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REFLEXIÓN: LA MUERTE DE LA RANA

Dicen que si se quiere cocer una rana lo mejor es meterla en agua fría, y cocerla a fuego lento. El animal se acos­tumbra a la temperatura del agua que va subiendo muy lentamente. Al principio le resulta agradable y poco a poco, su capacidad de reacción se adormece hasta que es demasiado tarde, y ya no tie­ne fuerza para reaccionar. Si, por el contrario, se le sumerge direc­tamente en agua hirviendo, salta rápidamente fuera del puchero. La imagen se usa mucho en la gestión del cambio de las insti­tuciones, que se instalan en una cultura organizativa que les resul­ta cómoda y van muriéndose de autocomplacencia. En las escue­las, la aplicamos a la necesidad de innovación pedagógica que hoy requiere cambios drásticos y rápidos si queremos responder a los nuevos desafíos.

(Extraído del artículo de Carmen Pellicer Iborra: "La rana que se convirtió en princesa" Revista Educadores Julio-Septiembre 2010 Pág. 60)

GANADORA OLIMPIADA FILOSÓFICA COMUNIDAD VALENCIANA

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IRENE RIGAU -Consellera de educacio-

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EXCELENTE PÁGINA REFLEXIÓN DE LA DOCENCIA

http://carbonilla.net/

APRENDER A ARGUMENTAR

FUENTE: Fernando Peregrín

PÁGINA WEB

Propósito de año nuevo: aprender a argumentar

La argumentación es un tipo de discurso expositivo que tiene como finalidad defender con razones o argumentos una tesis, es decir, una idea que se quiere probar; o sustentar  una hipótesis. Es también el arte de organizar juicios para persuadir o disuadir a un auditorio; la Teoría de la argumentación se considera una disciplina que estudia las diferentes técnicas discursivas que permiten confirmar  o disuadir a una, o muchas personas sobre la tesis que propone un orador o escritor.

Argumentar es una actividad cotidiana y necesaria en la vida de todo profesional, sea este abogado, médico, ingeniero, administrador, vendedor, banquero e incluso para el hombre de la calle. Todo aquel que crea que debe defender con éxito sus ideas o refutar las de otro oponente necesita desarrollar la destreza argumentativa. Por tanto, la formación universitaria exige el desarrollo y el refinamiento de tal competencia. Desde el ingreso a los primeros cursos hasta la culminación de estudios del postgrado, se debe capacitar en el arte de organizar las razones o teoría de la argumentación.

Argumentar señala Wittgestein, es un juego del lenguaje y del pensamiento, es decir, una práctica lingüística sometida a reglas, que se produce en un contexto comunicativo mediante el cual pretendemos dar razones ante los demás o ante nosotros. Las razones que presentamos para justificar un hecho deben tener validez intersubjetiva o susceptible de crítica y precisamente a través de ella llegar a cuerdos comunicativos.

Argumentar es también, un “acto de habla”, que puede ser complejo y requiere por lo menos de dos actos, uno que funciona como tesis y el otro que opera como argumento o premisa para una conclusión. Un argumento por el contrario es un micro “acto de habla”, por lo tanto es menos complejo y su propósito es ilustrar, sustentar, justificar, aclarar, explicar. Cuando un argumento es incorrecto o sus razones son insuficientes, irrelevantes, apresuradas o dudosas estamos frente a una falacia. La falacia no es un error epistemológico, es un argumento deformado, pero al fin y al cabo argumento, que muchas veces es utilizado adrede.

Según Habermas “La argumentación es un “macro acto de habla”, es un medio para conseguir un entendimiento lingüístico, que es el fundamento de una comunidad y es por medio de la intersubjetividad como se logra un consenso que se apoya en un saber proporcional compartido, en un acuerdo normativo y una mutua confianza en la sinceridad subjetiva de cada uno”. Al respecto, dice el mismo autor, que los sujetos capaces de lenguaje y de acción deben estar en condiciones no sólo de comprender, interpretar, analizar, sino también de argumentar según sus necesidades de acción y de comunicación. Por lo tanto es urgente que desde la escuela básica, el colegio de la ecuación media y la universidad se enseñe y se practique la argumentación.

Argumentar bien, significa expresar con claridad, coherencia,  precisión y pertinencia las ideas para que los demás comprendan y acepten nuestra tesis. Se aprende a argumentar bien ejercitando la lógica informal, el diálogo y el debate abierto. La argumentación, consta de tres momentos o etapas fundamentales: introducción de la idea que se pretende defender, el desarrollo o argumentación global y la conclusión, en la que se confirma la tesis.

La oratoria es una práctica argumental a pesar del énfasis, que consta del conjunto de técnicas vocales que se emplean con el fin de lograr expresar de manera elocuente las ideas. De hecho el recurso más importante de la oratoria es la vocalización, que consiste en ante todo en el énfasis en la pronunciación y fluidez en la expresión. La argumentación en cambio, es lo dicho, lo enunciado conforme a una lógica del pensamiento e independientemente del medio físico o la técnica vocal.

Sin duda, un buen registro de voz, el uso apropiado del léxico, respectando las reglas sintácticas, pronunciando correctamente, haciendo inflexiones de voz o entonaciones apropiadas nos permiten presentar las ideas cualquiera que estas sean como si en verdad fueran importantes y seguramente termina siendo una magnifica fuente de apoyo a la hora de convencer. Pero en el mundo moderno, en la era de la globalización cuando ya no hay gurus del conocimiento porque este se ha democratizado, no es lo determinante la vocalización sino la razón. Por eso fue enterrada la retórica clásica, la de Petrus Ramus que abandonó el arte de razonar bien propuesto por Aristóteles por el uso de la elocuencia y adorno del lenguaje dejando a la retórica el estudio simplista de las figuras literarias, hecho que produjo su decadencia y el rechazo de pensadores en los tiempos modernos.

El diccionario de la Real Academia define la elocuencia como “Facultad de hablar o escribir de modo eficaz, para deleitar, conmover o persuadir. Eficacia para persuadir o conmover que tienen las palabras, los gestos, los ademanes y cualquier otra acción o cosa capaz de dar a entender algo con viveza”. Teniendo como referencia estas definiciones podemos inferir que la elocuencia es una facultad que poseen no todas las personas, por lo tanto, no es pensable pretender que todos lo seamos; tal pretensión es una mera utopía.

Sin embargo, todos podemos convertirnos en buenos argumentadores si expresamos con claridad y sobre todo, si estudiamos las reglas de la lógica discursiva; en otras palabras, argumentamos en forma convincente cuando utilizamos las razones apropiadas para expresar y sustentar nuestras opiniones fuertes. Es decir cuando hacemos buen uso de las operaciones del intelecto como las nociones, los conceptos, las proposiciones, las categorías y las tesis. Y por supuesto de las herramientas intelectuales como la deducción, la inducción, el análisis, la inferencia, la síntesis, la analogía y la predicción.

La argumentación es razonamiento, inferencia y esencialmente el propósito es convencer, hacer cambiar de ideas, actitudes, acciones, decisiones de  un interlocutor. Ella fue cultivada en la antigüedad por los griegos. Marco Tulio (106- 43 a J.C.) refinó el arte de la composición, la ironía, la inventiva y la argumentación en sus discursos políticos, lo que le proporcionó la admiración no sólo de sus contemporáneos sino también de los intelectuales clásicos modernos que estudian sus tratados y sus cartas; siendo los Sofistas los más grandes exponentes del arte de argumentar, su error fue su desprecio por la verdad. De ahí las demoledoras críticas de Sócrates, Platón  y Aristóteles, quienes también fueron brillantes en el arte de argumentar.

En todo proceso argumentativo operan tres acciones: la interpretativa que consiste en comprender el sentido de un texto o un discurso; la propositiva o acción crítica y creativa y la argumentativa propiamente dicha o capacidad de sustentar una idea mayor. Estas acciones son expresadas a través del razonamiento analógico, basado en la comparación; el razonamiento deductivo que se expresa al sacar conclusiones particulares de hechos o situaciones globales; el razonamiento inductivo que fluye de los hechos concretos hasta constituir situaciones generales, el razonamiento silogístico o razonamiento deductivo de la lógica proposicional.

Son incontables los eventos en los que se discute o se cuestiona de manera imprecisa o poco clara. Es justamente en estas circunstancias donde opera el razonamiento práctico como una luz para lograr los acuerdos. Aún ahí, se debe tener en cuenta que, en la demostración, como en la deliberación crítica se requiere de la argumentación, es decir organizar las razones a favor o en contra del problema o tesis que se defiende. Pero no es el propósito del acto de argumentar realizar demostraciones, es decir, estamos frente a dos categorías diferentes aunque la una no incluye a la otra.

Educar en la argumentación permite aprender a no confundir las causas o motivos de acción con las consecuencias o razones que podrían justificarlas, sólo estás son susceptibles de crítica interpersonal. Tomemos un ejemplo: cuando le preguntamos a un estudiante universitario por qué no lee, éste contesta que “porque no le gusta”. ¿Es está una buena razón?, o ¿es una razón valida?, ¿El mero gusto empírico será un argumento?.

Será que el hecho de que no le guste, es la causa que no lea, y lo que es peor, viva de espaldas al mundo, con los ojos cerrados a todo el conocimiento de la humanidad. Se desea con la pregunta que dé una buena razón para no leer. Es decir debe tratar de probar que leer no es bueno. Es seguro que si, quienes si leen y gozan con sabiduría contenida en los libros, podríamos probarle que está en un error. Como vemos, una buena razón puede en determinado momento justificar una acción o unas creencias, aunque ésta no se deduzca necesariamente de aquella. Por eso, la mayoría de nuestras decisiones, aun siendo razonables escapan de al carácter necesario de deducibilidad lógica.

Cuando argumentamos, proferimos un conjunto de expresiones lingüísticas conectadas en forma lógica, de tal forma entre ellas hay una coherencia. Argumentar es, entonces, un conjunto de razones, de proposiciones utilizadas en un proceso comunicativo, llamadas premisas, que justifican o apoyan otra, llamada conclusión, que se deduce, de algún modo, de aquella. Toda argumentación supone un grupo de razones ordenadas en donde la conclusión se infiere de unas premisas y el nexo que hay entre éstas y aquellas se denomina inferencia.

El uso de la argumentación es múltiple, atraviesa todas las esferas de la vida en una sociedad democrática. Argumenta el político, el vendedor para promocionar sus artículos, el jurista para ganar un pleito, el líder para conseguir seguidores, el científico para defender sus hipótesis, el profesor para convencer a los jóvenes de la importancia de ser agentes de una revolución cultural y moral que requiere un país, el padre de familia para persuadir a su hijo de la importancia de la formación en la universidad, etc.

Desde luego, para tener éxito en cualquier actividad que requiera del buen uso del discurso o del debate, hay que leer mucho, comprender e interpretar los textos. Argumentar es una actividad imprescindible a la hora de presentar los resultados de un trabajo de investigación. En todos los casos una buena sustentación se aprende leyendo esencialmente a los grandes clásicos de la ciencia, la filosofía, la política, la economía, el derecho. Porque estos son unos verdaderos tratados de lógica humanista.

En el ámbito universitario convencer a un jurado calificador de una monografía, una tesis o un trabajo de indagación resulta fácil si se ha entrenado en la competencia argumentativa. Polemizar con un docente, discutir sus tesis deja de ser una situación de miedo y por el contrario se convierte en una valiosa oportunidad para demostrarle al profesor que el “alumno” también tiene luz propia y disentir con él deja de ser un problema peligroso sino un ejercicio de racionalidad práctica.

Convencer es el fundamento de la argumentación y se logra por medio de la deducción o la inferencia, de esta manera se consigue explicar unos conocimientos por medio de otros, de tal manera que las tesis son comprobadas racionalmente con fundamento en afirmaciones o negaciones, falseadas o verificadas. Por eso, tanto a Kant, como a Popper, les preocupó el tema de la argumentación, el buen uso de ella y recomendaron, que si queremos conformar una sociedad razonable es necesario que aprendamos a distinguir con claridad lo que es un conocimiento científico, es decir razonado y no el producto de las simples creencias y convicciones personales, políticas o religiosas impuestas sin ningún fundamento.

A esta tarea se consagró Popper y se le ha llamado “Problema de la demarcación”, y a ella dirigió toda su atención. La demarcación implica entender muy bien lo que es un razonamiento científico, porque no se trata, cómo creyó el positivismo moderno, de un conocimiento verdadero, e inconmovible. Siguiendo la tradición kantiana el hombre no está en la posibilidad de acceder a dicho conocimiento, de ahí que, el arte de organizar las razones para convencer, aún tiene vigencia, y es único medio para acceder a la mayoría de edad o a la ilustración kantiana.

Razonar es un proceso mental que permite relacionar ideas o juicios. Siempre que partimos de dos premisas o afirmaciones que determinan una conclusión tenemos entonces una inferencia. La conclusión puede presentarse al comienzo, en la mitad o al final del texto. En todos los casos las premisas son el punto de partida de la inferencia y el fundamento para la conclusión.

El razonamiento es un proceso lógico que conduce al conocimiento verdadero a través de razonamientos válidos regidos por normas. Un razonamiento es analógico cuando se basa en la comparación y la relación existente entre los elementos; el razonamiento deductivo, contrario al inductivo, implica extender a casos particulares las situaciones contenidas en un razonamiento general.

LEOPOLDO ABADÍA -LOS NIETOS-

Leopoldo Abadía -Zaragoza, 1933- es un profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual autor de " La crisis Ninja "dice en su artículo:


Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos.
 Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.


En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora -esto es pregunta de señoras- y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?"

Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:

 
 "Y a mí, qué me importa?!"

 Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.

Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa -cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso- se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.


 Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

  1. La guerra civil española
  2. La segunda guerra mundial
  3. Las dos bombas atómicas
  4. Corea
  5. Vietnam
  6. Los Balcanes
  7. Afganistán
  8. Irak
  9. Internet

10.   La globalización



Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.


Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!


Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.


A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana , de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente".

Porque si son buena gente harán un mundo bueno.

Por tanto menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:

 
que sepan distinguir el bien del mal,

 que no digan que todo vale,

 que no miren para otro lado ante la corrupción,

que piensen en los demás,

 que sean generosos. . . .


 
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
 Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo. A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar.


Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres.


Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.


Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo,  que las cosas ya no son como antes,  que el padre y la madre llegan cansados a casa,  que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva,  que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
 Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

 Leopoldo Abadía


P. D .

  1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
  2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
  3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.      

 

REFLEXIÓN: PROBLEMAS DE CONDUCTA

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/tienen/todo/excepto/padres/elpepusoc/20110214elpepisoc_1/Tes

PREPAREMOS EN CLASE UN BUEN DEBATE

http://www.rtve.es/television/para-todos-la-2/debates/

LA FILOSOFÍA EN LA ESCUELA

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101118/para-todos-2-debates-filosofia-escuela/934175.shtml

Para todos La 2 - Debates: La filosofía en la escuela

// 18-11-2010

El filósofo Fernando Savater y el colaborador habitual y artista plástico Jorge de los Santos, debaten en la mesa de filosofía sobre la necesidad y la importancia de estudiar y aprender filosofía y su aplicación en la vida diaria.

Miles de horas de debate sobre educación resumidas en 2 minutos

http://www.youtube.com/watch?v=EXqe_m1nJcs&feature=player_embedded

EL FRACASO ESCOLAR EN ESPAÑA

http://www.rtve.es/mediateca/audios/20110121/dias-como-hoy-fracaso-escolar-espana/993565.shtml

SELECTIVIDAD CURSO 2010-11 COMUNIDAD VALENCIANA

http://sa.ua.es/es/selectividad/la-prueba-de-acceso-a-la-universidad.html

UTILIDADES PARA LA DOCENCIA: MINDMEISTER

http://www.mindmeister.com/es

Aplicación práctica:

http://www.mindmeister.com/es/32718204/escuela-tic-2-0-formaci-n-sesi-n-0

EJERCICIOS SELECTIVIDAD 2009-2010

http://sa.ua.es/es/selectividad/examenes-propuestos-prueba-actual.html

SELECTIVITAT COMUNITAT VALENCIANA

http://sa.ua.es/es/selectividad/documentos/-gestadm/actividades-de-orientacion-con-los-centros-de-secundaria/actas-reuniones-octubre-2009/acta-pau-historia-filosofia-octubre-2009.pdf

KIT BASICO PARA UTILIZAR LAS TIC EN EL AULA

http://www.educacontic.es/blog/kit-basico-para-utilizar-las-tic-en-el-aula

REDES: CREAR HOY LAS ESCUELAS DEL MAÑANA

http://www.rtve.es/television/20101213/crear-hoy-escuelas-manana/385896.shtml

Los niños de hoy son probablemente
la generación más sofisticada que jamás haya existido.
Richard Gerver
 
Eduard Punset:
Richard, nos has convencido de que los niños de hoy en día no se parecen a los que fuimos nosotros, y que el mayor reto de la educación es asumir este cambio de la sociedad, ¿no? ¿En qué sentido son distintos?
 
Richard Gerver:
Creo que al nacer somos esencialmente iguales, siempre hemos nacido igual. Pero las condiciones y el entorno donde crecen ahora han cambiado y, por eso, los niños cambian como personas a medida que van madurando. Y me parece que la diferencia más importante radica en que, como los medios de comunicación tienen un alcance increíble en la actualidad, gracias a Internet, a la televisión, a las conexiones vía satélite… están expuestos a problemas y oportunidades para entender y conocer y aprender y experimentar cosas que, cuando nosotros éramos niños, no estaban ahí. Nosotros crecimos y nos criamos en comunidades pequeñas. Aprendimos mucho de nuestros padres, de nuestros profesores y de las personas que vivían en la misma comunidad que nosotros...
 
Eduard Punset:
…y de los libros.


Richard Gerver:
Exacto, ¡y de los libros! Teníamos experiencias bastante limitadas, y además nos costaba bastante tiempo irlas forjando. En cambio, a los niños de hoy se los bombardea con experiencias, conocimiento e información. Creo que saben más cosas, pero que no necesariamente son más sabios. No se han vuelto más sabios, pero sí están expuestos a más cosas y eso ha cambiado su perspectiva del mundo.
 
Eduard Punset:
¿Y qué hace que una experiencia sea una fuente de aprendizaje? Es decir, ¿crees que hoy en día los niños tienen que ser más resistentes o más interactivos o… qué es lo que hace que los niños actuales puedan ser más listos?
 
Richard Gerver:
Creo que la clave está en el término empoderamiento. Creo que los jóvenes de hoy se sienten cada vez más desconectados de la sociedad. Y creo que esto sucede porque la cultura y el mundo han cambiado muchísimo en una sola generación. El mundo siempre ha ido cambiando, pero últimamente ha cambiado exponencialmente, a una velocidad sin parangón. Esto ha abierto una brecha generacional realmente grande entre la juventud de hoy y los ciudadanos adultos. Me parece que de ahí viene este alejamiento cada vez mayor, y creo que los jóvenes tienen mucho que decir sobre lo que quieren del mundo y lo que creen que el mundo debería ser, pero también creo que no están seguros de cuál es su lugar, ni están seguros de cómo pueden influir positivamente en la sociedad que les rodea. Y me parece que nosotros, como generación adulta, sentimos lo mismo: nos sentimos amenazados por lo que saben los jóvenes y por cómo viven la vida, tal vez más que antes. Lo que deberíamos hacer (y es el mayor reto que tenemos por delante) es cerrar esta brecha, y asegurarnos de potenciar las capacidades de nuestros hijos para que sientan que pueden ocupar un lugar positivo y constructivo en el mundo y que pueden volverse ciudadanos activos para desarrollar el futuro.
 
Eduard Punset:
Es curioso… ¿sabes? He estudiado mucho desde una perspectiva científica las dimensiones de la felicidad… Y, en lo referente a la felicidad, hay algo que hemos aprendido, y es que no importa tanto la felicidad en sí misma, sino que decimos que la felicidad se encuentra en la sala de espera de la felicidad. Y, en tus libros, mencionas algo muy parecido sobre la educación: dices que, en la educación, lo que importa no es la meta del viaje, sino lo que se hace durante el recorrido. ¿Nos lo puedes explicar?
 
Richard Gerver:
¡Claro! Creo que la educación siempre se ha basado en enseñarles a los niños cosas que condujeran a resultados. Siempre nos hemos centrado en el producto final. Y, por supuesto, en la mayoría de los sistemas educativos el producto final equivalía tradicionalmente a las calificaciones académicas.
 
Eduard Punset:
¡Eso es!
 
Richard Gerver:
Por tanto, el sistema se ha diseñado para garantizar que todos los niños consiguieran los mismos objetivos académicos durante su trayectoria escolar, y los profesores se han obsesionado con preparar a los niños para esas metas.
 
Eduard Punset:
…para estas certezas.
 
Richard Gerver:
Sí, exacto. Como consecuencia de eso, en cierto modo hemos olvidado que lo bueno de la educación está en realidad en la experiencia, en el momento, en la alegría de descubrir algo, en la satisfacción de tener una pregunta y poder buscar una respuesta, y no necesariamente en la propia respuesta. Creo que muchos niños y muchos profesores en el sistema educativo se sienten frustrados porque, por culpa de las presiones y la obsesión por los resultados, la magia del viaje se ha disipado. Me parece que éste es el motivo por el que cada vez hay más niños que abandonan los estudios enseguida que pueden, porque no ven en ellos ninguna pasión, ninguna emoción, y es a raíz de esta fijación con el destino final que ignora la alegría de lo que pasa por el camino.
 
Eduard Punset:
He escuchado la palabra pasión repetidamente en tus conferencias, en tus libros. ¿Cómo relacionas la pasión con los profesores?
 
Richard Gerver:
¡Lo primero que tenemos que preguntarnos es por qué los profesores deciden ser profesores! Los profesores eligen dedicarse a la docencia porque les apasiona hacer algo por los niños, por los jóvenes. Por eso se dice a menudo que la docencia es una vocación, un llamamiento, casi como el deseo de hacerse cura. Y nace de una pasión, brota del corazón, surge de la convicción de que, como persona, uno tiene la responsabilidad de hacer algo para cambiar las cosas, para tomar a los jóvenes de la mano y conducirlos a un lugar mejor.
En mi experiencia, todos los jóvenes que deciden hacerse profesores lo hacen por esta pasión. Desgraciadamente, lo que ocurre después es que el sistema está tan ordenado, tan reglamentado, tan centrado en los resultados específicos que, en cierto modo, perdemos la pasión por culpa de la presión. Y esto provoca que la pasión no se les transmita a los niños ni revierta en su experiencia de aprendizaje. En mi opinión, es vital mantener la pasión de los profesores para que puedan vivir esa vocación, ese deseo de capacitar y guiar y ayudar a los jóvenes de un modo expansivo. Si lo logramos, ¡entonces los niños también sentirán esa pasión! ¡Y de veras que así debe ser!
No en vano la mayoría de los que hemos consagrado nuestra vida a la educación lo hemos hecho porque nos encanta el viaje, nos encanta el descubrimiento, nos encanta investigar y descubrir cosas nuevas.
 
Eduard Punset:
Te has convertido en una especie de gurú mundial en el tema de la educación, especialmente porque fuiste el director de una célebre escuela que se convirtió en un proyecto conocido en todo el mundo. Me refiero a Grangeton...
 
Richard Gerver:
Grange. Sí.
 
Eduard Punset:
Grange, el proyecto Grange. ¿Qué tenía de especial?
 
Richard Gerver:
Bueno, siempre he creído que los niños necesitan entender por qué están aprendiendo. Y no solamente tienen que saber que aprender es importante para su futuro a largo plazo, sino que es necesario que se den cuenta de que aprender puede cambiarles (para bien) la vida ahora. Además, especialmente con los más pequeños, es importante que entiendan el contexto, ¿sabes? Si le dices a un niño de seis años: "esfuérzate mucho en la escuela porque algún día eso te ayudará a encontrar un buen trabajo"… qué quieres que te diga, ¡para la mayoría eso está demasiado lejos!
Así que para mí se trataba de asegurarme de poder decirles a los niños de seis años: «¡mira hasta qué punto estudiar puede mejorarte la vida ahora!» y también de ayudarles a estar implicados durante todo el proceso. Grangeton fue una manera de hacerlo, porque se basaba en eso… Cuando observamos a los niños que todavía no son suficientemente mayores como para ir a la escuela y miramos cómo aprenden, vemos que aprenden mediante la acción, mediante el juego, la experimentación. Por ejemplo, los niños fingen ser médicos, o enfermeras, o profesores. ¡Aprenden muchísimo de esto! Realmente conectan con el juego y les aporta mucho.
 
Eduard Punset:
Y a veces… perdona que te interrumpa, pero a veces te he escuchado decir que es mejor, en lugar de enseñar una asignatura concreta, formular una pregunta bonita. Como la de la tortuga, por ejemplo.
 
Richard Gerver:
¡Exacto!
 
Eduard Punset:
¿Cuál era el ejemplo?
 
Richard Gerver:
El ejemplo lo encontré cuando tuve la suerte de seguir a un niño en clase mientras trabajaba con su profesora. La profesora había decidido, en lugar de enseñar las asignaturas que tocaban esa semana, hacer algo distinto: se le ocurrió que lo que haría con los niños esa semana sería estudiar el concepto de empatía. Y es que, por supuesto, los grandes profesores parten de conceptos difíciles (como la empatía) y los traducen en algo que entiendan los niños. Pues bien, ella me contó que esa semana les había hecho a los niños una pregunta el lunes por la mañana. La pregunta era: ¿cómo crees que sería tu vida si fueras una tortuga?
 
Eduard Punset:
Una tortuga…

Richard Gerver:

Una tortuga. No sé por qué eligió la tortuga, pero se trataba de que los niños entendieran lo que se sentía al ser diferente, supongo. Luego la profesora centró el aprendizaje de toda la semana en responder a esta pregunta. Los niños seguían teniendo que estudiar matemáticas y lenguaje y ciencia y geografía… pero lo hacían con un propósito real, que era descubrir la respuesta a esa gran pregunta.
 
Eduard Punset:
Si la pregunta hubiera sido: «dime en qué consiste la empatía»…
 
Richard Gerver:
¡Buf! ¡No!¡Los niños habrían pasado de eso por completo! Habrían pensado: "¡esto será un palo!"

COMPETENCIAS BÁSICAS EN LA EDUCACIÓN

http://www.rtve.es/mediateca/audios/20101214/educacion---competencias-basicas---14-12-10/963451.shtml

ARTÍCULO REFLEXIÓN: EL NIHILISMO DEL CAVIAR

El nihilismo del caviar

Antoni Puigverd

La Vanguardia, 31/5/10

Una legión de tiranos adolescentes avanza hacia la edad adulta, dispuestos a imponer su ley

Una profesora de secundaria - mujer exigente, esforzada y cabal-se muestra muy pesimista sobre el futuro. "No es verdad - sostiene-que la crisis vaya a servir, como se dice, para despertarnos del letargo. Vivíamos muy por encima de nuestras posibilidades y las jóvenes generaciones, instaladas en la comodidad, siguen ignorando las dificultades que nos acechan. La crisis no corregirá nuestros defectos, como reza el tópico más usado estos días: no sabremos ponernos las pilas". ¿Y eso?, pregunto. Me responde narrando sus experiencias diarias en el instituto, de las que se desprenden tres características: la imposibilidad de ejercer la autoridad, las enormes dificultades que encuentra el profesor para imponer un ritmo de trabajo a sus alumnos y la institucionalización de la molicie con la excusa de la pedagogía del diálogo.

 

Mi amiga profesora debe forzosamente mantener, no en privado, sino ante el plenario de la clase, discusiones que rompen a cada minuto el ritmo de la asignatura: unos alumnos aprovechan la menor ocasión para hacer bromas y chascarrillos; otros, ignorando su propia ignorancia, discuten el lenguaje de la profesora ("Oye, tía, ¿por qué hablas tan raro?"). Después está el grupito de los que, aprovechando el silencio de un día de examen, dejan el papel en blanco y alardean en voz alta de sus aventuras sexuales, etílicas o futbolísticas. Es constante el barullo de los se niegan a presentar un trabajo, protestan por la materia de un examen, desprecian el libro propuesto o claman sin rubor por un aprobado sin esfuerzo. Lo peor - sostiene mi amiga-no es el desbarajuste constante y la imposibilidad de lograr un clima de trabajo ordenado, lo peor es que el sistema organizativo y las normativas de los centros, en lugar de afrontar estos problemas afirmando la autoridad docente y apoyando la severidad, agravan la problemática adulando a los jóvenes, cediendo por sistema a sus quejas y dulcificando hasta convertirlas en papel mojado las normas que impone el profesor en su clase.

 

Fatigados y desautorizados, los profesores exigentes van cediendo terreno hasta que claudican. Cada vez que un profesor exigente se rinde, unos cuantos jóvenes más devienen dictadorzuelos. Una legión de tiranos adolescentes avanza - sostiene mi amiga-hacia la edad adulta, dispuestos a imponer su ley, una ley muy arcaica: "Nunca plantean una discusión en clase en términos objetivos o de grupo, siempre en términos de beneficio individual". Mi amiga profesora, como pueden comprobar, está más que desolada. Y ha llegado a esta lúgubre conclusión:

 

"Estos jóvenes parecen indiferentes a cualquier otra causa que no sea la de su propio yo.

 

No podrán asumir las dificultades que el futuro les depara. ¡Serán capaces de cualquier cosa con tal de salir a flote!". Otra profesora, más joven, pero no menos exigente, con la que coincido casualmente, confirma el diagnóstico: "Alumnos bastante holgazanes, que han trabajado y rendido muy por debajo de sus posibilidades, reciben notas excelentes. Esto no es enseñar: es sobreproteger. No es educar, sino mimar". ¿Corromper?

 

Por fortuna, otros profesores me explican, si no maravillas, sí experiencias más afortunadas y esperanzadoras. Abundan - sostienen-en nuestros centros educativos y en nuestra vida social jóvenes solidarios y ejemplares que se aplican al estudio con plena consciencia del imprescindible esfuerzo y se implican en iniciativas solidarias con espíritu generoso y altruista.

 

Prometo hablarles otro día de experiencias didácticas positivas, pero hoy, mientras comparto con ustedes la desolación de mi amiga profesora, quisiera relacionar su experiencia con unas páginas de diario que me han dejado el ánimo por los suelos. Me refiero a las transcripciones del caso Pretoria, en las que unos tipos podridos de poder, dinero e influencia se reparten comisiones, manipulan las ordenanzas municipales, recalifican terrenos, colocan a parientes y amigos en puestos públicos, presionan a consellers, alardean de sus contactos, se jactan de sus abusos, de sus millones, de su caviar, se burlan unos de otros y demuestran un absoluto desprecio por la cosa pública, convertida para ellos en cuerno de la abundancia, en cueva de Alí Babá.

 

En condiciones normales, no habríamos conocido estas conversaciones, pero un juez que perseguía delitos de fuga de capitales ordenó las escuchas. Las palabras llegan hasta nosotros con toda su crudeza. Es la cháchara de los héroes de nuestro tiempo. Cínicos de pies a cabeza, carecen de escrúpulos, vergüenza e ideología. Desprecian incluso a sus compinches. No creen en nada, excepto en su interés.

 

Los alumnos de mi amiga desolada no han leído seguramente dichas transcripciones, pero sintonizan con su filosofía. Son hijos del nihilismo del caviar. Un tiempo que ha entronizado la ironía, ha despreciado la rectitud, se ha burlado del trabajo paciente, ha adorado al becerro de oro y ha despreciado todo lo que el profesor debe transmitir en clase: el esfuerzo para aprender materias que no reportan ganancias, la paciencia lectora, la imposibilidad de llegar a fin de curso haciendo trampas, la responsabilidad individual y el respeto a las normas que rigen en la comunidad de la clase. Curiosa pedagogía contemporánea: creyendo proteger a los niños y adolescentes de los abusos del pasado ("la letra con sangre entra"), les ha dejado sin defensas ante los abusos del presente.