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UN LUGAR PARA APRENDER FILOSOFÍA

REVISTA DE CINE DIDÁCTICO: MAKING OF

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PELÍCULAS: DAENS Y GERMINAL

LA FAMILIA OBRERA A TRAVÉS DE LA HISTORIA

ORIGEN DE LA PALABRA FILOSOFIA

EL LIBRO DE LA FELICIDAD

DISCUSIÓN ENTRE PLATÓN Y ARISTÓTELES (CRUZ Y RAYA)

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INTERNET EN EL AULA

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MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA

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Enlace muy interesante:

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MATERIALES PARA PENSAR

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EXCELENTE PÁGINA REFLEXIÓN DE LA DOCENCIA

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ENLACE: EL MARTILLO SIN DUEÑO

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APRENDER A ARGUMENTAR

FUENTE: Fernando Peregrín

PÁGINA WEB

Propósito de año nuevo: aprender a argumentar

La argumentación es un tipo de discurso expositivo que tiene como finalidad defender con razones o argumentos una tesis, es decir, una idea que se quiere probar; o sustentar  una hipótesis. Es también el arte de organizar juicios para persuadir o disuadir a un auditorio; la Teoría de la argumentación se considera una disciplina que estudia las diferentes técnicas discursivas que permiten confirmar  o disuadir a una, o muchas personas sobre la tesis que propone un orador o escritor.

Argumentar es una actividad cotidiana y necesaria en la vida de todo profesional, sea este abogado, médico, ingeniero, administrador, vendedor, banquero e incluso para el hombre de la calle. Todo aquel que crea que debe defender con éxito sus ideas o refutar las de otro oponente necesita desarrollar la destreza argumentativa. Por tanto, la formación universitaria exige el desarrollo y el refinamiento de tal competencia. Desde el ingreso a los primeros cursos hasta la culminación de estudios del postgrado, se debe capacitar en el arte de organizar las razones o teoría de la argumentación.

Argumentar señala Wittgestein, es un juego del lenguaje y del pensamiento, es decir, una práctica lingüística sometida a reglas, que se produce en un contexto comunicativo mediante el cual pretendemos dar razones ante los demás o ante nosotros. Las razones que presentamos para justificar un hecho deben tener validez intersubjetiva o susceptible de crítica y precisamente a través de ella llegar a cuerdos comunicativos.

Argumentar es también, un “acto de habla”, que puede ser complejo y requiere por lo menos de dos actos, uno que funciona como tesis y el otro que opera como argumento o premisa para una conclusión. Un argumento por el contrario es un micro “acto de habla”, por lo tanto es menos complejo y su propósito es ilustrar, sustentar, justificar, aclarar, explicar. Cuando un argumento es incorrecto o sus razones son insuficientes, irrelevantes, apresuradas o dudosas estamos frente a una falacia. La falacia no es un error epistemológico, es un argumento deformado, pero al fin y al cabo argumento, que muchas veces es utilizado adrede.

Según Habermas “La argumentación es un “macro acto de habla”, es un medio para conseguir un entendimiento lingüístico, que es el fundamento de una comunidad y es por medio de la intersubjetividad como se logra un consenso que se apoya en un saber proporcional compartido, en un acuerdo normativo y una mutua confianza en la sinceridad subjetiva de cada uno”. Al respecto, dice el mismo autor, que los sujetos capaces de lenguaje y de acción deben estar en condiciones no sólo de comprender, interpretar, analizar, sino también de argumentar según sus necesidades de acción y de comunicación. Por lo tanto es urgente que desde la escuela básica, el colegio de la ecuación media y la universidad se enseñe y se practique la argumentación.

Argumentar bien, significa expresar con claridad, coherencia,  precisión y pertinencia las ideas para que los demás comprendan y acepten nuestra tesis. Se aprende a argumentar bien ejercitando la lógica informal, el diálogo y el debate abierto. La argumentación, consta de tres momentos o etapas fundamentales: introducción de la idea que se pretende defender, el desarrollo o argumentación global y la conclusión, en la que se confirma la tesis.

La oratoria es una práctica argumental a pesar del énfasis, que consta del conjunto de técnicas vocales que se emplean con el fin de lograr expresar de manera elocuente las ideas. De hecho el recurso más importante de la oratoria es la vocalización, que consiste en ante todo en el énfasis en la pronunciación y fluidez en la expresión. La argumentación en cambio, es lo dicho, lo enunciado conforme a una lógica del pensamiento e independientemente del medio físico o la técnica vocal.

Sin duda, un buen registro de voz, el uso apropiado del léxico, respectando las reglas sintácticas, pronunciando correctamente, haciendo inflexiones de voz o entonaciones apropiadas nos permiten presentar las ideas cualquiera que estas sean como si en verdad fueran importantes y seguramente termina siendo una magnifica fuente de apoyo a la hora de convencer. Pero en el mundo moderno, en la era de la globalización cuando ya no hay gurus del conocimiento porque este se ha democratizado, no es lo determinante la vocalización sino la razón. Por eso fue enterrada la retórica clásica, la de Petrus Ramus que abandonó el arte de razonar bien propuesto por Aristóteles por el uso de la elocuencia y adorno del lenguaje dejando a la retórica el estudio simplista de las figuras literarias, hecho que produjo su decadencia y el rechazo de pensadores en los tiempos modernos.

El diccionario de la Real Academia define la elocuencia como “Facultad de hablar o escribir de modo eficaz, para deleitar, conmover o persuadir. Eficacia para persuadir o conmover que tienen las palabras, los gestos, los ademanes y cualquier otra acción o cosa capaz de dar a entender algo con viveza”. Teniendo como referencia estas definiciones podemos inferir que la elocuencia es una facultad que poseen no todas las personas, por lo tanto, no es pensable pretender que todos lo seamos; tal pretensión es una mera utopía.

Sin embargo, todos podemos convertirnos en buenos argumentadores si expresamos con claridad y sobre todo, si estudiamos las reglas de la lógica discursiva; en otras palabras, argumentamos en forma convincente cuando utilizamos las razones apropiadas para expresar y sustentar nuestras opiniones fuertes. Es decir cuando hacemos buen uso de las operaciones del intelecto como las nociones, los conceptos, las proposiciones, las categorías y las tesis. Y por supuesto de las herramientas intelectuales como la deducción, la inducción, el análisis, la inferencia, la síntesis, la analogía y la predicción.

La argumentación es razonamiento, inferencia y esencialmente el propósito es convencer, hacer cambiar de ideas, actitudes, acciones, decisiones de  un interlocutor. Ella fue cultivada en la antigüedad por los griegos. Marco Tulio (106- 43 a J.C.) refinó el arte de la composición, la ironía, la inventiva y la argumentación en sus discursos políticos, lo que le proporcionó la admiración no sólo de sus contemporáneos sino también de los intelectuales clásicos modernos que estudian sus tratados y sus cartas; siendo los Sofistas los más grandes exponentes del arte de argumentar, su error fue su desprecio por la verdad. De ahí las demoledoras críticas de Sócrates, Platón  y Aristóteles, quienes también fueron brillantes en el arte de argumentar.

En todo proceso argumentativo operan tres acciones: la interpretativa que consiste en comprender el sentido de un texto o un discurso; la propositiva o acción crítica y creativa y la argumentativa propiamente dicha o capacidad de sustentar una idea mayor. Estas acciones son expresadas a través del razonamiento analógico, basado en la comparación; el razonamiento deductivo que se expresa al sacar conclusiones particulares de hechos o situaciones globales; el razonamiento inductivo que fluye de los hechos concretos hasta constituir situaciones generales, el razonamiento silogístico o razonamiento deductivo de la lógica proposicional.

Son incontables los eventos en los que se discute o se cuestiona de manera imprecisa o poco clara. Es justamente en estas circunstancias donde opera el razonamiento práctico como una luz para lograr los acuerdos. Aún ahí, se debe tener en cuenta que, en la demostración, como en la deliberación crítica se requiere de la argumentación, es decir organizar las razones a favor o en contra del problema o tesis que se defiende. Pero no es el propósito del acto de argumentar realizar demostraciones, es decir, estamos frente a dos categorías diferentes aunque la una no incluye a la otra.

Educar en la argumentación permite aprender a no confundir las causas o motivos de acción con las consecuencias o razones que podrían justificarlas, sólo estás son susceptibles de crítica interpersonal. Tomemos un ejemplo: cuando le preguntamos a un estudiante universitario por qué no lee, éste contesta que “porque no le gusta”. ¿Es está una buena razón?, o ¿es una razón valida?, ¿El mero gusto empírico será un argumento?.

Será que el hecho de que no le guste, es la causa que no lea, y lo que es peor, viva de espaldas al mundo, con los ojos cerrados a todo el conocimiento de la humanidad. Se desea con la pregunta que dé una buena razón para no leer. Es decir debe tratar de probar que leer no es bueno. Es seguro que si, quienes si leen y gozan con sabiduría contenida en los libros, podríamos probarle que está en un error. Como vemos, una buena razón puede en determinado momento justificar una acción o unas creencias, aunque ésta no se deduzca necesariamente de aquella. Por eso, la mayoría de nuestras decisiones, aun siendo razonables escapan de al carácter necesario de deducibilidad lógica.

Cuando argumentamos, proferimos un conjunto de expresiones lingüísticas conectadas en forma lógica, de tal forma entre ellas hay una coherencia. Argumentar es, entonces, un conjunto de razones, de proposiciones utilizadas en un proceso comunicativo, llamadas premisas, que justifican o apoyan otra, llamada conclusión, que se deduce, de algún modo, de aquella. Toda argumentación supone un grupo de razones ordenadas en donde la conclusión se infiere de unas premisas y el nexo que hay entre éstas y aquellas se denomina inferencia.

El uso de la argumentación es múltiple, atraviesa todas las esferas de la vida en una sociedad democrática. Argumenta el político, el vendedor para promocionar sus artículos, el jurista para ganar un pleito, el líder para conseguir seguidores, el científico para defender sus hipótesis, el profesor para convencer a los jóvenes de la importancia de ser agentes de una revolución cultural y moral que requiere un país, el padre de familia para persuadir a su hijo de la importancia de la formación en la universidad, etc.

Desde luego, para tener éxito en cualquier actividad que requiera del buen uso del discurso o del debate, hay que leer mucho, comprender e interpretar los textos. Argumentar es una actividad imprescindible a la hora de presentar los resultados de un trabajo de investigación. En todos los casos una buena sustentación se aprende leyendo esencialmente a los grandes clásicos de la ciencia, la filosofía, la política, la economía, el derecho. Porque estos son unos verdaderos tratados de lógica humanista.

En el ámbito universitario convencer a un jurado calificador de una monografía, una tesis o un trabajo de indagación resulta fácil si se ha entrenado en la competencia argumentativa. Polemizar con un docente, discutir sus tesis deja de ser una situación de miedo y por el contrario se convierte en una valiosa oportunidad para demostrarle al profesor que el “alumno” también tiene luz propia y disentir con él deja de ser un problema peligroso sino un ejercicio de racionalidad práctica.

Convencer es el fundamento de la argumentación y se logra por medio de la deducción o la inferencia, de esta manera se consigue explicar unos conocimientos por medio de otros, de tal manera que las tesis son comprobadas racionalmente con fundamento en afirmaciones o negaciones, falseadas o verificadas. Por eso, tanto a Kant, como a Popper, les preocupó el tema de la argumentación, el buen uso de ella y recomendaron, que si queremos conformar una sociedad razonable es necesario que aprendamos a distinguir con claridad lo que es un conocimiento científico, es decir razonado y no el producto de las simples creencias y convicciones personales, políticas o religiosas impuestas sin ningún fundamento.

A esta tarea se consagró Popper y se le ha llamado “Problema de la demarcación”, y a ella dirigió toda su atención. La demarcación implica entender muy bien lo que es un razonamiento científico, porque no se trata, cómo creyó el positivismo moderno, de un conocimiento verdadero, e inconmovible. Siguiendo la tradición kantiana el hombre no está en la posibilidad de acceder a dicho conocimiento, de ahí que, el arte de organizar las razones para convencer, aún tiene vigencia, y es único medio para acceder a la mayoría de edad o a la ilustración kantiana.

Razonar es un proceso mental que permite relacionar ideas o juicios. Siempre que partimos de dos premisas o afirmaciones que determinan una conclusión tenemos entonces una inferencia. La conclusión puede presentarse al comienzo, en la mitad o al final del texto. En todos los casos las premisas son el punto de partida de la inferencia y el fundamento para la conclusión.

El razonamiento es un proceso lógico que conduce al conocimiento verdadero a través de razonamientos válidos regidos por normas. Un razonamiento es analógico cuando se basa en la comparación y la relación existente entre los elementos; el razonamiento deductivo, contrario al inductivo, implica extender a casos particulares las situaciones contenidas en un razonamiento general.

ENLACE: LA LÓGICA DEL TITIRITERO

http://pablorpalenzuela.wordpress.com/

HERRAMIENTAS PARA GENERAR UTILIDADES DIDÁCTICAS

VER ENLACE

 

PARA BAJAR LOS VIDEOS DE TED CON LOS SUBTITULOS

http://www.diegoleal.org/social/blog/blogs/index.php/2009/06/08/videos-de-ted-y-los-subtitulos?blog=2

Una Filosofía del Éxito más Benévola y Moderada - Alain de Botton-

video: Alain de Botton

 
El Secreto del éxito

Hoy quise publicar, para compartir con ustedes, esta breve conferencia del divulgador de filosofía, suizo, Alain de Botton, porque me pareció que en ella aborda de manera sencilla un tema más que interesante y que afecta a un gran número de personas, más que nada en estos tiempos.
Luego de escucharla, me puse a pensar para elaborar, éste, mi comentario previo, en como entrarle a esta cuestión del éxito, que es de lo que trata. Por lo sospechosamente relativo del término decidí recurrir al diccionario de la RAE y comprobar qué tenían para decirme exactamente sus acepciones:
(Del latín éxitus, salida). Resultado feliz de un negocio, actuación, etc. Buena aceptación que tiene alguien o algo. Fin o terminación de un negocio o asunto.
Veo que todo esto está relacionado directamente con la economía y la felicidad, con la aceptación y la popularidad, y también con algún finiquito. Nada dice sobre su significado en el aspecto biológico ¿Será que la salida o el finiquito del mismo -léase muerte- nada tiene que ver con la felicidad y mucho menos con la aceptación? ¿Será que si consideramos que el sólo hecho de nacer ya significa un éxito genético, alguien teme que nos quedemos cruzados de brazos el resto de la vida por aquello de crea fama y échate a dormir? ¿O tal vez no sea conveniente resaltar demasiado que el haber nacido es el mayor triunfo propio contra la improbabilidad, no sea cosa que valoremos la vida más de lo que a algunas instituciones les gustaría? Para nuestra biología sabemos que se considera exitoso llegar al mundo a través de un parto, crecer hasta alcanzar la madurez sexual, reproducirse transmitiendo los genes, sobrevivir unos años más para criar los hijos y ya. Tema resuelto. De hecho, nuestros antepasados no vivían muchos años más que los necesarios para alcanzar este objetivo.
Cualquiera que haya detectado una pincelada de ironía en el tinte las preguntas formuladas anteriormente podría decir que el acto del nacimiento biológico cuadra perfectamente con la primera acepción del término, tanto como con la segunda e incluso en algunos casos hasta con la tercera. Y tienen razón, se trata, sin dudas, de un éxito total para todos, bebé, madre, padre, familiares y amigos. Todos felices. Localidades agotadas en la nursery.
Entonces ¿Por qué la ironía? La ironía surge porque a partir del momento en que el bebé ve la luz, si éste es completamente sano, muchos padres, en cuanto a su biología, pareciera como si estuviesen programados para considerarla únicamente a la hora de alimentarlo y cambiarle los pañales. Por lo demás ya no es un ser biológico, es mucho más, algo muy especial, una criatura provista de alma, un milagro de dios con derecho a un lugar privilegiado en la naturaleza (siempre y cuando en el futuro siga determinadas reglas, claro)
En mi opinión este es punto de partida donde inicia el problema, ya que a partir de ahora es cuando el bebé empieza, como es lógico, a recibir cantidades enormes de información. Durante la niñez la recepción de datos se incrementa de manera vertiginosa, y más allá que las intenciones de los adultos responsables de prepararlo, para que el chico pueda desenvolverse de la mejor manera posible en el futuro y se convierta en una persona exitosa, sean buenas, sus resultados pueden terminar siendo contraproducentes.
¿Por qué?
Vaya pregunta, a muchos padres les suele fastidiar cuando su hijo atraviesa esa maravillosa etapa donde esta pregunta se repite a cada momento. Este fastidio se debe principalmente, en la mayoría de los casos, a una falta de conocimiento, y en otros, a la incomodidad en que los coloca la eventual pregunta. Entonces las reacciones, cuando no se sabe la respuesta, pueden ser variadas: Éstas van desde responder con una fantasía que esté en cierta medida aceptada socialmente, pasando por el clásico “todavía no tenés edad suficiente para saber eso”, hasta llegar al “No molestes con tus preguntas que hoy estoy cansado/a, andá a jugar y mañana preguntale a tu maestra y ahora dejame que quiero ver la tele”
Todo esto, sin duda alguna, resulta contraproducente. En primer lugar porque la fantasía, mas allá que es una herramienta excelente para estimular el cerebro de un chico y en ciertos casos sea muy útil, cuando ésta basada sobre una estructura muy sólida, en cuanto a su popularidad y aceptación, lo más probable es que continúe manteniéndola como real en su edad adulta, como es el caso de la religión y otras supersticiones no menos ficticias. En segundo término, el evadir la respuesta desalienta de manera devastadora la curiosidad del chico, echando por tierra toda expectativa de encontrar las respuestas que podía llegar a obtener éste, en la fuente más confiable con la que cuenta, que son sus padres. Todo esto constituye el preámbulo de lo que muy posiblemente terminará resultando en una persona adulta apagada, sin demasiadas expectativas, que se refugia en la seguridad de un camino ya trazado y cuyo objetivo a alcanzar es algo que ya está preestablecido sin hacerse planteos importantes. Lo podríamos llamar un auténtico ciudadano modelo.
Para los que gustan de las opiniones extremistas, aclaro que con esto no quiero decir que haya que descartar determinadas pautas establecidas en la educación para guiar a alguien a respetar las normas de convivencia en una sociedad. Simplemente quiero decir que no me parece nada bueno aplacar la curiosidad ni con mentiras ni con evasivas.
Para ir acercándome al destino donde quiero llegar, que es el concepto que puede llegar a tener un individuo de lo que significa alcanzar el éxito personal en lo que a lo sociocultural respecta, debo detenerme un momento en dos palabras que están incrustadas en una de las respuestas frecuentes que los padres suelen dar a sus hijos y que puse como ejemplo anteriormente, las cuales representan un punto fundamental para la conformación de un círculo vicioso del cual, en muchos casos, resulta casi imposible salir.
“Estoy cansado”
Estas dos simples palabras resumen varias cosas, tales como:”Estuve todo el día trabajando para que puedas comer, estudiar y comprarte ropa y tus juguetes, merezco un rato al día para poder distenderme (o distraerme) y no es justo sacrificarlo para ponerme a investigar y responder a tus ocurrencias”, “Tengo muchas líos o preocupaciones más importante en el trabajo y a esta hora no me da la cabeza para responder”, etc. Todo esto generalmente le sirve a uno para auto justificarse en el caso que se presenta dicha situación y no carece de lógica, ya que es parte de una realidad latente y generalizada. Definitivamente cuando hay razones válidas de ambos lados se conforma este círculo vicioso.
Si miramos desde fuera, parece increíble que con todo el desarrollo de la tecnología que contamos en la actualidad para satisfacer nuestras necesidades y simplificarnos las tareas, pareciera que cada vez contemos con menos tiempo libre para dedicar a la crianza de nuestros hijos o, si no los tenemos, para hacer lo que nos entre en gana.
Analizar esta cuestión es indudablemente entrar a deslizarse por terrenos bien resbaladizos, es como intentar distinguir si alguien es mediocremente conformista o simplemente carece de exceso de ambición. Tenemos la costumbre de hacer esta diferencia según pautas establecidas en la sociedad y que suelen expresarse mediante estereotipos. Para ser más claro, ves a un tipo sencillo que alcanzó determinada posición en la escalada social y ahí se plantó, no avanzó más. Lo primero que se suele pensar es, este tipo es un conformista, un mediocre. Y puede que lo sea, pero a casi nadie se le ocurre pensar que, tal vez, él mismo decidió llegar hasta ahí y no aceptar más responsabilidades que le representen una inversión mayor de tiempo o energía.
¿Cuál sería hoy el estereotipo que define a una mujer u hombre de éxito?
No hay que ser muy despierto para darse cuenta que el dinero y las pertenencias son el termómetro que mide el nivel de éxito que una persona alcanza en la vida. Cuanto más dinero y más pertenencias mayor éxito!! ¡Ahí esta el objetivo! ¡Adelante mis valientes!
¡¡Corran tras él!! En muchos casos hasta no importa el medio, lo que hay que alcanzar es el fin, así es que, uno se puede deshacer tranquilamente de sus escrúpulos, si es que en algún momento los tuvo. Sabemos que hay muchas personas que encajan perfectamente con este perfil y se lanzan en busca de este tipo de éxito con astucia, y me parece muy bien, pero ¿qué pasa con las otras tantas que al alcanzarlo se dan cuenta que no les satisface o es demasiado el costo que tienen que pagar y sufren? Y ¿qué pasa con las muchísimas más que no lo consiguen y se frustran en el intento?
El consumismo voraz y la excesiva necesidad de ser aceptado de estos tiempos tienen una gran responsabilidad en todo esto y considero, que está más que claro, que todo lo que mencioné sobre la cuestión de la infancia tiene una influencia directa, la cual predispone a mucha gente a que no tenga más elección que entrar en el círculo vicioso.
A mis amigos extremistas, si lo pensaron, les aclaro que no, no pienso en que haya que salir del sistema de manera abrupta y volver al taparrabos ni a vivir de la naturaleza. Aunque si pienso que es muy importante, como dije al principio, tener en cuenta nuestra biología, ya que sabemos que la economía en la naturaleza juega un rol crucial, sabemos también lo que significa el status y la competencia, sabemos que nuestra cultura es producto de nuestro cerebro y deberíamos aceptar de una vez por todas que éste es producto de la evolución darwiniana. Ya aprendimos que la selección natural es ciega y derrochona, sólo resta entender que nosotros vemos y tenemos medianamente la capacidad de controlar y regular los costos y beneficios. Si seguimos con la actitud necia e infantil de no querer ver la realidad. Estamos desaprovechando esta oportunidad única que tenemos como especie de alcanzar un éxito mayor al que ya alcanzamos. Debemos tener en cuenta que en tiempo evolutivo, estamos recién llegados y así como llegamos podemos desaparecer.
Para el bien del conjunto, es nuestra responsabilidad individual, intentar romper con este círculo ¿Cómo se puede hacer?
Pregúntense quién fue primero ¿El huevo o la gallina? Antes no teníamos respuesta. Hoy ya lo sabemos… y por ahí sospecho que pasa el secreto de la solución.
Para despedirme reivindico lo que dice de Botton en su discurso como ejemplo. Trabajar en una idea propia. No hagamos caso a falsos profetas con sus mentiras ni a los gurúes con sus recetas baratas basados en la motivación. El éxito así como la felicidad nunca pueden ser constantes por naturaleza, que esto nos sirva para encontrar el equilibrio.
No olvidemos que cuanta más gente frustrada, disconforme, triste, enojada y necesitada haya, más problemas tenemos todos y más se complica nuestra convivencia.

Saludos y éxitos!!
VER FUENTE:
 

Sobre la humanidad y la deshumanidad. Alain de Botton: Una filosofía del éxito más benévola y moderada.

Vía Pauiglesias.com me asombro de que todavía queden algunas personas con los pies en el suelo como Alain de Botton y su visión sobre el éxito y el fracaso, el reconocimiento social y sus distintas opiniones de la sociedad actual en la que estamos inmersos.

“Se nos dice a menudo que vivimos en una época muy materialista, que todos somos codiciosos, no creo que seamos particularmente materialistas. Creo que vivimos en una sociedad que sólo ha vinculado ciertas recompensas emocionales a la adquisición de bienes materiales. No son los bienes materiales lo que queremos, son las recompensas.”

Y puedo citar más, pero mejor ver el video y disfrutar de sus ideas y problemas en las que se encuentran diariamente las personas de esta globalizada esfera en la que habitamos.

EXCELENTES LAS WEB DE "SIN RECETAS DE LA ABUELA"

SIN RECETAS DE LA ABUELA 
SIN RECETAS DE LA ABUELA COCINA

LA MUJER EN LOS ANUNCIOS

Busca en esta página anuncios donde aparezcan niñas o mujeres y analiza sociológicamente el rol que cumple:

http://filminas.zonalibre.org/

LEOPOLDO ABADÍA -LOS NIETOS-

Leopoldo Abadía -Zaragoza, 1933- es un profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual autor de " La crisis Ninja "dice en su artículo:


Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos.
 Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.


En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora -esto es pregunta de señoras- y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?"

Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:

 
 "Y a mí, qué me importa?!"

 Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.

Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa -cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso- se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.


 Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

  1. La guerra civil española
  2. La segunda guerra mundial
  3. Las dos bombas atómicas
  4. Corea
  5. Vietnam
  6. Los Balcanes
  7. Afganistán
  8. Irak
  9. Internet

10.   La globalización



Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.


Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!


Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.


A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana , de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente".

Porque si son buena gente harán un mundo bueno.

Por tanto menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:

 
que sepan distinguir el bien del mal,

 que no digan que todo vale,

 que no miren para otro lado ante la corrupción,

que piensen en los demás,

 que sean generosos. . . .


 
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
 Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo. A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar.


Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres.


Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.


Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo,  que las cosas ya no son como antes,  que el padre y la madre llegan cansados a casa,  que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva,  que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
 Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

 Leopoldo Abadía


P. D .

  1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
  2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
  3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.      

 

VIDEO-CONFERENCIAS MUY INTERESANTES

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