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EL MITO (1/10/04)

El mito es un hecho cultural común a todos los pueblos, primitivos y modernos, y se manifiesta, al igual que la religión, como una forma de expresión con la que la humanidad ha intentado explicar la naturaleza misteriosa del mundo y de su propia existencia.

La comprensión del mito y de su función en la cultura no es, sin embargo, tarea fácil, tal vez por la dificultad que supone acercarse con presupuestos racionales a un mundo construido sobre fundamentos extraracionales. La prueba de esta dificultad es la cantidad de teorías que han intentado desentrañar su significado, nunca con resultados definitivos. Así pues, sin ánimo de entrar en discusiones especializadas, consideramos que el mito tiene un carácter universal, presente en todas las culturas del pasado y del presente, y nos disponemos a definir su naturaleza y su función en la sociedad.

La palabra mito designa el relato de un hecho que se supone acaecido en una época imprecisa y remota, atemporal, cuya explicación, sin embargo, incorpora las claves que permiten entender un acontecimiento ocurrido en un momento histórico concreto.

Los mitos pueden referirse a realidades muy diversas. Unas veces, explican el origen del mundo, de la humanidad o de un pueblo; otras, intentan esclarecer ciertos fenómenos naturales que escapan de la comprensión inmediata, y hay ocasiones en las que, incluso, tratan de interpretar aquellas conductas humanas cuya motivación escondida es causa de perplejidad.

Entendido el mito así, comprobamos que nuestra definición resulta limitada por dos conceptos básicos. En efecto, entendido como un relato, podría suponerse que el mito pertenece al ámbito de la literatura, porque, de hecho, tiene una forma literaria utilizada con profusión en la literatura. De igual manera, si atendemos a los temas que aborda, podría suponerse que el mito pertenece al ámbito de la religión porque tiene un referente divino y sagrado. Podemos decir que el mito está presente en la religión y en la literatura (o en la filosofía y en la ciencia); sin embargo, este carácter versátil no puede legitimar ningún intento de asimilarlo con la religión o con la literatura. Son expresiones diferentes del mundo.

La expresión alegórica del mito
Que la religión y el mito constituyen formas explicativas diferenciadas parece evidente. No todos los mitos tratan del mundo de los dioses ni son siempre dioses sus protagonistas. Al contrario, la variedad temática del mito incluye relatos sobre hombres y mujeres que se desenvuelven en un medio humano o incorpora héroes que no son humanos pero que tampoco son dioses. Innumerables testimonios de las más diferentes culturas avalan la independencia del mito respecto a la religión.

Igualmente, el mito es una forma explicativa que se diferencia de la literatura, como veremos a continuación. De forma provisional, baste adelantar que los mitos no tienen la finalidad de relatar una historia, sino que son un medio de comprender una realidad que es inaccesible a la razón. El mito tiene su propia constitución y, como la religión o la literatura, constituye una forma específica de explicar la realidad.

La forma mítica, en líneas generales, es una expresión extrarracional que consiste en explicar una realidad mediante alegorías y símbolos cuando esa realidad rebasa la capacidad expresiva de la razón. Así pues, el mito intenta explicar el mundo, la naturaleza y la historia, no desde la razón, sino a partir de la imaginación, el sentimiento y la afectividad, a través de la alegoría y del simbolismo.

En todo relato mítico se distinguen dos dimensiones: una primera dimensión literal, aparente y falsa, relata un hecho inexistente, y una segunda dimensión, profunda y verdadera, contiene un referente real. Lo que dice el relato mítico no ha ocurrido de hecho; sin embargo, responde a la realidad. Convertido en símbolo, el mito contiene las claves para comprender un hecho o un fenómeno que, ocurrido en un momento histórico concreto, sobrepasa la comprensión humana.

El mito no es una forma de religión ni un género literario. La explicación mítica se define, de hecho, como un intento muy serio de la humanidad por explicar un suceso de naturaleza extraordinaria, que es necesario entender. Platón (428-348 a. C.) consideró -y su considera¬ción es totalmente actual- que el mito viene a ser la forma de expresión más apropiada para dilucidar verdades y hechos que se apartan del razonamiento. En este sentido, los mitos relacionados con el origen de la humanidad -por ejemplo, el mito de Prometeo o la explicación bíblica de la creación de Adán- intentan averiguar, por medio del simbolismo (el fuego y el hálito divino), el significado profundo del momento originario de la humanidad.
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