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UN LUGAR PARA APRENDER FILOSOFÍA

PENSANDO EN EL INFORME PISA

La idea más hermosa

Guardado en: Artículos 2008, Artículos en La Opinión — 12 Enero 2008 @ 6:00

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La Editorial Lumen ha puesto en circulación una historia que me ha llamado la atención por su contenido didáctico. Quiero compartirla con el lector porque aviva la reflexión sobre la relación educativa que con los hijos y alumnos tenemos los padres y los profesores.
Cierto día una maestra pidió a sus alumnos que pusieran los nombres de sus compañeros de clase en una hoja de papel, dejando un espacio entre nombre y nombre. Después les pidió que pensaran en la cosa más hermosa que pudieran decir de cada uno de sus compañeros y que lo escribieran debajo de su nombre. A medida que los alumnos dejaban el aula, entregaban a la maestra la hoja de papel.
Durante el fin de semana la maestra escribió el nombre de cada uno de sus alumnos en hojas separadas de papel y copió en ellas todas las cosas hermosas que cada uno de los compañeros había escrito acerca de él.
El lunes entregó a cada alumno su lista. Casi inmediatamente todos los alumnos de la clase estaban sonriendo.”¿Es verdad?” escuchó ella a alguien como en un susurro. “Yo no supe nunca que podía significar algo para alguien “, “yo no sabía que mis compañeros me querían tanto”, eran los comentarios más frecuentes.

Nadie volvió a mencionar aquellos papeles en clase La maestra nunca supo si ellos comentaron su contenido con algunos compañeros o con sus padres, pero eso no era lo importante. El ejercicio había cumplido su propósito. Aquel grupo de alumnos siguió adelante y progresó en sus estudios. Varios años más tarde, uno de los estudiantes fue muerto en la guerra de Vietnam y la maestra asistió a su funeral. No había visto nunca antes a un soldado en su ataúd militar. La iglesia estaba llena de familiares y amigos. Uno a uno de aquellos que tanto lo apreciaban caminaron silenciosamente para darle el último adiós. La maestra fue la última en acercarse al ataúd.
Mientras estaba allí, uno de los soldados que actuaba como guardia de honor se acercó a ella y le preguntó.
- ¿Era usted la profesora de matemáticas de Marcos?
Ella balbuceó que sí.
Entonces él dijo:
- Marcos hablaba mucho de usted.
Después del funeral la mayoría de los compañeros de Marcos fueron a una merienda. Allí estaban también los padres de Marcos, obviamente deseando hablar con su profesora.
- Queríamos mostrarle algo, dijo el padre sacando de su bolsillo una billetera. Lo encontraron en la ropa de Marcos cuando lo mataron. Pensamos que tal vez usted lo reconocería.
Abriendo la billetera, sacó cuidadosamente unos pedazos de papel gastados que él había pegado con cinta y que se veía que habían sido abiertos y cerrados muchas veces. La maestra se dio cuenta aún sin mirar mucho que era la hoja en la que ella había registrado todas las cosas hermosas que los compañeros de Marcos habían escrito acerca de él.
- Gracias por haber hecho lo que hizo, dijo la madre de Marcos. Como usted ve, Marcos lo guardaba como un tesoro.
Aleccionadora historia. Prodigamos quejas, reproches, descalificaciones, correcciones, consejos, advertencias… Pero somos más parcos cuando se trata de hacer comentarios positivos.
Parece que nos cuesta reconocer aciertos y cualidades, manifestar la admiración y el afecto. Existe una cierta racanería a la hora de decirle a los otros qué es lo que nos gusta o emociona de ellos. Somos más dados a descalificar que a felicitar.
En un ejercicio de dinámica de grupos que se suele denominar “en el centro de la plaza”, realizado con un grupo de adolescentes, una chica ocupó el lugar central. Los demás compañeros tenían que acercarse y decirle al oído alguna cosa positiva de su personalidad, de su físico, de su indumentaria, de su forma de relacionarse… Podía ser grande o pequeña pero, en cualquier caso, debía se sincera.
La chica, después de oír algunas manifestaciones, se echó a llorar y abandonó la sala. Cuando la animadora del grupo le preguntó qué había pasado ella dijo:
- Nadie me había dicho nada agradable en mi vida.
Terrible manifestación, que desvela algunas carencias del sistema educativo. La relación personal se desvanece bajo el listado de objetivos del aprendizaje (hoy se habla de competencias, me da igual). ¿Cómo se puede alcanzar una buena identidad desde la desafección más absoluta? Tremenda experiencia la de esta chica. Nunca había oído nada hermoso, nada positivo de boca de sus familiares, profesores, amigos y compañeros. ¿Cómo es posible crecer en esas condiciones? ¿Cómo se puede ser feliz? ¿Cómo es posible ser buena persona? Decía Anne Freud.”Qué buenos se vuelven los niños cuando se les quiere”.
La escuela ha sido siempre el reino de lo cognitivo, no de lo afectivo. Como dice Filliozat en su libro “El corazón tiene sus razones”: “En el colegio se aprende historia, geografía, matemáticas, lengua, dibujo, gimnasia… Pero, ¿qué se aprende con respecto a la afectividad? Nada. Absolutamente nada sobre cómo intervenir cuando se desencadena un conflicto. Absolutamente nada sobre el duelo, el control del miedo o la expresión de la cólera”.
Alguien me dirá que lo importante es obtener buenos resultados en el Informe PISA, que lo demás son tonterías. No lo son. ¿Puede ser una tontería aquello que nos hace ser felices o desgraciados? El día que el Informe PISA se preocupe por valorar las actitudes y los valores, otro gallo nos cantará. Y además, para obtener buenos resultados en ese dichoso Informe o en cualquier otro, es necesario cultivar una disposición emocional favorable al aprendizaje. El verbo aprender, como el verbo amar, no se pueden conjugar en imperativo.

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