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COMENTARIO DE TEXTO: SER JOVEN

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BIOÉTICA: PELÍCULA RECOMENDADA "EL DOCTOR"

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http://es.movies.yahoo.com/e/el-doctor/index-17616.html

 

SIGNIFICADO DE LA ENFERMEDAD Y DIGNIDAD DEL ENFERMO

Dr. Juan Pablo Beca I

La pregunta sobre qué es la enfermedad ha tenido profusas respuestas desde la perspectiva científica, psicológica, social y cultural. La enfermedad ha sido vista como desorden del equilibrio natural, como agresión externa, como consecuencia de estilos de vida, como desgracia y también como castigo. Aunque las miradas varían según el tipo de enfermedad y sus diferentes expresiones, está claro que las respuestas son distintas si las formula el médico, el paciente o su familia. Es evidente que para el enfermo la vivencia profunda no es sólo “tener” una enfermedad, sino el “ser” enfermo, el hecho de pasar de sano a enfermo con todas las repercusiones existenciales propias de cada caso. Como el fin de la medicina es ayudar al enfermo previniendo la enfermedad, intentando curar, cuidando al incurable y favoreciendo una muerte en paz, resulta indispensable que médicos y estudiantes de medicina comprendan en profundidad lo que la enfermedad representa para el enfermo. Sin embargo la preocupación por el tema es escasa y las percepciones del médico y del enfermo son diferentes, lo cual dificulta y distancia su relación.

Los médicos clínicos demoran a veces muchos años para comprender completamente lo que viven las personas cuando presentan una enfermedad seria, amenazante de su vida o de su calidad de vida. Con el propósito de encontrar metodologías para que los estudiantes logren esta comprensión se realizó, en un grupo de alumnos de medicina, una experiencia en la cual cada estudiante fue “acompañante” de un enfermo crónico durante dos meses. El enfermo fue de esta manera un tutor del estudiante para su aprendizaje sobre el significado de la enfermedad para el paciente y su familia. Los estudiantes no sólo confirmaron muchos de sus conceptos teóricos previos sino que los hicieron propios a través de una vivencia. También pudieron conocer cómo los enfermos enfrentan y logran superar diversas limitaciones de sus capacidades y habilidades. Finalmente los estudiantes concluyeron que, para que el médico pueda indicar y conducir adecuadamente el tratamiento de cada enfermo, es necesario conocer bien a la persona enferma, a su entorno familiar, sus esperanzas y valores.

Las dimensiones de la enfermedad para quien la padece son muy amplias y repercuten de muchas maneras en su vida. Una cosa es sentirse enfermo y otra es sentir que está amenazada la persona misma, al punto de que posiblemente ya no será la misma que fue antes. Una enfermedad terminal, o una con riesgo de muerte o de secuelas, constituye por lo tanto una crisis de toda la persona, vivencia que se engloba en lo que se concibe como una crisis espiritual. Por eso se admite que existe una estrecha relación entre espiritualidad y salud, con terminologías y conceptos no del todo precisos. Existen decenas de definiciones de espiritualidad que contienen creencias religiosas, sensibilidad artística, emociones, temores, afectos, relaciones interpersonales y proyectos de vida.  La espiritualidad, para los creyentes, está relacionada con su fe personal y, desde una mirada secular, está ligada al “significado” o sentido de cada vida. Ambas perspectivas tienen en común un sentido de trascendencia. De tal importancia es esta relación entre espiritualidad y salud que numerosas facultades de medicina han incorporado cursos de espiritualidad en sus programas. También se han establecido, entre las intervenciones de cuidados paliativos, programas de “cuidado espiritual” que son impartidos por los diversos profesionales del cuidado y no sólo por capellanes como se podría pensar. Otra metodología propuesta en cuidado paliativo es la “terapia de la dignidad”, referida a acciones que tratan con el enfermo los asuntos que él mismo considera que afectan su dignidad.

Sólo si se comprende bien el significado de la enfermedad para cada paciente se podrá indicar los tratamientos adecuados y proporcionados a cada caso, planificar su cuidado de acuerdo a sus necesidades personales y atender a las necesidades familiares. De esta manera se estará aliviando el sufrimiento y, para los enfermos terminales, favoreciendo su muerte en paz. En otras palabras, así se estará respetando íntegramente su dignidad. Por eso Harvey Chochinov propone en un artículo reciente que, así como se habla del ABC para la reanimación de pacientes críticos, se incorpore el concepto del ABC y D para el cuidado de enfermos terminales o con riesgo de morir1. En este caso el ABC se refiere a actitud, comportamiento y compasión (Attitude – Behaviour - Compassion), a lo cual agrega la D de diálogo. Se refiere a “actitud” cercana sin juicios previos ni intuiciones de parte del profesional, “conductas” concretas que expresen bondad hacia el paciente, “compasión” como virtud y comprensión de lo que está viviendo el enfermo y, finalmente, “diálogo” como elemento básico de empatía que permite conocer al enfermo escuchando lo que él expresa. De esta manera, comprender el significado de la enfermedad para el enfermo es una condición necesaria para una buena medicina y la base del respeto a la dignidad de la persona que presenta una enfermedad.

Para vivir y aplicar el ABC-D propuesto, es necesario un tipo de médico que haya incorporado, durante su formación y a través de su vida profesional, conceptos de persona humana y de su dignidad intrínseca, sentido de la medicina como profesión de ayuda, excelencia científica y virtudes profesionales. Es difícil que médicos que restringen su acción profesional a lo puramente científico y técnico, desconociendo o postergando sus aspectos humanistas, logren respetar íntegramente la dignidad del enfermo, porque no centrarán sus indicaciones y actuaciones en lo que es más importante para el enfermo en su vida.

Lo anterior puede ser relativamente fácil de comprender si se trata de enfermos terminales o en riesgo vital. Sin embargo el deber profesional de respeto a la dignidad del paciente, así como la necesidad de conocerlo para ajustar los tratamientos a sus necesidades y posibilidades, es transversal a toda la medicina y constituye una de las características de la medicina como arte. Más aún, es en la atención primaria, ejercida por médicos familiares o por especialistas en la atención ambulatoria, cuando más se debe ejercer una medicina centrada globalmente en la totalidad de la persona.

A modo de síntesis se puede afirmar, coincidiendo con lo expresado por los estudiantes en la investigación citada, que conocer el significado de la enfermedad para el enfermo y su entorno, es fundamental para ofrecer una buena atención médica, para lo cual es ineludible enfrentar los aspectos espirituales junto a los somáticos. Sólo de esta manera se estará respetando íntegramente la dignidad de la persona enferma.

CUENTO: EL RELOJ PARADO A LAS 7

CUENTO: EL RELOJ PARADO A LAS 7  

Hay en una de las paredes de mi cuarto un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.

Casi todo el tiempo, el reloj es sólo un inútil adorno en una blanquecina y vacía pared.

Sin embargo hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.

Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares marcan las 7 y los cu-cu y los gong de las demás máquinas hacen sonar por 7 veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces por día, a la mañana y a la noche, el reloj se siente en absoluta armonía con el resto del universo.

Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección…

Pero pasado ese instante, cuando los otros relojes han acallado su canto y las manecillas siguen sus monótonos caminos, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.

Y yo amo ese reloj y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez me siento más parecido a él.

También yo estoy parado en un tiempo, también yo me siento clavado e inmóvil, también yo soy de alguna manera un adorno inútil en una pared vacía.

Pero tengo también fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.

Durante esos tiempos, yo siento que vivo. Todo está claro y el mundo se transforma en maravilloso. Yo puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todos los otros momentos. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.

La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los otros.

…Pasado estos momentos, los otros relojes que anidan en
otros hombres, continúan su giro y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar que acostumbro a llamar vida.

Pero yo sé que la vida es otra cosa.

Yo sé que la vida, la vida de verdad es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.

Casi todo el mundo, pobre, cree que vive.

Sólo hay momentos de plenitud y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad.

Por esto te amo, viejo reloj, porque somos la misma cosa tú y yo.

 

Cuento de GIOVANNI PAPINI.  Adaptado por Jorge Bucay.

ESTAR EN CRISIS

ESTAR EN CRISIS

La palabra «crisis» significa, según el Diccionario, «aquel momento en que se produce un cambio muy mar­cado en algo, por ejemplo, en una enfermedad o en la na­turaleza de una persona». En el caso de la enfermedad, entra en crisis cuando se decanta hacia la recuperación o hacia la muerte; en el caso de los valores personales, entran en crisis cuando alguien empieza a poner en cuestión sus convicciones, a dudar de que sean verdaderas, y se produce una situación de inquietud o de angustia porque no sabe si se reafirmará en ellas o acabará abandonándolas. De este tipo son las crisis de valores o las crisis de fe en el caso de las personas.

 

El momento crítico es, pues, aquel en que se está pro­duciendo un cambio muy marcado, cuyo desenlace todavía no se sospecha, pero que en el caso de la enfermedad es o bien la curación o bien la muerte, mientras que en el de las personas es o bien la confirmación en las convicciones o bien el abandono de las mismas. En cualquiera de estas opciones personales ha podido producirse o un crecimien­to o un deterioro. Por eso las crisis personales pueden lle­varnos a crecer o a deteriorarnos.

FOTOMONTAJE DE NIETZSCHE

¿DE QUÉ SE OCUPA LA FILOSOFÍA?

¿DE QUÉ SE OCUPA LA FILOSOFÍA?

"...¿de qué se ocupa la filosofía?. La respuesta es simple: la filosofía se ocupa de problemas absolutamente elementales:


Problemas en absoluto abstractos, sino precisamente reveladores (en quien por ellos se interesa) de una exigencia incompatible con la abstracción y la astenia que caracterizan a la vida ordinaria del espíritu.


Problemas en absoluto artificiosos, sino, por el contrario, perfectamente vigentes y hasta acuciantes, en las antípodas precisamente de esos malabarismos que alimentan a menudo los espacios culturales [...]


Y sin embargo la última palabra no está pronunciada. Pues aunque todo indica que vamos a vivir sin filosofía, resulta que sin filosofía... pura y simplemente no cabe vivir; no cabe al menos vivir si de una vida humana y no mera existencia biológica se trata. Aristóteles lo señalaba radicalmente en la frase que anima este escrito y que constituye un deber iterar en cuantas ocasiones sea necesario: "todos los hombres por genuina disposición aspiran a ser lúcidos". Por lo irrenunciable de tal aspiración, vivir sin filosofía es sumergirse en la sombra; sombra poblada de fantasmas, ahora simplemente grotescos, ahora potencialmente criminales".


(Víctor Gómez Pin: "Los ojos del murciélago")

REFLEXIÓN –UNA VIDA SIN PENSAR-

REFLEXIÓN –UNA VIDA SIN PENSAR-

Hay una retahíla de argumentos que a veces a fuerza de repetir una y otra vez nos llegamos a creer. Son argumentos que me sirven para presumir de progre, pero que ponen de manifiesto que el pensar tiene sus riesgos, y el pensar puede llevarme a creer en lo que no quiero, pero estamos en la contradicción pues dice el dicho que, si no vivo como pienso acabaré pensando como vivo.

 

Reflexiones

1)      Las respuestas filosóficas –si las hay- no son empíricamente verificable. Si lo fuera sería respuesta científica. En filosofía no hay problemas resueltos, los grandes problemas filosóficos no pueden ser definitivamente solucionados. Se pueden plantear correctamente y proponer alguna hipótesis. Las teorías filosóficas son inverificables (si lo fueran serían hipótesis científicas).

2)      La religión pertenece al reino de las creencias, y el fundamento de la creencia es una revelación de la que no puede decirse racionalmente ni su verdad ni su falsedad en sí misma. La filosofía no fundamenta su reflexión en revelaciones divinas sino en experiencias y razonamientos. La filosofía es racional y crítica; la religión es dogmática y acrítica.

3)      La filosofía es esencialmente crítica, dudar y sospechar, incluso lo que parece más evidente (elemento muy perturbador en nuestro pacífico existir). Es autocrítica, no debe ser el filósofo un dictador de ideas

4)      La filosofía es continua búsqueda crítica y sistemática de una explicación racional, por lo tanto es privativa de personas especialmente reflexivas, ADMIRACIÓN -> PREGUNTA -> CONCIENCIA DE LA IGNORANCIA -> REFLEXIÓN FORMAL

El que desee filosofar, debe ejercitarse en el ejercicio libre de su razón y no en un ejercicio imitativo y esclavo.  A la filosofía le compete el pensar, pero muchas veces nos fascina la copia, es un tiempo de plagios, la atracción por la repetición, la clonación, la reproducción exacta de cualquier cosa, es la cultura de la copia, deseamos lo mismo, perfumes, coches, idénticas películas y vídeos, es el signo de la nueva cultura, la vulgaridad y ramplonería, la mediocridad. 

  • Aprender filosofía es aprender a usar conceptos, a amar las palabras, limpiarlas, purgarlas ..... describir conceptos. A preguntas como ¿Puede una guerra ser justa?, es necesario describir que entendemos por justicia y clarificar qué tipos de guerra puedan existir.