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REFLEXIÓN ARTÍCULO: FREAKS

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Yo no sabía nada de los “Freaks" hasta que un alumno cinéfilo me reco­mendó la película’ Freaks", cuyo titulo traducido al castellano fue "La parada de los monstruos". La película es del año 1932. El director, Tod Browning, trabajó en un circo antes de pasar más tarde a la industria cinematográfica. Conocía, pues, en profundidad el mun­do que nos muestra. Tras una trama que carece de relevancia para lo que quiero comentar, pone de manifiesto de forma cruda, brutal, violenta, el mundo del circo entre bambalinas. Los protagonistas son los Freaks a quienes hace referencia el título, actores cir­censes todos con deficiencias físicas o psíquicas. Intervinieron en la película por expreso deseo del director, que era amigo personal de varios de ellos. La película tuvo una vida comercial muy corta, todos los cines la retiraron. Se dice que lo que verdaderamente disgustó a los productores y al público en general es que en el film los autén­ticos "monstruos" son las personas "normales", que, salvo excepciones, aparecen en la película como avaricio­sos y malvados. Los "normales", en la película, manipulan, abusan, enga­ñan, martirizan... a los "monstruos", quienes para sobrevivir en un mundo tan hostil, han de desarrollar sus pro­pios mecanismos de defensa. Mostra­ba lo que normalmente nadie quiere ver, la sórdida realidad que en ocasio­nes, se oculta "para que siga el espec­táculo".

Desde un punto de vista actual, afortunadamente, un espectáculo tal sería probablemente denunciado como un atentado contra la dignidad huma­na, como una muestra de insensibili­dad y crueldad hacia quienes son di­ferentes y, por ello, considerados inferiores, indignos de derechos. Pro­bablemente también, se prohibiría la utilización de estas personas como parte de un espectáculo.

Sin pretender hacer un alegato a favor del progreso moral de la huma­nidad, sí me congratulo en ocasiones de que se manifieste una mayor sen­sibilidad en algunos temas y que ello quede plasmado en las legislaciones. Pero, aunque hay mucho avanza­do, queda mucho por avanzar en el despertar de las sensibilidades. Y me resulta particularmente penoso que en un espectáculo infantil por antono­masia como es el circo, que todos los años por estas fechas llega a todos los rincones, y que tiene, sin duda, un importante componente mágico, festi­vo... sigan siendo una parte importante del espectáculo los animales "artistas». O, más bien, la caricatura de ellos que podemos ver en los circos.

Me gustaría que algún Tod Brow­ning de nuestra época sacara a la luz la indignidad que existe en arrancar el aplauso de un niño al ver a un oso montando en bicicleta, a un león cru­zando de un salto un aro de fuego, elefantes sentándose en taburetes... Me gustaría que más voces informaran y denunciaran que tras la magia de los "animales salvajes amaestrados" se oculta mucha manipulación y sufri­miento. Que los animales de circo pasan la mayor parte de su tiempo enjaulados o encadenados. Que pasan buena parte del año viajando en vago­nes estrechos. Que en el caso de los circos itinerantes (cuyas giras duran entre 9 y 10 meses al año), los anima­les permanecen encadenados por una pata delantera y por otra trasera o aprisionados dentro de camiones jau­las, excepto durante el entrenamiento o los minutos que dura su "show". Que gran parte de ellos, debido a las con­diciones de vida tan alejadas de las que les corresponderían en su medio natural, desarrollan todo tipo de com­portamientos neuróticos. Que para conseguir esas conductas tan aplau­didas en los circos, se han utilizado en su entrenamiento varas, estacas con pinchos, látigos y modernos siste­mas de electroshocks de bolsillo que emiten descargas de alto voltaje, todos ellos ocultos a la vista del espectador.

Dudo que muchos niños siguieran aplaudiendo si conocieran estos deta­lles. Ellos viven la magia, pero somos los adultos quienes sabemos lo que esa magia esconde en este caso y quienes, por tanto, tenemos la respon­sabilidad. Y no parece muy ético man­tener una magia a este precio.

Existen, y prefiero mirar en esa di­rección, lugares en los que se pueden discutir estas cuestiones a nivel legis­lativo. Pero queda prácticamente todo por hacer. Doris Pack, parlamentaria alema­na, presentó a la comisión de Cultura y Educación del Parlamento Europeo un informe sobre los nuevos desafíos del circo en cuanto elemento de la cultura europea. Dejando ahora de lado qué pueda ser esa cultura europea, tal vez un primer paso sean estos intentos que están haciéndose por crear norma­tivas que regulen jurídicamente las condiciones de vida y trabajo de todos aquellos que intervienen en el circo. Centrándonos aquí exclusivamente en los animales salvajes o domésticos que actúan en estos espectáculos, habría que insistir en estos foros capaces de tomar decisiones, en que no debe per­derse de vista el objetivo final, que en mi opinión, sería algo tan sencillo como revisar el concepto de «circo» dado por la Asociación Internacional de historia­dores del circo, que lo define como "una combinación de programación artística estructurada y espectáculo musical, sucediéndose en la pista los números de acróbatas, payasos y do­madores de animales salvajes o domésticos".

Sólo sobra la última parte. Se trata de asumir un sistema diferente de va­lores, que no sea indiferente al maltrato.

Como también se expone en el informe que comentamos, desde hace ya algún tiempo, "ha comenzado a pro­pagarse una nueva forma de circo con mayor componente artístico, que en­globa otras manifestaciones artísticas como la actuación, el teatro, la danza".

Se puede conservar toda la magia del circo sin necesidad de animales "artistas". Cada día así nos lo demues­tran circos alternativos que ofrecen espectáculos maravillosos sin presencia de animales.

Circos donde los aplausos pue­dan ser totalmente limpios.

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