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PELÍCULA RECOMENDADA: LOS LIMONEROS

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SITUACIÓN EN GAZA

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Los afortunados no necesariamente

tienen lo mejor de lo mejor

solo buscan lo mejor

de aquello que encuentran en su camino.

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ARTÍCULO: ¿QUÉ SIGNIFICA DESPROPORCIONADA?

Cooperantes Internacionales que trabajan en defensa de los Derechos Humanos en la Franja de Gaza testifican sobre los acontecimientos de las últimas horas:

27 de diciembre de 2008, Ciudad de Gaza:

Cooperantes y activistas del Movimiento Internacional de Solidaridad están siendo testimonios de los ataques del ejército israelí sobre la población de la Franja de Gaza. Estos testimonios tienen una especial relevancia, dado que durante los últimos meses el ejército israelí ha denegado la entrada a numerosos medios de comunicación y agencias internacionales de cooperación. Hay pocos testimonios de la masacre que se está viviendo. Algunos de ellos son los integrantes del proyecto: "Free Gaza", (www.freegaza.org) un grupo de observadores internacionales de derechos humanos, políticos, miembros de diversas ONGs y periodistas que han abierto, con el apoyo de cientos de donaciones de todo el mundo, una vía humanitaria por mar para conectar Chipre con el puerto de Ciudad de Gaza. A través de esta vía entregan medicamentos a los hospitales de la franja y pretenden sensibilizar a la comunidad internacional sobre las consecuencias humanas del bloqueo de Gaza:

"Durante los ataques, estaba en  calle Omar Mukhtar y he sido testimonio de como un lanzagranadas caía a 150 metros de mí. Había gente intentando socorrer a las víctimas de otro ataque, y el lanzagranadas ha atacado a los voluntarios que socorrían a los heridos. La situación en los hospitales es dramática. Ambulancias, camiones y coches están trabajando al tiempo en el traslado de los heridos a los hospitales y en liberar camas en los hospitales trasladando a los enfermos a sus casas. En el depósito de cadáveres no hay espacio. Falta sangre para hacer transfusiones.  Acabo de darme cuenta de que entre todos los civiles asesinados hoy estaba la madre de un buen amigo del campo de Jabalya." Eva Barlett (Canadá) del Movimiento Internacional de Solidaridad.

"Todos los hospitales de la franja de Gaza están saturados de heridos, y no hay ni medicinas ni capacidad para tratarlos. Hoy estamos asistiendo a crímenes contra la humanidad y a una violación sistemática de los Derechos  Humanos. El mundo debe actuar ahora e intensificar las llamadas al boicot, a la desinversión y las sanciones contra Israel; los gobiernos deben pasar de la condena de estos ataques a obligar a Israel a acabar con el bloqueo de Gaza." Alberto Arce (España)  del Movimiento de Solidaridad Internacional

"El depósito de cadáveres del Hospital de Shifa no tiene espacio para los cadáveres  que van llegando. Hay partes de cuerpos distribuidos por todo el hospital"- Dr. Haidar Eid, (Palestino, de Sudáfrica) Profesor de Estudios culturales y sociales de la Universidad Al Aqsa de Gaza.

"Las bombas empezaron a caer cuando los niños estaban volviendo de la escuela.  Salí fuera y me encontré un niña aterrorizada de apenas 5 años que saltó a mis brazos." Sharon Lock (Australia) del Movimiento de Solidaridad Internacional

"Es terriblemente triste. Esta masacre no traerá seguridad ni permitirá formar parte al Estado de Israel de Medio Oriente. Las llamadas a la venganza ya se escuchan por todas partes" Dr Eyad Sarraj- Presidente del Centro de Salud Mental de la franja de Gaza.

"Mientras hablo, ellos han derrumbado un edificio a 200 metros de aquí. Hay humo por todas partes. Esta mañana fui al edificio de al lado de donde vivo en Rafah que ha sido destruido. Dos excavadoras estaban limpiando la zona. Pensaban que ya habían encontrado todos los cuerpos pero cuando llegamos, encontraron uno más". Jenny Linnet (Reino Unido) Movimiento de Solidaridad Internacional.

Cooperantes Internacionales que pueden ser contactados en la Franja de Gaza:

Alberto Arce, (Español, Inglés): 972 59 8786094

Dr. Eyad Sarraj (Árabe e Inglés) 00972599400424

Ewa Jasiewicz, Coordinador de Free Gaza (Pólaco, Árabe e Inglés) 00972598700497 

Dr. Haider Eid, Sudafricano (Inglés y árabe) - + 972 59 9441766

Sharon Lock- Australiano (English) -  +972 59 8378945

Vittorio Arrigoni- Italian (Italian) -  +972 59 8378945 

Qda Qishta- Palestinian (English and Arabic)  +972 59 9681669 

 Jenny Linnel- British (English) - +972 59 87653777

 Natalie Abu Shakra- Lebanese(Arabic and English) 0598336 328

 Ea  Bartlett, Canada (English) 0598-836308

DOCUMENTAL: FLORES DE RUANDA

DOCUMENTAL: FLORES DE RUANDA

Director / Guión: David Muñoz 
Productor (s): Hibrida 
Género: Documental
Temas: Genocidio, Educación.
Enlaces relacionados: http://www.floresderuanda.com

Flores de Ruanda es un documental de sondeo con muchas preguntas. Reflexionar sobre el terrible genocidio de 1994 en Rwanda, la película crea un discurso entre los encargados de formular políticas, los educadores y de supervivencia en torno a los conceptos de perdón, la justicia, la reconciliación y el potencial riesgo de una repetición de las atrocidades acontecidas en 1994.

 

DESCUBRIR A NORAH JONES

DOCUMENTAL: CUATRO HORAS EN CHATILA

http://www.revolutionvideo.org/agoratv/especiales/palestina.html

http://www.revolutionvideo.org/agoratv/secciones/internacional/chatila_4hs.html

http://www.revolutionvideo.org/agoratv/secciones/internacional/donde_palestina.html

El objetivo es «sensibilizar acerca del conflicto Palestino-Israelí, de la realidad de los refugiados palestinos y la población civil víctima de esta confrontación».

Cuatro horas en Chatila (2006). La narración denuncia la masacre de civiles cometida por las milicias falangistas, bajo el amparo del ejército israelí, en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en Beirut, en el mes de septiembre de 1982. El audiovisual, que está realizado por Carlos Lapeña, cuenta con una duración de 45 minutos, y se basa en los testimonios del escritor Jean Genet, que fue testigo directo de los restos de estas matanzas.

ORIENTACIONES PARA ESCRIBIR UNA RESEÑA

http://philosophicalwriting.blogspot.com/

REFLEXIÓN POST: EL SÍNDROME DE LA SILLA VACIA

http://imaginariumsland.blogspot.com/2008/12/el-sndrome-de-la-silla-vaca.html

SITUACIÓN GEOGRÁFICA DE GAZA

SITUACIÓN GEOGRÁFICA DE GAZA

http://unosat.web.cern.ch/unosat/freeproducts/Gaza/Crisis2008/UNOSAT_Gaza_Situation_31Dec2008_Lowres_v1.pdf

'Gaza y el Año Nuevo' por Daniel Barenboim

Sólo tengo tres deseos para el próximo año. El primero de ellos es que el Gobierno israelí se dé cuenta de una vez por todas de que el conflicto en Oriente Próximo no puede ser resuelto por la vía militar. El segundo es para que Hamás tenga presente que sus intereses no se imponen con la violencia, y que Israel está aquí para quedarse. El tercero es para que el mundo reconozca que este conflicto no tiene parangón en la Historia. Es complejo y delicado; es un conflicto humano entre dos personas profundamente convencidas de su derecho a vivir en el mismo y minúsculo pedazo de tierra. Es por esto que ninguna diplomacia o acción militar puede resolver este conflicto.

Los hechos de los días pasados me preocupan en exceso por muchos motivos humanos y políticos. Es evidente que Israel tiene el derecho a defenderse, que no puede y no debe tolerar los continuos ataques con misil en contra de sus ciudadanos, pero el incesante y brutal bombardeo del Ejército israelí en Gaza me ha despertado algunas interrogantes.

La primera pregunta es ¿tiene derecho el Gobierno israelí a culpar a todos los palestinos por las acciones de Hamás? ¿Debe ser culpable toda la población de Gaza por los pecados de un grupo terrorista? Nosotros los judíos, debemos saber y sentir más agudamente que otras poblaciones lo inaceptable e inhumano del asesinato de civiles inocentes. El Ejército israelí ha argumentado pobremente que la franja de Gaza está tan superpoblada que es imposible evitar la muerte de civiles durante los ataques.

Nuevas preguntas

La debilidad del argumento me lleva a formular nuevas preguntas: ¿Si la muerte de civiles es inevitable, cuál es el propósito del bombardeo? ¿Cuál es -si la hay- la lógica de la violencia y qué espera lograr Israel a través de ella? Si el objetivo de la ofensiva es destruir a Hamás, la pregunta más importante es si esto es una meta alcanzable. Si no, los bombardeos no son sólo crueles, bárbaros y reprensibles, sino también absurdos.

Si, por otro lado, es realmente posible destruir a Hamás con operaciones militares, ¿cómo imagina Israel la reacción en Gaza después de ello? Un millón y medio de residentes de la Franja no se arrodillarán reverencialmente ante el poderío del Ejército israelí. No debemos olvidar que antes de que los palestinos eligieran a Hamás, Israel los apoyaba en una táctica para debilitar a Arafat. La historia reciente de Israel me lleva a creer que si Hamás es bombardeado hasta su desaparición, otro grupo ocupará su sitio, una formación más radical, más violenta y más llena de odio hacia Israel.

Israel no puede permitirse una derrota militar por miedo a desaparecer del mapa, pero la Historia ha probado que toda victoria militar ha debilitado políticamente a Israel por la aparición de grupos radicales. No subestimo la dificultad de las decisiones que debe de tomar el Gobierno israelí a diario, ni subestimo la importancia de la seguridad de Israel. No obstante, me aferro a mi convicción de que el único plan viable para la seguridad de Israel es ganarse la aceptación de todos sus vecinos. Deseo que en 2009 regrese la inteligencia siempre atribuida a los judíos. Deseo el regreso de la sabiduría del rey Salomón para que aquellos que toman decisiones en Israel la usen para entender que los palestinos e israelíes tienen los mismos derechos humanos.

La violencia palestina atormenta a Israel y no sirve a la causa; la venganza militar de Israel es inhumana, inmoral y no garantiza la seguridad. Como he dicho anteriormente, los destinos de dos personas cuyos destinos están relacionados inextricablemente, lo que les obliga a vivir lado a lado. Son ellos los que deciden si quieren hacer de esto una bendición o una maldición.

Daniel Barenboim, la música de la esperanza en el estruendo del conflicto.

http://www.fundacionprincipedeasturias.org/esp/04/premiados/trayectorias/trayectoria770.html

http://www.eluniversal.com.mx/notas/566139.html

8 Jul 2008, 21:48

El creador de la Orquesta West-Eastern Divan, en la que participan jóvenes músicos judíos y palestinos, describe su relación con Israel, desde su llegada de niño a un Estado recién nacido hasta el progresivo distanciamiento

En las paredes de mi vestuario de la Staatsoper de Berlín hay fotografías que me recuerdan lo que veo cuando miro por la ventana de mi casa en Jerusalén. Están un poco descoloridas y en algunas partes el papel se está deshaciendo, pero es fácil reconocer las vistas: la Ciudad Vieja, la Mezquita de la Roca con su refulgente cúpula, los muros, las puertas. A veces me siento aquí antes de actuar, observo esas fotografías y pienso en Jerusalén, en Israel, en mi patria. Parece que antes de 1989, esta habitación era un refugio de la Stasi, la policía de Alemania del Este; si yo fuera un sentimental, no hay duda de que el hecho me ayudaría a dejar de serlo, pero no lo soy. La situación en Oriente Próximo me resulta demasiado cercana, es demasiado personal como para que pueda caer en el sentimentalismo.

Desde 1952 poseo pasaporte israelí. Desde que tengo 15 años viajo por el mundo en mi calidad de músico. He residido en Londres y en París, y durante años he vivido entre Chicago y Berlín. Antes de tener pasaporte israelí, lo tenía argentino; y después adquirí el español. Además, en 2007 me convertí en el único israelí del mundo que también puede enseñar un pasaporte palestino en los puestos fronterizos israelíes. Soy, por así decirlo, una prueba patente de que sólo una solución pragmática basada en la existencia de dos Estados (o, mejor aún, aunque suene absurdo, una federación de tres Estados: Israel, Palestina y Jordania) puede llevar la paz a la región. ¿Cómo respondo a quienes me dicen que soy ingenuo, sólo un artista? Les digo que, aunque de niño estrechara la mano de Ben Gurion y de Simon Peres, no soy un político: lo que siempre me ha interesado es la humanidad, no la política. En ese sentido, me siento capaz de analizar la situación y, como artista, especialmente capacitado para hacerlo.

Tanto mis abuelos paternos como maternos eran judíos rusos que huyeron a Buenos Aires durante los pogromos de 1904. Por desgracia, nunca pregunté mucho a mis padres sobre la historia de nuestra familia. En primer lugar porque, de niño, estaba muy centrado en mí mismo y, en segundo lugar, porque entonces era normal que estuviéramos en una situación de cambio permanente. Sin embargo, la historia de mis abuelos paternos es muy especial. Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires (él con 16 años, ella con 14), después de una larga y espantosa travesía, les anunciaron que sólo las familias podían desembarcar, porque el cupo de solteros ya estaba cubierto. Los dos estaban solos y mi abuelo agarró a mi abuela y le dijo: "¡Casémonos!". Y así lo hicieron. Una vez en tierra, cada uno se fue por su lado. Después de dos o tres años se reencontraron por casualidad, se enamoraron y pasaron el resto de su vida juntos.

Esta abuela era una ferviente sionista. Ya en 1929 se fue a Palestina durante seis meses con sus tres hijas -entre ellas mi madre, entonces de 17 años- para comprobar si se podía vivir allí. Por su parte, la familia de mi padre estaba totalmente asimilada: para ellos, la Tierra Santa no tenía importancia, por lo menos hasta que descubrieron mi talento musical. De repente, para mis padres cobró importancia que yo, en mi calidad de futuro artista, debía crecer dentro de una mayoría y no de una minoría ubicada en algún punto de la diáspora judía. Se podría decir que la convicción de que la normalidad sería un elemento fundamental para mi desarrollo intelectual avivó aún más el sionismo de mi abuela, de manera que la familia Barenboim decidió emigrar a Israel.

La primera escala de ese largo viaje fue Salzburgo, donde participé en el concierto de clausura de la clase magistral que impartía en verano el director Ígor Markevitch. Tardamos 52 horas en realizar todo el periplo, con paradas en Montevideo, Río de Janeiro, São Paulo, Recife, isla del Sol y Madrid. Posteriormente, en Roma, tomamos un tren con dirección a Salzburgo. A los nueve años, yo sólo hablaba español y un poco de yiddish, que había aprendido de mi abuela. Eso no era un gran problema, ya que no pretendíamos quedarnos en Austria y, en general, yo estaría en compañía de otros músicos. Aunque en Buenos Aires no había sido consciente de que ser judío pudiera ser un problema, en Salzburgo sí empecé a percibirlo. Un día, unos amigos hebreos me llevaron a una imponente cascada de Badgastein y me dijeron que, durante la época nazi, habían arrojado allí a judíos. Así atisbé por primera vez cuál había sido la suerte del pueblo judío. Los relatos del Holocausto que relataban mis padres también me habían perturbado profundamente, aunque en esa época no pudiera comprenderlos del todo.

En diciembre de 1952 llegamos a Israel. Era invierno, el año escolar ya había empezado, y yo tenía que aprender otro alfabeto y otro idioma. No fue nada fácil, pero, como era un chico poco complicado y extrovertido, no tardé en adaptarme, comenzando así una nueva vida, maravillosa y muy intensa. Todo estaba a punto de cambiar y de avanzar. ¡Imagínense que fue precisamente en las calles de Tel Aviv donde aprendí a jugar al fútbol! Posteriormente, entré a formar parte de un movimiento juvenil y todavía recuerdo lo mucho que menospreciábamos a los hombres con bigote y a las chicas de labios pintados. Teníamos la sensación de que eran superficiales, que simplemente no tenían sustancia.

Como mi familia no tenía dinero, al principio nos mantuvo un tío de Brasil. En la actualidad, su hija es la embajadora brasileña en Eslovenia (por lo menos un Barenboim llegó a algo...). En cuanto al apellido, en consonancia con el nuevo espíritu de confianza en sí mismos que mostraban los judíos israelíes, a mi familia la instaron a traducirlo al hebreo. Ben Gurion, por ejemplo, al que yo admiraba enormemente como hombre de Estado y como visionario, procedía de la ciudad polaca de Plonsk y se llamaba en realidad David Grün. Fue él quien trató de convencer a mis padres de que yo nunca me haría famoso con el apellido Barenboim (la versión yiddish de Birnbaum, peral). Tenía la sensación de que Agassi (pera en hebreo) sería mucho mejor. Siempre se podría pensar que yo era italiano. Sin embargo, a ninguno de nosotros le hacía ninguna gracia la idea.

Si hemos de atenernos a los hechos, no he pasado periodos muy prolongados en Israel. Estuve allí sólo entre 1952 y 1954, y desde 1956, hasta comienzos de los sesenta. Cuando no acudía al colegio, estaba de gira dando conciertos en Zúrich, Ámsterdam o Bournemouth. Durante el invierno de 1954 fui a París a estudiar durante año y medio contrapunto y composición con la afamada Nadia Boulanger, conocida por su carácter estricto. Ella me enseñó que el músico ideal debe pensar con el corazón y sentir con la cabeza. Mis padres me acompañaban en todos mis viajes, ya que pensaban que yo necesitaba tener una vida familiar lo más normal posible.

Las consecuencias de la guerra habían dejado profundas cicatrices en la Europa de los años cincuenta. Al estar a caballo entre dos mundos, el contraste entre el Viejo Continente e Israel me parecía especialmente acusado. En esa época, éste era el Estado más social e idealista que se pudiera imaginar. Fue una suerte que el país y nosotros fuéramos jóvenes al mismo tiempo. Nadie tenía la sensación de estar trabajando para el Estado, porque no existía tal cosa. El Estado evolucionaba literalmente ante nuestros propios ojos y alimentaba nuestro idealismo, nuestro compromiso diario, nuestro trabajo. Los judíos de Israel ya no tenían que ocupar únicamente las llamadas profesiones liberales desempeñadas en la diáspora (las de artista, abogado, médico o banquero), sino que también podían dedicarse a la agricultura, o ser policías, soldados o, llegado el caso, hasta delincuentes. El Estado y la patria, la patria y el Estado se fundieron hasta convertirse en una sola cosa.

La izquierda israelí, el Partido Laborista, estuvo en el poder hasta 1977, algo que se olvida con frecuencia. Fueron 29 años. ¿Y por qué? Después de la Guerra de Independencia de 1948, los tradicionalistas no tenían nada que hacer, puesto que la contienda ya estaba ganada. Los judíos religiosos seguían esperando al Mesías. De manera que lo que quedaba eran los socialistas. Los vientos no cambiaron hasta después de la Guerra de los Seis Días de 1967. La idea de un Israel de base perdió pie. De repente, había mano de obra más barata procedente de los territorios palestinos y, no mucho después, aparecieron los primeros millonarios israelíes. El sistema socialista perdió su equilibrio; la concepción del Estado se tambaleó.

Yo me crié en Israel con una cultura y unos valores europeos; la directora de mi instituto de secundaria era historiadora del arte, la clase de mujer que uno encontraría en Berlín-Dahlem. A mí esto me venía al pelo, porque en mi fase de rebeldía adolescente no quería tener relación alguna ni con Argentina, ni con la lengua española, ni con nada que tuviera que ver con la diáspora. Para mí, todo eso era historia. Lo que contaba era el presente y el futuro de Israel. A los 19 o 20 años me convocaron para realizar el servicio militar obligatorio en el Ejército argentino. Logré posponer el alistamiento dos veces, hasta que finalmente aduje que mi ciudadanía israelí debía eximirme de ese servicio. El resultado fue que, a excepción de Israel, podía ir a cualquier sitio con mi pasaporte argentino, y que con el israelí podía viajar a cualquier lugar, salvo a Argentina.

En 1966 conocí a la violonchelista Jacqueline du Pré en Londres. Ambos sentimos inmediatamente una atracción mutua, tanto personal como musical, y dos o tres meses después decidimos casarnos. Sin influencia alguna por mi parte, a Jacqueline se le ocurrió convertirse al judaísmo. La idea de tener algún día hijos influyó en su decisión, así como el hecho de conocer a muchos grandes músicos judíos. Su conversión no siempre fue una bendición para su carrera; se podía leer y escuchar que había entrado en la "mafia musical judía". Ben Gurion, que no tenía mucho interés en la música, acudió a nuestra boda. Le impresionaba que una chica inglesa no judía pudiera identificarse tanto con su país. El 31 de mayo, cuando la guerra parecía inevitable, volamos a Israel en uno de los últimos aviones de pasajeros. Tocamos casi todas las noches. El último concierto tuvo lugar el 5 de junio en Beersheba, una localidad situada a mitad de camino entre Tel Aviv y la frontera con Egipto. Al abandonar la sala para dirigirnos en coche a casa, comenzamos a ver los primeros tanques avanzando hacia nosotros.

Después de 1967, Israel volvió mucho más la vista hacia Estados Unidos, no necesariamente para su propio beneficio. Los tradicionalistas decían: "No abandonaremos los territorios recién ocupados". Los judíos religiosos, que no eran "territorios ocupados sino liberados, son territorios bíblicos". Y de esta forma se selló el fin del socialismo en Israel. Desde entonces, la política internacional ha instrumentalizado el conflicto de Oriente Próximo. Llevamos décadas leyendo titulares sobre explosiones de violencia. Las guerras y las acciones terroristas se suceden, consolidando la situación en la mente de la gente. Hoy en día, en la época de la guerra de Irak y el conflicto con Irán, apenas se leen noticias sobre el asunto, lo que es todavía peor. Muchos israelíes sueñan con despertarse un día para ver que los palestinos se han ido, y éstos con lo contrario. Ni uno ni otro bando pueden diferenciar ya entre el sueño y la realidad, y, psicológicamente, éste es el quid del problema.

Desde la década de 1960 no me siento cómodo en Israel. Por supuesto, es mi patria; mis padres vivieron allí y ambos están enterrados en Jerusalén. Siempre que ha habido guerra en Israel, he tocado en el país: en 1956, 1967 y 1973. La música ha sido mi lengua, mi arma. Sin embargo, después del Septiembre Negro de 1970, Golda Meir dijo: "¿Por qué se habla de los palestinos? ¡Nosotros somos el pueblo palestino!". En ese momento caí en la cuenta de que esa posición era moralmente inaceptable. Sí, los judíos tenían derecho a un Estado propio y también a este Estado concreto. El Holocausto y la culpabilidad de los europeos después de 1945 incidieron aún más en esa reivindicación. Sin embargo, se olvida con demasiada facilidad que existía un sionismo moderado, que desde el principio personas como Martin Buber declararon que el derecho a tener un Estado judío debía hacerse aceptable para la población local, para los no judíos. Por su parte, el sionismo más combativo no profundizó en esta mentalidad. Incluso hoy en día sigue basándose en una mentira, es decir, que la tierra ocupada por los judíos estaba vacía.

En la actualidad, muchos israelíes no tienen ni idea de lo que sienten los palestinos, de cómo es la vida en una ciudad como Nablus, una prisión con 180.000 reclusos en la que no hay ni restaurantes, ni cafés ni cines. ¿Qué ha ocurrido con la famosa inteligencia judía? Ni siquiera estoy hablando de justicia o de amor. ¿Por qué se continúa alimentando el odio en la franja de Gaza? Nunca podrá haber una solución militar, porque dos pueblos luchan por una sola tierra. Por fuerte que sea Israel, siempre sufrirá inseguridad y miedo. El conflicto se devora a sí mismo y al alma judía, y siempre se le ha permitido que lo haga. Quisimos hacernos con tierras que nunca pertenecieron a los judíos y construir en ellas asentamientos. En ese hecho, los palestinos ven, y con razón, una provocación imperialista. Su resistencia, su no, es absolutamente comprensible, pero no los medios que utilizan para llevarla a cabo, ni tampoco la violencia o la inhumanidad indiscriminada.

Los israelíes debemos finalmente encontrar el valor para no reaccionar ante esa violencia, el valor de ser fieles a nuestra historia. Los palestinos no podían esperar que después del Holocausto nos ocupáramos de alguien que no fuéramos nosotros mismos: teníamos que sobrevivir. Ahora que lo hemos hecho, unos y otros debemos mirar colectivamente hacia delante. Aún no ha nacido el primer ministro israelí capaz de esa empresa. Fundamentalmente, hoy en día no hemos avanzado nada respecto a 1947, cuando las Naciones Unidas votaron la partición de Palestina. Peor aún: en 1947 todavía era posible imaginarse un Estado binacional, pero, 60 años después, parece algo inconcebible. Hoy en día, los israelíes, al referirse a una solución basada en la existencia de dos Estados, hablan de separación, de divorcio: ¡qué cinismo! Normalmente, los divorcios afectan a personas que en su día se quisieron...

Esta situación me hace sufrir, y todo lo que hago tiene algo que ver con ese sufrimiento, ya sea dirigir obras de Wagner en Israel (¡y desde luego no fui el primero en hacerlo!), citar la Constitución israelí en la Knesset, fundar la Orquesta West-Eastern Divan junto al escritor Edward Said, organizar una escuela musical infantil en Berlín o, como ha ocurrido hace poco en Jerusalén, ofrecer un concierto para los dos pueblos. Algunas de estas actividades obtienen una atención exagerada de los medios de comunicación, pero yo las hago porque me enloquece comprobar hasta dónde podemos llegar cada día los judíos con nuestras injusticias, y lo mucho que ponemos en peligro la futura existencia de Israel. Por cínico que parezca, me alegro de haber nacido en 1942 y no en 1972. Tal como están las cosas, por fortuna no viviré para ver el día en que sea posible la desaparición del Estado judío, del mismo modo que no asistiré al momento en que la música clásica quizá ya no tenga ninguna presencia ni en nuestra mentalidad ni en nuestros sentimientos.

Hace años que no vivo en Israel y soy muy consciente de que mi perspectiva es la de un forastero. A veces, la gente me pregunta "¿qué es un judío?". La respuesta es la siguiente: un judío que tiene experiencias antisemitas en el Berlín de 2008 es diferente al que las tenía en 1940. El de 1940 se sentía amenazado; el de la actualidad puede pensar en su propia tierra, en Israel. Hoy en día puedo decirle al antisemita que "o bien aprendes a vivir conmigo o podemos seguir cada uno nuestro camino. Y punto", y esto supone una diferencia fundamental. A medio plazo, soy pesimista respecto a Oriente Próximo, pero a largo plazo soy optimista. O encontramos una forma de vivir con el otro o nos matamos. ¿Qué es lo que me da esperanza? Hacer música. Porque, ante una sinfonía de Beethoven, el Don Giovanni de Mozart o Tristán e Isolda de Wagner, todos los seres humanos son iguales.

Daniel Barenboim es pianista y director de orquesta. Nacido en Argentina, tiene también pasaportes israelí, español y palestino.Daniel Barenboim

CONCIERTO AÑO NUEVO 2009

CONCIERTO AÑO NUEVO 2008

RECORDANDO LA PELÍCULA "LOS EDUKADORES"

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DANIELLE DE NIESE


Clip Jules César (séquence live)
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NIEVE Y CENIZAS

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NIETZSCHE -PROGRAMA TESIS PARTE2-

NIETZSCHE PARTE -1

UN CUENTO DE NAVIDAD