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UN LUGAR PARA APRENDER FILOSOFÍA

EL HOMBRE DEMEDIADO

REFLEXIÓN: EL CONFLICTO MORAL PERSONAL

Texto de Italo Calvino: Nuestros antepasados. El vizconde demediado. Alianza tres. Madrid. 1977 (Texto refundidio de las páginas 16,41,42 y 59)

"Había una guerra contra los turcos. El vizconde Me­dardo de Terralba cabalgaba por la llanura de Bohemia... Cuando estalló la refriega, el vizconde asaltó con la es­pada desenvainada un cañón enemigo, pensando que les metería miedo a los dos artilleros. Pero, en cambio, re­cibió un cañonazo en pleno pecho. Medardo de Terralba saltó por los aires. Sus restos fueron colocados en un ca­rro y llevados al hospital. Le faltaba un brazo y una pierna, y no sólo eso, sino todo lo que era tórax y ab­domen entre el brazo y la pierna había desaparecido. De la cabeza quedaba un ojo, una oreja, una mejilla, media nariz, media boca, media barbilla y media frente. Por re­sumir, se había salvado sólo la mitad, la parte derecha, que, por lo demás, estaba perfectamente conservada. Los médicos cosieron, pegaron, amasaron; quién sabe lo que hicieron. El caso es que la día siguiente Medardo abrió el único ojo, la media boca, dilató la nariz y respi­ró. La fuerte fibra de los Terralba había resistido. Ahora estaba vivo y partido por la mitad.

Aquella mitad regresó a Terralba. Sus primeras ac­ciones no dejaron lugar a dudas. Su antigua nodriza, que le conocía bien, dijo: Ha regresado la mitad mala de Medardo.

Y el vizconde tenía la maldita manía de partir todo por la mitad (...)

Ojalá pudiera partir todas las cosas enteras; así cada uno podría salir de su obtusa e ignorante integridad. Es­taba yo entero y todas las cosas eran para mí naturales y confusas, estúpidas como el aire: creía verlo todo y no veía más que la corteza. Si alguna vez te conviertes en la mitad de ti mismo, muchacho, y te lo deseo, comprenderás cosas que escapan a la normal inteligencia de los ce­rebros enteros. Habrás perdido la mitad de ti y del mun­do, pero la mitad que quede será mil veces más profunda y valiosa. Y también querrás que todo esté partido a la mitad y desgarrado a tu imagen, porque belleza y sabi­duría y justicia existen sólo en lo hecho a pedazos.

Y el vizconde llegóse a enamorar de una campesina. Pero por entonces sucedió lo que se podía haber espera­do: regresó la otra mitad de Medardo, el lado bueno. Y Medardo el bueno se dedica a hacer el bien... y a enamo­rarse de la misma campesina. Y ante ella hace esta ala­banza del estar demediado:

-Eso es lo bueno de estar partido: el comprender en cada persona o cosa del mundo la pena que cada uno y cada una tiene por su propia incompletez. Yo estaba en­tero y no entendía, y me movía sordo e incomunicable entre los dolores y las heridas sembradas por doquiera, allí donde, de entero, uno menos se atreve a creer. No soy sólo yo un ser cortado y arrancado, sino tú también y todos. Y ahora yo tengo una fraternidad que antes, de entero, no conocía: con todas las mutilaciones y las fal­tas del mundo (...)

La historia termina como tenía que terminar: los dos Medardo luchan por el amor de la campesina, y se hie­ren justo en el lugar donde cada uno conservaba la gran cicatriz del cañonazo que los dividió. Llega entonces el médico: los une y los cose. Así volvió Medardo a ser un hombre entero, ni bueno ni malo, sino una mezcla de maldad y de bondad

.

La primera impresión que puede provocarnos este cuento de Italo Calvino podemos expresarla en forma de pregunta última: ¿bondad y maldad ineludiblemente unidas en el ser humano? ¿Éxtasis y vértigo? Dicho de otro modo: ¿es el humano un ser escindido, incompleto, inconcluso por naturaleza? ¿Nacemos -naturalmente­ completos, pero la cultura (educación, tradiciones, es­tructura socioeconómica, etc.) nos desgajan? ¿Qué es, en última instancia, lo más humano: el hombre comple­to, acabado, armónico... o el hombre incompleto, dividi­do, en lucha constante con sus dos mitades: la buena y la mala?

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