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Comentario de texto

FUENTE

El comentario de texto es un ejercicio que mide muy bien -si se corrige con cuidado- el grado de madurez de quien lo realiza.
Antes de precipitarte a dar tu opinión, debes asegurarte de que has formado adecuadamente una opinión, de que tienes una opinión bien formada.
Antes de opinar, ¡lo primero es comprender el texto!, pues mal vamos a poder criticarlo si no lo entendemos. Si el profesor lo ha elegido será por algo, ¿no crees? ¿Qué podemos aprender de él? Suele estar respaldado por la firma de una autoridad sobre el tema tratado, en este caso la escritora es una catedrática de ética de universidad que ha publicado un montón de buenos libros sobre valores cívicos. Así que ¡ojo con las descalificaciones apresuradas!
Para entenderlo bien puedes valerte del subrayado, y es muy conveniente buscar en un diccionario las palabras que no comprendamos (que "nos suenen" no significa que sepamos con precisión qué significan). Ej.: ¿Comprendes qué significa "vulnerabilidad"? ¿Por qué somos los humanos vulnerables?; ¿Qué significa anarquismo?, ¿quiénes fueron los "viejos anarquistas"? A veces, la comprensión del texto impone una investigación previa, consulta con enciclopedias, etc.
Podemos probar que hemos comprendido y dado sentido al texto resumiéndolo brevemente, en una síntesis de un 20% a un 25% del mismo. Así, si el texto tiene unas 20 líneas, será suficiente un resumen de 4 ó 5. El resumen debe contener el tema y el asunto general del texto. Por decirlo vulgarmente, de qué va el rollo. Por ejemplo, "Adela Cortina valora la solidaridad, puesto que como seres humanos dependemos unos de otros". Como idea secundaria se puede añadir que la autora nos hace ver que por sobrevalorar mucho la libertad personal se nos olvida reconocer -y agradecer- los servicios que nos prestan los demás, empezando por los propios padres, a quienes debemos la vida. El agradecimiento es un gran valor social, pero desgraciadamente no está de moda. Recordemos lo que dice el pueblo: "es de bien nacidos el ser agradecidos".
Después del resumen, hay que analizar los términos principales. En el tx. que hemos trabajado se habla de "la cultura occidental". Está bien que asociemos lo que se dice en el texto con cosas que ya sabemos. Por ejemplo, que la cultura occidental es la que procede de la Antigua Grecia, más elementos semitas (fenicios, judíos, árabes, sobre todo en España), y romanos, que la cultura occidental tiene unos dos mil quinientos años, es común a los países europeos y a los países que los europeos formaron en América o Australia, y que es la que ha inventado la ciencia, el teatro y la democracia (¡ahí es nada!). Pero nuestra cultura ha exaltado tanto la libertad individual que se ha olvidado de los valores comunitarios, entre ellos la solidaridad, siendo así que no somos dioses ni nos bastamos a nosotros mismos, que nuestra libertad no puede ser más que una libertad limitada...
Ya conocéis aquello que dijo -con ironía- Aristóteles de que si alguien presume de que puede vivir solo es porque es un animal o un dios. Pero nosotros no somos ni una cosa ni la otra: necesitamos de los demás y debemos y podemos someter nuestras conductas a normas que garanticen la convivencia en paz, porque vivir es convivir.
Por último, podemos y debemos valorar crítica y personalmente el texto. Formulándole objeciones o nuevas preguntas. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto es posible la solidaridad en un mundo en que se persigue sobre todo la maximización del disfrute individual? ¿Son compatibles una ética individualista y una ética comunitaria?, ¿una ética de la dependencia (heteronomía) y una ética de la independencia y la autonomía?

Resumiendo. Un buen comentario debe incluir:

1) Un resumen
2) Un análisis de los términos y/o las ideas principales.
3) Asociando lo que allí se dice con cosas que sé, problemas actuales, dando ejemplos personales, etc. Un comentario debe ser creativo y original.
4) una valoración crítica personal, que puede incluir nuevos interrogantes que se formulan al texto o desde el texto. Esto último es lo más difícil.

¡Ah! Se me olvidaba. También puedes acabar dándole un título a tu comentario, un título de no más de tres palabras que será el resumen del resumen.

Texto

«Las personas somos –todas- radicalmente dependientes. Es verdad que en la cultura occidental hemos ocultado cosa tan obvia, por admiración hacia esa otra capacidad nuestra, la autonomía, que los individuos y los pueblos persiguen como una aspiración... Y, sin embargo, a cada persona acompañan desde la raíz la inevitable dependencia y la aspiración a la autonomía, la vulnerabilidad y la capacidad de hacer la propia vida.
Por eso, curiosamente, la única forma humana de conquistar una cierta independencia es la práctica de la interdependencia. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Es el sueño de los viejos anarquistas, el apoyo mutuo, que hace progresar a los individuos y a las especies. El sueño cristiano y socialista de la solidaridad»

Adela Cortina. “Ética de la dependencia”. EL PAÍS, 6-9-2008, pg. 21.
TEXTO COMPLETO DEL ARTÍCULO: ÉTICA DE LA DEPENDENCIA
Que Barack Obama ganara las elecciones en Estados Unidos sería para muchos de nosotros una buena noticia. Y no sólo por el partido al que pertenece y por sus propuestas a la vez utópicas y realistas, sino porque la forma más eficaz de acabar con la discriminación racial es que gentes de diversas razas ocupen los lugares más visibles de una sociedad por su valía personal. Normalizar la diversidad de razas, sexos, religiones en los puestos de poder es racional y razonable. Que no haga falta siquiera ponerse en el lugar del otro para evitar discriminaciones.

La solución es que no haya razas humilladas. Sin embargo, hay situaciones de discriminación en las que ni siquiera hace falta imaginarse en el lugar de otros, porque basta con ponerse en el propio lugar, pero en distintas etapas de la vida. Es el caso de las situaciones de dependencia, que no marcan una línea divisoria entre “nosotros, los independientes” y “ellos, los dependientes”. Todos somos niños, ancianos y enfermos en épocas diferentes de nuestra existencia, y en todos esos casos necesitamos ayuda. Una ayuda que suele venir de la familia y los amigos, y que aunque se le denomine “informal”, constituye el grueso de la asistencia social.

Las personas somos todas radicalmente dependientes. Es verdad que en la cultura occidental hemos ocultado cosa tan obvia, por admiración hacia esa otra capacidad nuestra, la autonomía, que los individuos y los pueblos persiguen como una aspiración. Para la cultura latina el in-firmus, el enfermo es alguien de segunda, porque le falta firmeza, le falta seguridad, un desprecio que hereda de Grecia. Y, sin embargo, a cada persona acompañan desde la raíz la inevitable dependencia y la aspiración a la autonomía, la vulnerabilidad y la capacidad de hacer la propia vida.

Por eso, la única forma humana de conquistar una cierta independencia es la práctica de la interdependencia. Es el sueño de los viejos anarquistas, el apoyo mutuo, que hace progresar a los individuos y a las especies. El sueño cristiano y socialista de la solidaridad. Por eso una Ley de Dependencia no es una simple prolongación de la antigua beneficencia, de la limosna generalizada en la que a veces parecen convertirse las prestaciones sociales, sino una exigencia de justicia para cualquier Estado que se pretenda legítimo.

Es difícil saber por qué pero eso del bienestar social suena a maría, a ese tipo de asignaturas que no interesan a nadie, pero hay que cursarlas, qué le vamos a hacer. Que imparten los profesores a los que les faltan horas para cubrir la dedicación, cuando ya están bien cubiertas las matemáticas y las ciencias; o, dicho en versión política, la economía y la hacienda.

Y es verdad que el buen funcionamiento de la economía es indispensable para construir una buena sociedad. Pero inyectar dinero a la Ley de Dependencia no puede quedar para cuando sobre de lo demás, porque es de justicia intentar que todos los ciudadanos sean de primera.

La vida humana es quehacer -decía Ortega-, y por eso es de justicia ayudar a quienes se encuentran en situación de dependencia para que puedan hacer sus vidas. Pero hay un momento en el que ya no podemos hacer, sino que nos hemos de dejar hacer, y entonces la ética del cuidado complementa a la de la autonomía.

Todo ello requiere una lúcida y decidida coordinación por parte de la sociedad. “Decidida” porque esté convencida de que esto es importante y se apreste a hacerlo; “lúcida” porque discurra bien los medios.

Para que no haya ciudadanos de segunda, no puede quedar al albur de la lotería política. Y, por otra parte, la atención a la dependencia precisa cuidadores profesionales y vocacionados, no es un trabajo burocrático, sino una tarea que exige una especial atención cuidadosa y debe ser dignamente remunerada.

Lo que vale, cuesta. En recursos humanos, políticos, sociales y económicos. El cuidado de todos nosotros cuando somos dependientes es un yacimiento de empleo, pero tiene que conjugar salarios dignos con dedicación cuidadosa.

Adela Cortina
Catedrática de Ética y filosofía política de la Universidad de Valencia

COMENTARIO DE TEXTO - ¡lo primero es comprender el texto!

 

1.- Podemos probar que hemos comprendido y dado sentido al texto resumiéndolo brevemente, en una síntesis de un 20% a un 25% del mismo. Así, si el texto tiene unas 20 líneas, será suficiente un resumen de 4 ó 5. El resumen debe contener el tema y el asunto general del texto.

2.- Después del resumen, hay que analizar los términos principales. En el texto se habla de "la cultura occidental"  o “el sueño de los viejos anarquistas” ¿Podrías explicar qué significan?

3.- Explica también la frase que tienes en negrilla: “Es difícil saber por qué pero eso del bienestar social ..”

4.- Por último, podemos y debemos valorar crítica y personalmente el texto. Formulándole objeciones o nuevas preguntas. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto es posible la solidaridad en un mundo en que se persigue sobre todo la maximización del disfrute individual? ¿Son compatibles una ética individualista y una ética comunitaria?...

 


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