la existencia del cuaderno de su primera hija. Sí lo conoce Zahava, autora, junto al periodista Juan Cruz, la escritora de familia judeocristiana Esther Bendahan y el novelista Marek Halter (que escapó del gueto de Varsovia), de sendos textos que completan, junto a un pliego de fotografías de la familia Laskier, la edición en castellano.

“Hoy he recordado con detalle los hechos del 12 de agosto de 1942, lo que sucedió en el Hakoah [equipo de fútbol de Bedzin, en cuyo campo tuvo lugar una aktion de judíos]. Voy a intentar describir lo que pasó ese día para poder rememorarlo dentro de unos años, si no me deportan, por supuesto”, plasmó una vez Rutka en su diario. Esa voluntad de testimonio impregna, como una herencia genética, la voluntad de Zahava, que rueda estos días en Polonia un reportaje sobre la vida de su hermana que produce la cadena de televisión inglesa BBC. Una especie de última página del cuaderno de Rutka. EL PAIS

Una ’Ana Frank’ polaca, 60 años después

* El diario de Rutka Laskier, una adolescente judía de Bedzin, ve la luz tras décadas escondido
»Portada del diario original, escondido durante seis décadas. AP - 05/06/2007

AGENCIAS / ELPAIS.com - Jerusalén - 05/06/2007
Las sesenta páginas de sufrimiento, incertidumbre y ansiedad ante la invasión nazi de Europa que contiene el diario de Rutka Laskier han visto la luz tras 60 años escondidas. Estas cuartillas, escritas por una adolescente judía de Polonia en 1943 han sido guardadas celosamente por una de sus amigas de la infancia, y entregadas al centro para la memoria Yad Vashem de Jerusalén. El caso es similar al de la judía alemana Ana Frank.

"Este diario ha sido ofrecido el lunes a Yad Vashem por Stanislawa Sapinska, que hoy tiene 89 años, y que lo ha guardado cuidadosamente durante más de seis decenios. Ha sido traducido al hebreo y al inglés y publicado por sus propios medios", ha señalado un portavoz de la institución.

El cuadernillo, que contiene unas sesenta páginas amarilleadas por el tiempo, fue redactado desde principios de febrero de 1943 hasta el 24 de abril por la niña, de 14 años, vivía en Bedzin, en Polonia, antes de ser obligada a entrar en el gueto del pueblo y más tarde enviada al campo de exterminio de Auschwitz.

"Tengo la sensación de que escribo por última vez. Hay una redada en la ciudad. No se me permite salir y me estoy volviendo loca, prisionera en mi propia casa". "Después de unos días hay algo en el aire (?). Sin aliento, la ciudad espera lo que va a ocurrir, y esta espera es pero que cualquier cosa. Me gustaría que todo esto ya hubiera terminado. Este tormento es el infierno", escribe la adolescente.

"¡Oh, Dios mío!, me he vuelto completamente loca. Llamo a Dios como si existiera, y la poca fe que tenía ha desparecido totalmente. Si Dios existiese, sin duda no permitiría que los seres humanos fueran exterminados a golpes o arrojados en bolsas y gaseados hasta la muerte", añade Laskier.

Su amiga Sapinska ha escondido este preciado diario bajo el suelo del sótano de su casa, que había sido tomada por las tropas de ocupación alemanas durante la Segunda Guerra Mundial.
EL PAIS

ÉTICA DE TERCERA GENERACIÓN

ÉTICA DE TERCERA GENERACIÓN

http://blog.pucp.edu.pe/blog/353

La ética de tercera generación pretende responder alguna de las interrogantes del presente título (como, por ejemplo, ¿es sostenible la igualdad de oportunidades para todos?).

Sin duda la ética de tercera generación constituye un enfoque de tremenda actualidad y vigencia que habrá de hacernos reflexionar sobre lo correcto e incorrecto en nuestra sociedad. En lo esencial plantea el conflicto entre el interés personal y el colectivo, optando porque lo moralmente correcto es optar por la sostenibilidad del mundo, lo que implica la renuncia de los intereses personales por los colectivos. Este enfoque esta en franca contradicción con la ética protestante y que es la que hoy mueve al mundo desarrollado, en especial, economía Norteamericana.

Anticipamos conflictos profundos sobre lo etico, entre países que justificaran moralmente la existencia de los países menos desarrollado, que permita la sostenibilidad del actual sistema. Surgiendo la interrogante si ello es correcto o no lo es?.

La ética de tercera generación responde que que Si es correcto, la ética de primera y segunda generación responden que no. Cuál es el enfoque correcto? Habremos que madurar el tema para tener una posición más concluyente, pero qué opinas tú?

Te dejó ahora con el extracto de un artículo publicado en el Blog sobre Etica RSU.
“No sirve ser solamente “buena gente” en forma personal y luchar por la igualdad de condición entre todos los miembros de la sociedad humana, si no se respeta las condiciones de habitabilidad del planeta, si no se considera la sostenibilidad global de las condiciones de vida que se promueve como buenas y justas. Por ejemplo, desde nuestra perspectiva, no puede ser ético promover que todos los habitantes del planeta tengan acceso a un automóvil personal. La ideología clásica del “Desarrollo” que incentiva que los pobres tengan acceso a las mismas facilidades de vida que los actuales ricos, sustentándose en la “equidad de oportunidad” como dogma pretendidamente indiscutible moralmente (desde el punto de vista de la ética de 2da generación), esa ideología es en realidad inmoral, porque quiere globalizar un modo de vida insostenible. Por eso, desde el punto de vista de la ética de 3ra generación, la confusión de la noción de “progreso” con aquella de bonanza económica para el mayor número de personas, dentro de las condiciones actuales modernas de residencia, es justamente la culpable de la insostenibilidad global de nuestra vida planetaria. El modo de vida en las actuales naciones desarrolladas es inmoral, porque insostenible, y el camino es de buscar un nuevo tipo de residencia planetaria que permita facilitar (a) la bondad de los individuos (sostenibilidad emocional), (b) la justicia de las relaciones equitativas (sostenibilidad económica y juridicopolítica), y (c) la sostenibilidad global de los efectos colaterales generados por la presencia de homo sapiens en la Tierra. Si faltara uno de estos componentes, temo que nuestro modelo de vida no nos permita esperar un siglo XXII.” Si quieres saber más sobre esta nota haz click acá y visita el blog de Etica RSU.

Fuente:

El Juego del AGCS


El Juego del AGCS
Cargado por attacandalucia

PELÍCULA: DOCE HOMBRES SIN PIEDAD

Estudio: los roles sociales

Presentar las doce personas. Ver wikipedia

 


12 Hombres sin piedad
Cargado por lbarroso

SOLO LE PIDO A DIOS ...

¿QUIÉN SE HA LLEVADO MI QUESO?

Aguas negras del capitalismo. Manuel Castells

Aguas negras del capitalismo. Manuel Castells

Este y otros artículos interesantes los puedes encontrar en:

APUNTES SOBRE GLOBALIZACIÓN

Aguas negras del capitalismo. Manuel Castells

Publicado por pablohm el 11 Octubre 2007

[Este artículo sobre los ejércitos privados al servicio del capital es muy interesante. Lo reproduzco tal cual me lo han enviado. Saludos. Y es que las guerras son malas, pero cuando los ejércitos son mercenarios de corporaciones, el mundo se convierte en un cosa verdaderamente peligrosa.]

La empresa Blackwater es paradigmática de una nueva forma de capitalismo. Recuerde: se trata de la empresa de seguridad a la que Estados Unidos subcontrata la protección de su embajada y altos funcionarios en Iraq. Son más de mil profesionales, en su mayoría procedentes de las fuerzas especiales y servicios de inteligencia. Y han sido causantes de numerosas muertes injustificadas de civiles iraquíes. Recientemente, mientras escoltaban un convoy diplomático y sin causa aparente, abrieron fuego indiscriminado y mataron e hirieron a decenas de civiles y destruyeron 14 vehículos.

Esa es la versión del Gobierno iraquí, grabada en vídeo, y también de los testigos presenciales. Versión que no acepta la embajada estadounidense, aunque ha abierto una investigación. Pero también el Congreso de Estados Unidos ha abierto una investigación cuyas primeras audiencias condenan las prácticas de Blackwater porque no es la primera vez que matan por matar. De hecho, tienen inmunidad asegurada mediante una orden especial firmada por Bremmer, el jefe de la ocupación estadounidense, el día antes de transferir la soberanía a Iraq, y la utilizan haciendo lo que quieren, sin control, y saliendo del país cuando surgen problemas. En las mismas condiciones están otros 20.000 agentes de seguridad privada de otras empresas que trabajan en Iraq. ¿Por qué Estados Unidos los defiende con tanto ahínco y, sobre todo, por qué los emplea? Se trata de la última frontera de la privatización: privatizar el ejército y la policía, lo que en la historia reciente era el dominio reservado del Estado. Y no es porque salga más barato.

Los agentes de Blackwater cobran 1.200 dólares al día, es decir 9 veces más de lo que cobra un sargento de las fuerzas especiales estadounidenses donde ellos trabajaban anteriormente. Indagando en las razones de este despilfarro entramos en un terreno tan escabroso como poco conocido. Por un lado, las agencias de seguridad privadas (y esto vale también para los guardas de muchas urbanizaciones en nuestro país) tienen muchos menos controles internos que las fuerzas públicas de seguridad. Son más flexibles y se prestan a misiones y actividades que el ejército no acepta, tanto por su profesionalidad como porque hay un sistema de justicia militar que actúa cuando hace falta. Por tanto, el propio Gobierno prefiere gastar más para escapar a los mecanismos de fiscalización legal. De hecho la contabilidad de los contratos con los subcontratistas privados en Iraq, desde la seguridad a la construcción y desde el mantenimiento de las infraestructuras hasta el catering para las tropas, es un área oscura de la que han surgido múltiples escándalos de corrupción en los últimos meses.

Y aquí aparece la segunda y más importante razón de la defensa de los subcontratistas de cualquier tipo: las enormes ganancias que estas empresas obtienen de la guerra. Y son empresas con vínculos directos con oficiales militares (algunos ya a juicio por corrupción) y con influyentes políticos, como es el caso del vicepresidenteCheney y la empresa Halliburton.

De modo que mientras la atención de todo el mundo estaba concentrada en el negocio del petróleo como factor explicativo de la guerra de Iraq, el mayor negocio es en realidad la guerra misma, aunque sea a costa de la ruina del contribuyente estadounidense (el costo de la guerra se acerca ya al billón - 12 ceros- de dólares, o sea aproximadamente un 10% del producto bruto de Estados Unidos).

Pero el paradigma al que me refiero tiene mayor calado. Noemi Klein acaba de publicar un libro polémico que ya ha recibido elogios de destacados analistas, incluyendo Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y antiguo director económico del Banco Mundial. El libro, El ascenso del capitalismo del desastre, plantea una tesis inquietante a partir de una abundante documentación que incluye, entre otros casos, la guerra de Iraq y la destrucción de Nueva Orleans por el huracán Katrina.

Una forma de expansión del capitalismo, que necesita constantemente abrir nuevas oportunidades de negocio, es superar los límites impuestos por regulaciones estrictas heredadas de la historia e impuestas por la sociedad y la política: controles legales, derechos sociales, legislación medioambiental, planes de usos del suelo, normas de seguridad de las infraestructuras básicas y demás mecanismos de supeditación de la lógica del mercado a los valores de la sociedad. Por eso las situaciones de desastre, como guerras, catástrofes naturales o colapso político-institucional, abren nuevos campos de posibilidades, empezando desde cero, con nuevas reglas y con nuevas oportunidades de negocio para quienes se sitúan en estas nuevas fronteras libres de control institucional, mientras dura esa fase de transición. Y no se trata de anécdotas, sino de negocios gigantescos que representan una base de acumulaci�n que se prolonga en la creación de nuevos imperios financieros.

Aunque no está en el libro de Klein tal fue, por ejemplo, mi observación de la formación de la nueva oligarquía capitalista rusa aprovechando la privatización masiva (de hecho, la expoliación sin control) de lo que era la riqueza pública (o sea toda) de Rusia durante la transición democrática. La reconstrucción de regiones devastadas en el mundo está plagada de apropiación de la ayuda internacional por burocracias corruptas. Tratar los problemas urbanos creados por la concentración de población en las áreas metropolitanas del mundo es un gran negocio para consultores y empresas de ingeniería y de obras públicas que pueden imponer sus condiciones más fácilmente cuando hay un terremoto, una epidemia o una explosión que obligan a los gobiernos a tomar medidas urgentes.

Las situaciones de emergencia autorizan gastos públicos de emergencia que crean mercados. O permiten la privatización de programas de salud, educación, infraestructuras o seguridad en una escala que no sería pensable en una situación normal. La idea no es que el capitalismo provoque catástrofes para medrar sino que, simplemente, medra con las catástrofes. Y, a veces, condiciona, encarece y perjudica, en aras de un beneficio privado inmediato, los procesos de reconstrucción que intentan paliar los dramas de nuestro tiempo.

Manuel Castells es el sociólogo español más conocido y reconocido internacionalmente.

La Vanguardia, 6 octubre2007

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FOTO REFLEXIÓN

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Norman Rockwell, "The Problem We all Live with" (1964)

En los Estados Unidos, en época de disturbios raciales,
agentes federales de paisano escoltan a una niña negra
para que no sea agredida en su camino a la escuela por
los que le niegan el derecho a una educación igualitaria.

DISCURSO DE JUAN GELMAN -PREMIO CERVANTES 2008-

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LEER EL DISCURSO

ARTÍCULO "EL PAIS"

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Sociólogo británico. Prenio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2002. Destacan sus estudios acerca de la renovación del pensamiento socialdemócrata que han dado lugar a la teoría de la "Tercera Vía", una propuesta ideológica que aúna elementos teóricos del capitalismo liberal junto con propuestas socialistas.

Artículo periódico EL PAIS (20 de julio de 2003)

La conferencia y Cumbre sobre Gobierno Progresista celebrada en Londres en julio de 2003 anunció la entrada de la "Tercera Vía" en su segunda fase, según el ex primer ministro británico Tony Blair. Los objetivos que se marcaron fueron los siguientes:

  • Seguridad contra el crimen
  • Estado garante de los servicios sociales
  • Acabar con la exclusión social
  • Política económica antimonopolios
  • Control de la empresa privada
  • Ética ciudadana de responsabilidad compartida
  • Apertura del comercio a los productos del Sur
  • No antiamericanismo

 

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ELIE WIESEL:

«Los peligros de la indiferencia.»

Elie Wiesel. Séptimo Encuentro del Milenio en la Casa Blanca, Washington, 12 de abril de 1999

 

Hace cincuenta y cuatro años, un chico judío de una pequeña localidad de los Cárpatos se despertó, no muy lejos de la amada Weimar de Goe­the, en un lugar de eterna infamia llamado Buchenwald. Por fin estaba libre, pero su corazón no rebosaba alegría. Creyó que nunca volvería a ser feliz. Liberado un día antes por los soldados americanos, recuerda su rabia ante lo que encontraron allí. Y mientras viva, ese joven siempre les agradecerá su rabia y también su compasión. Aunque no entendía su idio­ma, sus ojos le informaron de lo que necesitaba saber: que ellos también recordarían y darían fe de lo que acababan de ver.

 

Nos encontramos en el umbral de un nuevo siglo, de un nuevo milenio. ¿Cuál será el legado de este siglo que ahora se agota? ¿Cómo será recordado en el nuevo milenio? Indudablemente, será juzgado, y juzgado severamente, en términos morales y metafísicos. Estos fracasos pueden proyectar una oscu­ra sombra sobre la humanidad: dos guerras mundiales, incontables guerras civiles y una cadena interminable de asesinatos (Gandhi, los Kennedy, Mar­tin Luther King, Sadat, Rabin), baños de sangre en Camboya y Nigeria, India y Paquistán, Irlanda y Ruanda, Eritrea y Etiopía, Sarajevo y Kosovo; la inmundicia del Gulag y la tragedia de Hiroshima. Y, por supuesto, a otro nivel, Auschwitz y Treblinka.

 

Demasiada violencia; demasiada indiferencia. ¿Qué es la indiferencia? Etimológicamente, la palabra significa «falta de diferencia». Un estado extraño y poco natural en el cual no se distingue entre la luz y la oscuridad, el amanecer y el atardecer, el crimen y el castigo, la crueldad y la compasión, el bien y el mal. ¿Cuáles son sus caminos y sus consecuencias ineludibles? ¿Se trata de una filosofía? ¿Puede concebirse una filosofía de la indiferencia? ¿Es posible considerar la indiferencia como una virtud? ¿Es necesario, en ocasiones, practicarla para mantener la cordura, vivir con normalidad, disfrutar de una buena comida y una copa de vino, mientras el mundo que nos rodea sufre unas experiencias desgarradoras?.

 

Evidentemente, la indiferencia puede resultar tentadora. En ocasiones, incluso seductora. Resulta mucho más fácil apartar la mirada de las víc­timas. Es mucho más fácil evitar estas abruptas interrupciones a nuestro trabajo, nuestros sueños y nuestras esperanzas. A fin de cuentas, es extra­ño y pesado implicarse en el dolor y la desesperación de los demás. Para una persona indiferente, sus vecinos carecen de importancia. Por tanto, sus vidas carecen de sentido para él. Su dolor oculto o incluso visible no le interesa. La indiferencia reduce al otro a una abstracción.

 

En ese lugar, detrás de los negros portales de Auschwitz, los prisioneros que llevaban una vida más trágica eran los Muselmdnner. Tapados con sus sábanas raídas, se sentaban en el suelo mirando al vacío, puesto que no recordaban quiénes eran ni dónde estaban. Eran extranjeros en su pro­pia tierra. Ya no sentían dolor, hambre ni sed. No tenían miedo de nada. No sentían nada. Estaban muertos y no lo sabían.

 

Arraigados en nuestra tradición, algunos creíamos que ser abandonados por la humanidad no era la peor de las desgracias. Creíamos que ser aban­donados por Dios era peor que ser castigados por él. Era mejor pensar en un Dios injusto que en un Dios indiferente. Para nosotros, ser ignorados por Dios era un castigo más severo que ser una víctima de su ira. El hom­bre puede vivir alejado de Dios, pero no al margen de Dios. Dios se encuen­tra allí donde vamos. ¿Incluso en el sufrimiento? Incluso en el sufrimiento.

 

En cierto sentido, ser indiferente a ese sufrimiento es lo que deshumani­za al ser humano. A fin de cuentas, la indiferencia es más peligrosa que la ira o el odio. A veces, la ira puede ser creativa. Uno escribe un hermo­so poema, una magnífica sinfonía. Uno crea algo especial por el bien de la humanidad, porque está enfadado con la injusticia de la que es testi­go. Pero la indiferencia nunca es creativa. Incluso el odio, en ocasiones, puede suscitar una respuesta. Lo combates. Lo denuncias. Lo desarmas.

 

La indiferencia no suscita ninguna respuesta. La indiferencia no es una respuesta. La indiferencia no es un comienzo; es un final. Por tanto, la indiferencia es siempre amiga del enemigo, puesto que beneficia al agre­sor, nunca a su víctima, cuyo dolor se intensifica cuando la persona se siente olvidada. El prisionero político en su celda, los niños hambrientos, los refugiados sin hogar... No responder a su dolor ni aliviar su soledad ofreciéndoles una chispa de esperanza es exiliarlos de la memoria huma­na. Y al negar su humanidad, traicionamos a nuestra.

 

Por tanto, la indiferencia no sólo es un pecado, sino también un castigo.

 

Y ésta es una de las lecciones más importantes que debemos extraer de los múltiples experimentos con el bien y el mal que han tenido lugar en este siglo.

 

En mi lugar de origen la sociedad estaba compuesta por tres sencillas categorías: los asesinos, las víctimas y los que no hacían nada. Durante la época más oscura, dentro de los guetos y de los campos de la muerte -me alegro de que la señora Clinton mencionara que ahora estamos con­memorando ese evento, ese período, que ahora nos encontramos en una etapa para recordar-, nos sentíamos abanconados y olvidados. Todos nos sentíamos así.

 

Nuestro único y miserable consuelo era creer que Auschwitz y Treblinka eran secretos muy bien guardados; que los líderes del mundo libre no sa­bían lo que estaba pasando detrás de esos portales negros y ese alambre de púas; que no tenían conocimiento de la guerra contra los judíos que los ejércitos de Hitler y sus cómplices libraban como parte de la guerra contra los Aliados. Si lo supieran, pensábamos, los líderes habrían remo­vido cielo y tierra para tomar cartas en el asunto. Se habrían pronuncia­do con gran valor y convicción. Habrían bcmbardeado las vías de tren que conducían a Birkenau; sólo las vías de tren, sólo una vez.

 

Y entonces descubrimos que el Pentágono lc sabía, que el Departamen­to de Estado lo sabía...

 

[...] La deprimente historia del Saint Louis cs un ejemplo de ello. Hace sesenta años, su carga humana -casi un millar de judíos- fue devuelta a la Alemana nazi. Y eso ocurrió después de la Kristallnacht, después del primer pogromo organizado por el Estado, en el que se destruyeron cen­tenares de comercios judíos, se quemaron sinagogas y miles de personas fueron encerradas en campos de concentración. Ese barco, que llegó a las costas de Estados Unidos, fue enviado de vuelta a su destino. No lo entiendo. Roosevelt era un buen hombre, tenía corazón. Entendía a quie­nes necesitaban ayuda. ¿Por qué no permitió el desembarco de esos refu­giados? Mil personas, en Estados Unidos, el gran país, la mayor demo­cracia del mundo, la más generosa de todas las nuevas naciones de la historia moderna. ¿Qué ocurrió? No lo entiendo. ¿Por qué esa indiferen­cia, al máximo nivel, hacia el sufrimiento de las víctimas?.

 

Pero también existían seres humanos sensibles a nuestra tragedia. Esas per­sonas no judías, esos cristianos, los que nosotros llamamos «los gentiles jus­tos» y esos actos desinteresados de heroísmo salvaron el honor de su fe. ¿Por qué fueron tan pocos? ¿Por qué se dedicó un mayor esfuerzo a salvar a los asesinos de las SS después de la guerra que a salvar a sus víctimas durante la contienda? ¿Por qué algunas de las empresas más importantes de Esta­dos Unidos siguieron haciendo negocios con la Alemania de Hitler hasta 1942? Se ha llegado a afirmar, gracias a la abundante documentación, que la Wehrmacht no habría emprendido su invasión de Francia sin el petróleo de origen americano. ¿Cómo se puede explicar su indiferencia?

 

Aun así, amigos míos, también han ocurrido hechos positivos en este trau­mático siglo: la derrota del nazismo, la caída del comunismo, el renacimien­to de Israel en su tierra ancestral, la desaparición del apartheid, el tratado de paz de Israel con Egipto, el acuerdo de paz en Irlanda. Recordemos el encuen­tro, lleno de dramatismo y emoción entre Rabin, Arafat y usted, señor pre­sidente, celebrado en este mismo lugar. Yo estaba aquí y nunca lo olvidaré. Y luego, por supuesto, la decisión conjunta de Estados Unidos y la OTAN para intervenir en Kosovo y salvar a esas víctimas, a esos refugiados, a esos desplazados por un hombre. Creo que ese hombre debería ser acusado de «crímenes contra la humanidad».

 

Pero esta vez, el mundo no calló. Esta vez respondimos. Esta vez interve­nimos.

 

¿Significa esto que hemos aprendido del pasado? ¿Significa que la socie­dad ha cambiado? ¿Acaso el ser humano se ha vuelto menos indiferente y más humano? ¿Realmente hemos aprendido de nuestras experiencias? ¿Somos menos insensibles al dolor de las víctimas de la limpieza étnica y de otras formas de injusticia en lugares cercanos y lejanos? ¿Es la inter­vención justificada de hoy en Kosovo, dirigida por usted, señor presiden­te, una advertencia duradera de que jamás se volverá a permitir la depor­tación, la tortura de los niños y de sus padres, en ninguna parte del mundo? ¿Esta acción servirá para desalentar a otros dictadores?.

 

¿Qué hay de los niños? Los vemos por televisión, leemos acerca de ellos en los periódicos y se nos parte el corazón. Inevitablemente, su destino siempre es el más trágico. Cuando los adultos libran una guerra, los niños perecen. Vemos sus rostros, sus ojos. ¿Escuchamos sus súplicas? ¿Senti­mos su dolor, su agonía? Por cada minuto que pasa muere un niño debi­do a la enfermedad, la violencia o el hambre.

 

Algunos de ellos, muchos, podrían, salvarse.

 

Una vez más, pienso en el chico judío dé los Cárpatos. Ha acompañado al hombre anciano en el que me he convertido a lo largo de estos años de lucha y búsqueda. Juntos caminamos hacia el nuevo milenio, impulsados por un profundo temor y una extraordinaria esperanza.

ENLACES:

Discurso en inglés: http://www.historyplace.com/speeches/wiesel.htm

En wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Elie_Wiesel

http://en.wikipedia.org/wiki/Elie_Wiesel

Fundación: http://www.eliewieselfoundation.org/

http://www.miheroe.org/hero.asp?hero=Elie_Wiesel

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2591

http://www.arrakis.es/~ruteol/wiesel.htm

http://www.achievement.org/autodoc/page/wie0int-1

ENLACE INTERESANTE: RECUERDOS DEL DÍA DE MAÑANA

http://almadormida.blogspot.com/

LUIS MIGUEL: SI TÚ TE ATREVES

 

 

 

Cómplices - Si tú te atreves

letra:

Me he dado cuenta que ha ido surgiendo
poquito a poco entre los dos
una corriente que nos desborda,
no contenemos ni tú ni yo,
ya todos notan cuando nos vemos
que yo te presto más atención

Es el momento o fuera o dentro,
no hay otra forma,
seguir o adiós

Jamás pensamos que haríamos daño,
no somos libres, es un error,
mas quien le pone puertas al campo
y quien le dice que no al amor

Si tú te atreves por mí vida que te sigo,
si tú me olvidas te prometo que te olvido,
después de todo sólo queda un sueño roto
y evitamos mil heridas que jamás podrían cerrar

Si tú te atreves yo renuncio al paraíso,
a amar contigo, a soñarte, a que me sueñes
que al fin y al cabo más que a nadie nos amamos,
son pasiones ya tan fuertes que lo nuestro hay que olvidarlo,
si tú te atreves…

Es el momento o fuera o dentro,
no hay otra forma,
seguir o adiós

Jamás pensamos que haríamos daño,
no somos libres, es un error,
mas quien le pone puertas al campo
y quien le dice que no al amor

Si tú te atreves por mi vida que te sigo,
si tú me olvidas te prometo que te olvido,
después de todo sólo queda un sueño roto
y evitamos mil heridas que jamás podrían cerrar

Si tú te atreves yo renuncio al paraiso,
a amar contigo, a soñarte, a que me sueñes
que al fin y al cabo más que a nadie nos amamos,
son pasiones ya tan fuertes que lo nuestro hay que olvidarlo,
si tú te atreves.

 

Locas por desamor

Locas por desamor

Me parece estar todavía sintiendo el hedor del Hospital Moyano, el psiquiátrico de la Ciudad de Buenos Aires donde se interna a la mujeres. Ante la falta de higiene y afecto, el olvido y la violenta marginalidad a la que son sometidas, me pregunto: Qué es la locura? Cómo se llega a ella?. Quizá sean preguntas sin respuesta, interrogantes que me dejan exhausta. Cuando no entendemos a alguien, cuando no comprendemos, preferimos creer que esta loco, que su visión esta distorsionada. Juzgamos sin (...)

VER EN: http://www.nodo50.org/Locas-por-desamor.html