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UN LUGAR PARA APRENDER FILOSOFÍA

Genie: la niña salvaje.

En noviembre de 1970 la policía de los Ángeles -California- presentó cargos por abuso infantil contra los padres de una niña de 13 años que manifestaba serios problemas de lenguaje y taras motrices a causa de aislamiento social. Su padre se había suicidado al ser descubierto y su madre no disponía de los recursos necesarios para su manutención; el gobierno de Estados Unidos patrocinó su educación en un centro de investigación con el fin de establecer las consecuencias por privación de vínculos sociales desde el nacimiento y los procesos de aprendizaje de lenguaje -temas que estaban en auge en aquella década bajo los postulados de la psicolinguística- El caso fue seguido por la comunidad científica del momento.
“Genie”, como la llamaron los investigadores que se hicieron cargo de su proceso, tenía el comportamiento de una “pequeña salvaje”, sin embargo, cautivaba por su actitud de asombro frente a los fenómenos más comunes de la naturaleza y por las extraordinarias habilidades sensoriales que había desarrollado durante su encierro. Tal fue su avance que a los seis meses de entrenamiento estableció algunas relaciones mentales, a pesar del patrón anormal que había arrojado en su primer examen de ondas cerebrales. Curiosamente Truffaut, director de cine francés, estrenaba en Hollywood un filme sobre una historia similar ocurrida a finales del siglo XVIII. Víctor, “le infant sauvage”, había sobrevivido en un ambiente hostil durante 12 años y al ser encontrado fue acogido de manera voluntaria por el prestigioso médico Jean Itard. Quien finalmente desistió de continuar su educación tras notar el impedimento que tuvo el niño para establecer relaciones lógicas. Aquel documental planteó interrogantes como: ¿Qué nos hace humanos?, ¿Qué distingue al hombre de los animales?; y el descubrimiento de Genie, quien estaba ahora descubriendo el mundo, se convertía en la oportunidad para contrastar la teoría de Noam Chomsky de que la base del lenguaje se encuentra en los genes y que existe un período crítico de tiempo para desarrollar esta facultad (ver Eric Lenneberg). Los investigadores comenzaron a generar vínculos filiales con Genie al punto que hubo discusiones sobre cómo educarla. Una pareja conyugal conformada por un psicólogo y una especialista en desarrollo humano le brindó asilo. Sus nuevos padres sustitutos, junto con la psicolinguista asignada al caso, le enseñaron a realizar desde rutinas básicas de aseo hasta comunicarse por lenguaje de señas y comprender imágenes. Si bien las pruebas psicológicas anuales mostraron que había un avance en su cognición (podía unir oraciones simples para expresar sus sentimientos y usar el lenguaje para describir eventos del pasado), Genie no era capaz de relacionar palabras en un orden gramatical adecuado, conformando oraciones irracionales -igual que Víctor- Hecho que dio pie a las autoridades para cuestionar las investigaciones. Finalmente llegaron a una pregunta que quedaría sin resolver: ¿era Genie retrasada mental desde el nacimiento como lo creyó su padre o el retraso se debía al encierro? La situación de Genie se complicó aun más: un grupo de abogados generaría demandas sobre su potestad y la agencia del gobierno suspendió la inversión por supuestas ambigüedades científicas. La pareja de especialistas se vio obligada a dejarla ir y comenzó a rodar de hogar en hogar; le dieron malos tratos y la castigaron. Esto sucedió aproximadamente a los cinco años. Desde entonces Genie decidió no volver a hablar con nadie y lo último que de ella se sabe es que vive en un centro de cuidado para Adultos en el sur de California.

GENIE, O EL CASO DE LA NIÑA SALVAJE

 

 

  El experimento prohibido de la ilustración, el aislar a un niño para comprobar la teoría de que a los seres humanos les degrada la sociedad en la que viven, sus influencias violentas, la agresividad, la mentira, etc. fue comprobado en el caso de Genie, una niña que estuvo viviendo completamente aislada del mundo exterior, en la habitación de su casa en E.E.U.U. durante gran parte de su niñez.

 

  Fue maltratada, y literalmente abandonada en un cuarto de su casa, por parte de sus padres. Pasó más de diez años, desde los tres años hasta los trece, durante los cuales es más fácil la enseñaza, se es más maleable, se aprende ha hablar, etc., de su vida en una pequeña habitación que estaba totalmente vacía, salvo una silla con orinal, en la que se pasaba gran parte del día, y una cuna, su lugar para dormir. Sus progenitores, al creerla deficiente mental, se deshicieron de ella de la forma más terrible que existe, aislándola totalmente del mundo exterior. En su confinamiento aprendió, a base de palizas, que no debía hacer ruido, ni chillar ni jugar. Debía guardar silencio total, como en un velatorio. La bestialidad del padre era tal, que llegaba a atarla en la silla durante días enteros.

 

  Cuando la policía descubrió el caso, la niña solo arañaba, olía y escupía, andaba de una forma muy particular, con las rodillas flexionadas hacia delante y los hombros caídos, como si nunca la hubieran enseñado a andar correctamente y hubiera tenido que aprender sola en sus devaneos de su particular noche eterna. No solo tenía todos esos problemas, sino que además no sabía hablar y apenas si razonaba como una persona.

 

  Los mayores científicos sobre el comportamiento humano de su país intentaron enseñarla a hablar. Se  basaron en el caso de Víctor, un niño salvaje que se había criado en un bosque del sur de Francia, doscientos años antes, y sobre cual, casualmente, estrenaban en esa época una película, “El niño salvaje”, “¿Niño o animal?”, subtitulaban. Un médico le cuidó y comprobó en él su falta de habla y comportamiento como ser humano. Dicho médico consiguió enseñarle a hablar y le civilizó en el máximo nivel que pudo, pero nunca consiguió interesarse por el juego social humano de modo suficiente como para decirse que estaba integrado, o que al menos lo intentaba. Según algunos científicos posteriores, este efecto se produjo por que rebasó el periodo crítico de socialización, y por el trabajo intensivo en la lengua hablada que realizó durante años.

 

  Ayudándose de este caso, los especialistas de Genie intentan enseñarla a hablar. En esa época hay varias teorías sobre el habla, como la que dice que el habla es herencia genética, y otras que rezan lo contrario, que el habla se aprende y a partir de una edad, la adolescencia, no se puede aprender por que las neuronas ya están formadas, a pasado lo que se llama periodo crítico.

 

  En el transcurso de la terapia, una médico intento adoptarla para ganar un premio de medicina. Aclarada esta disputa, otro médico la adopta para proseguir con la terapia. En esa época aprende a expresarse, algunas palabras y se empieza a creer que una discapacitada mental, no se sabe si por el largo tiempo de postración.

 

  Más tarde es adoptada por una familia, donde la madre la enseña el idioma de los signos, para que no se estanque en el idioma hablado, como le ocurrió a Víctor doscientos años antes.

 


Genie: La niña salvaje (hipotesis de la ventana critica)
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