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EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

EJERCICIO RESUELTO DE NIETZSCHE

Texto:

 

Ciertamente, aquí se debe admirar al hombre como un poderoso genio constructor, que sobre fundamentos movedizos y, por así decirlo, sobre agua que fluye, consigue levantar una catedral de conceptos infinitamente complicada; claro, para encontrar apoyo en tales fundamentos tiene que ser una construcción como de telarañas, tan fina que sea transportada por las olas, tan firme que no sea desgarrada por el viento. El hombre, como genio constructor, se eleva de tales modos muy por encima de la abeja: ésta construye con cera que recoge de la naturaleza, él con la materia mucho más fina de los conceptos que primero tiene que fabricar de sí mismo. Es aquí muy de admirar - si bien, de ningún modo por su impulso hacia la verdad, hacia el conocimiento puro de las cosas. Si alguien esconde una cosa detrás de un matorral, después la busca de nuevo exactamente allí y, además, la encuentra, en esa búsqueda y en ese hallazgo no hay, pues, mucho que alabar: sin embargo, esto es lo que sucede al buscar y al encontrar la "verdad" dentro de la jurisdicción de la razón. Si doy la definición de mamífero y luego, después de examinar a un camello, digo: "Fíjate, un mamífero", no cabe duda de que con ello se ha traído a la luz una verdad, pero es de valor limitado, quiero decir que es antropomórfica de pies a cabeza y no contiene ni un solo punto que sea «verdadero en sí», real y universalmente válido, prescindiendo del ser humano. El investigador de tales verdades tan sólo busca, en el fondo, la metamorfosis del mundo en los hombres; lucha por una comprensión del mundo como una cosa de especie humana y se consigue, en el mejor de los casos, el sentimiento de una asimilación. De modo similar a como el astrólogo considera las estrellas al servicio de los hombres y en conexión con su felicidad y su desgracia, así considera un tal investigador al mundo entero como ligado a los hombres, como el eco infinitamente quebrado de un sonido primordial, el hombre, como la reproducción multiplicada de una imagen primordial, el hombre. Su procedimiento es: tomar al hombre como medida en todas las cosas, con lo cual, sin embargo, parte del error de creer que tiene esas cosas inmediatamente ante sí como objetos puros. Olvida, por lo tanto, las metáforas intuitivas originales en cuanto metáforas y las toma por las cosas mismas.

 

CUESTIONES

 

1.     Explica el concepto de verdad que hay en el texto.

2.     Explica la afirmación de Nietzsche “Olvida, por lo tanto, las metáforas intuitivas originales en cuanto metáforas y las toma por las cosas mismas”

 

Redacción: Crítica a la Razón, crítica a la Modernidad.

 

 

CUESTIONES

 

1. Nietzsche rompe con el concepto de verdad mantenido en toda la filosofía tradicional, según la cual ésta consiste en la correspondencia entre la realidad y su representación mental. Según el vitalismo nietzscheano, la realidad siempre es interpretada desde una determinada posición subjetiva, lo cual hace imposible el acceso objetivo a la verdad. La realidad, tal y como es en sí, no es cognoscible.

En esta etapa inicial de su pensamiento, Nietzsche está muy influido por el kantismo. Esto le hace reconocer el papel fundamental que juegan en el conocimiento de la realidad las categorías mentales, tales como el espacio y el tiempo. Según esto, lo único que conocemos de la realidad es lo que nosotros mismos ponemos en ella, tal y como ejemplifica Nietzsche con el caso del concepto de mamífero. La verdad, dirá Nietzsche, es “aquella especie de mentira que necesita una especie para vivir”. Con esto lo que pretende nuestro autor es denunciar los intereses vitales de supervivencia que están condicionando ocultamente todo el proceso de conocimiento de la realidad. Por lo único por lo que pensamos que cierta interpretación de la realidad es más correcta que otra es por que nos es más útil o conveniente para la vida. El vitalismo de Nietzsche hace que todo proceso cognoscitivo esté supeditado a las necesidades vitales. No hay manera de comprobar la verdad de una afirmación. La epistemología nietzscheana se reduciría a un mero utilitarismo.

La verdad sería, así pues, aquella interpretación de la realidad que nos es más útil para la vida, no habiendo otra manera de distinguirla de otras interpretaciones supuestamente falsas.

 

 

2. Con esta frase, Nietzsche nos quiere llamar la atención sobre el verdadero origen del conocimiento. Frente a la epistemología kantiana, según la cual la mente abstrae la esencia de los casos particulares, para Nietzsche no hay nada parecido a una esencia en la cosas. La mente no puede pasar de la intuición de los casos particulares. En un principio, estos son conocidos mediante metáforas, palabras que se asocian a diversos  fenómenos de la realidad. Más tarde, se borran las diferencias individuales que caracterizan a cada caso particular y se generaliza el uso de las metáforas a todos los casos particulares parecidos, quedando entonces subsumidos bajo el concepto.

Lo que ocurre es que terminamos por olvidar el verdadero origen metafórico de las palabras y los conceptos y llegamos a pensar que realmente estos conceptos están nombrando la esencia de los particulares a los que hace referencia.

Nietzsche recurre aquí a su método preferido de filosofar, el genealógico. Éste consiste en descubrir los verdaderos orígenes y motivaciones ocultas de las ideas que la filosofía tradicional siempre ha tenido como intocables, tales como el bien, la verdad, la esencia, etc.

En este caso Nietzsche destruye las pretensiones de la epistemología tradicional, desde Platón hasta Kant, pues la idea de concepto requiere la de esencia para tener cierto sentido. Y es precisamente esta esencia de las cosas la que Nietzsche está negando, afirmando que la realidad está compuesta de particulares irreductibles a ninguna conceptualización. El modo superior de conocimiento estará para Nietzsche en la intuición de los casos particulares, intuición que alcanza su cima en la actividad artística. 

 

REDACCIÓN

La filosofía de Nietzsche tiene lugar en las últimas décadas del siglo XIX, en plena efervescencia del movimiento positivista. La filosofía se encuentra en una situación donde la ciencia natural marca los modos adecuados y dominantes de conocimiento. Además, el reciente movimiento idealista culminado por Hegel lleva a su más alto grado la idea de una razón autosuficiente y abarcante de toda la realidad. Este es el escenario en que Nietzsche comienza su obra.

Su principal objetivo va a consistir en criticar la supuesta autonomía de la razón, haciendo ver todos los condicionantes vitales que afectan a esta. Para Nietzsche la categoría más fundamental es la vida, a cuyos intereses están sometidas todas las demás actividades humanas, ya sean la ciencia, la filosofía, el arte, la religión, etc. La razón, lejos de garantizar un conocimiento objetivo de la realidad, el papel que desempeña es el de conseguirnos una visión de ésta lo más confortable y atractiva posible para nosotros. Lo único que legitima la verdad es su conveniencia para la especie humana.

Desde este punto de vista, la ciencia, entendida como discurso que busca una estructura  ordenada y nomológica de la realidad, es criticable en la medida en que está suponiendo la posibilidad de conocer objetivamente dicha realidad. En verdad, según Nietzsche, no podemos pasar de la intuición directa de los casos particulares. No existen las esencias que fundamentan los conceptos. Lo importante son las características y diferencias peculiares de cada caso particular. El discurso científico funciona a base de negar y olvidar tales diferencias particulares. La ciencia violenta a la realidad unificando y homogeneizando a unos particulares que, en realidad, son diferentes entre sí. Además, como dice Nietzsche en la época en que escribe Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (muy influido por Kant), lo único de lo que estamos seguros es de lo que nosotros mismos ponemos en nuestro conocimiento de la realidad, es decir, nuestras categorías mentales, tales como espacio, tiempo, noción de causalidad, etc.   

A la filosofía tradicional le ocurre lo mismo que a la ciencia. Está basada en un concepto de Razón que olvida el carácter esencialmente individualista (compuesta por casos particulares) de la naturaleza. Los conceptos típicos de la filosofía, como alma, Dios,  o idea son inventados por la razón humana, que luego se autoengaña al pensar que los ha descubierto en la realidad, fuera de sí misma. La filosofía se equivoca si cree que el Ser es algo accesible a la razón humana. La realidad es de carácter dinámico, todo fluye y pasa. La realidad es un devenir que la mente humana es incapaz de apresar. Nietzsche cambia el concepto de Ser por el de Devenir, acentuando el carácter dinámico de la realidad. Ésta es caótica y cambiante, lo cual la hace inalcanzable para la ciencia y la filosofía.

El papel de la filosofía nietzscheana consiste en deshacer todos los malentendidos de la filosofía tradicional y desvelar los verdaderos orígenes y motivaciones que hay en la base de toda la cultura occidental. Para Nietzsche, esta cultura occidental que le toca vivir está en decadencia porque niega todos los valores vitales del ser humano. Por influencia del cristianismo, que es la bestia negra de Nietzsche, la moral occidental es una moral decadente que condena todo lo perteneciente a esta vida  terrenal y resalta la vida sobrenatural como la vida verdadera.  Esto es una moral de esclavos que hay que superar. Para Nietzsche los valores supremos son los que hacen afirmar la vida, el cuerpo, el placer y la creatividad. Nietzsche nos invita a recuperar una moral de señores, de fuertes, de los que se afirman a sí mismos y son capaces de aceptar y querer la vida tal y como es, alejados del resentimiento de los débiles.

Según Nietzsche en la Modernidad se ha caído en una etapa nihilista, en la que ya no se cree en nada, de la que sólo se sale aceptando la voluntad de poder como fundamento de todos los  valores. La figura del superhombre es creada por Nietzsche para representar la salida de todo el nihilismo pasivo de la Modernidad. El superhombre es aquel que acepta la realidad tal y como es, que se afirma a sí mismo y que crea los valores propios, aceptándolos como suyos y aceptando su propia capacidad creativa como el origen de todo lo válido.

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