LECTURA RECOMENDADA: LA CAVERNA DE LAS IDEAS

Somoza ("ahora he recuperado la confianza en la literatura", dice) pide al lector "un juego con su propia fantasía. No me interesa el lector que busca en la narración una excusa para coger sueño, sino el que lee para implicarse en la trama. Me interesa implicarlo y desafiarlo, jugar con su fantasía". "Cuando se escribe", añade Somoza, " es cierto que es para los demás, pero yo creo que el primer lector es siempre el propio autor".
Músico y psiquiatra antes que escritor, Somoza cree que le mueve una "inagotable sed por saber cómo son los demás". "No investigamos marcianos, sino seres humanos. La sed por los demás es sólo una continuación de la sed en nosotros mismos".
La caverna de las ideas es una novela cuya trama se conoce a medida que el traductor ("él es el espejo que necesito") la va traduciendo, a medida que descubre que el mal acecha a sus protagonistas. El traductor va anotando sus impresiones y dificultades.
"Cuando se habla de este tipo de novelas se piensa que son dos a la vez, pero no es así", dice el escritor. "Se trata de una sola novela, de una sola cosa que no acaba de forma independiente. Aquí no se trata de conseguir una sorpresa pura, sino de buscar la sorpresa en relación con la trama".
Somoza habla de "la dura disciplina" de escribir, de las dificultades de "adquirir una responsabilidad en una sociedad en la que no nos han enseñado a no tener jefes". El escritor añade: "Conforme escribía La caverna de las ideas, notaba que había un personaje que quería aparecer, el del traductor. Los personajes siempre ganan al autor, y a mí éste me ganó".
Somoza explica que eligió la Grecia clásica ("por supuesto, se trata de un texto muy documentado") para esta novela negra porque es una época que le recuerda mucho "a la nuestra". "Me recuerda por su paz tensa, porque desde un punto de vista de contrastes es muy similar. Porque existen personajes que se mueven desde la cerrazón de su lógica a los que viven en la pura irracionalidad".
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