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NIETZSCHE

REVISTA DEDICADA A NIETZSCHE

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ESCRITO -APUNTES- DE NIETZSCHE

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ENLACE DE NIETZSCHE: DEMASIADOHUMANO.COM

http://www.demasiadohumano.com.ar/nietzsche_cursos-talleres.htm

DOCUMENTAL: NIETZSCHE Y EL SUFRIMIENTO

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EJERCICIO DE NIETZSCHE RESUELTO

http://www.ies3cheste.com/11delasmaterias/dfilosofia2ºbax/Nietzscheexam.pdf

EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

TEXTO

 

“Así como los romanos y los etruscos dividían el cielo mediante rígidas líneas matemáticas y conjuraban en ese espacio así delimitado, como en un templum, a un dios, cada pueblo tiene sobre él un cielo conceptual semejante matemáticamente repartido y en esas circunstancias entiende por mor de la verdad, que todo dios conceptual ha de buscarse solamente en su propia esfera. Cabe admirar en este caso al hombre como poderoso genio constructor, que acierta a levantar sobre cimientos inestables y, por así decirlo, sobre agua en movimiento una catedral de conceptos infinitamente compleja: ciertamente, para encontrar apoyo en tales cimientos debe tratarse de un edificio hecho como de telarañas, suficientemente liviano para ser transportado por las olas, suficientemente firme para no desintegrarse ante cualquier soplo de viento. Como genio de la arquitectura el hombre se eleva muy por encima de la abeja: ésta construye con la cera que recoge de la naturaleza; aquél, con la materia bastante más delicada de los conceptos que, desde el principio, tiene que fabricar por sí mismo. Aquí él es acreedor de admiración profunda —pero no ciertamente por su inclinación a la verdad, al conocimiento puro de las cosas—. Si alguien esconde una cosa detrás de un matorral, a continuación la busca en ese mismo sitio y, además, la encuentra, no hay mucho de qué vanagloriarse en esa búsqueda y ese descubrimiento; sin embargo, esto es lo que sucede con la búsqueda y descubrimiento de la “verdad” dentro del recinto de la razón. Si doy la definición de mamífero y a continuación, después de haber examinado un camello, declaro: “he aquí un mamífero”, no cabe duda de que con ello se ha traído a la luz una nueva verdad, pero es de valor limitado; quiero decir; es antropomórfica de cabo a rabo y no contiene un solo punto que sea “verdadero en sí”, real y universal, prescindiendo de los hombres. El que busca tales verdades en el fondo solamente busca la metamorfosis del mundo en los hombres; aspira a una comprensión del mundo en tanto que cosa humanizada y consigue, en el mejor de los casos, el sentimiento de una asimilación. Del mismo modo que el astrólogo considera a las estrellas al servicio de los hombres y en conexión con su felicidad y con su desgracia, así también un investigador tal considera que el mundo en su totalidad está ligado a los hombres; como el eco infinitamente repetido de un sonido original, el hombre; como la imagen multiplicada de un arquetipo, el hombre. Su procedimiento consiste en tomar al hombre como medida de todas las cosas; pero entonces parte del error de creer que tiene estas cosas ante sí de manera inmediata, como objetos puros. Por tanto, olvida que las metáforas intuitivas originales no son más que metáforas y las toma por las cosas mismas.

Sólo mediante el olvido de este mundo primitivo de metáforas, sólo mediante el endurecimiento y petrificación de un fogoso torrente primordial compuesto por una masa de imágenes que surgen de la capacidad originaria de la fantasía humana, sólo mediante la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa son una verdad en sí, en resumen: gracias solamente al hecho de que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con cierta calma, seguridad y consecuencia; si pudiera salir, aunque sólo fuese un instante, fuera de los muros de esa creencia que lo tiene prisionero, se terminaría en el acto su “conciencia de sí mismo”.

 

     

      1. Aclara el significado del concepto de “verdad” en este texto.

      2. Explica la frase “(el hombre) olvida que las metáforas intuitivas originales no son más         que      metáforas y las toma por las cosas mismas”

      3. Redacción: La crítica a la cultura occidental.

 

 

 

1.     Nietzsche afirma “admirar… al hombre como genio constructor, que acierta a levantar sobre cimientos inestables… una catedral de conceptos infinitamente compleja”.  Con esta afirmación se refiere al hombre como artista-creador, creador del lenguaje a partir de metáforas, las cuales no tienen un significado  firme y fijo, sino que son  “móviles” igual que las “aguas”.

Continua Nietzsche destacando que “(el hombre) es acreedor de profunda admiración – pero no ciertamente por su inclinación a la verdad, al conocimiento puro de las cosas-“.  Nietzsche nos indica, con esta afirmación, que  aunque el hombre ha sido el creador del lenguaje, no quiere ello decir que el lenguaje se corresponda con la realidad o la verdad de las cosas. El filósofo sigue diciendo “se ha extraído una nueva verdad… pero es antopomórfica de cabo a rabo y no contiene ni un solo punto verdadero en sí, real y universal prescindiendo de los hombres” y añade “esto es lo que sucede con la búsqueda de la verdad dentro del recinto de la razón”. Estas afirmaciones hay que entenderlas apoyándonos en la analogía de la búsqueda en el matorral: partiendo de que el lenguaje es algo creado por el hombre, la búsqueda de la verdad mediante la utilización del lenguaje no será más que la definición  de unos conceptos a través de otros que nosotros mismos hemos inventado, por ello toda verdad es “antropomórfica”: no podemos salir “del recinto de la razón” 

 

2.     Nietzsche con esta afirmación hace una crítica al lenguaje como fiel reflejo de la realidad.  Para Nietzsche el lenguaje es un tergiversador de la realidad, intenta mostrarnos la realidad mediante conceptos (que son fijos e inmutables), pero la realidad no es así, ya que Nietzsche defiende que la vida es creación y destrucción, es infinita e ilimitada y siempre irracional, y el lenguaje intenta ponerle límites y reducirla a conceptos.  Los conceptos son residuos de una metáfora, los conceptos en un principio fueron metáforas que el hombre ha endurecido y petrificado para hacer de ellas algo seguro y a su vez poder establecer un pacto gregario a favor de la comunicación y la convivencia.

El hombre como creador del lenguaje y de los conceptos que lo componen, olvida que esos conceptos ha sido alguna vez metáforas intuitivas y los utiliza sin recordar su origen: “olvida  que las metáfora intuitivas originales no son más que metáforas y las toma por las cosas mismas” este olvido tiene como objetivo  “vivir con cierta calma, seguridad y consecuencia”. Es decir, como la realidad  es irracional, inventamos un mundo conceptual donde podemos vivir tranquilos, pues allí todo es seguro y predecible.

 

3.                  Nietzsche ha sido uno de los filósofos más influyentes en la filosofía del siglo XX. El filósofo alemán nació en 1844 en Röcken en el seno de una familia de profunda religiosidad, hecho que marcará su vida y su filosofía.  Debemos tener en cuenta para entender la obra de Nietzsche algunos hechos que determinan su forma de ver la vida y su crítica, como son: la religiosidad de su familia, la atmósfera femenina que le rodeó en su infancia, la enfermedad que le acompañará a lo largo de su vida y la brillantez de sus  primeros estudios.  Nietzsche curso estudios de teología y filología clásica. La brillantez de sus estudios le llevo a ser catedrático de filología, en la universidad de Basilea, con solo 24 años.

      Ahora bien, para comprender la crítica y las obras del filósofo alemán debemos comprender el contexto filosófico en el que se desarrollo su vida. La vida de Nietzsche transcurrió durante el periodo posterior a la Ilustración, en el cual se puso de manifiesto el fracaso del proyecto ilustrado porque la razón no era la solución de todos los problemas, además los valores que esta había promovido: libertad, igualdad y fraternidad no habían podido plasmarse en la historia.

      No podemos decir que Nietzsche acoja ideas o pensamientos de muchos filósofos, ya que sólo Schopenhouer le influye directamente. De Schopenhouer recoge la idea de que la vida es irracional, cruel y ciega y también la consideración del arte y la contemplación estética, como única salvación para el hombre, en especial la música y la poesía.

    

       El sentido de su crítica a la sociedad occidental lo podemos ver reflejado en la expresión: “la filosofía del martillo”, como él mismo llama a su filosofía, porque pretende derribar a martillazos todo aquello que la sociedad de su tiempo consideraba verdadero y hasta sagrado.

      Esta crítica parte de la percepción que Nietzsche tiene de la vida. Para Nietzsche la vida es irracional, no atiende a límites, no reprime sus instintos. Este modelo de vida lo ve reflejado Nietzsche en los presocráticos. Ve en ellos el perfecto equilibrio de las fuerzas vitales. Así los presocráticos se basaban en dos dioses, dos principios: lo dionisiaco, la desmesura, la fuerza, los instintos, la parte irracional de la vida; y lo apolíneo, que representa la armonía y la mesura. Para Nietzsche los presocráticos habían encontrado la perfecta armonía entre ambos dioses. También veía su modelo de vida reflejado en la tragedia clásica, porque aunque el héroe tuviera miedo del combate y supiera que su destino era la muerte, se enfrentaba  ella, llevado por las fuerzas irracionales de la vida y la pasión.

      Este modelo de vida acaba con la aparición de Eurípides y Sócrates. Fundamentalmente fue Sócrates quien cambió este mundo, este modo de vida. Desde su resentimiento y debilidad cambia la concepción que los hombres habían tenido de la vida hasta ese momento. Convirtiendo lo bueno en malo, lo que no tenía ningún valor en el valor supremo. Así lo bajo, lo humilde, la debilidad, la obediencia son los nuevos valores. Más tarde esta nueva concepción se vería fundamentada por la teoría de las ideas de Platón o, como el propio Nietzsche afirma, por su versión popular: el cristianismo. Con la aparición de Sócrates y las ideas de Platón, la moral aristocrática que había reinado hasta el momento se transformó en una moral de siervos, en la cual todos los hombres actuaban como borregos, sin hacer de ellos algo elevado, sin luchar, reprimiendo todos sus instintos e impulsos vitales.

      Todo este cambio se vio incrementado por la aparición del cristianismo y sus creencias ultramundanas que introdujeron en esta moral de siervos el concepto de culpa y mala conciencia. ¿Qué es para Nietzsche el cristianismo? Es una enfermedad, una religión de enfermos resentidos. Nietzsche se muestra totalmente contrario a esta religión, la ve como la causa de la decadencia de la sociedad occidental.

      En cambio, ve en la figura de Jesucristo un representante de cómo vivir una moral aristocrática: vive sin importarle arriesgar su vida, llevando a cabo sus ideales y apostando la vida aun sabiendo que va a perder. Nietzsche nos dice que la enseñanza de Jesucristo fue trastocada por Pablo, que nos dio un mensaje de sumisión.

      Después de la Ilustración, afirma Nietzsche, “Dios ha muerto, y los hombres lo han matado”. Nietzsche se considera el notario que da fe de este hecho. Este vacío da pie al  nihilismo, la voluntad de nada, la pérdida de valores, la vida sin esperanza. Este periodo se corresponde a la sociedad europea occidental del siglo XIX, el punto de máxima decadencia de la cultura occidental.

     

 De todas formas no todo está perdido. Nietzsche diferencia entre nihilismo activo y pasivo. El nihilismo pasivo es la pérdida de todos los valores, el no tener ideales por los cuales hacer de uno mismo algo elevado. Sin embargo el nihilismo activo es algo positivo, es la voluntad de vivir que se enfrenta a todas las fuerzas e instancias represoras: ciencia, moral, religión, etc. Este es el nihilismo que Nietzsche propone, (la filosofía del martillo) el cual dejará el camino libre  al superhombre,  un nuevo tipo humano, un nuevo horizonte,  un porvenir,  un destino.

Cristina Martinez Villoldo 

TEXTO COMENTADO DE NIETZSCHE

TEXTO COMENTADO DE NIETZSCHE

“SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL”

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Párrafo 1

La fábula

Nietzsche inicia su narración a manera de fábula, mito o parábola. No es casualidad que proceda de este modo: a lo largo del texto nos va a hablar de la atracción que sienten los seres humanos hacia este tipo de relatos ya que, en ellos, el ser humano deja libertad de acción a su vertiente artística e identificándose con las historias contadas logra escapar, aunque sea circunstancialmente, al apretado corsé que la lengua y la ciencia han ido estableciendo en torno a su vida y al modo de captar la realidad.

Nietzsche nos impresiona por la contundencia de las imágenes, de modo que llega a recordarnos la película “2001: Una odisea en el espacio”.

“En algún apartado rincón del universo, desperdigado en innumerables sistemas solares centelleantes, hubo una vez un astro en el que animales astutos inventaron el conocer. Fue el minuto más soberbio y más mentiroso de la «historia universal»: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Después de respirar la naturaleza unas pocas veces, el astro se entumeció y los animales astutos tuvieron que perecer.”

Ilustración de lo caduco, inútil y arbitrario del intelecto

Esta fábula no llega a ilustrar (pintar, representar, y dar a conocer) el poco valor que tiene el intelecto humano en la naturaleza. Nietzsche actúa desde la ironía, hablando de un supuesto mundo en el que ciertos animales inventaron el conocimiento, y se creyeron algo especial. Pero el tiempo terminó por demostrar la falsedad de sus pretensiones porque, igual que el resto de los seres vivos, también ellos acabaron por desaparecer. No fueron más que una mota de polvo en la presencia eterna del universo, el cual ya existía antes de que ellos estuvieran presentes y continuará existiendo sin necesidad de su presencia.

Alguien podría inventar una fábula como ésta y, sin embargo, no habría ilustrado suficientemente cuán lamentable, cuán sombrío y caduco, cuán inútil y arbitrario es el aspecto que tiene el intelecto humano dentro de la naturaleza; hubo eternidades en las que no existió; cuando de nuevo se haya acabado, no habrá sucedido nada.”

Por qué.

Mediante esta breve narración Nietzsche pretende hacernos entender que aquello de lo cual los seres humanos nos sentimos tan orgullosos, nuestra inteligencia (que nos sirve para definirnos frente a los demás seres vivos colocándonos en un falso plano de superioridad), es en realidad algo que está basado en una falsa creencia. El conocimiento no es más que un invento nuestro, el intelecto humano carece de cualquier misión, ni destino, ni progreso, ni evolución de una especie superior.

“Pues no hay para ese intelecto ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano y solamente su poseedor y progenitor lo toma tan patéticamente como si en él se moviesen los goznes del mundo.”

Consecuencia

El hombre se cree un ser especial dentro del cosmos por poseer la capacidad de raciocinio. Cae, así, en un completo antropocentrismo que le hace creerse el centro de todo. Pero, como dice Nietzsche, si pudiéramos hablar con un mosquito veríamos que también posee el mismo sentimiento (el mismo pathos) y que en su peculiar visión del universo también se considera a sí mismo como el eje principal del cual gira todo.

“Pero si pudiéramos comunicamos con un mosquito llegaríamos a saber que también navega por el aire con ese pathos y siente que en él se halla el centro volante de este mundo. No hay nada en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que no se hinche inmediatamente como una bota con un mínimo soplo de aquella fuerza del conocimiento; “

El filósofo.

Del mismo modo que gusta cualquiera de ser admirado, el filósofo (ideal de racionalidad –Hegel-) está convencido en creer que su trabajo es el centro del universo.

“y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener sus admiradores, el más orgulloso de los hombres, el filósofo, es totalmente de la opinión de que, desde todas partes, los ojos del universo están dirigidos telescópicamente a sus obras y a sus pensamientos.”

Párrafo 2

El intelecto

El conocimiento es el recurso que utiliza el ser más débil de la naturaleza (el ser humano) para subsistir. Mediante su posesión dicho ser acaba considerándose a sí mismo como algo especial, se hincha de soberbia y mira con aire compasivo y superior a aquellos otros seres vivos tan infelices que no han logrado escapar del pozo de los instintos que le aprisionan y condicionan.

Como curiosidad cabría citar la referencia que hace Nietzsche al hijo de Lessing, muestra del peculiar carácter y extraño sentido del humor que posee nuestro autor. Lessing fue un literato alemán cuyo hijo murió al día siguiente de nacer. De ahí que nos diga que huyó tan rapidamente de la existencia.

“Es curioso que esto lo haga el intelecto, que precisamente ha sido añadido a los seres más desdichados, delicados y efímeros sólo como un recurso para retenerlos un minuto en la existencia; de la cual, por el contrario, sin ese añadido tendrían todos los motivos para huir tan rápidamente como el hijo de Lessing.”

La soberbia

La inteligencia y el conocimiento de los que estamos tan orgullosos, son los causantes de la engañosa concepción que tenemos de la vida, de la falsa imagen que nos hemos creado de ella.

“Esa soberbia, unida al conocimiento y a la sensación, al poner niebla cegadora sobre los ojos y los sentidos de los hombres, los engaña sobre el valor de la existencia, pues lleva en ella la más aduladora valoración sobre el conocimiento mismo. Su efecto más general es el engaño - aunque también los efectos más particulares llevan consigo algo de idéntico carácter.”

Párrafo 3

El intelecto

La inteligencia es el instrumento que hemos inventado y utilizado los seres humanos para compensar nuestra debilidad biológica. El ser humano, como es débil por naturaleza, ha de fingir para sobrevivir, ha de mentir. Para ello utiliza la inteligencia. Este fingimiento nos lleva a la mentira como medio de subsistencia. De este modo, y por primera vez en el texto, verdad y mentira aparecen ya como dos polos opuestos. Sien embargo, hay que distinguir entre dos sentidos muy diferentes de estos conceptos. Uno de ellos sería un sentido moral: “el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, las hipocresías ...”. Según este sentido, la mentira haría referencia al acto de enmascararnos ante los demás, de ocultarles nuestra auténtica personalidad y nuestros sentimientos, con ánimo de engañarles y, de este modo, sacar algún provecho.

“El intelecto, como un medio para la conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas capitales en la ficción; pues ésta es el medio por el cual se conservan los individuos más débiles y menos robustos, como aquellos a los que no se les ha concedido entablar la lucha por la existencia con cuernos o con la afilada dentadura de los animales carniceros. Este arte de la ficción llega a su cima en el ser humano: aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, las habladurías, la hipocresía, el vivir de lustres heredados, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, el teatro ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante en torno a la llama de la vanidad es hasta tal punto la regla y la ley, que casi no hay nada más inconcebible que el modo en el que haya podido introducirse entre los hombres un impulso sincero y puro hacia la verdad.

El hombre

Sin embargo, hay otro sentido de mentira por el que Nietzsche se interesa mucho más y en el cual va ahondar a lo largo del texto. Se trata de la mentira en sentido extra-moral. Este sentido se deja ver cuando afirma: “su ojo se desliza tan solo sobre la superficie de la cosas y ve formas, su sensación no conduce por ninguna parte a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos y, por así decirlo, jugar un juego de tanteo sobre el dorso de las cosas”. ¿A qué hace referencia este nuevo sentido más radical de “mentira”?. A que el ser humano, por su propia constitución física, es incapaz de acceder al conocimiento auténtico de la realidad pues siempre estará condicionado de modo inevitable por su manera de percibir las cosas. Además, mediante el lenguaje y los conceptos, como veremos, nos alejamos cada vez más de esa realidad que en sí misma nos resulta inaccesible. Es, pues, un sentido referido exclusivamente al conocimiento.

“Están profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños, su ojo se desliza tan sólo sobre la superficie de las cosas y ve "formas" su sensación no conduce por ninguna parte a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos y, por así decirlo, jugar un juego de tanteo sobre el dorso de las cosas. Además, durante toda una vida el hombre se deja engañar por la noche en el sueño sin que su sentimiento moral haya tratado nunca de impedirlo: mientras parece ser que hay hombres que, a fuerza de voluntad, han eliminado los ronquidos”.

La consciencia

¿Cómo vamos a ser capaces de conocer la auténtica realidad de las cosas, cuando ni siquiera lo somos de conocernos a nosotros mismos?: “¡qué sabe de sí mismo el hombre!”. Nietzsche se opone, así, a la máxima socrática del “conócete a ti mismo” señalando la imposibilidad de establecer ese auto-conocimiento: la conciencia, “orgullosa y embaucadora”, nos engaña, nos impide conocer nuestra parte instintiva y pulsional. Conciencia que después hecha la llave con el fin de que no veamos las monstruosidad interior del ser humano.

Pero ese desconocimiento de sí mismo, en el fondo, al ser gregario le resulta beneficioso pues le impide conocer el auténtico carácter de su naturaleza: “el ser humano descansa sobre lo despiadado, lo codicioso, lo insaciable y lo asesino”. En realidad debería estar contento de que su ignorancia le impida captar esta verdad más profunda: que, en el fondo, desde su propia moral, no es más que un ser cruel y malvado. No queda, pues, ya sitio para el buen salvaje del que hablaba Rousseau: el hombre no es bueno por naturaleza ni es la sociedad la que lo pervierte. Su carácter es como un tigre que hemos domesticado para que pueda exhibirse en un circo pero que, en el fondo, continúa siendo un tigre, y en cualquier momento puede volver a actuar como tal: “estamos pendientes en sueños del lomo de un tigre”.

“En realidad, ¡qué sabe de sí mismo el hombre! ¿Sería capaz de percibirse por completo, aunque sólo fuese por una vez, tendido como en una vitrina iluminada?. ¡Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso sobre su propio cuerpo, para así, al margen de las circunvoluciones de los intestinos, del rápido flujo de las corrientes sanguíneas y de los intrincados estremecimientos de sus fibras, recluirle y encerrarle en una conciencia orgullosa y embaucadora!. Ella tiró la llave: y ¡ay de la funesta curiosidad que, por una vez, pudiese mirar desde el cuarto de la conciencia hacia fuera y hacia abajo a través de una hendidura, y entonces barruntase que el ser humano descansa sobre lo despiadado, lo codicioso, lo insaciable y lo asesino, en la indiferencia de su ignorancia y que, por así decirlo, está pendiente en sueños del lomo de un tigre! ¡De dónde procede en el mundo entero, en esta constelación, el impulso hacia la verdad!

Párrafo 4

El pacto

El individuo desea vivir en sociedad, dice Nietzsche, "por necesidad y por
aburrimiento", y para conseguir este objetivo vital utiliza la inteligencia. ¿Qué papel juega la inteligencia en este proceso de socialización? Mediante ella los seres humanos establecen un pacto de convivencia, en palabras de Nietzsche "un trata­do de paz", en una prueba más de su oposición a la teoría de la bondad natural del hombre defendida por Rousseau. Nietzsche se sitúa más bien en la línea defendida por Hobbes: el estado de naturaleza es un estado salvaje, de lucha constante de todos contra todos (esto significa la expresión del texto "bellum omnium contra omnes"). Y es para evitar este estado por lo que se impone este pacto que asegura una situación pacífica y pone, así, las bases para el establecimiento de la sociedad.

“En la medida en que el individuo quiera conservarse frente a otros individuos tendría que utilizar el intelecto, en un estado natural de las cosas, casi siempre sólo para la ficción: pero, ya que el hombre quiere existir a la vez por necesidad y por aburrimiento, de una forma social y gregaria, necesita un tratado de paz y, conforme a ello, procura que desaparezca de su mundo al menos el más brutal bellum omnium contra omnes. Este tratado de paz, sin embargo, conlleva algo que tiene aspecto de ser el primer paso en la consecución de ese enigmático impulso hacia la verdad.”

El Lenguaje

Pero este pacto social tiene otras consecuencias de enorme interés para el problema que a Nietzsche le preocupa, el problema de la verdad. En efecto, me­diante dicho pacto los seres humanos también establecen de un modo convencional lo que es la verdad: "...en este momento se fija lo que desde entonces debe ser "verdad", esto es, se inventa una designación de las cosas uniformemente válida y obligatoria". A partir de este momento, pues, se considerará verdadero aquello que quede legitimado como tal por el lenguaje. Así, por ejemplo, si todos señalamos hacia un mismo objeto y decimos: "Esa hoja es verde" daremos por sentado que dicha afirmación es verdadera, y que quien diga "Esa hoja es roja" o estará  equivo­cado o estará mintiéndonos. El lenguaje tiene, de este modo, un importantísimo papel en el establecimiento de la "verdad" social, puesto que el uso de una pala­bra u otra dará a nuestro pensamiento el carácter de verdadero o falso: "aquí se origina por primera vez el contraste de verdad y mentira".

 “Porque en este momento se fija lo que desde entonces debe ser "verdad" esto es, se inventa una designación de las cosas uniformemente válida y obligatoria, y la legislación del lenguaje proporciona también las primeras leyes de la verdad: pues, aquí se origina por primera vez el contraste de verdad y mentira:”

La mentira

Aquel individuo que no utiliza las palabras de acuerdo con las normas es­tablecidas (mediante aquella convención) será catalogado de mentiroso, y cuando dicha mentira cause un perjuicio al bienestar social entonces la sociedad perderá la confianza en dichos individuos.

“el mentiroso utiliza las designaciones válidas, las palabras, para hacer aparecer lo irreal como real; dice, por ejemplo, yo soy rico, cuando la designación correcta para su estado sería justamente "pobre". Abusa de las convenciones consolidadas efectuando cambios arbitrarios o incluso inversiones de los nombres. Si hace esto de manera interesada y que además conlleve perjuicios, la sociedad no confiará más en él y, de ese modo, le excluirá de ella. Por eso los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados por engaños. En el fondo, en esta fase tampoco detestan el fraude, sino las consecuencias graves, odiosas, de ciertos géneros de fraudes.”

La verdad

Al final del párrafo aparecen dos preguntas básicas cuya respuesta será desarrollada posteriormente en el texto: "¿Coinciden las  designaciones y las co­sas?", "¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?". Nietzsche hace una crítica a la noción de verdad considerada tradicionalmente como válida: la verdad como correspondencia. Según ésta, una proposición será verdadera si se corresponde con los hechos descritos por ella; en caso contrario será falsa. Si yo afirmo, por ejemplo, "La jirafa del zoo es azul con motas rojas", acudo al zoo a verla y observo que su color es el tradicional (amarillo con motas negras) entonces podré concluir que la proposición anterior era falsa. Pero si llego y, para mi sorpresa, alguien la ha pintado de aquellos, para una jirafa, extraños colores (o es un caso único de jirafa mutante), entonces diré que la proposición era verdadera. Nietzsche se opondrá a esta concepción de la verdad porque, como ire­mos viendo, para él la verdad no es más que una ficción, una convención estableci­da por los seres humanos para entenderse y poder conocer la realidad.

“El hombre sólo quiere la verdad en análogo sentido limitado. Desea las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que conservan la vida; es indiferente al conocimiento puro y carente de consecuencias, y está hostilmente predispuesto contra las verdades que puedan ser perjudiciales y destructivas. Y además: ¿qué sucede con esas convenciones del lenguaje? ¿Son, quizá, productos del conocimiento, del sentido de la verdad: coinciden las designaciones y las cosas? ¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?”

Párrafo 5

El olvido

El lenguaje, que es el instrumento mediante el cual pretendemos establecer lo que es verdadero y lo que es falso, es una convención que deforma y esconde la auténtica realidad. Pero nos olvidamos de aquel pacto y pensamos que las palabras y las cosas sí coinciden: "Sólo mediante el olvido puede el hombre... llegar a figu­rarse que esté en posesión de una verdad". El supuesto impulso hacia la verdad que los hombres manifestamos a través del lenguaje parte ya de una base errónea. Las únicas verdades que nos resultan accesibles mediante él no son más que tauto­logías, es decir, verdades que lo son en base a su definición, la cual ha sido estable­cida por nosotros mismos. Pero no nos suministran ninguna información nueva acerca de la realidad (cuando decimos "Ningún soltero está casado" tal informa­ción ya estaba implícita en la definición de "soltero" previamente formulada por nosotros de modo convencional y arbitrario). Por eso, esas tautologías no son sino "conchas vacías", pues están vacías de contenido, de información nueva.

Sólo mediante el olvido puede el hombre, a tal efecto, llegar a figurarse alguna vez: que esté en posesión de una verdad en el grado que acabamos de designar. Si no quiere contentarse con la verdad en la forma de la tautología, es decir, con conchas vacías, entonces trocará perpetuamente ilusiones por verdades.

La palabra

Una prueba clara de que el lenguaje no coincide con la realidad la encon­tramos en el proceso de formación de las palabras. ¿Qué es, exactamente, una palabra?. Nietzsche la define como "la reproducción en sonidos articulados de un estímulo nervioso". Para entender qué quiere decirnos con esta definición habrá que analizar las distintas fases que se recorren a la hora de formar las palabras:

1- El ser humano entra en contacto (mediante sus sentidos) con la realidad cam­biante exterior que actúa como estímulo y provoca una reacción en nuestro sistema nervioso. Según Nietzsche, de la existencia de este estímulo nervioso no podemos concluir que exista algo fuera de nosotros que sea causa de dicho estímulo: "partiendo del estímulo nervioso inferir una causa existente fuera de nosotros es ya el resultado de un uso falso e injustificado del principio de ra­zón".

2- Dichos estímulos captados a través de los sentidos crean en nuestra mente una imagen que pretende ser una copia de la reacción provocada por la realidad exterior a nosotros. Pero toda copia suele ser defectuosa o, como diría Nietzsche, se convierte en una metáfora del original, y como tal enmascara éste: "¡Un estímulo nervioso extrapolado en primer lugar en una imagen!, pri­mera metáfora.".

3- A su vez, intentamos transmitir esa imagen mental a los demás mediante un sonido articulado que es a lo que propiamente llamamos palabra y que, por tanto, pretende ser un reflejo (una segunda copia) de aquella imagen mental que, a su vez, intentaba reflejar el estímulo nervioso producido por un objeto exterior a nosotros: "¡La imagen transformada de nuevo en un sonido articula­do!, segunda metáfora".

 

Realidad cambiante -> Estímulo nervioso -> Imagen -> Palabra

“¿Qué es una palabra?. La reproducción en sonidos articulados de un estímulo nervioso. Pero, partiendo del estímulo nervioso inferir además una causa existente fuera de nosotros, es ya el resultado de un uso falso e injustificado del principio de razón. ¡Cómo nos sería lícito, si la verdad fuese lo único decisivo en la génesis del lenguaje, si el punto de vista de la certeza fuese también lo único decisivo en las designaciones, cómo, pues, nos sería lícito decir: la piedra es dura: como si además nos fuera conocido lo «duro» de otra manera y no únicamente como excitación totalmente subjetiva! Dividimos las cosas en géneros, designamos al árbol como masculino y a la planta como femenino: ¡qué extrapolaciones tan arbitrarias! ¡Qué lejos volamos por encima del canon de la certeza! Hablamos de una serpiente: la designación tan sólo atañe al retorcerse, podría, por tanto, atribuírsele también al gusano. ¡Qué delimitaciones tan arbitrarias, qué preferencias tan parciales, ora de esta, ora de aquella propiedad de una cosa!. Los diferentes idiomas, reunidos y comparados, muestran que con las palabras no se llega jamás a la verdad ni a una expresión adecuada: pues, de lo contrario, no habría tantos. La «cosa en sí» (esto sería precisamente la verdad pura y sin consecuencias) también es para el creador de lenguaje totalmente inaprehensible y en absoluto merece sus esfuerzos. Éste designa tan sólo las relaciones de las cosas con los hombres y para su expresión recurre a las metáforas más atrevidas. ¡Un estímulo nervioso extrapolado en primer lugar en una imagen!, primera metáfora. ¡La imagen transformada de nuevo en un sonido articulado!, segunda metáfora. y, cada vez, un salto total de esferas, adentrándose en otra completamente distinta y nueva.”

Las figuras acústicas de Chladni

Vemos, así, como a lo largo de todo este proceso la experiencia originaria va pasando por una serie de intermediarios que necesariamente la van modificando, hasta el punto de que podemos llegar a plantearnos si, efectivamente, existe una relación entre esa realidad inicialmente experimentada y el sonido con el que fi­nalmente pretendemos referirnos a ella. Las consecuencias que se extraen de esta reflexión son muy importantes, puesto que le llevan a concluir que "con las pala­bras no se llega jamás a la verdad", que la pretendida auténtica realidad (la "cosa en sí" de la que también hablaba Kant) nunca podrá ser transmitida o expresada mediante el lenguaje. El lenguaje, pues, transforma la realidad originaria y la expresa de un modo metafórico; y mediante esas metáforas acabamos perdiendo el auténtico carácter originario de las cosas: "Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos más que metáforas de las cosas, que no corresponden a las esencialidades originarias".

A lo largo de este párrafo nos vamos a encontrar también con una serie de ejemplos que demuestran el rechazo de Nietzsche a la teoría de la corresponden­cia y su defensa del carácter convencional del lenguaje. Utilizamos la palabra "ejemplo" y no "argumento" pues pensamos que el propio Nietzsche rechazaría este segundo término por motivos señalados a lo largo del texto.

Ejemplo 1: Los adjetivos subjetivos y cambiantes. ¿Por qué decimos que una piedra es dura? Sencillamente porque nuestro contacto con ella produce en no­sotros una sensación que calificamos de un modo totalmente arbitrario me­diante este adjetivo. Además, también existen algunos objetos a los que deno­minamos como duros, como la barra de pan que lleva cuatro días en casa, sin que la sensación que produce en nosotros tenga mucho que ver con aquella de la piedra (la barra de pan, por muy dura que esté, la puedo mordisquear e inclu­so, en caso de apuro, comérmela, cosa que no ocurre con la piedra).

- Ejemplo 2: Los géneros arbitrarios. ¿Por qué el árbol pertenece al género mas­culino y la planta al género femenino? ¿Qué puede haber de masculino en un árbol? ¿Por qué lo designamos como tal? ¿Con qué hechos "viriles" se corres­pondería? Más aún, ¿qué quiere decir "masculino"? ¿No es, acaso, una palabra tan convencional como cualquier otra? ¿Por qué denominamos a las flores co­mo femeninas y, sin embargo, dentro de ellas existen casos como el jazmín o el jacinto que son masculinos? Evidentemente, si las flores "son femeninas" no debería ser posible que algunas de ellas fueran "masculinas".

- Ejemplo 3: Los sustantivos inexactos y ambiguos. Decimos que aquel animal que serpentea o se desplaza retorciéndose por el suelo es una serpiente; "ser­piente" significa etimológicamente animal que serpentea. Pero entonces... ¿por qué no llamamos al gusano también "serpiente"?

- Ejemplo 4: Los diferentes idiomas. La existencia de múltiples lenguas, cada una de las cuales designa el mismo objeto mediante un término distinto, nos da una prueba concluyente de que el lenguaje no es capaz de reflejar la realidad. Pues, si así fuera, sólo existiría un único término para cada cosa, sólo existiría un único lenguaje.

De este modo, la teoría de Nietzsche nos lleva hacia un cierto escepticis­mo: toda especulación y toda pretensión de verdad son negadas pues se apoyan en un lenguaje (lenguaje y pensamiento no pueden existir el uno sin el otro) que se ha formado a partir de un interés ilógico que nada tiene que ver con la auténtica reali­dad, de la cual no es manifestación sino de un modo retorcido y engañador: "...todo el material en el que trabaja y con el cual trabaja y después construye el hombre de la verdad, el investigador, el filósofo, si no procede del país de Jauja, tampoco procede en ningún caso, de la esencia de las cosas". Pero... ¿cae Nietzsche en la cuenta de que él también está empleando el lenguaje que tanto desprecia para co­municar sus ideas? La respuesta la veremos en los párrafos siguientes.

“Podemos imaginarnos un hombre que sea totalmente sordo y que jamás haya tenido ninguna sensación del sonido ni de la música: así como este hombre, por ejemplo, mira con asombro las figuras acústicas de Chladni en la arena, descubre sus causas en las vibraciones de la cuerda y entonces jurará que desde ese momento ha de saber a qué denominan los hombres el sonido, así nos sucede a todos nosotros con el lenguaje. Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos, sin embargo, más que metáforas de las cosas, que no corresponden en absoluto a las esencialidades originarias. Del mismo modo que el sonido toma el aspecto de figura de arena, así la enigmática X de la cosa en sí se presenta, primero, como excitación nerviosa, luego como imagen, finalmente como sonido articulado. En cualquier caso, por tanto, las cosas no ocurren lógicamente en la formación del lenguaje y todo el material en el que trabaja y con el cual trabaja y después construye el hombre de la verdad, el investigador, el filósofo, si no procede del país de Jauja, tampoco procede en ningún caso, de la esencia de las cosas.”

Párrafo 6

Los conceptos

Nietzsche continúa insistiendo en el proceso de formación de los conceptos. Si tuviéramos un conjunto infinito de palabras, cada una de las cuales designa­ra una experiencia única e irrepetible, no existiría problema alguno (aunque enton­ces nos encontraríamos con otros problemas, como la imposibilidad práctica de utilizar el lenguaje para comunicarnos). El auténtico problema empieza cuando con una única palabra (convertida en concepto) intentamos referirnos a un conjunto amplio de cosas que son, sólo, aproximadamente similares pero nunca idénticas: "...tiene que ser apropiada... para innumerables vivencias más o menos simila­res,... nunca idénticas hablando con rigor". Y es que "Todo concepto se forma igualando lo no-igual". Nietzsche critica este proceso de formación de los con­ceptos pues se basa en cosas diferentes: "...el concepto hoja se ha formado al pres­cindir arbitrariamente de esas diferencias individuales". Por tanto, no tiene sentido la aplicación de un concepto a cosas que entre sí no son idénticas tratando de fun­dirlas en una unidad imposible y no justificada.

Es evidente que la crítica de Nietzsche alcanza de lleno al pensamiento platónico y a la tan conocida teoría de las ideas que Platón formula: no existe (co­mo sostendría Platón) una idea de "honradez" (por utilizar el otro ejemplo de Nietzsche) a la cual tratan de imitar como copias imperfectas los actos que califi­camos como honrados: "...no sabemos nada de una cualidad esencial que se llame la "honradez"". Sólo existen una serie de acciones diferentes entre sí que, de un modo  injustificado, denominamos de la misma manera: "...numerosas acciones individualizadas, por lo tanto desiguales, que nosotros igualamos omitiendo lo desigual y las designamos entonces como acciones honradas".

“Pensemos un poco más sobre todo en la formación de los conceptos: toda palabra se convierte de manera inmediata en concepto en cuanto que, justamente, no ha de servirle a la vivencia originaria, única y por completo individualizada, a la que le debe su origen, por ejemplo, de recuerdo, sino que tiene que ser apropiada al mismo tiempo para innumerables vivencias más o menos similares, esto es, nunca idénticas hablando con rigor, así pues, ha de ser apropiada para casos claramente diferentes. Todo concepto se forma igualando lo no-igual. Del mismo modo que es cierto que una hoja nunca es totalmente igual a otra, asimismo es cierto que el concepto hoja se ha formado al prescindir arbitrariamente de esas diferencias individuales, al olvidar lo diferenciante, y entonces provoca la representación, como si en la naturaleza, además de las hojas, hubiese algo que fuese la «hoja», una especie de forma primordial, según la cual todas las hojas hubiesen sido tejidas, dibujadas, calibradas, coloreadas, onduladas, pintadas, pero por manos torpes, de modo que ningún ejemplar hubiese resultado correcto y fidedigno como copia fiel de la forma primordial. A un hombre le llamamos honrado: «¿Por qué ha obrado hoy tan honradamente?», preguntamos. Nuestra respuesta suele ser como sigue: "Por su honradez". ¡La honradez! esto de nuevo quiere decir: la hoja es causa de las hojas. Ciertamente, no sabemos nada en absoluto de una cualidad esencial que se llame la honradez, pero sí de numerosas acciones individualizadas, por lo tanto desiguales, que nosotros igualamos omitiendo lo desigual y las designamos entonces como acciones honradas; al final formulamos a partir de ellas una qualitas occulta con el nombre: la honradez.”

Párrafo 7

Antropomorfismo

Nietzsche reivindica lo individual y lo diferente porque es lo real, aunque resulte inaccesible para el lenguaje: "...la naturaleza no conoce formas ni concep­tos... solamente una X que es para nosotros inaccesible e indefinible". Sin embar­go, y contestando en parte a la pregunta que planteamos al final del párrafo 5, Nietzsche es consciente de que su propia distinción entre lo individual y lo general es tan arbitraria como cualquier otra, pues también en ella se hace un uso injustifi­cado del lenguaje: "...también nuestra contraposición entre individuo y género es antropomórfica y no procede de la esencia de las cosas, aun cuando tampoco nos atrevemos a decir que no le corresponda: porque eso sería una afirmación dog­mática y, como tal, tan indemostrable como su contraria". Es decir, Nietzsche se da cuenta de que está usando el propio lenguaje para criticar al lenguaje que tanto desprecia y, sin embargo, no tiene más remedio que aceptar la contradicción.

“El no hacer caso de lo individual y lo real nos proporciona el concepto del mismo modo que también nos proporciona la forma, mientras que la naturaleza no conoce formas ni conceptos, ni tampoco, en consecuencia, géneros, sino solamente una X que es para nosotros inaccesible e indefinible. Pues también nuestra contraposición entre individuo y género es antropomórfica y no procede de la esencia de las cosas, aun cuando tampoco nos atrevemos a decir que no le corresponda: porque eso sería una afirmación dogmática y, como tal, tan indemostrable como su contraria.”

Párrafo 8

La verdad

La "verdad" es una creación social establecida mediante una convención que el uso y la costumbre han hecho que acabemos adoptando como norma invio­lable: "¿Qué es la verdad? ... una suma de relaciones humanas... que después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias". La ver­dad, en el fondo, no es más que una ilusión, una ficción, una creación nuestra. Pero nos hemos olvidado que lo es. Hemos olvidado que nosotros hemos sido sus creadores, de ahí que Nietzsche la compare con monedas que han perdido su imagen y que ahora se las considera como metal.

“¿Qué es la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en una palabra, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su imagen y que ahora ya no se consideran como monedas, sino como metal. No sabemos todavía de dónde proviene el impulso hacia la verdad: pues, hasta ahora solamente hemos hablado de la obligación que la sociedad establece para existir, la de ser veraz, es decir, usar las metáforas usuales, así pues, dicho en términos morales, de la obligación de mentir según una convención fija, de mentir borreguilmente en un estilo obligatorio para todos.”

Lo Gregario

Nietzsche vuelve a hacer hincapié en la distinción entre un sentido moral de la verdad y un sentido extramoral de la misma. Este último, el que más le inte­resa, nos muestra la radical falsedad que existe en todo lenguaje. Es después de establecer, de un modo convencional y mediante un pacto, este sentido de verdad cuando aparece el sentido moral de la palabra "verdad". A partir de este momento, podremos calificar de mentiroso (en un sentido moral) a aquel individuo que no utilice las metáforas conceptuales propias del lenguaje respetando las normas que los demás hemos establecido como válidas: "...la obligación que la sociedad esta­blece para existir, la de ser veraz, es decir, usar las metáforas usuales, así pues, dicho en términos morales, de la obligación de mentir según una convención fija.". En definitiva, sólo se aceptará en sociedad a aquel individuo que use de un modo correcto las metáforas establecidas por convención (mentiroso será, por ejemplo, quien nos diga: ayer estuve conversando con un león, pues, según nuestras convenciones lingüísticas, la palabra león designa un ser vivo con el cual es imposible mantener una conversación). Esta verdad establecida convencionalmente, aunque falsa en su origen más profundo, es necesaria para la sociedad: "...a partir de la contraposición del mentiroso, en quien nadie confía y a quien todos excluyen, el hombre se demuestra a sí mismo lo venerable, lo fiable y provechoso de la ver­dad". La "verdad" extramoral está, pues, vinculada al interés social, aunque ella misma provenga del olvido de su mentira original: "...llega al sentimiento de la verdad precisamente por esta inconsciencia, justo por este olvido".

“Ciertamente, el hombre se olvida entonces de que así es su situación; por lo tanto, miente inconscientemente de la manera que hemos indicado, siguiendo habituaciones seculares - y llega al sentimiento de la verdad precisamente por esta inconsciencia, justo por este olvido. En el sentimiento de estar obligado a designar una cosa como roja, otra como fría, una tercera como muda, se despierta un movimiento moral que se refiere a la verdad: a partir de la contraposición del mentiroso, en quien nadie confía y a quien todos excluyen, el hombre se demuestra a sí mismo lo venerable, lo fiable y provechoso de la verdad. En ese instante somete su obrar como ser racional al señorío de las abstracciones: ya no soporta ser arrastrado por las impresiones repentinas, por las intuiciones y, ante todo, generaliza todas esas impresiones en conceptos más descoloridos, más fríos, con el fin de que el carro de su vida y de su acción esté unido a ellos.”

El hombre

Los seres humanos nos distinguimos de los animales en que, partiendo de nuestras impresiones intuitivas originarias, somos capaces de construir sobre ellas todo un universo ficticio de conceptos que utilizamos para poder comunicar­nos y convivir en sociedad: "Todo lo que distingue al hombre del animal depende de esa capacidad de volatizar las metáforas intuitivas en un esquema, esto es, de disolver una imagen en un concepto". Sin embargo, acabamos siendo esclavos de esos conceptos que hemos construido, que se convierten "en lo regulador y lo im­perativo", olvidamos su inicial carácter de ficción al considerarlos sin más como la verdad. Las intuiciones primitivas mediante las cuales establecemos nuestro primer contacto con la realidad son únicas e irrepetibles (y por ello inmanejables para la comunicación), pues la propia realidad no es más que un cambio constante e ince­sante: "...toda metáfora de intuición es individual y carece de algo idéntico a ella".

“Todo lo que distingue al hombre frente al animal depende de esa capacidad de volatilizar las metáforas intuitivas en un esquema, esto es, de disolver una imagen en un concepto; pues en el ámbito de esos esquemas es posible algo que nunca podría conseguirse bajo las primeras impresiones intuitivas: construir un orden piramidal por castas y grados, crear un mundo nuevo de leyes, privilegios, subordinaciones y delimitaciones, que ahora se contrapone al otro mundo intuitivo de las primeras impresiones como lo más firme, lo más universal, lo más conocido y lo más humano y, por ello, como lo regulador e imperativo.”

Lo Gregario

Frente a esto, los conceptos construidos sobre ellas pretenden aplicarse a un gran número de circunstancias y, ya sólo por este hecho, falsean una realidad que nunca puede someterse a unos esquemas tan rígidos. Los seres humanos, sin embargo, se resisten a creer en la falsedad radical de los conceptos, pues ello sería como destruir las fantasías, los castillos de arena que ellos mismos han construido: "...apenas creerá que también el concepto... no sea a fin de cuentas sino como el residuo de una metáfora".

Sin embargo, de todo lo dicho no podemos extraer la conclusión de que Nietzsche desprecie el lenguaje y a su creador el ser humano. Muy por el contrario admira la capacidad constructora e inventiva de este ser que ha sido capaz de le­vantar un edificio tan complicado como es el lenguaje, muestra de la capacidad que tenemos de dominar sobre la naturaleza. Pero ese lenguaje descansa sobre unos cimientos tan inestables como las telarañas: "Aquí se debe admirar al hombre co­mo un poderoso genio constructor, que sobre fundamentos movedizos... consigue levantar una catedral de conceptos infinitamente complicada". Por ello, el lenguaje (en cuanto conjunto de metáforas que es) nos aleja de la auténtica verdad, de la auténtica realidad, la cual, por la propia estructura del lenguaje, nunca podrá ser alcanzada: "Es aquí muy de admirar, -si bien, de ningún modo por su impulso hacia la verdad, hacia el conocimiento puro de las cosas".

Mientras que toda metáfora de intuición es individual y carece de algo idéntico a ella y, en consecuencia, sabe escaparse siempre de toda clasificación, el gran edificio de los conceptos presenta la rígida regularidad de un columbarium romano e insufla en la lógica el rigor y la frialdad que son propios de las matemáticas. Quien está poseído por el hálito de esa frialdad apenas creerá que también el concepto, óseo y octogonal como un dado y, como éste, versátil, no sea a fin de cuentas sino como el residuo de una metáfora y que la ilusión de la extrapolación artística de un estímulo nervioso en imágenes es, si no la madre, en todo caso la abuela de cada uno de los conceptos. Ahora bien, dentro de ese juego de dados de los conceptos se llama "verdad" - a usar cada dado tal y como está designado; contar exactamente sus puntos, formar clasificaciones correctas y no violar nunca el orden de las castas ni los turnos de las clases de jerarquía.

El espíritu

La verdad que queremos establecer mediante el lenguaje no es más que una verdad construida por el propio ser humano. ¿Qué valor tiene entonces que la "en­contremos"?. Es como el ejemplo del texto del objeto escondido detrás del matorral y luego encontrado por nosotros mismos. Se trata, en definitiva, de otra versión de las críticas tradicionales hechas al modo de razonar silogístico: si yo afirmo que "Pepe es hombre" y luego digo que "Todos los hombres son mortales", puedo ex­traer como conclusión que "Pepe es mortal", y quizá creeré haber descubierto una verdad nueva. Pero, en realidad, era una verdad que ya conocía al establecer las definiciones de "hombre" y "mortal". Así, el lenguaje sólo nos permite establecer verdades que lo son mediante las definiciones que nosotros mismos hemos estable­cido, esto es, el lenguaje es el resultado de un proceso de antropomorfización.

No olvidemos, por último, que el propio primer contacto del ser humano con la realidad es también a partir de metáforas, aunque sean intuitivas y únicas, y que toda metáfora lleva consigo una deformación de la realidad la cual se convier­te, así, en algo inalcanzable: "...parte del error de creer que tiene esas cosas inme­diatamente ante sí como objetos puros. Olvida, por lo tanto, las metáforas intuiti­vas originales en cuanto metáforas y las toma por las cosas mismas".

“Del mismo modo que los romanos y los etruscos dividían el cielo con rígidas líneas matemáticas y en un espacio así delimitado conjuraban a un dios como en un templum, así cada pueblo tiene sobre él un cielo conceptual similar, matemáticamente dividido, y entiende entonces como la exigencia de la verdad que todo dios conceptual no sea buscado más que en su esfera. Ciertamente, aquí se debe admirar al hombre como un poderoso genio constructor, que sobre fundamentos movedizos y, por así decirlo, sobre agua que fluye, consigue levantar una catedral de conceptos infinitamente complicada; claro, para encontrar apoyo en tales fundamentos tiene que ser una construcción como de telarañas, tan fina que sea transportada por las olas, tan firme que no sea desgarrada por el viento. El hombre, como genio constructor, se eleva de tales modos muy por encima de la abeja: ésta construye con cera que recoge de la naturaleza, él con la materia mucho más fina de los conceptos que primero tiene que fabricar de sí mismo. Es aquí muy de admirar - si bien, de ningún modo por su impulso hacia la verdad, hacia el conocimiento puro de las cosas. Si alguien esconde una cosa detrás de un matorral, después la busca de nuevo exactamente allí y, además, la encuentra, en esa búsqueda y en ese hallazgo no hay, pues, mucho que alabar: sin embargo, esto es lo que sucede al buscar y al encontrar la "verdad" dentro de la jurisdicción de la razón. Si doy la definición de mamífero y luego, después de examinar a un camello, digo: "Fíjate, un mamífero", no cabe duda de que con ello se ha traído a la luz una verdad, pero es de valor limitado, quiero decir que es antropomórfica de pies a cabeza y no contiene ni un solo punto que sea «verdadero en sí», real y universalmente válido, prescindiendo del ser humano. El investigador de tales verdades tan sólo busca, en el fondo, la metamorfosis del mundo en los hombres; lucha por una comprensión del mundo como una cosa de especie humana y se consigue, en el mejor de los casos, el sentimiento de una asimilación. De modo similar a como el astrólogo considera las estrellas al servicio de los hombres y en conexión con su felicidad y su desgracia, así considera un tal investigador al mundo entero como ligado a los hombres, como el eco infinitamente quebrado de un sonido primordial, el hombre, como la reproducción multiplicada de una imagen primordial, el hombre. Su procedimiento es: tomar al hombre como medida en todas las cosas, con lo cual, sin embargo, parte del error de creer que tiene esas cosas inmediatamente ante sí como objetos puros. Olvida, por lo tanto, las metáforas intuitivas originales en cuanto metáforas y las toma por las cosas mismas.”

Párrafo 9

El ojo de Dios

Los seres humanos sólo podemos vivir seguros en la realidad deformándo­la, moldeándola según nuestros intereses y, más aún: olvidándonos de que hemos enmascarado la auténtica realidad mediante metáforas que nos son útiles: "...gracias solamente a que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con alguna calma, seguridad...". Tenemos que ser conscientes de que otros seres vivos perciben la realidad de un modo distinto al nuestro captando, por ejemplo, colores o sonidos inaccesibles para nosotros: "...el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre". No es ni siquiera lícito preguntarnos por cuál de todas esas percep­ciones es la correcta pues ninguna de ellas lo es, ya que no hay un criterio que nos permita distinguirla. Todas y cada una dependen de una perspectiva, de un punto de vista diferente y tan valioso como cualquiera de los otros. A un gato, su manera de percibir el mundo le resultará la más valiosa, pues le es útil para manejarse en la vida. Lo mismo exactamente ocurre con nosotros.

Pero, ¿qué es una percepción correcta? Aquella en la cual el objeto perci­bido encuentra una expresión adecuada en el sujeto que lo percibe. Pero no existe ninguna percepción correcta, toda percepción es una interpretación por parte del sujeto que percibe, lo que implica una manipulación: "...entre dos esferas absolu­tamente distintas como el sujeto y el objeto no hay... ninguna exactitud. .. a lo su­mo... una traducción balbuciente a un lenguaje completamente extraño".

“Sólo mediante el olvido de ese primitivo mundo de metáforas, sólo mediante el endurecimiento y la petrificación de una masa de imágenes que brota originariamente en candente fluidez de la capacidad primordial de la fantasía humana, sólo mediante la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa, sean una verdad en sí, en una palabra, gracias solamente a que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con alguna calma, seguridad y consecuencia; si pudiera salir, aunque sólo fuese un instante, fuera de los muros de la cárcel de esa creencia, se acabaría en seguida su «autoconciencia». Ya le cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos concepciones del mundo es más correcta carece totalmente de sentido, puesto que para ello tendría que medirse con el criterio de la percepción correcta, esto es, con un criterio del que no se dispone. De todos modos, sin embargo, la percepción correcta -que sería la expresión adecuada de un objeto en el sujeto-, me parece un absurdo lleno de contradicciones: porque entre dos esferas absolutamente distintas como el sujeto y el objeto no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión sino, a lo sumo, un comportamiento estético, quiero decir, una extrapolación indicativa, una traducción balbuciente a un lenguaje completamente extraño. Para lo cual se necesita, en cualquier caso, una esfera intermedia y una fuerza mediadora que libremente poeticen e inventen.”

Contra el fenómeno

Así pues, ni siquiera la percepción sensorial nos puede mostrar nunca la auténtica realidad, sino una realidad ya deformada. Sólo así se explican las dife­rentes percepciones de los distintos seres vivos: "...no es verdadero que la esencia de las cosas se manifieste en el mundo empírico". Lo que ocurre es que al repetirse una y otra vez una misma percepción en presencia de un mismo estímulo tendemos a establecer un vínculo inquebrantable entre ambos y a pensar, equivocadamente, que nuestra percepción es un reflejo fiel de un cierto objeto que actúa como estí­mulo: "Incluso la relación de un estímulo nervioso con la imagen producida no es, en sí, necesaria; pero cuando la misma imagen se ha producido millones de ve­ces... entonces acaba por tener el mismo significado para el hombre que si fuese la única imagen necesaria". Razonamiento erróneo similar al utilizado en los proce­sos inductivos. Allí concluíamos, por ejemplo, que, porque el agua siempre ha her­vido al ponerla al fuego, lo mismo ocurriría necesariamente mañana si se repitiera la situación. Pero este paso es (como aclaró Hume en su crítica al concepto de causalidad) absolutamente injustificado por estar basado únicamente en nuestra costumbre de que las cosas han ocurrido siempre así.

Así pues, por mucho que se repita una metáfora, jamás podrá ser real, se­guirá siendo una metáfora: "...el endurecimiento y la petrificación de una metáfora no garantizan... ni la necesidad ni la legitimación exclusivas de esa metáfora.".

“La palabra fenómeno [Erscheinung] encierra muchas seducciones, por lo que hago todo lo posible para evitarla; porque no es verdadero que la esencia de las cosas se manifieste [erscheint] en el mundo empírico. Un pintor al que le faltaran las manos y que quisiera expresar por medio del canto la imagen que se le está formando revelará siempre en ese cambio de esferas todavía más de lo que el mundo empírico revela de la esencia de las cosas. Incluso la relación de un estímulo nervioso con la imagen producida no es, en sí, necesaria; pero cuando la misma imagen se ha producido millones de veces y se ha transmitido hereditariamente a través de muchas generaciones de seres humanos, manifestándose finalmente en toda la humanidad cada vez como consecuencia del mismo motivo, entonces acaba por tener el mismo significado para el hombre que si fuese la única imagen necesaria, como si esa relación de la excitación nerviosa originaria con la imagen producida fuese una estricta relación de causalidad; al igual que un sueño eternamente repetido sería captado por la sensación y juzgado como absolutamente real. No obstante, el endurecimiento y la petrificación de una metáfora no garantizan en modo alguno ni la necesidad ni la legitimación exclusivas de esa metáfora.

Párrafo 10

La ciencia.

Parece ser, pues, que la auténtica realidad, sea cual sea ésta, resulta ser algo radicalmente inaccesible para el ser humano, pues partimos ya de la base de que nosotros interpretamos ya esa realidad de un modo peculiar desde una cierta perspectiva (perspectivismo), desde la manera como están configurados nuestros órganos sensoriales. Sin embargo, frente a esta postura se encuentra la de aquellos que creen en el rigor de la ciencia y en que ésta nos desvela la existencia de unas leyes de la naturaleza que reflejan de un modo perfecto su funcionamiento: "Qué poco se parece esto a un producto de la fantasía: pues, si lo fuese, tendría que dar lugar a que se adivinase en alguna parte la apariencia y la irrealidad".

 “Ciertamente, todo hombre que esté familiarizado con tales consideraciones ha sentido una profunda desconfianza hacia cualquier idealismo de esta especie, siempre que por una vez se hubiese convencido claramente de la consecuencia, omnipresencia e infalibilidad eternas de las leyes de la naturaleza; y ha sacado esta conclusión: aquí, todo aquello en lo que penetramos, en las alturas del mundo telescópico y en las profundidades del mundo microscópico, todo es tan seguro, tan elaborado, tan infinito, tan regular y sin defectos; la ciencia tendrá que cavar eternamente con éxito en estos pozos y todo lo que encuentre estará en concordancia y no se contradirá. Qué poco se parece esto a un producto de la fantasía: pues, si lo fuese, tendría que dar lugar a que se adivinase en alguna parte la apariencia y la irrealidad.”

A priori

Pero, ¿qué son exactamente esas leyes de la naturaleza? Para los creyen­tes en el poder y en la veracidad de la ciencia, dichas leyes expresarían ciertas re­gularidades que se dan en el mundo real, (por ejemplo que Velocidad = Espacio / Tiempo). Sin embargo, Nietzsche cuestiona esta creencia ingenua: si nosotros tu­viéramos capacidades sensoriales distintas, entonces dichas regularidades no nos parecerían tales, o incluso construiríamos otras totalmente distintas: "...si nosotros mismos percibiésemos unas veces como un pájaro, otras como un gusano y otras como una planta... entonces nadie hablaría de tal regularidad de la naturaleza, sino que solamente la concebiría como una construcción altamente subjetiva".

Por eso, para Nietzsche, las leyes de la naturaleza expresarían en realidad el modo como nosotros la percibimos. Son, pues, más leyes nuestras (nosotros las creamos) que leyes de la naturaleza y poseen, por tanto, un carácter subjetivo: "...las producimos en nosotros y desde nosotros mismos...; si estamos obligados a concebir todas las cosas únicamente bajo esas formas, entonces deja de ser mara­villoso que... sólo concibamos en todas las cosas precisamente esas formas.".

Así, siguiendo el ejemplo anterior (V=E/T), ¿de dónde surge exactamente esa ley? De los conceptos de "velocidad", "espacio" y "tiempo", conceptos que, no hay que olvidar, son igual de metafóricos que cualquier otro concepto, y son pro­ducto de nuestra manera peculiar de interpretar la realidad. Es como el ejemplo del objeto escondido en el matorral del párrafo 8: nada tiene de maravilloso que V=E/T, pues tiene que ser necesariamente así tal y como nosotros hemos ido defi­niendo esos conceptos. Así se explica igualmente que, con la misma "necesidad", definamos el espacio como E=VxT, y el tiempo como T=E/V, pues, "...todas estas relaciones no hacen más que remitirse continuamente unas a otras...".

Ásí pues, esas leyes de la naturaleza sólo expresan la perspectiva desde la cual nosotros, de un modo completamente subjetivo, interpretamos la realidad. Sólo podemos captar esta realidad de un modo metafórico y siempre alejados, por las imposiciones de nuestra propia constitución, de una "auténtica realidad" que nos resultará en todo momento inapresable.

“Pero, por otro lado, cabría decir: que si nosotros tuviésemos una sensación sensorial que para cada uno fuese de especie diferente, si nosotros mismos percibiésemos unas veces como un pájaro, otras como un gusano y otras como una planta, o si uno de nosotros viese el mismo estímulo como rojo, otro como azul e incluso un tercero lo escuchase como sonido, entonces nadie hablaría de tal regularidad de la naturaleza, sino que solamente la concebiría como una construcción altamente subjetiva. Tras lo cual: ¿qué es para nosotros, en suma, una ley de la naturaleza? No nos es conocida en sí, sino solamente en sus efectos, es decir, en sus relaciones con otras leyes de la naturaleza que, a su vez, sólo nos son conocidas como relaciones. Por consiguiente, todas estas relaciones no hacen más que remitirse continuamente unas a otras y, en su esencia, para nosotros son incomprensibles por completo; de ellas tan sólo conocemos en realidad lo que nosotros aportamos, el tiempo, el espacio, es decir, relaciones de sucesión y números. Pero todo lo maravilloso que admiramos precisamente en las leyes de la naturaleza, aquello que reclama nuestra explicación y que sería capaz de seducirnos para que desconfiásemos del idealismo, justamente reside única y exclusivamente en el rigor matemático y en la inviolabilidad de las representaciones del tiempo y del espacio. No obstante, las producimos en nosotros y desde nosotros mismos con la misma necesidad con que la araña teje telarañas; si estamos obligados a concebir todas las cosas únicamente bajo esas formas, entonces deja de ser maravilloso que, hablando con propiedad, sólo concibamos en todas las cosas precisamente esas formas: pues todas ellas han de llevar en sí las leyes del número y el número es justamente lo más admirable en las cosas. Toda la regularidad que tanto respeto nos impone en las órbitas de los astros y en los procesos químicos coincide en el fondo con aquellas propiedades que nosotros aportamos a las cosas, de modo que, con ello, nos imponemos respeto a nosotros mismos. De esto resulta, en efecto, que esa artística creación de metáforas con la que comienza en nosotros toda sensación presupone ya esas formas, es decir, se realiza en ellas; sólo partiendo de la firme persistencia de estas formas primordiales se explica la posibilidad de cómo, posteriormente, debió de constituirse de nuevo, desde las metáforas mismas, el edificio de los conceptos. Pues éste es una imitación de las relaciones de tiempo, de espacio y de número sobre el suelo de las metáforas.”

 2

Párrafo 11

El columbarium

Así pues, la ciencia y el trabajo científico suponen un paso más en ese alejamiento de la realidad llevado a cabo continuamente por los seres humanos. El lenguaje había creado ya un mundo de conceptos ficticios necesarios para nuestro manejo de la realidad pero totalmente alejados de ésta. La ciencia, por su parte, crea todo un entramado de relaciones ficticias entre dichos conceptos, igual que las abejas rellenan los panales (metáfora de los conceptos lingüísticos) fijando, así, la ilusión de que esas relaciones son auténticas, que existen de verdad en la naturaleza y que expresan su funcionamiento.

“Como hemos visto, en el edificio de los conceptos trabaja originariamente el lenguaje, en épocas posteriores la ciencia. Y así como la abeja construye en las celdas y simultáneamente las llena de miel, así también la ciencia trabaja sin cesar en ese gran columbarium de los conceptos, necrópolis de la intuición, construye siempre nuevas y más elevadas plantas, apuntala, limpia y renueva las celdas viejas y, sobre todo, se esfuerza en llenar ese andamiaje aupado hasta la desmesura y en ordenar dentro de él todo el mundo empírico, es decir, el mundo antropomórfico.”

El investigador

Pero la supuesta verdad científica no es más que una entre otras muchas verdades, todas ellas igualmente válidas. Aunque la ciencia rechaza orgullosamente cualquier otra interpretación posible de la realidad, considerando la suya como la única válida: "...hay poderes terribles que permanentemente le acometen ya que, en contra de la verdad científica, presentan "verdades" de especie completamente diferente con las más diversas etiquetas". Mediante la creación de un mundo hecho a su imagen, y que obliga a los demás a compartir, el científico pretende protegerse del caos que es la realidad, y obtener un sentimiento de seguridad.

“Si ya el hombre que actúa ata su vida a la razón y sus conceptos para no ser arrastrado ni perderse a sí mismo, el investigador construye su cabaña junto a la torre de la ciencia para poder cooperar en su edificación y para encontrar él mismo protección bajo el baluarte ya existente. En efecto, necesita protección: pues hay poderes terribles que permanentemente le acometen ya que, en contra de la verdad científica, presentan "verdades" de especie completamente diferente con las más diversas etiquetas.”

Párrafo 12

Mito y Arte

El ser humano es un constructor de metáforas por naturaleza o, más bien, por una necesidad natural y vital, puesto que sin las metáforas que son comunes al lenguaje y a la ciencia no habría podido subsistir: "Ese impulso hacia la formación de metáforas en ningún momento se puede eliminar porque con ello se eliminaría al hombre mismo...". Pero este impulso instintivo a construir metáforas no se agota únicamente con el lenguaje y la ciencia, sino que encuentra un nuevo campo de expansión en el arte: "Dicho impulso se busca para su actividad un campo nuevo y un cauce distinto y los encuentra en el mito y, de modo general, en el arte".

El mundo del arte y el mundo de los sueños guardan, según Nietzsche, un alto número de similitudes, puesto que en ambos trastocamos el orden de las cosas que la ciencia nos ha enseñado a aceptar como normal. En ellos, creamos metáforas nuevas o cambiamos y mezclamos el significado de las que habíamos aprendido a utilizar de un único e inviolable modo: "...constantemente muestra el deseo de configurar el mundo existente del hombre despierto haciéndolo tan multicolor, irregular, inconsecuente, inconexo, encantador y eternamente nuevo como lo es el mundo de los sueños". El sueño y el arte coinciden en que ambos desgarran esos conceptos tradicionalmente usados en el lenguaje y la ciencia. Precisamente por ello pueden confundirse. De hecho, algunas obras de arte (cuadros de El Bosco, cuentos de Kafka), se han interpretado como el producto de una elaboración crea­dora a partir de lo soñado por el artista.

“La importancia dada al sueño y al arte por los antiguos griegos a través, por ejemplo, de los mitos que ellos crearon es una de las causas de la admiración de Nietzsche por aquella cultura. Como él mismo nos dice, un sueño, a fuerza de ser repetido constantemente, puede llegar a confundirse con la realidad: "...si todas las noches nos sobreviniese el mismo sueño, nos ocuparíamos de él exactamente tanto como de las cosas que vemos todos los días". Y esto es lo que ocurría en el mundo griego, donde el ciudadano corriente creía en la veracidad de los hechos fantásticos que relataban los mitos: "...y esto el honrado ateniense lo creía". 

Ese impulso hacia la formación de metáforas, ese impulso fundamental del hombre que en ningún momento se puede eliminar porque con ello se eliminaría al hombre mismo, no está en verdad dominado ni apenas domado por el hecho de que con sus evanescentes productos, los conceptos, se construya un mundo nuevo, regular y rígido, que es como una fortaleza para él. Dicho impulso se busca para su actividad un campo nuevo y un cauce distinto y los encuentra en el mito y, de modo general, en el arte. Constantemente confunde las rúbricas y las celdas de los conceptos introduciendo nuevas extrapolaciones, metáforas y metonimias; constantemente muestra el deseo de configurar el mundo existente del hombre despierto haciéndolo tan multicolor, irregular, inconsecuente, inconexo, encantador y eternamente nuevo como lo es el mundo de los sueños. En sí, ciertamente, el hombre despierto tan sólo tiene claro que está despierto gracias al rígido y regular tejido conceptual y, justamente por eso, llega a la creencia de que está soñando si, en alguna ocasión, ese tejido conceptual es desgarrado por el arte. Pascal tiene razón cuando afirma que, si todas las noches nos sobreviniese el mismo sueño, nos ocuparíamos de él exactamente tanto como de las cosas que vemos todos los días: «Si un artesano estuviese seguro de soñar todas las noches durante doce horas seguidas que era rey, yo creo -dice Pascal- que sería exactamente tan dichoso como un rey que soñase todas las noches durante doce horas que era artesano» La vigilia de un pueblo míticamente excitado, por ejemplo, la de los griegos más antiguos, es, de hecho, gracias al prodigio que constantemente se produce, tal y como el mito lo supone, más parecida al sueño que a la vigilia del pensador científicamente lúcido. Si cualquier árbol puede un día hablar como una ninfa o si un dios bajo la apariencia de un toro puede raptar doncellas, si la misma diosa Atenea es vista de repente en compañía de Pisístrato recorriendo los mercados de Atenas en un hermoso carro de caballos -y esto el honrado ateniense lo creía-, entonces, en cada momento, como en los sueños, todo es posible y la naturaleza entera ronda al hombre como si ella solamente fuese la mascarada de los dioses que no se tomase sino a broma el engañar a los hombres en todas las figuras.”

Párrafo 13

El espíritu libre

El hombre tiene una inevitable tendencia a dejarse engañar (el mundo de conceptos que ha construido mediante el lenguaje no es más que el resultado de dicha tendencia). Pues bien, el arte supone llevar al último extremo ese afán por dejarse engañar. De ahí el placer que extraemos al sumergirnos en una novela, una obra de teatro o una película, dejándonos engañar por ella y llegando a vivirla co­mo algo real (seguro que muchos hemos soltado una lagrimita viendo, por ejemplo, La vida es bella; y otros muchos, después de ver la última película de Van Damme, se han creído capaces de vapulear a patadas a todos los macarras de su barrio).

Es evidente que la inteligencia también tiene mucho que ver en la creación de estas obras artísticas, pero es una inteligencia usada de un modo distinto al usual: "El intelecto, ese maestro de la ficción, está libre y sin la carga de su ordi­nario servicio de esclavo...". En el lenguaje y la ciencia el lenguaje actuaba como un siervo que tenía que amoldarse a unas convenciones ya establecidas y de las cuales no podía escapar so pena de enfrentarse al rechazo social y la incompren­sión: "...de ordinario se esforzaba con la melancólica ocupación de mostrarle el camino y las herramientas a un pobre individuo que suspira por la existencia y como un siervo se lanzaba a conseguir para su señor presa y botín...".

Ahora, gracias al arte, la inteligencia pasa a actuar como señor: "...ahora se ha convertido en señor y le es lícito borrar de su semblante la expresión de in­digencia ". Es ella la que hace y deshace a su antojo, la que crea sin límites ni ba­rreras que la constriñan: "Con gozo creador arroja las metáforas sin orden ni con­cierto y cambia los mojones fronterizos de la abstracción... ". El ser humano es ahora dueño de lo que construye, y juega con los conceptos creando así la obra de arte: "Aquel gigantesco entramado y andamiaje de los conceptos... es para el in­telecto liberado, solamente un armazón y un juguete para sus más temerarias obras de arte".

Nietzsche, de este modo, ha ido introduciendo una distinción muy impor­tante, en la cual profundizará en el siguiente y último párrafo: la distinción entre hombre racional y hombre intuitivo. El primero sería el científico, pero también la mayoría de los seres humanos que en gran medida actuamos de acuerdo con normas, leyes y conceptos convencionalmente aceptados como válidos en nuestra sociedad. Este hombre racional se caracteriza, pues, por el uso de conceptos sin cuestionarse nunca su origen ni su validez. Frente a él, el hombre intuitivo, el ar­tista, el cual hace uso de sus intuiciones, y juega con ellas, y destruye y transforma los conceptos de los que el hombre racional se mostraba tan orgulloso. Para Nietzsche, los conceptos son inferiores a las intuiciones, entre otras cosas, porque los conceptos son construidos por los seres humanos a partir de nuestras intuiciones originarias, único modo válido (como recordaremos) de acercarnos (sólo acercar­nos) al conocimiento de la auténtica realidad. Intuición y abstracción son, para Nietzsche, enemigos naturales: "Ningún camino regular conduce de estas intuicio­nes al país de los esquemas fantasmales, de las abstracciones...". Por eso, también lo serán el hombre intuitivo y el hombre racional.

“Pero el hombre mismo tiene una invencible tendencia a dejarse engañar y está como mágicamente transformado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdaderos o cuando en una representación teatral el actor interpreta al rey más regiamente de lo que la realidad lo muestra. El intelecto, ese maestro de la ficción, está libre y sin la carga de su ordinario servicio de esclavo tanto tiempo cuanto puede engañar sin causar daño y, entonces, celebra sus Saturnales; nunca es tan exuberante, tan rico, tan orgulloso, tan ágil y tan temerario. Con gozo creador arroja las metáforas sin orden ni concierto y cambia de sitio los mojones fronterizos de la abstracción de tal manera que, por ejemplo, designa a la corriente como el camino móvil que lleva al hombre allí donde éste habitualmente llega andando. En esos momentos ha arrojado de sí el signo de la servidumbre: mientras que de ordinario se esforzaba con la melancólica ocupación de mostrarle el camino y las herramientas a un pobre individuo que suspira por la existencia y como un siervo se lanzaba a conseguir para su señor presa y botín; ahora se ha convertido en señor y le es lícito borrar de su semblante la expresión de indigencia. También ahora, lo que haga, todo conllevará, en comparación con sus acciones más primitivas, la ficción, como éstas conllevaban la distorsión. Copia la vida del hombre, pero la toma por una cosa buena y parece darse por muy satisfecho con ella. Aquel gigantesco entramado y andamiaje de los conceptos, aferrándose al cual el hombre indigente se salva de por vida, es, para el intelecto liberado, solamente un armazón y un juguete para sus más temerarias obras de arte: y cuando lo destruye, lo arroja sin orden ni concierto, o con ironía lo vuelve a componer, uniendo lo más diverso y separando lo más afín, entonces revela que no necesita de aquellos auxilios de la indigencia y que ahora no se guía por conceptos sino por intuiciones. Ningún camino regular conduce de estas intuiciones al país de los esquemas fantasmales, de las abstracciones: para aquéllas no está hecha la palabra, el hombre enmudece al verlas o habla solamente en metáforas prohibidas y en inauditas concatenaciones conceptuales con el fin de corresponder creativamente a la impresión de la poderosa intuición presente, al menos, destruyendo y burlándose de las antiguas barreras conceptuales.”

Párrafo 14

Racional vs intuitivo

Esta distinción entre hombre racional y hombre intuitivo que apuntábamos en el párrafo anterior es ahora analizada de un modo más profundo. Veamos las características que definen tanto a uno como al otro. Partiendo de que "ambos desean dominar la vida" podríamos señalar las siguientes diferencias:

a) Hombre racional: se definiría por su "precisión, prudencia y regulari­dad", características estas fruto de un uso repetido y constante de los conceptos mediante los que se fuerza esa regularidad en la Naturaleza (regularidad que no es real) para así poder conocerla y dominarla.

b) Hombre intuitivo: es como un niño que juega con las intuiciones y con­ceptos moldeándolos a su voluntad y creando de ese modo metáforas nuevas y personales: "...una dicha sublime y una serenidad olímpica y, por así decirlo, un jugar con la seriedad". De este modo disfruta de su creación y vive con mayor intensidad sus sentimientos, tanto de gozo como de sufrimiento: "Es cierto que cuando sufre, su sufrimiento es más intenso; y hasta sufre con mayor frecuencia porque no sabe aprender de la experiencia y una y otra vez tropieza en la misma piedra en la que ya tropezó". Por ello domina la vida: puesto que la vive y la siente de un modo mucho más intenso que el previsor y cerebral hombre racional, el cual le ha quitado su frescura y la ha encajonado en una celda de conceptos rígidos y fríos (aquel "columbarium").

Nietzsche identifica al hombre racional con el estoico, ese individuo que intenta negar sus propios sentimientos y emociones aceptando de un modo resigna­do las desgracias que le van acometiendo y sin encontrar, o bien la fuerza de vo­luntad necesaria para luchar contra ellas, o bien la capacidad de sentir el sufri­miento y la angustia de un modo tal que le haga gritar de dolor como le ocurre al hombre intuitivo: "...no presenta un rostro humano que se contrae y se altera sino, por así decirlo, una máscara con digna simetría en los rasgos, no grita, ni siquiera altera su voz". El hombre estoico es, así, el culmen del fingimiento, pues intenta engañar a sus propios sentimientos.

“Hay épocas en las que están juntos el hombre racional y el hombre intuitivo, el uno angustiado ante la intuición, el otro mofándose de la abstracción; este último es tan irracional, pues, como poco artístico el primero. Ambos desean dominar la vida: éste sabiendo afrontar las necesidades más esenciales mediante previsión, prudencia y regularidad, aquél sin ver, como un «héroe superalegre», esas necesidades y tomando como real solamente la vida fingida en apariencia y en belleza. Allí donde el hombre intuitivo, como, por ejemplo, en la Grecia más antigua, maneja sus armas de modo más potente y victorioso que su contrario, en circunstancias favorables puede formarse una cultura y fundarse el señorío del arte sobre la vida; esa ficción, esa negación de la indigencia, ese brillo de las intuiciones metafóricas y, en general, esa inmediatez del engaño acompañan a todas las manifestaciones de una vida así. Ni la casa, ni el paso, ni la indumentaria, ni el cántaro de barro revelan que la necesidad los inventó; parece como si en todos ellos debiera de expresarse una dicha sublime y una serenidad olímpica y, por así decirlo, un jugar con la seriedad. Mientras que el hombre guiado por conceptos y abstracciones únicamente con esta ayuda previene la desgracia, sin ni siquiera obtener felicidad de las abstracciones, aspirando a estar lo más libre posible de dolores, el hombre intuitivo, manteniéndose en medio de una cultura, cosecha a partir ya de sus intuiciones, además de la prevención contra el mal, una claridad, una jovialidad y una redención que afluyen constantemente. Es cierto que, cuando sufre, su sufrimiento es más intenso; y hasta sufre con mayor frecuencia porque no sabe aprender de la experiencia y una y otra vez tropieza en la misma piedra en la que ya tropezó. Además, en el sufrimiento es tan irracional como en la dicha, grita como un condenado y no encuentra ningún consuelo. ¡De qué forma tan diferente se mantiene el hombre estoico en idéntica adversidad, enseñado por la experiencia y dominándose a sí mismo mediante conceptos! É1, que de ordinario tan sólo busca sinceridad, verdad, librarse de engaños y protección ante sorpresas que cautivan, ahora, en la desgracia, lleva a cabo la obra maestra de la ficción, como aquél en la dicha; no presenta un rostro humano que se contrae y se altera sino, por así decirlo, una máscara con digna simetría en los rasgos, no grita, ni siquiera altera su voz. Cuando un genuino nubarrón de tormenta descarga sobre él, entonces se envuelve en su manto y se va bajo la tempestad a paso lento.”

 

EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

Texto:

 

Ciertamente, aquí se debe admirar al hombre como un poderoso genio constructor, que sobre fundamentos movedizos y, por así decirlo, sobre agua que fluye, consigue levantar una catedral de conceptos infinitamente complicada; claro, para encontrar apoyo en tales fundamentos tiene que ser una construcción como de telarañas, tan fina que sea transportada por las olas, tan firme que no sea desgarrada por el viento. El hombre, como genio constructor, se eleva de tales modos muy por encima de la abeja: ésta construye con cera que recoge de la naturaleza, él con la materia mucho más fina de los conceptos que primero tiene que fabricar de sí mismo. Es aquí muy de admirar - si bien, de ningún modo por su impulso hacia la verdad, hacia el conocimiento puro de las cosas. Si alguien esconde una cosa detrás de un matorral, después la busca de nuevo exactamente allí y, además, la encuentra, en esa búsqueda y en ese hallazgo no hay, pues, mucho que alabar: sin embargo, esto es lo que sucede al buscar y al encontrar la "verdad" dentro de la jurisdicción de la razón. Si doy la definición de mamífero y luego, después de examinar a un camello, digo: "Fíjate, un mamífero", no cabe duda de que con ello se ha traído a la luz una verdad, pero es de valor limitado, quiero decir que es antropomórfica de pies a cabeza y no contiene ni un solo punto que sea «verdadero en sí», real y universalmente válido, prescindiendo del ser humano. El investigador de tales verdades tan sólo busca, en el fondo, la metamorfosis del mundo en los hombres; lucha por una comprensión del mundo como una cosa de especie humana y se consigue, en el mejor de los casos, el sentimiento de una asimilación. De modo similar a como el astrólogo considera las estrellas al servicio de los hombres y en conexión con su felicidad y su desgracia, así considera un tal investigador al mundo entero como ligado a los hombres, como el eco infinitamente quebrado de un sonido primordial, el hombre, como la reproducción multiplicada de una imagen primordial, el hombre. Su procedimiento es: tomar al hombre como medida en todas las cosas, con lo cual, sin embargo, parte del error de creer que tiene esas cosas inmediatamente ante sí como objetos puros. Olvida, por lo tanto, las metáforas intuitivas originales en cuanto metáforas y las toma por las cosas mismas.

 

CUESTIONES

 

1.     Explica el concepto de verdad que hay en el texto.

2.     Explica la afirmación de Nietzsche “Olvida, por lo tanto, las metáforas intuitivas originales en cuanto metáforas y las toma por las cosas mismas”

 

Redacción: Crítica a la Razón, crítica a la Modernidad.

 

 

CUESTIONES

 

1. Nietzsche rompe con el concepto de verdad mantenido en toda la filosofía tradicional, según la cual ésta consiste en la correspondencia entre la realidad y su representación mental. Según el vitalismo nietzscheano, la realidad siempre es interpretada desde una determinada posición subjetiva, lo cual hace imposible el acceso objetivo a la verdad. La realidad, tal y como es en sí, no es cognoscible.

En esta etapa inicial de su pensamiento, Nietzsche está muy influido por el kantismo. Esto le hace reconocer el papel fundamental que juegan en el conocimiento de la realidad las categorías mentales, tales como el espacio y el tiempo. Según esto, lo único que conocemos de la realidad es lo que nosotros mismos ponemos en ella, tal y como ejemplifica Nietzsche con el caso del concepto de mamífero. La verdad, dirá Nietzsche, es “aquella especie de mentira que necesita una especie para vivir”. Con esto lo que pretende nuestro autor es denunciar los intereses vitales de supervivencia que están condicionando ocultamente todo el proceso de conocimiento de la realidad. Por lo único por lo que pensamos que cierta interpretación de la realidad es más correcta que otra es por que nos es más útil o conveniente para la vida. El vitalismo de Nietzsche hace que todo proceso cognoscitivo esté supeditado a las necesidades vitales. No hay manera de comprobar la verdad de una afirmación. La epistemología nietzscheana se reduciría a un mero utilitarismo.

La verdad sería, así pues, aquella interpretación de la realidad que nos es más útil para la vida, no habiendo otra manera de distinguirla de otras interpretaciones supuestamente falsas.

 

 

2. Con esta frase, Nietzsche nos quiere llamar la atención sobre el verdadero origen del conocimiento. Frente a la epistemología kantiana, según la cual la mente abstrae la esencia de los casos particulares, para Nietzsche no hay nada parecido a una esencia en la cosas. La mente no puede pasar de la intuición de los casos particulares. En un principio, estos son conocidos mediante metáforas, palabras que se asocian a diversos  fenómenos de la realidad. Más tarde, se borran las diferencias individuales que caracterizan a cada caso particular y se generaliza el uso de las metáforas a todos los casos particulares parecidos, quedando entonces subsumidos bajo el concepto.

Lo que ocurre es que terminamos por olvidar el verdadero origen metafórico de las palabras y los conceptos y llegamos a pensar que realmente estos conceptos están nombrando la esencia de los particulares a los que hace referencia.

Nietzsche recurre aquí a su método preferido de filosofar, el genealógico. Éste consiste en descubrir los verdaderos orígenes y motivaciones ocultas de las ideas que la filosofía tradicional siempre ha tenido como intocables, tales como el bien, la verdad, la esencia, etc.

En este caso Nietzsche destruye las pretensiones de la epistemología tradicional, desde Platón hasta Kant, pues la idea de concepto requiere la de esencia para tener cierto sentido. Y es precisamente esta esencia de las cosas la que Nietzsche está negando, afirmando que la realidad está compuesta de particulares irreductibles a ninguna conceptualización. El modo superior de conocimiento estará para Nietzsche en la intuición de los casos particulares, intuición que alcanza su cima en la actividad artística. 

 

REDACCIÓN

La filosofía de Nietzsche tiene lugar en las últimas décadas del siglo XIX, en plena efervescencia del movimiento positivista. La filosofía se encuentra en una situación donde la ciencia natural marca los modos adecuados y dominantes de conocimiento. Además, el reciente movimiento idealista culminado por Hegel lleva a su más alto grado la idea de una razón autosuficiente y abarcante de toda la realidad. Este es el escenario en que Nietzsche comienza su obra.

Su principal objetivo va a consistir en criticar la supuesta autonomía de la razón, haciendo ver todos los condicionantes vitales que afectan a esta. Para Nietzsche la categoría más fundamental es la vida, a cuyos intereses están sometidas todas las demás actividades humanas, ya sean la ciencia, la filosofía, el arte, la religión, etc. La razón, lejos de garantizar un conocimiento objetivo de la realidad, el papel que desempeña es el de conseguirnos una visión de ésta lo más confortable y atractiva posible para nosotros. Lo único que legitima la verdad es su conveniencia para la especie humana.

Desde este punto de vista, la ciencia, entendida como discurso que busca una estructura  ordenada y nomológica de la realidad, es criticable en la medida en que está suponiendo la posibilidad de conocer objetivamente dicha realidad. En verdad, según Nietzsche, no podemos pasar de la intuición directa de los casos particulares. No existen las esencias que fundamentan los conceptos. Lo importante son las características y diferencias peculiares de cada caso particular. El discurso científico funciona a base de negar y olvidar tales diferencias particulares. La ciencia violenta a la realidad unificando y homogeneizando a unos particulares que, en realidad, son diferentes entre sí. Además, como dice Nietzsche en la época en que escribe Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (muy influido por Kant), lo único de lo que estamos seguros es de lo que nosotros mismos ponemos en nuestro conocimiento de la realidad, es decir, nuestras categorías mentales, tales como espacio, tiempo, noción de causalidad, etc.   

A la filosofía tradicional le ocurre lo mismo que a la ciencia. Está basada en un concepto de Razón que olvida el carácter esencialmente individualista (compuesta por casos particulares) de la naturaleza. Los conceptos típicos de la filosofía, como alma, Dios,  o idea son inventados por la razón humana, que luego se autoengaña al pensar que los ha descubierto en la realidad, fuera de sí misma. La filosofía se equivoca si cree que el Ser es algo accesible a la razón humana. La realidad es de carácter dinámico, todo fluye y pasa. La realidad es un devenir que la mente humana es incapaz de apresar. Nietzsche cambia el concepto de Ser por el de Devenir, acentuando el carácter dinámico de la realidad. Ésta es caótica y cambiante, lo cual la hace inalcanzable para la ciencia y la filosofía.

El papel de la filosofía nietzscheana consiste en deshacer todos los malentendidos de la filosofía tradicional y desvelar los verdaderos orígenes y motivaciones que hay en la base de toda la cultura occidental. Para Nietzsche, esta cultura occidental que le toca vivir está en decadencia porque niega todos los valores vitales del ser humano. Por influencia del cristianismo, que es la bestia negra de Nietzsche, la moral occidental es una moral decadente que condena todo lo perteneciente a esta vida  terrenal y resalta la vida sobrenatural como la vida verdadera.  Esto es una moral de esclavos que hay que superar. Para Nietzsche los valores supremos son los que hacen afirmar la vida, el cuerpo, el placer y la creatividad. Nietzsche nos invita a recuperar una moral de señores, de fuertes, de los que se afirman a sí mismos y son capaces de aceptar y querer la vida tal y como es, alejados del resentimiento de los débiles.

Según Nietzsche en la Modernidad se ha caído en una etapa nihilista, en la que ya no se cree en nada, de la que sólo se sale aceptando la voluntad de poder como fundamento de todos los  valores. La figura del superhombre es creada por Nietzsche para representar la salida de todo el nihilismo pasivo de la Modernidad. El superhombre es aquel que acepta la realidad tal y como es, que se afirma a sí mismo y que crea los valores propios, aceptándolos como suyos y aceptando su propia capacidad creativa como el origen de todo lo válido.

EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

I. Texto

Como hemos visto, en la construcción de los conceptos trabaja originariamente el lenguaje; más tarde la ciencia. Así como la abeja construye las celdas y, simultáneamente, las rellena de miel, del mismo modo la ciencia trabaja inconteniblemente en ese gran columbario de los conceptos, necrópolis de las intuiciones; construye sin cesar nuevas y más elevadas plantas, apuntala, limpia y renueva las celdas viejas y, sobre todo, ser esfuerza en llenar ese colosal andamiaje que ha apilado y ordenar dentro de él todo el mundo empírico, es decir: el mundo antropormófico. Si ya el hombre de acción ata su vida a la razón y a los conceptos para no verse arrastrado y no perderse a sí mismo, el investigador construye su choza junto a la torre de la ciencia para poder servirle de ayuda y encontrar él mismo protección bajo ese baluarte ya existente. De hecho necesita ayuda, puesto que existen fuerzas terribles que constantemente le amenazan y que oponen a la "verdad" científica, "verdades" de un tipo completamente diferente con las más diversas etiquetas.

Ese impulso hacia la construcción de metáforas, ese impulso fundamental del hombre del que no se puede prescindir ni un solo instante, pues si así se hiciese se prescindiría del hombre mismo, no queda en verdad sujeto y apenas si domado por el hecho de que con sus evanescentes productos, los conceptos, resulta construido un nuevo mundo regular y rígido que le sirve de fortaleza. Busca un nuevo campo para su actividad y otro cauce y lo encuentra en el  mito y, sobre todo, en el arte. Confunde sin cesar las rúbricas y las celdas de los conceptos introduciendo de esta manera nuevas extrapolaciones, metáforas, y metonimias; continuamente muestra el afán de configurar el mundo existente del hombre despierto, haciéndolo tan abigarradamente irregular, tan inconsecuente, tan inconexo, tan encantador y tan eternamente nuevo, como lo es el mundo de los sueños. En sí, ciertamente, el hombre despierto solamente adquiere conciencia de que está despierto por medio del rígido y regular tejido de los conceptos y, justamente por eso, cuando en alguna ocasión un tejido de conceptos es desgarrado de repente por el arte llega a creer que sueña. Tenía razón Pascual cuando afirmaba que si todas las noches nos sobreviniese el mismo sueño, nos ocuparíamos tanto de él como como de las cosas que vemos cada día: "Si un artesano estuviese seguro de que sueña cada noche, durante doce horas completas, que es rey, creo, dice Pascual, que sería tan dichoso como un rey que soñase todas las noches durante doce horas que es artesano". La diurna vigilia de un pueblo míticamente excitado, como el de los antiguos griegos es, de hecho, merced al milagro que se opera de continuo, tal y como el mito supone, más parecida al sueño que a la vigilia del pensador científicamente desilusionado. Si cada árbol puede hablar como una ninfa, o un dios, bajo la apariencia de un toro, puede raptar doncellas, si de pronto la misma diosa Atenea puede ser vista en compañía de Pisístrato recorriendo las plazas de Atenas en un hermoso tiro -y esto lo creía el honrado ateniense-, entonces en cada momento, como en sueños, todo es posible y la naturaleza entera revolotea alrededor del hombre como si solamente se tratase de una mascarada de los dioses para quienes no constituirá más que una broma el engañar a los hombres bajo todas las figuras.

F. NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, cap. 2.

I. Cuestiones

1.    Analice el/la alumno/a el significado que tienen en el texto los conceptos de "verdad" y "metáfora".

En este fragmento de Sobre verdad y mentir en sentido extramoral pretende Nietzsche establecer una clara diferencia entre dos modos diferentes de enfrentarse al mundo: el del concepto, representado por el científico, el filósofo, el hombre que se deja dominar por la razón, la lógica; y el mundo de la metáfora, el arte, el sueño, un mundo que refleja la variable y poco nítida realidad en la que vivimos inmersos como en un sueño.

      El concepto verdad, al igual que la metáfora es el producto de la creación humana en un mundo que no se deja apresar, un mundo de cambio continuo, abierto, un mundo nada distinto al de los sueños y en el que, como en la mitología de los antiguos griegos, todo es posible. Pero la metáfora, impulso natural del hombre, esa tendencia a crear sueños, a interpretar, a construir metáforas, metonimias,  entender el mundo como algo siempre nuevo, inconexo y variable, es pronto olvidada por el hombre de la ciencia, el constructor de conceptos. El concepto supone una construcción human, pero esta vez con ansias y pretensiones de verdad. Como la abeja, el hombre rellena  de contenidos sus conceptos y las convierte en un columbarium, en una necrópolis, borra el dinamismo natural de la creación, crea palabras muertas, vacías, que no reflejan el mundo. Y pretende con ello reflejar la realidad, contactar con el mundo, extraer la esencia, reflejar una verdad. Ese es el producto de la razón, tan evanescente como la metáfora pero con pretensiones de solidez.

      Por tanto el término metáfora se ajusta al producto del hombre auténtico, del artista creador, que no violenta la realidad ni pretende acceder a su verdad, que respeta el carácter variable del mundo, que es capaz de soñar, de crear, de interpretar, un hombre abierto al devenir.

      Por el contrario, el término verdad a lude a la pretensión del hombre occidental especialmente, a  partir de Platón, de entender la realidad como poseedora de una esencia oculta una cualidad que solo la razón puede encontrar. Y una vez encontrada queda fijada como un concepto, una ley invariable. Se construye una realidad, producto de la razón y se toma esta como la esencia, la verdad del cambiante mundo. Con ello se ha eliminado lo único que tenemos: una realidad viva, variable, inaprensible.

2.    Explique el/la alumno/a las razones por las que Nietzsche afirma que Pascal tiene razón al escribir: "Si un artesano estuviese seguro de que sueña cada noche, durante doce horas completas, que es rey, creo que sería tan dichoso como un rey que soñase todas las noches durante doce horas que es artesano."

Todo los productos de la razón human no son sino producciones humanas, creaciones, respuestas ante el caos, el devenir del mundo en que vivimos, pero tal y como dice Nietzsche en este fragmento de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, existen ficciones a las que se le da una entidad diferente. Son meros productos de la razón que ha olvidado que somos algo más que eso, seres racionales pero también creadores, artistas, vivos.

      En el texto intenta explicarnos Nietzsche como el hombre sueña su ficción y de tanto soñarla, la toma por real. Acostumbrados a soñar durante siglos los mismos conceptos, las mismas leyes que hemos aplicado a la naturaleza, hemos olvidado que eran un sueño y las hemos tomado por realidades. No hay mayor diferencia entre sueño y realidad, porque la realidad es igual de caótica y desordenada que el sueño; pero el mundo de los conceptos ha elevado  su propia ficción a la categoría de verdad y de tanto hacerlo, la ha tomado por tal. La supuesta verdad occidental es solo una ficción, que con el uso, se ha convertido en una verdad a la que estamos tan acostumbrados que se nos ha olvidado su origen. Así no habría mayor diferencia entre algo soñado durante la mitad de las horas e nuestros días y lo que ocurriese durante el resto de horas; si, como en el ejemplo, se invirtiera y lo que tomamos como suceso en la vigilia, fuese en este caso soñado y viceversa.

      Este engaño se produce de hecho, cuando el hombre asienta sus verdades en teorías racionales. Son tan rígidas y estructuradas, han construido tan bien la seguridad de ser realidades, verdades, que cuando el mito inventa, recrea, cuando el arte imagina, crea, produce, es entonces  cuando decimos que soñamos sin ser conscientes de que nuestras supuestas verdades científicas no distan mucho de ser un sueño; una ficción más, una interpretación de las muchas posibles, del mundo que vivimos.

I. Redacción:

Arte y ciencia en Nietzsche.

Arte y ciencia, conceptos totalmente contrapuestos en la filosofía de Nietzsche. Ambos representan ficciones producto de dos modelos contrapuestos de  interpretar el mundo: el del artista creador, el auténtico hombre, el que afirma la vida, es capaz de aceptar el devenir y el caos sin orden ni lógica; y el del hombre racional, el pasivo, el que acepta, asume la tradición, hace suya la creación ajena, eleva las evanescentes metáforas a la categoría de conceptos. Ha dejado de crear, ha falsificado la vida y ha tomado su ficción por real. Esta misma característica la comparten el hombre de ciencia, el filósofo, la moral, el sacerdote y toda otra expresión de la razón omniabarcante que sirve de modelo totalizador a la cultura occidental, partiendo ya del hecho de que el propio lenguaje, a l elevar las metáforas a categoría de conceptos ha supuesto una falsificación de la realidad, ha invertido los términos y ha tomado  por más real la ilusión que la cosa misma representada por ella.

            Dos conceptos clave en la obra de Nietzsche que representan dos modelos de entender el mundo: aquel que está criticando  y el que propone como alternativa.

            Nietzsche, influido en gran medida pro el romanticismo supone una llamada de atención a ese mudo olvidado, el de la creación el del arte. Se ve llamado a recuperar de nuevo la importancia de los sentimientos y las emociones como algo tan importante en el ser humano como la razón misma.

            Nietzsche, consciente de la gran falsificación de la realidad que ha hecho la filosofía a lo largo de los siglos y que ha continuado, en distintas versiones, el producto de la razón generando desde ciencias hasta teorías morales, religiones, leyes o incluso palabras; pretende hacernos descubrir, a partir de un estudio esencialmente genealógico, como las cosas fueron muy distintos en su origen. Su formación de filólogo le permite retrotraerse a la época de los griegos, antes de Platón, una civilización llena de mitos y en la que las fuerzas  de la razón, lo estático, el orden, representadas por el dios Apolo; estaban en equilibrio con las de de los sentimientos, el caos, la diversión, la embriaguez, el dios Dionisos. Ambos eran esenciales en la vida del griego y, además, ninguno era superior al otro. La religión era una vía de escape un modo de exculparse de los males del mundo. Los dioses eran culpables de loas desgracias y de esa forma los hombres no cargaban sobre si el sentimiento de culpa.

            Pero con Sócrates y, especialmente a partir de las teorías de Platón, se inicia el gran error de la humanidad. Platón divide el mundo en dos mitades: aquella que conserva la verdad, la esencia, lo racional. Un mundo eterno, verdadero, inmóvil, cargado de la esencia y la razón de ser de todo lo que nos rodea. Otro mundo físico, variable, engañoso, falso, el mundo de los sentidos. Y lo peor no es el hecho de dividir sino el de jerarquizar, porque a partir de Platón la  única auténtica y verdadera  realidad es aquella que representa el mundo de la razón, el de los conceptos, verdades, estático, eterno y universal. En nombre de esta verdad se desdeña todo aquello que no es razón en el hombre. Se eleva la razón, el concepto a la categoría de verdad. El hombre racional es el modelo deseable, mientras que el hombre sensible, creador, emotivo, aquel que aprecia los instintos y las emociones; es falso, engañoso. La razón vence a las pasiones. El hombre se reduce a la mitad de su ser. Apolo vence a Dionisos, se rompe el equilibrio y comienza la gran falsificación: El resto de la historia de la filosofía es solo una prolongación de esta inicial ficción que afecta, además no solo a la filosofía sino a todos los ámbitos de la vida. La moral invierte los términos bueno y malo, pasando a designar como bueno a la obediencia, a la esclavitud, a la rigide3z, a la ausencia de creación, a la racionalidad. El malo será el cruel, violento, esclavo de sus emociones, físicamente activo, fuerte, cruel. Así, también la religión, siguiendo el modelo platónico copia la división en dos mundos. El dios ya no es un ser caprichoso sino racional, no es un ser culpable, sino infinitamente bueno, un ser que contempla la debilidad de su creación, culpable de todos los males que acontecen. El hombre es atormentado por el sentimiento de culpa y reniega de todo aquello que es: la naturaleza le ha hecho fuerte, instintivo, irracional en gran medida, pero es castigado por su dios que le exige obediencia, resignación, racionalidad, moderación. Nada más contrario a la verdadera naturaleza el hombre fuerte. Nietzsche no está de acuerdo con las tesis evolucionistas de Darwin ya que han vencido en la lucha por la existencia no lo fuertes sino los hombres débiles.

            Centrándonos en lo términos objeto de la disertación, diremos  que la ciencia es la más reciente manifestación de esta falsificación de la realidad. La ciencia eleva su metáfora a una verdad. El hombre, incapaz de soportar la constante variación del mundo, la inestabilidad del mundo que nos rodea, la incapacidad de asumir que cada día la realidad es diferente y no nos vales las mismas metáforas para siempre; inventa un mundo completo de regularidades, de seguridades, un refugio en el que encontrar algo de paz y cobijo. Inventa los conceptos como algo estático, inventa las leyes universales, necesarias. Y no se da cuenta,  que tal y como ya anunciara Kant en su Crítica de la razón pura, nos hemos limitado a crear una red de teorías sobre la realidad en torno a nuestros propios productos mentales. Sólo existen regularidades en nuestra razón, pero creemos rellenar nuestras propias estructuras con los datos de la experiencia. Creemos encontrar en la naturaleza lo que nosotros previamente hemos puesto en ella. Los conceptos no son sino creaciones y son coherentes entre sí pero nada dicen de la realidad. Son una ficción más. El lenguaje humano generó palabras ante las imágenes que excitaban nuestros sentidos mediante impulsos nerviosos. Dio respuestas variables, abiertas. Las primeras palabras eran metáforas, pero pronto, el hombre ávido de seguridad, débil e incapaz de asumir su capacidad creadora, mediante un pacto gregario, similar al propuesto por Rousseau y Hobbes, decidió fijar el significado de las cosas, decidió llamar igual a cosas distintas. El concepto hoja, por ejemplo, pasó a designar infinidad de hojas diversas, que nada tienen sino su autenticidad, que no se entienden si no es viviéndolas. El concepto pasó a designar cosas diversas y prefirió no respetar la diferencia. De ese modo la realidad se simplificaba, la metáfora se desgastaba y perdía su sentido original. Y la ciencia es la máxima creador a de conceptos. Elabora toda una catedral de conceptos que no se asienta sino sobre la bruma. Por eso está tejida con algo evanescente como la tela de araña. El hombre saca d sí elementos de su razón y con ellos construye sobre la inestabilidad del devenir conceptos y conceptos, una red de relaciones que es coherente entre sí, dando la apariencia de una perfecta y completa realidad. Pero esas leyes solo son verdades si remitimos una a la otra porque nada tiene que ver con la realidad. Así es nuestra ciencia, una ficción, un mito, elevado a la categoría de verdad.

            Nietzsche nos quiere hacer consiente de este hecho.  Una vez descubierto que nuestra ficción es una más y que s u pretensión de verdad es una mera ilusión, llegamos a la conclusión de que todos los valores sobre los que se asienta la cultura occidental no son sino eso, ficciones. Descubierto eso, el hombre camello, acostumbrado a cargar en sus espaldas con todo el peso, se transforma en un nihilista, pues nada de esa ciencia queda en pie. Pero tanto tiempo de  animal de carga le hace difícil recuperar su capacidad creadora, su impulso natural a la creación de ficciones. Por eso aún queda un largo trecho por recorrer al hombre occidental hasta que descubra este la necesidad de enfrentarse al mundo como un artista y no como un científico. Dios debe morir y con Dios se refiere Nietzsche no sólo al Dios de la religión, ya que Nietzsche, en gran parte influido por el materialismo, es ateo, sino a cualquier ente que se ponga por encima del hombre, que pretenda subyugarlo y dominarlo, que lo convierta en siervo. El hombre ha de continuar transformándose y ha de devenir niño. Niño inocente y creador, juguetón, un niño que disfruta con lo que hay, que no se plantea la necesidad de estabilidades, que vive el hoy no el mañana, capaz de crear, de decidir. Así se llegará a la llegada del superhombre preconizada pro Zaratustra: un nuevo hombre: el artista, un hombre intuitivo y no racional, un hombre capaz de sentir tanto el palcer como el dolor, capaz de vivir sin ficciones estabilizadoras, un hombre creador de sueños, de mitos, un hombre para el que todo es posible, que ha recuperado en su ser las fuerzas dionisiacas y la s acepta como suyas. El hombre de la voluntad de poder, de vivir, de aceptar la vida sin mutilarla,  capaz de  ser tanto razón como pasión, instinto. Es el nuevo ser que crea ficciones pero sabe que lo son, que crea religiones para aliviarse y no para torturarse, que las cambia a su antojo cuando lo cree necesario, capaz de imponer su voluntad y no de someterse a la del concepto o la ley muerta y estática.

            Así, el modelo de artista, el arte como potenciador de la metáfora frente al concepto, el creador frente al científico; es el que Nietzsche acepta como su propuesta positiva y que nos deja claro que no hay una solo interpretación válida porque el arte está abierto a las interpretaciones y al goce estético. El arte permite crear siendo conscientes de que se está creando y, además y lo más importante, nos permite destruir para seguir creando, porque sin la destrucción no hay nueva creación posible. Eso, en definitiva, ha supuesto la filosofía de Nietzsche: una destrucción de antiguos valores y creencias que ha de dejar paso a la creación. No podemos negar a Nietzsche el haberse anticipado a nuestro siglo y el haber preconizado las consecuencias de las andaduras de la razón omniabarcante: la necesidad de estar abiertos a una pluralidad de perspectivas sobre la realidad.

NIETZSCHE Y LA MÚSICA

NIETZSCHE Y LA MÚSICA

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ES INTERESANTE COMPARARLO CON PLATÓN Y LA MÚSICA

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El lenguaje es, en origen, gesto, grito, celebración del mundo, no viene del intelecto sino del cuerpo, del músculo entregado al ritmo: la danza es el más remoto antepasado de la gramática.

Las palabras pierden pie en el mundo y se elevan, llevadas por el viento de la abstracción hacia el concepto, luego hacia el juicio, y de ahí, hacia el discurso metafísico o moral y hacia el sistema, donde toda la fuerza de la primera descarga nerviosa se ha perdido, donde la representación se ha convertido en desnaturalización y ocultamiento. La gramática no nos conecta con el mundo, antes bien, se interpone entre el mundo y nosotros. Mezcla el ser y la nada, nos conmina a pensar el ser en una gradación y a buscarlo en las profundidades, abandonando la superficie, renunciando a las apariencias, que es lo único que nos viene atestiguado por la confianza ingenua en los sentidos. Nos sumerge así en un paisaje subyacente de esencias inmutables que es mera ficción, pues los sentidos son los garantes de la única realidad: el devenir, el cambio, el movimiento. "El arte contiene la alegría de despertar la creencia en las superficies",

En 1881, Nietzsche escucha "Carmen" por vez primera en el Teatro de Génova. El efecto que le produjo fue el de un verdadero terremoto interior. "¡Hurra amigo! –escribe a Peter Gast al día siguiente de la representación- De nuevo he tenido la revelación de una bella obra, una ópera de George Bizet (¿quién es?): Carmen sonaba como un cuento de Merimée, inteligente, fuerte, totalmente conmovedora. Un talento auténticamente francés de ópera cómica, al que Wagner no ha desorientado". Los elogios hacia la música de Bizet irían a partir de ese momento en aumento. "Esta música me parece perfecta. Se mueve con ligereza, con flexibilidad y gracia. Es amable, no produce sofocos. Lo que es bueno es ligero, toda cosa divina se mueve con pies delicados , esta es la primera proposición de mi estética", nos dice Nietzsche en "El caso Wagner".

Lo griego es el fruto del choque espiritual entre dos principios antagónicos: lo apolíneo y lo dionisíaco. Lo apolíneo es el reino del equilibrio, de la mesura, de la consciencia y de la proporción. Tiene un ámbito fundamentalmente espacial y por ello, su expresión natural está en la arquitectura y la escultura. Lo dionisíaco es el mundo tenebroso de las pulsiones inconscientes, las fuerzas ocultas e innominadas, la turbulencia y la desmesura de lo instintivo. Tiene un ámbito fundamentalmente temporal y su expresión natural está en la música.

A principios de 1872 ve la luz la primera edición de "El origen de la tragedia en el espíritu de la música". El prólogo dedicado a Richard Wagner, anuncia ya que el espíritu del músico estará presente en toda la obra. "A esos músicos genuinos es a quienes yo dirijo la pregunta de si pueden imaginarse un hombre que sea capaz de escuchar el tercer acto de Tristán e Isolda sin ninguna ayuda de palabra e imagen, puramente como un enorme movimiento sinfónico, y que no expire, desplegando espasmódicamente todas las alas del alma. Un hombre que, por así decirlo; haya aplicado, como aquí ocurre, el oído al ventrículo cardiaco de la voluntad universal…"

La música es el rumor cósmico primigenio (aquí, sin ningún eco pitagórico), el lenguaje de la connotación ilimitada que nos pone en contacto con lo Uno. Lo Uno se despedaza en lo múltiple debido al principio de individuación. Ese despedazamiento produce dolor, la vida es fundamentalmente dolor. El artista apolíneo escapa del sufrimiento mediante la eternización de la apariencia en imágenes, en símbolos. Pero sólo la muerte, sólo la aniquilación individual, sólo la restitución de lo Uno supone la liberación definitiva. Tal es el sentido de las palabras de Sileno a Midas en la cita de Apolodoro: "Estirpe miserable de un día, hijos del azar y de la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti morir pronto".

El artista dionisíaco, el músico, entra en contacto con esa unidad primigenia y acerca su oído a los espantos y a los gozos de la existencia, a la eternidad terrible e inocente del devenir, a la vida que se afirma desde siempre y para siempre en la individuación y en la muerte, sin culpa ni redención. "Lo bello" es aquí una categoría estética absolutamente distinta de "lo bello" en las artes plásticas y, desde luego, se acerca más al significado de "lo sublime" en sentido kantiano: "lo bello es el sentimiento estético de la forma, de lo finito; lo sublime es el sentimiento estético de lo informe, de lo infinito"

La tragedia griega nace de esa experiencia dionisíaca. El coro trágico no se añade a ella como un aditamento, ni mucho menos como un "espectador ideal" según la teoría de Schlegel. Lo sustantivo de la tragedia ya estaba en el coro de sátiros cuando no había escena, sino sólo embriaguez y ritmo. "Hemos de concebir la tragedia griega –dice Nietzsche- como un coro dionisíaco que una y otra vez se descarga en un mundo apolíneo de imágenes".

Con Sófocles ya comienza la disolución de la visión trágica de la existencia. Con Sócrates y la comedia ática se produce la perversión definitiva. Desde entonces el arte y la filosofía se ocuparon de abrazar, en círculos concéntricos cada vez más amplios, el mundo de las apariencias. La historia de la cultura occidental ha sido un error mantenido y prolongado. Nuestra modernidad no es muy diferente de la que vivió el hombre alejandrino. Mantiene, esencialmente, las mismas actitudes: "… el combatir la sabiduría y el arte dionisíacos, el intentar disolver el mito, el reemplazar el consuelo metafísico por una consonancia terrenal, e incluso por un deus ex machina propio, a saber, el dios de las máquinas y los crisoles, es decir, las fuerzas de los espíritus de la naturaleza conocidas y empleadas al servicio del egoísmo superior, el creer en una corrección del mundo por medio del saber, en una vida guiada por la ciencia, y ser también realmente capaz de encerrar al ser humano individual en un círculo estrechísimo de tareas solubles…"

Ramon Vinay y Martha Mödl: escena del Acto III de Tristán e Isolda, Wagner. New York Philharmonic. Dirige: Leonard Bernstein. 1958.

 

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EXPLICACIONES A SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL

EXPLICACIONES A SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL

SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL

Nietzsche anticipa un tratamiento del problema de la verdad y la mentira no referido al comportamiento consciente del ser humano, y por tanto a su sentido moral, sino al papel que pueden jugar los conceptos y el mismo lenguaje al depender también de necesidades profundas e inconscientes del ser humano.  ¿De dónde surge la necesidad de hablar de “la verdad”?, ¿Por qué querer fijar nuestras opiniones, darles objetividad, realidad a través de esa chincheta que es la verdad?. Quizás lo que oculte tal concepto sea la búsqueda de la imposición de nuestras creencias, nuestra inseguridad ante ellas...

 

¿Qué es la realidad y cómo se puede conocer o "captar"?

Se esbozan temas fundamentales de la filosofía nietzscheana:

  1. La "vida" como fondo originario y profundo del que surge todo lo concreto e individual (y cambiante) Mirando el fuego heraclíteo con sus formas individuales, cambiantes y efímeras podemos intentar comprender la unidad profunda de las cosas.
  2. El "arte" como la mejor forma para interpretarlo, en lugar de la ciencia o la filosofía.
  3. La "intuición" como método de comprensión de la "vida" que no puede ser captada por la razón (no es posible la captación conceptual de la misma como nos es posible bañarse dos veces en el río heraclíteo)

 

¿Qué es la realidad?:

La vida que se expresa como:

 

Lo dionisiaco

 

Lo apolíneo

Modo de acceso o interpretación:

El arte

La ciencia, la filosofía

Modo de compresión:

La intuición

El concepto

 

Lo apolíneo y lo dionisiaco.

La cultura griega ha sido conducida por dos fuerzas estéticas que:

  1. Se combaten mutuamente, pero que
  2. No pueden existir la una sin la otra. (tal como los opuestos heraclíteos)

El punto culminante de la grandeza griega se sitúa en la tragedia que supone la fusión de estas dos fuerzas estéticas. Éstas son:

 

Fuerzas estéticas

Lo "apolíneo"

Lo "dionisiaco"

Religión de la que procede:

Religión olímpica

Religiones esotéricas: Misterios de Eleusis y el orfismo

Divinidad en que se inspira:

Apolo: es el dios de la belleza, el sol, la luz.

Dionisos: es el dios de la vegetación, espíritu de la savia de las plantas y del jugo de los frutos del vino y la fecundidad animal. En su honor se celebran orgías en los ritos de las Bacantes. Es el dios Baco de los romanos.

Representa:

El orden, la medida, el límite, el equilibrio, el control, la cultura y la civilización. Los sueños.

El principio de individuación.

La desmesura, la embriaguez mística, la aniquilación de la conciencia personal, el flujo profundo de la vida misma que rompe barreras e ignora todas las limitaciones. El descontrol, el primitivismo y la naturaleza.

Refleja la unidad primordial de todo por encima del principio de individuación.

Arte arquetípico

La escultura (límite, definida en sus contornos)

La música (indefinida e ilimitada)

En la tragedia representada por

La escenificación (forma escultórica)

El coro (la voz anónima del destino, la vida, etc.)

 

 Sobre el origen de tal dualidad.

Según Nietzsche "El griego conoció y sintió los horrores y espantos de la existencia, la carencia de sentido simbolizada por la legendaria sabiduría del sátiro Isleño: “Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable: no haber nacido, no ser, ser nada; y lo mejor en segundo lugar es morir pronto”"

Para poder vivir venciendo este doloroso saber (visión trágica de la existencia) los griegos crearon los dioses olímpicos, viviendo la vida ellos mismos es como justifican la vida humana. Éstos acentúan el principio de individuación frente al fondo uniforme de la vida.

De esta manera Apolo y la religión olímpica representan la forma primitiva de superación de los poderes titánicos de la Moira (el destino) que doblegaba la existencia de los seres humanos. Así significa el límite, la armonía, el equilibrio pero en el ámbito individual: El autodominio.

Pero en los griegos también hay una cierta pulsión de retorno, de regresar al origen.

De esta manera Dionisos y las fiestas báquicas representan lo amoral, la desmesura. Simbolizan la nostalgia y la regeneración mística de la primitiva comunión entre los seres humanos y la naturaleza: El descontrol.

El sentido de lo trágico: el valor "comprensivo" de la tragedia.

La tragedia ejemplifica la verdadera naturaleza de la realidad:

  1. La tragedia como llave de comprensión. Lo trágico es un principio cósmico. El mundo es un juego trágico (lucha entre Apolo y Dionisos) y la tragedia es la llave de comprensión del mismo, revela la unidad de todo lo existente.
  2. La sabiduría trágica: la lucha entre el fondo originario del cual todo emerge y todo devora y el principio de individuación. La filosofía es sabiduría trágica: una mirada que penetra en la lucha originaria de los principios antagónicos de Apolo y Dionisos, visión de la batalla entre el fondo vital uniforme, que engendra todo y devora todo, y el reino luminoso de las figuras estables, la lucha eterna entre unidad e individualidad.

El mundo como "juego trágico".

La visión trágica del mundo nos lo representa como una realidad en la que vida y muerte, nacimiento y decadencia de lo finito se entrelazan, porque son sólo aspectos de una y la misma ola de la vida. Donde la vida, en su devenir, es el resultado de la lucha, la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisiaco.

Nietzsche identifica a Dionisos como el fondo originante del mundo, la vida misma, con la voluntad de Schopenhauer y posteriormente con "la voluntad de poder".

 


El giro socrático de la filosofía griega: El hombre intuitivo y el hombre racional.

La oposición entre lo socrático y lo dionisíaco.

A partir de 1.886, aproximadamente, Nietzsche reduce el antagonismo entre lo apolíneo y lo dionisíaco a una unidad coherente quedando lo apolíneo como un momento de lo dionisíaco, y pasando a ser el socratismo el fenómeno contrapuesto a lo dionisíaco.

F Le interesa más resaltar más otra oposición entre dos modos de intentar comprender la realidad.

                        LO DIONISÍACO                                        LO SOCRÁTICO

               (Lo apolíneo + lo dionisíaco)

F Con la racionalidad socrática llegará, según Nietzsche, la decadencia de la cultura griega y de la auténtica filosofía y comienza la época de la razón y el hombre teórico.

F El ERROR está en sustituir:

a) la forma intuitiva de "comprensión" de la vida (la tragedia), por

b) la forma conceptual de "comprensión": el discurso racional, lógico, abstracto, teórico.

Las oposiciones serían:

 

Lo dionisíaco

Lo socrático

LA TRAGEDIA

SÓCRATES / PLATÓN

Forma intuitiva

Forma conceptual

Forma artística

Forma científica

INTUICIÓN

CONCEPTO

 

La oposición entre la forma intuitiva (artística) y la forma conceptual (racional) de comprensión de la realidad.

Nos situamos en la teoría del conocimiento de Nietzsche y nos preguntamos ¿cuál de estos dos modos de comprensión capta mejor, de forma más íntegra, la vida?.

Se analiza en su obra Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral.

F Veamos los usos que podemos hacer del lenguaje y analicemos el valor que éste tiene según lo utilicemos:

1/ Las palabras se convierten en conceptos cuando adquieren un uso aplicable a una pluralidad de individuos, cuando dejan de referirse a una experiencia singular.

2/ Todo concepto se forma por equiparación de casos no iguales, abandonando las diferencias individuales (lo más real).

3/ El concepto es pues el residuo de una metáfora, que acaba tomándose como realidad objetiva.

4/ El ser humano olvida (olvido inconsciente) de que es él quien a creado los conceptos.

 

ANÁLISIS DEL VALOR Y EL USO DEL LENGUAJE

INTUICIÓN

PALABRA

CONCEPTO

(Ébano)

(Ébano)

(Ébano)

Metáfora (aparece como un sortilegio que evoca una...

 

Esencia (residuo de una metáfora)

Experiencia única (que es la apariencia)

 

Lo común (resultado de abstraer y generalizar)

LO REAL

 

¿LO REAL?

Capta, comprende y expresa la vida: de la forma más íntegra y completa (rica) todo su contenido.

 

Es una expresión abstraída de la vida (pobre) separada de todo lo que tiene de individual y concreto.

 

F La oposición es gnoseológica pero se fundamenta en un giro ontológico: lo real no es la esencia (común) sino la apariencia (lo individual y concreto).

Sócrates y Platón pretenden que aquello que esquematiza la vida vaciándola de contenidos (los conceptos) sea la auténtica realidad, cuando sólo son productos convencionales, invenciones humanas para poder comunicarnos. Saber para preveer y conservar la existencia.

El intelecto humano es un recurso de los "seres más infelices" y cumple la función de conservarlos en la existencia, pero al mismo tiempo les hace engañarse sobre el valor de la existencia.

 

 

 

Dos modos de "estar" en el mundo: el hombre intuitivo y el hombre racional.

El concepto, la razón, permiten preveer (establecer regularidades) que ha sido una gran ventaja evolutiva para el ser humano pero EL ERROR está en convertirlos en la verdad (puede estar bien el uso moderado pero no el abuso o la hipóstasis).

El miedo a la vida nos puede provocar el querer refugiarnos en ellos pero a costa de renunciar a ella (la  vida).

OPOSICIÓN ENTRE EL HOMBRE INTUITIVO Y EL HOMBRE RACIONAL

HOMBRE INTUITIVO

HOMBRE RACIONAL

Se preocupa de vivir

Se preocupa de sobrevivir (existir)

Aun a costa de su propia supervivencia (existencia)

Aun a costa de no "vivir" la vida, de renunciar a ella.

 

Allí donde el hombre intuitivo (valiéndose de la intuición y gracias al arte puede  llegar a comprender la vida mejor que el científico) predomina consigue configurar una cultura y establecer un dominio del arte sobre la vida.

Allí donde el hombre conceptual (guiado por los conceptos y las abstracciones no puede conocer las cosas como son) predomina, con sus instrumentos sólo consigue conjurar la desgracia.

¿Qué es la verdad?

Sócrates y Platón

Captar las ideas (eidos), conocer las esencias, lo real e inmutable, lo universal.

Nietzsche

Sólo significa comprender el significado convencional del uso del concepto en una comunidad lingüística.

 

¿Qué es la verdad?

¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquela­do y no son ahora ya consideradas como monedas sino como metal.

El nacimiento de la tragedia, págs. 9-10


La filosofía del ser y la filosofía del devenir.

Supone una crítica de la filosofía y más concretamente de la metafísica tradicional.

Se desarrolla en sus obras Humano, demasiado humano, Más allá del Bien y del Mal, y El crepúsculo de los Ídolos.

1.1       La Filosofía del Ser: La ontología tradicional.

La ontología tradicional distingue entre:

 

El mundo Verdadero

de lo Permanente

captado por la Razón

El mundo Aparente

de lo Cambiante

mostrado por los Sentidos

 

Que tiene como consecuencia una forma de entender el Ser y el mundo que conocemos por los sentidos:

  1. Es una ontología estática porque considera al Ser como algo fijo e inmutable.
  2. Por otra parte, ese Ser no se deja ver tal como es en realidad en este mundo en donde todo es apariencia y falsedad de los sentidos.
  3. El Ser tiene un mundo propio.

F Puesto que lo que conocemos de este mundo es irreal, debemos de buscar en el otro para estar así en posesión de la verdad.

Este es un tipo de filósofo dogmático, se dedica a buscar, a "especular", por encima del movimiento del mundo: lo que sea el ser del mundo no lo podemos estudiar en el torbellino del ir y venir de esta vida, ya que ésta es para él la causa del error.

La verdad a partir de Nietzsche.

Se desmitifica la voluntad de verdad de los filósofos. El filósofo ha de saber que la verdad es algo que tiene que ver con nuestros propios valores y nuestra propia subjetividad. Por lo tanto, según Nietzsche, el filósofo, a partir de ahora, va a defender que la verdad es subjetiva, afirmará su propia verdad, pero sin engañar a nadie.

Un nuevo género de filósofos está apareciendo en el horizonte: yo me atrevo a bautizarlos con un nombre no exento de peligros. Tal como yo los adivino, tal como ellos se dejan adivinar  -pues forma parte de su natura­leza el querer seguir siendo enigmas en algún punto-, esos filósofos del futuro podrían ser llamados con ra­zón, acaso también sin razón, tentadores. Este nombre mismo es, en última instancia, sólo una tentativa y, si se quiere, una tentación.

¿Son, esos filósofos venideros, nuevos amigos de la «verdad»? Es bastante probable: pues todos los filóso­fos han amado hasta ahora sus verdades. Mas con toda seguridad no serán dogmáticos.

Más allá del bien y del mal,  pág. 67


La interpretación nietzscheana de la realidad: la voluntad de poder.

El Ser como devenir y su interpretación como perspectiva.

Para Nietzsche la realidad tiene un carácter móvil, dinámico, incesantemente cambiante; en una palabra, la realidad es perspectiva. Y en lo que se refiere a aquella expresión o modo de la realidad, que es la vida (en su sentido más lato), también esta realidad vital es devenir y perspectiva. Pero también la vida es "interpretadora", es decir: selecciona e interpreta el aspecto o perspectiva bajo la que se enfrenta y se relaciona con la realidad. Vivir es optar por una perspectiva o un juego de perspectivas.

Intentar llevar a cabo una comprensión fija, esencial y definitiva de la realidad es imposible; y no sólo ni tanto porque la realidad sea devenir, cuanto porque ni el más riguroso análisis científico, y pretendidamente objetivo, podría conseguirlo. La interpretación humana siempre estará limitada por una determinada perspectiva, nunca puede ser definitiva ni total.

El ser humano como pluralidad de instintos (perspectivas) en continua lucha entre sí.

Múltiple es la realidad del mundo en cuanto tal, y múltiple es el ser del ser humano porque éste posee una pluralidad de impulsos e instintos, cada uno con su perspectiva propia y en constante lucha entre sí.

Son estas distintas perspectivas las que nos muestran los distintos aspectos del ser. El error surge cuando, olvidando esta multiplicidad, lo que se nos muestra en una perspectiva se fija, o queda establecido como lo único determinante, con el menosprecio consiguiente de todas las demás perspectivas y de su inagotable afluencia cambiante.

Históricamente el ser humano ha ido fijando distintas perspectivas según sus necesidades, y es absurdo pretender recortar arbitrariamente esas múltiples necesidades.

El nuevo sentido de la "verdad" como lo favorable a la vida.

La falsedad o error de un juicio no es una objeción contra el mismo. La cuestión de fondo se plantea ahora con otro sentido: si un juicio favorece o no a la vida; si la conserva, si la hace más grande.

La "verdad", del ser verdadero, lo estable, o -con otras palabras- lo que hemos podido pescar con nuestros conceptos y categorías en el devenir del ser, esto es únicamente la consolidación de una perspectiva, apariencia que se ha impuesto a través de la costumbre pero no por ello deja de ser un "error". De ahí que Nietzsche afirme:

"La verdad es aquella clase de error sin la que una determinada especie de seres vivos no podrían vivir. El valor para la vida es lo que decide en última instancia"

Voluntad de Poder, III, pág. 492

La verdad pasa a ser conciencia de parcialidad de toda perspectiva.

La voluntad de poder como voluntad de apariencia.

La voluntad de poder justifica -como condición necesaria de la afirmación de la vida- el error, incluso la ilusión, y sobre todo con relación al conocimiento que el ser humano pueda tener acerca del mundo.

La voluntad de poder implica conocer la auténtica realidad del ser: el devenir, y sabe que la razón humana no podrá jamás abarcarlo, totalizarlo, ni simplificarlo con sus categorías.

La voluntad de poder como creación de nuevos valores.

Al haber redescubierto la pluralidad de sentidos que tiene el Ser la voluntad de poder se define como creación de nuevos valores. Se define así un devenir creativo de las fuerzas, un triunfo de la afirmación de la vida, de esta vida terrenal múltiple y en constante movimiento.

La voluntad de poder tiene por esencia la "afirmación": afirma la Tierra, la Vida total, en su aspecto constructivo y destructivo, es decir, en el mismo sentido en que era rechazado. Dicha afirmación nos desvela la "alegría" como único móvil principal de la filosofía: fortalecer la alegría hacia la vida:

"Vosotros, hombres superiores, aprended a reír..."

Así habló Zaratustra. Alianza, Madrid, 1975, pág. 194

La voluntad de poder como donación de sentido.

La voluntad de poder es ser conscientes y actuar en consecuencia desde el conocimiento de que somos nosotros quien damos sentido a la realidad desde nuestras distintas perspectivas: reconocimiento de ese poder creador, voluntad de llevarlo a cabo.

EL INTELECTO SEGÚN NIETZSCHE

EL INTELECTO SEGÚN NIETZSCHE

INTELECTO –REFLEXIÓN SOBRE EL CONOCIMIENTO-

-CONTEXTO Y BREVE RESUMEN DEL TEXTO-

El texto comienza con una crítica al intelectualismo, al conciencialismo, y lo hace con un fondo biológico que viene a decir que tras breves respiraciones de la naturaleza el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Destaca desde el principio del texto el poco valor que tiene el intelecto humano en la naturaleza.

Lo hace desde la ironía, hablando de un supuesto mundo en el que ciertos animales inventaron el conocimiento, y se creyeron algo especial.

Dentro de la naturaleza el intelecto nos lo muestra Nietzsche como estéril y arbitrario. Hoy existe, mañana no, y no habrá sucedido nada. Para el intelecto no hay nada más allá de la vida humana. Si nos comunicaremos con una mosca, también ella se siente el centro volante de este mundo.

Todos quieren un admirador, y el filósofo cree que desde todas partes, los ojos del universo tienen puesta la mirada en sus obras y pensamientos.

Por qué.

Mediante esta breve narración Nietzsche pretende hacernos entender que aquello de lo cual los seres humanos nos sentimos tan orgullosos, nuestra inteligencia (que nos sirve para definirnos frente a los demás seres vivos colocándonos en un falso plano de superioridad), es en realidad algo que está basado en una falsa creencia. El conocimiento no es más que un invento nuestro, el intelecto humano carece de cualquier misión, ni destino, ni progreso, ni evolución de una especie superior.

 

Consecuencia

El hombre se cree un ser especial dentro del cosmos por poseer la capacidad de raciocinio. Cae, así, en un completo antropocentrismo que le hace creerse el centro de todo. Pero, como dice Nietzsche, si pudiéramos hablar con un mosquito veríamos que también posee el mismo sentimiento (el mismo pathos) y que en su peculiar visión del universo también se considera a sí mismo como el eje principal del cual gira todo.

 

-CRÍTICA DE NIETZCHE-

Es una crítica a la posibilidad de un conocimiento objetivo, del conocimiento de la realidad en sí misma. Critica la posibilidad de un criterio de verdad claro, de datos puros, del conocimiento de una verdad absoluta. Que las cosas en si nos resultan desconocidas.

La filosofía tradicional (fi­losofía que ha dominado todo el mundo occidental, aunque se haya expresado de un modo distinto en distintos autores) comienza con Platón, quien se inventa un mundo perfecto, ideal, absoluto, al que contrapone el desvalorizado mundo que se ofrece a los sentidos. Platón identifica el Ser con la realidad inmutable, estática, absoluta y relega al mundo de la apariencia lo que se ofrece a los sentidos (lo cambiante, la multiplicidad, lo que nace y muere). La filosofía posterior acepta este esquema mental básico, aunque lo exprese con distintas palabras.

 

QUÉ PIENSA NIETZSCHE-

Desea el desenmasacaramiento del conocimiento. Valora el conocimiento como un modo de engaño e ilusión, y como manera de olvido. Es un recurso utilizado por el hombre para considerarse como algo especial.

La inteligencia la inventa y utiliza el hombre, para fingir, enmascarar y ocultar una realidad que su debilidad no puede soportar.

La mentira en sentido moral significa un acto de enmascaramiento ante los demás, de la auténtica personalidad y sentimientos, con el fin de sacar provecho.

La mentira en sentido extramoral, hace referencia a la incapacidad de acceder al conocimiento auténtico de la realidad, por estar condicionados por un modo determinado de percibir las cosas (perspectivismo). La auténtica realidad, la parte instintiva y pulsional, el auto-conocimiento, nos es inaccesible. Nos es imposible conocer el auténtico carácter de la naturaleza humana (“despiadado, codicioso, insaciable, asesino... , un ser cruel y malvado”), la de un tigre que hemos domesticado para se exhibido en un circo pero que, en el fondo, continúa siendo un tigre.

Considera que la razón, el intelecto se mueve en un mundo de interpretaciones, de perspectivas. No podemos prescindir de la nuestros rasgos físicos, psicológicos, históricos o biográficos. Nuestro punto de vista no es mejor que la descripción de la realidad realizada por otro ser humano, o el de otras especies animales (la referencia que realiza al mosquito en el texto).

Solo manejamos interpretaciones, contaminadas por un determinado punto de vista, influido por prejuicios, todo parece pendiente del relativismo y del subjetivismo.

Vemos el mundo desde la acumu­lación de nuestras experiencias vitales, pero eso no hace que nuestra visión sea correcta.

 

CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL -NIETZSCHE-

CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL -NIETZSCHE-

NIETZSCHE CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL

Partimos en la cultura occidental de la creencia que para acceder a la Verdad, Justicia y Bien Universal, debemos dar el paso del Mito (saber narrativo) al Logos (saber lógico y explicativo), es la confianza total en la razón, un conocimiento con pretensiones de universalidad (para todos) y necesario. Como consecuencia la cultura occidental crea un mundo de realidades ultramundanas, donde todo funciona como la razón quiere que funcione: la auténtica realidad es la captada desde la razón.

Entre los artífices de esta creencia, en la existencia de dos mundos de dos realidades distintas se encuentra Platón:

  • un mundo verdadero –EL IDEALISMO-: el de las Ideas, arquetipos, prototipos, qualitas occulta, canones, conceptos y valores, un mundo abstracto y eterno cuya aprehensión requiere del pensamiento de los esquemas y de las fórmulas que simplifican la realidad despojándola de toda singularidad, de todo querer y sentir.
  • un mundo del devenir, de la pluralidad, cambiante, un mundo que considera falso, el mundo sensible aprehensible por los sentidos que queda despreciado por Platón porque en él todo fluye, cambia y nada permanece.

 

Nietzsche reivindica como auténtica realidad la que se encuentra en la vivencia particular, el devenir, la pluralidad cambiante, las pasiones, los sentidos, la diversidad. Considera que la Verdad depende de cada perspectiva e interpretación individual, todo se encuentra en un cambio incesante, todo es diferente e individual. La realidad es interpretada por nosotros y nos olvidamos que ha sido una INVENCIÓN nuestra, falsificamos la realidad al servicio de nuestros intereses. Creamos un mundo con sentido y lógica que creemos se corresponde con la realidad, cuando tan solo es una INVENCIÓN.

 

Por todo esto, el comienzo del texto “La Verdad y la mentira en sentido extramoral”, viene a desmitificar el intelecto y el conocimiento humano, para hacernos ver que es una falsa creencia el sentirnos superiores al resto del los animales por poseer INTELIGENCIA, el creernos el centro del universo ANTROPOCENTRISMO, el poseer un sentimiento de magnificar la inteligencia (PATHOS) creyéndonos diferentes y superiores. Y nos lo explica desde la ironía a modo de historieta o fábula, para que veamos cómo capta el hombre la realidad: “un supuesto mundo en el que ciertos animales INVENTARON el conocimiento y se creyeron algo especial ... el tiempo terminó por demostrar la falsedad de sus pretensiones ... eran una simple mota de polvo y el mundo siguió existiendo sin su presencia.”

 

CRÍTICA A LA CIENCIA REALIZADA POR NIETZSCHE

CRÍTICA A LA CIENCIA REALIZADA POR NIETZSCHE

CRÍTICA A LA CIENCIA

Nietzsche rechaza la supuesta objetividad del conocimiento científico, la existencia de leyes naturales, la racionalidad del mundo y el poder explicativo de las matemáticas.

Nietzsche critica las siguientes creencias básicas que se incluyen en la práctica científica, o que parecen estar vinculadas con ella:

1. Su objetividad: con la expresión "conocimiento objetivo" nos referimos al que es capaz de describir el mundo independientemente de las peculiaridades o rasgos de la persona o grupo que lo alcanza. Un conocimiento es objetivo cuando no está in­fluido por los intereses o por los rasgos del sujeto, cuando describe las cosas sin añadirles nada que no les pertenezca realmente. Filósofos como Platón. Aristóteles, Santo Tomás, Descartes y gran parte de lo mejor de la tradición filosófica creyeron que la filosofía podía alcanzar este conocimiento perfecto, aséptico, imparcial, y con la aparición de la ciencia moderna muchos consideraron que se hacía real el afán por la verdad única y absoluta típico de todo el mundo occidental. Sin embargo, la posición de Nietzsche es radicalmente contraria a estas afirmaciones y conecta con otra línea filosófica históricamente más desacreditada: el relativismo, escepti­cismo y subjetivismo. Nietzsche defiende el perspectivismo, la tesis según la cual todo conocimiento se alcanza desde un punto de vista, punto de vista del que es imposible prescindir las características del sujeto que conoce (psicológicas, sociales, físicas, la peculiaridad personal, la misma biografía) hacen imposible superar la propia perspectiva; no podemos desprendernos de nuestra subjetividad cuando intenta­mos conocer la realidad; incluso la creencia en la objetividad es un punto de vista más, pero un punto de vista que esconde la relatividad de su origen, su depen­dencia de concepciones establecidas y no evaluadas o controladas.

2. La existencia de leyes naturales: en el mundo no existen leyes, las leyes que el científico cree descubrir son invenciones humanas; no existen regularidades en el mundo, no hay leyes de la Naturaleza. Si entendemos por leyes de la naturaleza supuestos comportamientos regulares de las cosas, Nietzsche rechazará la exis­tencia de dichos supuestos comportamientos regulares y necesarios: ¿por qué las cosas iban a comportarse regularmente?, ¿en virtud de qué necesidad? Siguiendo un planteamiento ya conocido en la historia de la filosofía, el planteamiento de Hume, Nietzsche considera que las relaciones entre las cosas no son necesarias (para emplear un término clásico, son contingentes), son así pero perfectamente podrían ser de otro modo. Las cosas se comportarían siguiendo leyes o necesa­riamente si hubiese un ser que les obligase a ello (Dios), pero Dios no existe; las leyes y la supuesta necesidad de las cosas son invenciones de los científicos. Si creemos en las leyes naturales es porque nos interesa creerlo, no porque realmente existan; el orden en el mundo es una creencia infundada, nosotros creemos en ese orden para hacer más soportable la existencia, para sentirnos más cómodos ante el entorno hostil. "Las cosas no se comportan regularmente conforme a una regla; no hay cosas (se trata de una ficción); tampoco se comportan bajo necesidad. En este mundo no se obedece; pues el ser algo tal cual es, de tal fuerza, de tal debilidad, no es el resultado de obediencia, regla ni necesidad" ("La voluntad de poder").

3. La validez del ejercicio de la razón: en este punto la crítica a la ciencia se incluye en la crítica más general de toda actitud (incluida la filosófica) que considera a la razón como el instrumento legítimo para el conocimiento. La razón no se puede justificar a misma: ¿por qué creer en ella?; la razón es una dimensión de la vida humana, aparece de forma tardía en el mundo y muy probablemente, dice Nietzsche, desaparecerá del Universo; y nada habrá cambiado con dicha desapari­ción. Junto con la razón, en el hombre encontramos otras dimensiones básicas (la imaginación, la capacidad de apreciación estética, los sentimientos, el instinto,...) y todas ellas pueden mover nuestro juicio, todas ellas son capaces de motivar nuestras creencias. La razón no es mejor que otros medios para alcanzar un conocimiento de la realidad (en todo caso es peor puesto que el mundo no es racional). La ciencia se equivoca al destacar exageradamente la importancia de la razón como instrumento para comprender la realidad.

4. Legitimidad de las matemáticas: la ciencia actual considera que la matemática es un instrumento adecuado para expresar con precisión el comportamiento de las cosas. Para Nietzsche, sin embargo, esta forma de entender el mundo es aún más errónea que otras formas de cientificidad. Las matemáticas puras no describen nada real, son invenciones humanas; en el mundo no existen líneas rectas, ni trián­gulos, ni ninguna de las perfectas figuras a las que se refiere la geometría. En el mundo no existen números, ni siquiera propiamente unidades. Cuando decimos que algo es una cosa (una mesa, un árbol, ...), lo que hacemos es simplificar la realidad que se nos ofrece a los sentidos, someterla a un concepto, esconder su pluralidad y variación constante. Las matemáticas prescinden de la dimensión cualitativa del mundo, de su, riqueza y pluralidad. Podemos entender la valoración que Nietzsche hace de la matemática comparándola con la platónica: para Platón el matemático descubre entidades reales y objetivas que están más allá del mundo físico, en el Mundo Absoluto de las Ideas; Nietzsche considera, sin embargo, que no existen tales entidades, ni realizándose en el mundo físico ni, mucho menos, en un mundo independiente y eterno: para Platón, Pitágoras descubre el teorema que lleva su nombre, para Nietzsche, lo inventa.

En cuanto al origen de la ciencia, Nietzsche señala dos motivos:

·      su utilidad: la ciencia nos permite un mayor control de la realidad, la previsión y dominio del mundo natural; pero, recuerda frecuentemente, la eficacia no es nece­sariamente un signo de verdad;

·    es consecuencia de un sentimiento decadente: la ciencia sirve también para ocultar un aspecto de la naturaleza que sólo los espíritus fuertes consiguen aceptar: el caos originario del mundo, la dimensión dionisíaca de la existencia. La ciencia nos instala cómodamente en un mundo previsible, ordenado, racional.

 

ARTÍCULOS NIETZSCHE

ARTÍCULOS NIETZSCHE

http://revista.escaner.cl/node/599

http://www.observacionesfilosoficas.net/indexpetersloterdijk.htm

POST: Apolo y Dionisos o nuestras dos realidades

POST: Apolo y Dionisos o nuestras dos realidades

VER FUENTE DEL POST

Fue Nietzsche quien más artísticamente habló sobre la naturaleza de estos dos dioses. Lo hizo cuando sólo contaba 27 años y se perfilaba como uno de los futuros talentos de la filología clásica. Cuando vio la luz su libro El nacimiento de la tragedia, todos quedaron perplejos, pues el joven Nietzsche no sólo acababa de declarar la guerra a toda la filología, sino también a sus maestros, y sobre todo a Wagner. Porque no había filología en su libro, había arte; ni siquiera había un filósofo, había sobre todo un escritor que supo entender la tragedia griega como nadie lo había hecho hasta entonces.

No es lugar este para ensayar un análisis del libro. Sólo diré que para Nietzsche la tragedia griega es el resultado de una pulsión entre dos divinidades: Apolo y Dionisos, entre dos fuerzas que el pueblo griego ha equilibrado de manera artística en un género inmortal. Esto es cierto, pero no es todo: El nacimiento de la tragedia es un libro que indaga en la naturaleza del hombre, pues preguntándose por la tragedia, Nietzsche ha buscado respuestas al problema del existir, y lo ha hecho reflexionando sobre estos paradigmas divinos:

 
Apolo es el representante del equilibrio, de la forma armoniosa y bella, del control, la serenidad y la mesura. Es el oráculo, el que ve más allá, la certeza, la verdad. Es el que crea los contornos y los define, el que construye, concentra y da unidad. Su luz –Apolo es el Sol- irradia el camino hacia el conocimiento de uno mismo, evita que el hombre se fragmente y lo llena de lucidez, de intelecto, de comprensión, de ciencia, de sobriedad. Apolo es el triunfo de la razón sobre los instintos, de la mente sobre la locura. Desde el punto de vista fisiológico, Apolo representa el sueño, pues sólo en ese mundo imaginario es posible encontrar la verdad bajo una bella apariencia.

Dionisos (o Dioniso) representa el caos, el ocaso de la forma en múltiples fragmentos, el descontrol, la desmesura. De niño fue despedazado en jirones y vuelto a armar, con que la disgregación de toda unidad forma parte de su naturaleza. Desde entonces, ha viajado por el mundo sembrando la locura y descuartizando cuerpos en ritos orgiásticos. En su reino sólo hay lugar para el instinto, la fuerza sexual, extática, natural e incomprensible. Ha sido niño y niña, también carnero, toro, león y pantera, porque Dionisos es el triunfo de la pluralidad en uno mismo, de la alienación. Fisiológicamente, Dionisos es la embriaguez, porque sólo en ese estado es genuina la fragmentación de la persona.

El Hombre, cada uno de nosotros, convive con la influencia de estas divinidades. Día a día Apolo y Dionisos nos hablan, nos incitan, nos invitan a sus mundos opuestos, nos seducen con sus placeres, invocan nuestra fidelidad. La sabiduría del pueblo griego consistió en armonizar esas dos influencias; ellos supieron que favorecer a un dios en detrimento del otro es imposible, porque ninguno sabría existir sin la inquietante proximidad del otro.

NIETZSCHE Y KAFKA

NIETZSCHE Y KAFKA

"EL PROCESO" debería ser de obligada lectura para todo estudiante de Derecho.

ARTÍCULO: NIETZSCHE Y KAFKA: LA CULPA EXTRAÑA Y EL SANTO DEBER de Alberto Constante

Una interpretación nietzscheana de Kafka.

"no hay hechos, sólo interpretaciones" (Nietzsche).

 

K fue acusado de que existe -exclusivamente-. Todos estamos sometidos a juicio por insondables fuerzas externas (es decir, nunca podemos entenderlo "todo") a partir del momento en que nos despertamos todos los días (o nacemos) - están continuamente pidiendo que nos justifiquemos (comportamientos, opiniones, acciones), son nuestros propios amigos, incluso - y si no somos lo suficientemente racionales nos vemos inmersos hasta las profundidades. Toda persona que solicita la interpretación de su sufrimiento, es decir, toda persona que pregunta, como Kafka (K), la propia naturaleza o el valor de la justificación, busca una forma de redención (este es un proyecto nietzscheano - preguntar sobre el valor de valor).  Y el cuento de la Ley nos dice no hay redención de espera para nosotros, porque el más allá no es más que una copia más, de este loco mundo humano de la búsqueda interminable y todo lo que tienes que hacer es abrir una puerta o cruzar la puerta  y con carácter si sabes quien eres - los que esperan ante el Derecho se pierden, hay que convertirse en nuestro propio derecho y abrir la puerta con nuestro signo en lo fundamental - una señal de que los puntos que no a Dios sino a quien Dios pregunta.  La Ley es el dios oculto de la Burócracia y justifica la ejecución o el encarcelamiento de quien pregunta.  Así pues, el hombre se ejecuta a sí mismo porque no puede proporcionar su propia base - El hombre como causa libre es una contradicción de toda lógica.  La Ley es Dios y el hombre le ha creado para servir como base para todos los proyectos redentores. Pero el hombre puede ser redimido solamente si no hay Dios, y esto lo encontramos en Kafka, así como en Nietzsche. A la pregunta de Dios - que es para ser redimidos de este modo el hombre se hace dios. Pero es así como el hombre estará eternamente en juicio toda su existencia. Kafka da el salto de la fe, el salto hacia un abismo de pesadilla. Sin embargo, el abismo siempre mira hacia atrás como Nietzsche escribió mucho antes de Kafka.

Kafka está diciendo que la vida es completamente absurda y sin sentido, a pesar de todos nuestros argumentos y además es incomprensible porque hasta el más mínimo error ya nos atrapa, nos metemos en pesadillas que dan lugar a infinidad de jerarquías de idiotas que tienen que justificarse a sí mismo. 

La ley es tan absurda, ya que busca una razón para cada acción, y los motivos son de tanta complejidad como lo es la Ley misma. La ley se contradice a sí misma, porque es infinito.

FUENTE: KAFKA DIJO

Escritos sobre el lenguaje

La dependencia recíproca del pensamiento y el lenguaje hace claro y evidente que las lenguas son propiamente un medio no tanto de presentar la verdad ya conocida cuanta, mucho más, de descubrir la verdad antes desconocida. La diversidad de las lenguas no es una diversidad de sonidos y signos, sino una diversidad de visiones del mundo. La razón y la finalidad última de toda investigación lingüística residen en eso. El acervo de lo conocible, que es el campo que el espíritu ha de trabajar, hállase en el centro entre todas las lenguas e independiente de ellas; a la zona puramente objetiva no puede acercarse el ser humano sino de acuerdo con su modo propio de conocer y de sentir, es decir, solo puede hacerlo por una vía subjetiva. Cabalmente, los sitios donde la investigación toca los puntos más altos y profundos son aquéllos donde el uso mecánico y lógico del entendimiento -el uso más fácil de separar de toda peculiaridad especial- se encuentra al final de su operatividad y donde se inicia un método de percepción y creación internas del cual lo único que está claro es que la verdad objetiva brota de la totalidad de la fuerza individual subjetiva. Tal cosa es posible únicamente con y mediante lengua.

Ahora bien, en cuanto obra de la nación y del pasado, la lengua es algo que le resulta extraño al ser humano; esto hace que por un lado éste quede atado por lo que todas las generaciones anteriores han ido depositando en la lengua, pero por otro lado salga enriquecido, reforzado y estimulado por ello. La lengua, que se contrapone como algo subjetivo a lo concebible, se enfrente como algo objetivo al ser humano. Pues cada una de las lenguas es un eco de la naturaleza universal del hombre; y si bien es cierto que ni siquiera todas las lenguas juntas pueden llegar a convertirse nunca en una copia completa de la subjetividad de la humanidad, no es menos cierto que están aproximándose continuamente a esa meta. Pero a su vez la subjetividad de la humanidad entera va convirtiéndose en sí en algo objetivo. La coincidencia originaria entre el hombre y el mundo, en la cual se basa la posibilidad de todo conocimiento de la verdad, va siendo, por tanto, recuperada fragmento a fragmento y de manera progresiva por la vía de los fenómenos. Pero nunca deja de ser lo objetivo aquello que hay que conquistar; y si bien el ser humano se acerca a ello por la vía subjetiva de una lengua particular, su segundo esfuerzo consiste en aislar lo subjetivo, aunque solo sea trocando una subjetividad por otra, y en disociarlo de lo subjetivo con la mayor fuerza posible.

Wilhelm von Humboldt, Sobre el estudio comparado de las lenguas en relación con las diversas épocas de su evolución

Franz Kafka
Ante la Ley
Cartas a Su Padre
Cuentos Varios
El Artista del Hambre
El Escudo de la Ciudad
El Silencio de Las Sirenas
El Viejo Manuscrito
Josefinala Cantora o el Pueblo de los Cantores
La Condena
La Metamorfosis
Prometeo
Ser Infelíz
Un Golpe a la Puerta del Cortijo
Un Médico Rural
Un Mensaje Imperial

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Friedrich Nietzsche
Más Allá del Bien y del Mal
Aforismos
Así Habló Zaratustra
Cartas
Como "El Mundo Verdadero" Acabó Convirtiéndose en Una Fábula
Como se Filosofa a Martillazos
Cinco Prefacios Para Cinco Libros
El Caminante y Su Sombra
Humano Demasiado Humano
La Gaya Scienza
La Genealogía de la Moral
Mi Vida
Shopenhauer Como Eduacador
Ecce Homo. Como Se Llega a Ser Lo que Es
El Anticristo
El Nacimiento de la Tragedia
Fatum e Historia
Homero y la Filología Clásica
La Filosofía de la época Trágica de los Griegos
La Lucha de Homero
La Mujer Griega
La Visión Dionisíaca del Mundo
Libertad de la Voluntad y Fatum
Mirada Restrospectiva de Mis Dos Años en Leipzig
Niezstche contra Wagner
Sobre el Porvenir de Nuestras Instituciones Educativas
Sobre Música y Palabra
Sobre Verdad y Mentira en Sebtido Extramoral
Sócrates y la Tragedia
Diez Mandamientos Para Escribir con Estilo

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LIBRO: Identidad y tragedia. Nietzsche y la fragmentación del sujeto

LIBRO: Identidad y tragedia. Nietzsche y la fragmentación del sujeto

http://www.estudiosnietzsche.org/seden/Avila1999.htm

BIBLIOGRAFIA DE NIETZSCHE EN CASTELLANO

FOTOS DE NIETZSCHE

El pensamiento asume en cada época unos determinados retos y el nihilismo es para nuestro tiempo un auténtico desafío. ¿En qué consiste el nihilismo? ¿Cuáles son las señas de identidad de ese «fantasma que hoy recorre el mundo»? El presente ensayo pretende ahondar en estas preguntas y abordarlas desde una perspectiva comprometida con la metafísica. Por eso, también se hace cargo de otras cuestiones que atañen a esta última, a su naturaleza y a su actualidad. ¿Es posible todavía la metafísica? ¿Cómo afronta la metafísica esas potencias fáusticas que siempre dicen «no»? ¿Qué puede hoy oponer la reflexión filosófica al desafío del nihilismo? Por un camino que tiene como compañeros de viaje a Sócrates, Spinoza, Schopenhauer, Heidegger y, especialmente, a Nietzsche, este libro intenta responder a los anteriores interrogantes. Y considera que la piedad, en el sentido latino del término «pietas», podría ser un buen antídoto contra el nihilismo. Una piedad que no es sólo solidaridad y compasión, sino también respeto, reconocimiento y gratitud. Y, sobre todo, una piedad que tiene al humor por aliado, pues, como dice Zaratustra, «aprendiendo a alegrarnos mejor, es como mejor nos olvidamos de hacer daño a otros y de imaginar daños.

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LECTURA LIBRO DE JESUS CONILL: EL PODER DE LA MENTIRA

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