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Giulio Cesare de Haendel

Giulio Cesare de Haendel

Giulio Cesare in Egitto fue la quinta ópera extensa que Handel compuso para la Royal Academy of Music de Londres, compañía fundada en 1719 por un colectivo de nobles que pretendía promover la opera seria italiana.

Desde su primera representación, la grandeza y envergadura de Giulio Cesare, estrenada en el King’s Theatre de Haymarket el 20 de febrero de 1724, se hizo con el respaldo popular, tal como demuestran no sólo los reiterados montajes londinenses en enero de 1725, enero de 1730 y febrero de 1732, sino también la acogida que tuvo en Alemania, donde fue interpretada en diversos lugares, como Brunswick (agosto de 1725) y Hamburgo (noviembre de 1725).

En el siglo XX Giulio Cesare fue una de las óperas que encabezó la recuperación operística de Handel, y hoy es una de las pocas óperas anteriores a Mozart que forma parte de los repertorios habituales en todo el mundo.

El personaje de Cleopatra fue un regalo tanto para el libretista como para el compositor, pues no sólo es una mujer cuya legendaria belleza y enigmática personalidad ha fascinado a lo largo de los siglos, sino también del paradigma de femme fatale. Es mérito de Haym y Handel que su Cleopatra mantenga esa simbología sin dejar de ser una figura de carne y hueso, un ser humano que a lo lago de la obra madura desde la frivolidad de una muchacha coqueta hasta la plenitud de una mujer capaz de apasionarse y sentir las emociones más intensas. Esta es la evolución que late en la esencia de la ópera, un desarrollo que revela a Cleopatra no sólo como una de las heroínas más logradas de Handel, sino como una de las grandes creaciones operísticas de todos los tiempos.

Aunque Cleopatra es indiscutiblemente la protagonista, los personajes de César, Cornelia y Tolomeo están igualmente logrados. César reúne con verosimilitud las cualidades heroicas de un hombre de acción a la vez que la frágil susceptibilidad de quien se enfrenta a las artimañas de una mujer hermosa. Cornelia, único personaje trágico, exhibe el noble valor de su carácter frente al sufrimiento y a las ofensivas deferencias de Tolomeo, de mezquina sexualidad, cuyas maquinaciones lo definen como uno de los más repulsivos villanos de Handel.

Giulio Cesare fue una de las obras más ricas que Handel compuso hasta aquel momento, en la que coinciden una prodigiosa variedad de estilos y un colorido orquestal que da cabida incluso a dos parejas de trompas. Sorprende que sólo dos de las arias de la partitura original estén pensadas para continuo solo, una proporción baja en este estadio de la trayectoria operísticas del músico.

La ópera

La acción de Giulio Cesare transcurre durante el periodo que el emperador romano pasó en Egipto con motivo de la Guerra Alejandrina (48-47 a. C.). Después de derrotar en Grecia a su enemigo, el general Pompeyo, César lo persigue hasta Egipto, donde Cleopatra y su hermano menor Tolomeo XII reinan conjuntamente. Pese a estar basado en personajes históricos, el libreto se permite considerables licencias dramáticas, especialmente con César, caracterizado como un joven viril en la ópera cuando en realidad había rebasado la cincuentena en el momento que tuvieron lugar los hechos.

La obertura francesa inicial crea al mismo tiempo una atmósfera de grandeza y magnificencia, mientras que el dinámico movimiento fugado que le sigue procede originalmente de Ottone. Es aquí donde Handel apunta ya la primera de sus muchas sorpresas dramáticas, pues lo que previsiblemente va a ser un minueto, como los que el compositor solía introducir para rematar sus oberturas, se convierte en un gran coro de bienvenida de los egipcios a César (cantado por los protagonistas; en este momento de su carrera las óperas de Handel no disponían de coro autónomo), cuya orquestación está enriquecida por dos parejas de trompas. César responde con un breve y heroico arioso, Presti omai, regido por un vigoroso compás octavado. Se exhiben ya las virtudes vocales en el registro bajo, que era una de las habilidades del castrato Senesino, las cuales se repetirán prácticamente en todas las intervenciones de César. Éste, que en el recitativo que sigue pronuncia su inmortal “Veni, vidi, vici”, y Curio son interpelados por Cornelia y su hijo Sesto para solicitar la paz. El dirigente romano, encarnación del gobierno ilustrado, se digna a concederla. Pero Achilla comparece entonces con su batallón para recibir a los extranjeros, y comunicarle que su señor, Tolomeo, no sólo ofrece a César disponer de su palacio, sino que también le brinda un presente, del que le hace entrega. Se trata de la cabeza de Pompeyo. César y Curio se horrorizan, Cornelia y Sesto desfallecen. Y mientras César exige a Achilla que regrese junto a su señor para transmitirle su disgusto, el general egipcio lanza lujuriosas miradas a la hermosa viuda. César muestra sus sentimientos en Empio, dirà, una airada pieza en do menor dirigida contra Achilla. Se articula en vigorosas escalas que empiezan con un descenso de dos octavas en el unísono violinístico, al tiempo que la línea vocal efectúa largas secuencias de passaggi.

David Daniels como Julio César, Danielle de Niesse como Cleopatra, Christophe Dumiaux como Tolomeo y Maite Beaumont como Sesto, por hacer referencia a los intérpretes más sobresalientes.

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