IMPORTANCIA DE LOS CUENTOS
El antropólogo y catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el francés FRANCOIS VALLAEYS nos trae el primer disco de cuentos que publico junto al gran RAFO RAEZ...
Los cuentos no estan hechos para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos.
Gracias por haber escuchado, hace tiempo que nunca, hace tiempo que nunca se cuentan los cuentos, por favor, cuéntalos, cuéntalos a los tuyos, cuéntalos a tus amigos, cuéntalos a quien quieras, pero cuida la vida de estas historias, que han venido como piedras pulidas por el gran rió milenario de bocas y oídos que los trajeron hasta la puerta de tu corazón. (…)”
PUEDES ESCUCHAR EL CUENTO "EL PÁJARO ENJAULADO" PULSANDO AQUI
TEXTO DEL CUENTO "EL PÁJARO ENJAULADO"
BINTA Y LA GRAN IDEA
ARTÍCULO: GRAN GUERRA
EL DESASTRE ECOLÓGICO -REFLEXIÓN-
http://www.elpais.com/solotexto/articulo.html?xref=20071216elpepiult_1&type=Tes&anchor=elpepiult
DEBES VER: NO LOGOS
ARTÍCULO: ESCLAVITUD EN EL S. XXI
HUMOR FILOSÓFICO
ARTÍCULO: LA HISTORIA SE REPITE
La historia se repite
DIEGO GARCÍA DOMÍNGUEZ | Viladecavalls
Siendo yo muy pequeño me toco malvivir la inmigración; mis padres se fueron de Andalucía buscando aquello que en su tierra natal no les pudieron dar, trabajo y una vida digna, y llegaron a Cataluña, donde les acogieron como mano de obra barata en lo que se llamaba 'ciudades satélite'. Lucharon duramente para sacarnos adelante a mí y a mis hermanos. Me tocó vivir efectos racistas con aquello -ya casi extinguido- de xarnegos fora, y recuerdo que lo sufrí de verdad; cuando salías del extrarradio se radicalizaba el problema. Para un sector importante y radical yo era xarnego.
Luego llegaban las vacaciones y mis padres tiraban para su tierra, con el coche cargados de bártulos, buscando recuperar tiempos pasados, y me volvía a sorprender: llegaba y era el catalán. Me pasaba parte de mis vacaciones discutiendo de algo que no entendía demasiado bien.
En resumidas cuentas, viví una infancia sin tierra; ahora sigo viviendo en Cataluña, hablo catalán y tengo claro que hoy soy de aquí, pero espero que si tuviese que emigrar me acogieran como persona que soy, no por mi lugar de procedencia.
ARTICULO: YO SOY EL PROBLEMA
Yo soy el problema
No quiero antenas de telefonía en las inmediaciones de mi casa, pero no estoy dispuesto a prescindir de mi teléfono móvil. No soy racista, pero no me gusta encontrarme moros y negros en las discotecas. Me molestan mucho los ruidos que los jóvenes hacen por las noches con las motocicletas, pero a mi hijo le he comprado un scooter y cada noche sale "por ahí". Me entristece ver ancianos solos y abandonados por su familia, aunque a mi suegra la vamos a ingresar en una residencia muy cara. Creo que la juventud es maleducada y desconsiderada con los mayores, y eso lo deberían arreglar los maestros, que para eso los pagamos. No estoy de acuerdo con muchas decisiones que toman los políticos, pero no quiero saber nada de política y cuando hay elecciones me voy de excursión. La justicia está muy mal, pero no quiero formar parte de un jurado popular. Es inadmisible la degradación que sufren los espacios naturales, aunque no estoy de acuerdo en que nos obliguen a separar los desperdicios de casa para su reciclaje.
Soy un ciudadano consciente de los problemas que presenta la sociedad, aunque no estoy dispuesto a mover un solo dedo para solucionarlos. No me doy cuenta: el problema soy yo.
ENLACE INTERESANTE: EDUCAR EN VALORES
http://sapiens.ya.com/laurecaballero/index.html
Existe una completa información de películas que pueden ser utilizadas para trabajar en Valores.
ORIGINALIDAD EN FELICITAR LA NAVIDAD
BIOÉTICA: PELÍCULA RECOMENDADA "EL DOCTOR"
http://es.movies.yahoo.com/e/el-doctor/index-17616.html
SIGNIFICADO DE LA ENFERMEDAD Y DIGNIDAD DEL ENFERMO
Dr. Juan Pablo Beca I
La pregunta sobre qué es la enfermedad ha tenido profusas respuestas desde la perspectiva científica, psicológica, social y cultural. La enfermedad ha sido vista como desorden del equilibrio natural, como agresión externa, como consecuencia de estilos de vida, como desgracia y también como castigo. Aunque las miradas varían según el tipo de enfermedad y sus diferentes expresiones, está claro que las respuestas son distintas si las formula el médico, el paciente o su familia. Es evidente que para el enfermo la vivencia profunda no es sólo “tener” una enfermedad, sino el “ser” enfermo, el hecho de pasar de sano a enfermo con todas las repercusiones existenciales propias de cada caso. Como el fin de la medicina es ayudar al enfermo previniendo la enfermedad, intentando curar, cuidando al incurable y favoreciendo una muerte en paz, resulta indispensable que médicos y estudiantes de medicina comprendan en profundidad lo que la enfermedad representa para el enfermo. Sin embargo la preocupación por el tema es escasa y las percepciones del médico y del enfermo son diferentes, lo cual dificulta y distancia su relación.
Los médicos clínicos demoran a veces muchos años para comprender completamente lo que viven las personas cuando presentan una enfermedad seria, amenazante de su vida o de su calidad de vida. Con el propósito de encontrar metodologías para que los estudiantes logren esta comprensión se realizó, en un grupo de alumnos de medicina, una experiencia en la cual cada estudiante fue “acompañante” de un enfermo crónico durante dos meses. El enfermo fue de esta manera un tutor del estudiante para su aprendizaje sobre el significado de la enfermedad para el paciente y su familia. Los estudiantes no sólo confirmaron muchos de sus conceptos teóricos previos sino que los hicieron propios a través de una vivencia. También pudieron conocer cómo los enfermos enfrentan y logran superar diversas limitaciones de sus capacidades y habilidades. Finalmente los estudiantes concluyeron que, para que el médico pueda indicar y conducir adecuadamente el tratamiento de cada enfermo, es necesario conocer bien a la persona enferma, a su entorno familiar, sus esperanzas y valores.
Las dimensiones de la enfermedad para quien la padece son muy amplias y repercuten de muchas maneras en su vida. Una cosa es sentirse enfermo y otra es sentir que está amenazada la persona misma, al punto de que posiblemente ya no será la misma que fue antes. Una enfermedad terminal, o una con riesgo de muerte o de secuelas, constituye por lo tanto una crisis de toda la persona, vivencia que se engloba en lo que se concibe como una crisis espiritual. Por eso se admite que existe una estrecha relación entre espiritualidad y salud, con terminologías y conceptos no del todo precisos. Existen decenas de definiciones de espiritualidad que contienen creencias religiosas, sensibilidad artística, emociones, temores, afectos, relaciones interpersonales y proyectos de vida. La espiritualidad, para los creyentes, está relacionada con su fe personal y, desde una mirada secular, está ligada al “significado” o sentido de cada vida. Ambas perspectivas tienen en común un sentido de trascendencia. De tal importancia es esta relación entre espiritualidad y salud que numerosas facultades de medicina han incorporado cursos de espiritualidad en sus programas. También se han establecido, entre las intervenciones de cuidados paliativos, programas de “cuidado espiritual” que son impartidos por los diversos profesionales del cuidado y no sólo por capellanes como se podría pensar. Otra metodología propuesta en cuidado paliativo es la “terapia de la dignidad”, referida a acciones que tratan con el enfermo los asuntos que él mismo considera que afectan su dignidad.
Sólo si se comprende bien el significado de la enfermedad para cada paciente se podrá indicar los tratamientos adecuados y proporcionados a cada caso, planificar su cuidado de acuerdo a sus necesidades personales y atender a las necesidades familiares. De esta manera se estará aliviando el sufrimiento y, para los enfermos terminales, favoreciendo su muerte en paz. En otras palabras, así se estará respetando íntegramente su dignidad. Por eso Harvey Chochinov propone en un artículo reciente que, así como se habla del ABC para la reanimación de pacientes críticos, se incorpore el concepto del ABC y D para el cuidado de enfermos terminales o con riesgo de morir1. En este caso el ABC se refiere a actitud, comportamiento y compasión (Attitude – Behaviour - Compassion), a lo cual agrega la D de diálogo. Se refiere a “actitud” cercana sin juicios previos ni intuiciones de parte del profesional, “conductas” concretas que expresen bondad hacia el paciente, “compasión” como virtud y comprensión de lo que está viviendo el enfermo y, finalmente, “diálogo” como elemento básico de empatía que permite conocer al enfermo escuchando lo que él expresa. De esta manera, comprender el significado de la enfermedad para el enfermo es una condición necesaria para una buena medicina y la base del respeto a la dignidad de la persona que presenta una enfermedad.
Para vivir y aplicar el ABC-D propuesto, es necesario un tipo de médico que haya incorporado, durante su formación y a través de su vida profesional, conceptos de persona humana y de su dignidad intrínseca, sentido de la medicina como profesión de ayuda, excelencia científica y virtudes profesionales. Es difícil que médicos que restringen su acción profesional a lo puramente científico y técnico, desconociendo o postergando sus aspectos humanistas, logren respetar íntegramente la dignidad del enfermo, porque no centrarán sus indicaciones y actuaciones en lo que es más importante para el enfermo en su vida.
Lo anterior puede ser relativamente fácil de comprender si se trata de enfermos terminales o en riesgo vital. Sin embargo el deber profesional de respeto a la dignidad del paciente, así como la necesidad de conocerlo para ajustar los tratamientos a sus necesidades y posibilidades, es transversal a toda la medicina y constituye una de las características de la medicina como arte. Más aún, es en la atención primaria, ejercida por médicos familiares o por especialistas en la atención ambulatoria, cuando más se debe ejercer una medicina centrada globalmente en la totalidad de la persona.
A modo de síntesis se puede afirmar, coincidiendo con lo expresado por los estudiantes en la investigación citada, que conocer el significado de la enfermedad para el enfermo y su entorno, es fundamental para ofrecer una buena atención médica, para lo cual es ineludible enfrentar los aspectos espirituales junto a los somáticos. Sólo de esta manera se estará respetando íntegramente la dignidad de la persona enferma.