SOCIOLOGIA
IMPORTANCIA DE LOS CUENTOS
El antropólogo y catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el francés FRANCOIS VALLAEYS nos trae el primer disco de cuentos que publico junto al gran RAFO RAEZ...
Los cuentos no estan hechos para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos.
Gracias por haber escuchado, hace tiempo que nunca, hace tiempo que nunca se cuentan los cuentos, por favor, cuéntalos, cuéntalos a los tuyos, cuéntalos a tus amigos, cuéntalos a quien quieras, pero cuida la vida de estas historias, que han venido como piedras pulidas por el gran rió milenario de bocas y oídos que los trajeron hasta la puerta de tu corazón. (…)”
PUEDES ESCUCHAR EL CUENTO "EL PÁJARO ENJAULADO" PULSANDO AQUI
TEXTO DEL CUENTO "EL PÁJARO ENJAULADO"
BINTA Y LA GRAN IDEA
DEBES VER: NO LOGOS
ARTÍCULO: ESCLAVITUD EN EL S. XXI
ARTÍCULO: LA HISTORIA SE REPITE
La historia se repite
DIEGO GARCÍA DOMÍNGUEZ | Viladecavalls
Siendo yo muy pequeño me toco malvivir la inmigración; mis padres se fueron de Andalucía buscando aquello que en su tierra natal no les pudieron dar, trabajo y una vida digna, y llegaron a Cataluña, donde les acogieron como mano de obra barata en lo que se llamaba 'ciudades satélite'. Lucharon duramente para sacarnos adelante a mí y a mis hermanos. Me tocó vivir efectos racistas con aquello -ya casi extinguido- de xarnegos fora, y recuerdo que lo sufrí de verdad; cuando salías del extrarradio se radicalizaba el problema. Para un sector importante y radical yo era xarnego.
Luego llegaban las vacaciones y mis padres tiraban para su tierra, con el coche cargados de bártulos, buscando recuperar tiempos pasados, y me volvía a sorprender: llegaba y era el catalán. Me pasaba parte de mis vacaciones discutiendo de algo que no entendía demasiado bien.
En resumidas cuentas, viví una infancia sin tierra; ahora sigo viviendo en Cataluña, hablo catalán y tengo claro que hoy soy de aquí, pero espero que si tuviese que emigrar me acogieran como persona que soy, no por mi lugar de procedencia.
ARTICULO: YO SOY EL PROBLEMA
Yo soy el problema
No quiero antenas de telefonía en las inmediaciones de mi casa, pero no estoy dispuesto a prescindir de mi teléfono móvil. No soy racista, pero no me gusta encontrarme moros y negros en las discotecas. Me molestan mucho los ruidos que los jóvenes hacen por las noches con las motocicletas, pero a mi hijo le he comprado un scooter y cada noche sale "por ahí". Me entristece ver ancianos solos y abandonados por su familia, aunque a mi suegra la vamos a ingresar en una residencia muy cara. Creo que la juventud es maleducada y desconsiderada con los mayores, y eso lo deberían arreglar los maestros, que para eso los pagamos. No estoy de acuerdo con muchas decisiones que toman los políticos, pero no quiero saber nada de política y cuando hay elecciones me voy de excursión. La justicia está muy mal, pero no quiero formar parte de un jurado popular. Es inadmisible la degradación que sufren los espacios naturales, aunque no estoy de acuerdo en que nos obliguen a separar los desperdicios de casa para su reciclaje.
Soy un ciudadano consciente de los problemas que presenta la sociedad, aunque no estoy dispuesto a mover un solo dedo para solucionarlos. No me doy cuenta: el problema soy yo.
SOLO LE PIDO A DIOS -POR LA PAZ-
EDUCACIÓN SEXUAL MODERNA
EL CUENTO DE LAS DOS LAGARTIJAS
ENLACE INTERESANTE: SITUACIÓN DE LA MUJER EN ...
ARTÍCULO: EL DESVELO DEL VELO
PELÍCULA RECOMENDADA: EL BUEN NOMBRE
El Buen Nombre es la típica historia de choques culturales. Trata sobre una pareja de bengalíes (casados en un matrimonio concertado, por supuesto) que van a Nueva York a vivir debido al trabajo de él. Una vez alli, Ashima (la mujer) encontrará muchisimas dificultades para adaptarse a una cultura que le resulta tan diferente. Nueva York le resulta una ciudad fria e impersonal, que choca con todo el colorido, el calor y el contacto humano de Calcuta al que esta tan acostumbrada.
El titulo del film viene dado por el nombre que dan a su primer hijo: “Gogol”, en honor al escritor ruso Nikolái Vasílievich Gógol. Gogol es plenamente Norteamericano, y rechazará todas las costumbres hindúes que sus padres intentarán imponerle. Se trata por lo tanto de una película de contrastes y adaptación en las dos direcciones. Por un lado Ashima adaptándose a la cultura occidental, y por el otro Gogol asumiendo sus origenes hindúes.
Vale la pena destacar la fotografía y la música de la película. Ambas bellísimas, y muy adecuadas para mostrar dos mundos tan separados y diferentes. Uno lleno de color y contrastes, y otro mas frío, ordenado y aséptico.
Se trata de un film que no aporta nada nuevo, lo hemos visto miles de veces en el cine, y todo en él es muy convencional. Además esta demasiado cargado de metraje, la última media hora se hace muy larga. Sin embargo es una historia muy bien contada, cargada de humanidad y esperanza. Y aunque solo sea por admirar las imagenes de las calles de Calcuta, o la belleza del Taj Majal, merece la pena ir a verla.
DEBATE: EL VELO
¿Doble rasero para cofias y sotanas?
Los musulmanes españoles apelan a la Constitución y piden libertad e igualdad de trato.
JUAN G. BEDOYA - Madrid
"Es un derecho constitucional, el derecho a la propia imagen. En el islam es una opción personal. No se puede imponer el velo, pero tampoco se puede prohibir". Es la tesis, expresada con energía, casi con cansancio (por tanto repetirla) del presidente de la Junta Islámica Española, el psiquiatra cordobés Mansur Escudero. Su vicepresidente, Abdelkarin Carrasco, lamenta que este tipo de "incidentes se saquen del contexto religioso".
Mansur y Carrasco fueron cristianos antes de convertirse al islamismo. Conocen, por tanto, cómo son las ceremonias del catolicismo, y la diversidad de interpretaciones que tienen los velos de la mujer en las misas. Y cómo una exigencia religiosa se convierte al fin en un hábito social. Con el velo musulmán, en su opinión, pasa lo mismo. Termina siendo una manifestación cultural, más que religiosa.
El asunto, por tanto, es la libertad: el derecho a vestir como se quiera. Y, sobre todo, se trata de un problema de igualdad. Shaima, la niña musulmana vetada en un colegio público de Girona, tiene tanto derecho a acudir a clase con un pañuelo blanco en la cabeza por la mañana y otro verde y amarillo por la tarde, como el cura que da clase de religión en el mismo colegio a vestir larga sotana negra con blanco alzacuello, la monja a cubrirse la cabeza y media frente con una cofia, o el chico del Opus Dei a llevar un vistoso crucifijo en la pechera. Salvo que una norma general decida algo concreto para todos, por ejemplo la vuelta a un uniforme, como en la Francia del presidente Nicolas Sarkozy, la libertad de Shaima no puede tener cortapisa alguna, de momento. Su opción por el velo, aun por indicación de sus padres -como cualquier otro niño en su edad-, es constitucional, inatacable.
España no ha asumido aún, con normalidad, el derecho a la diferencia -y a la igualdad de trato- entre religiones. Dos ejemplos, uno de 2002 en San Lorenzo de El Escorial (Madrid), y otro algo más cercano, en una comisaría de policía en Granada. En este último caso, se trató de dos jóvenes musulmanas (de nacionalidad española) que acudieron a sacarse el carné de identidad. O se quitaban el velo, o no había DNI. Decenas de monjas lo habían obtenido allí mismo sin problema, vestidas con impolutas cofias.
El otro episodio ocupó espacios de gran audiencia en las televisiones. En las imágenes, dos mujeres, también: una monja concepcionista argumentando por qué su colegio en El Escorial negaba la entrada a la niña Fátima Elidrisi porque iba con el hiyab (pañuelo) cubriéndole la cabeza. La monja, directora del centro, exponía sus argumentos vestida con cofia y largo hábito. Sorprendía que no hubiera caído en la cuenta del detalle. El colegio era concertado -pagado con fondos públicos-. Finalmente, el Gobierno de la Comunidad de Madrid, en manos del PP, buscó a la atribulada adolescente del pañuelo islámico un hueco en otro colegio, público por supuesto.
El uniforme de las alumnas concepcionistas era antaño bien vistoso. Tocadas con un casco de fieltro que parecía de soldado alemán, vestían un traje gris con tablas adornado con una banda azul, a modo de cíngulo de castidad. Aún hoy, no hay nada más parecido a un hiyab marroquí que los velos cristianos de las concepcionistas y tantas otras animosas congregaciones dedicadas a la docencia.
El Gobierno descarta decidir contra el velo islámico (que muchas veces no es más que una convención cultural), porque entonces debería legislar sobre asuntos que en el pasado armaron grandes revuelos eclesiásticos. Por ejemplo, la episcopal guerra de los crucifijos, en la década de los noventa del siglo pasado -la decisión, nunca ejecutada del todo, de retirar de las escuelas el crucifijo que presidía cada aula.
REFLEXIÓN: ¿Están las mujeres occidentales en condiciones de dar lecciones de igualdad a otras culturas?.
Recortes del artículo de “Marcas de género” de Mª Luisa Vicente y Carmen Vigil - Madrid - 27/10/2007
Miles de españolas se ponen zapatos de tacón alto que les machacan los pies, faldas estrechas que limitan su movilidad, mucho tiempo embadurnándose la cara de maquillaje, mujeres y jóvenes que se meten en el quirófano para aumentarse el pecho o hacerse una liposucción, marcas asumidas mediante mecanismos de socialización más eficaces que cualquier prescripción normativa, se afanan en adaptar su imagen a las pautas estéticas que rigen actualmente para su género, niñas y adolescentes se preocupan por estar guapas y sexies, siendo éste uno de los criterios fundamentales para su valoración dentro del grupo y, en consecuencia, también para su propia autoestima. La dimensión alcanzada hoy por la objetualización sexual de las mujeres y la mercantilización del cuerpo femenino no tiene parangón en ninguna época histórica anterior.
REFLEXIÓN: OPRIMIDAS EN LOS GUETOS PARISINOS
Oprimidas en los guetos parisinos
Jóvenes de origen inmigrante denuncian violencia y segregación
JOAQUIN PRIETO. Paris. EL PAÍS - Última - 25-10-2002 EL PAÍS - Última - 25-10-2002
EL PAÍS - Última - 25-10-2002
Más allá de las elegantes fachadas de París se oculta un mundo de guetos, donde la vida es difícil para todos, en especial para las chicas. Sohane murió quemada viva por un antiguo amigo en un suburbio, hace menos de un mes; sólo tenía 17 años. A los pocos días, Oulfa, de 19, sobrevivió a un ataque con ácido en los lavabos de un instituto de la capital. Estas situaciones ocurren en pleno corazón de un país con avanzadas leyes sobre la igualdad de oportunidades y un buen sistema de ayudas sociales, en el que se había iniciado una experiencia -pronto interrumpida- de 'paridad política' entre hombres y mujeres.
¿Cómo se puede morir a los 17 años, convertida en una tea humana en un sórdido cuarto de basuras? Y sobre todo, ¿cómo pueden seguir viviendo sus amigas, sus compañeras? Algunas de ellas se movilizaron para organizarle una manifestación de despedida, antes de que el cuerpo de Sohane fuera repatriado a Argelia. 'Fue para decirle adiós y para ayudarnos a los demás a seguir viviendo', explica una de las organizadoras de la manifestación, que concentró a un millar de personas en Vitry-sur-Seine, el escenario de la tragedia, al sureste de París.
No sólo es un intento de mover una solidaridad protectora frente a nuevas violencias, sino de cambiar el clima de relativa comprensión que rodea a sus autores. En un principio, el presunto asesino de Sohane fue protegido por grupos de colegas, que le facilitaron la fuga. El hospital en que fue atendido de algunas quemaduras sospechó de él y esto permitió su detención. Al cabo de unos días se supo que había confesado: se llevó a la chica al cuarto de basuras, vertió un litro de gasolina sobre su cabeza y jugueteó con una cerilla encendida. La muchacha se inflamó en pocos instantes y el sótano se convirtió en un ataúd: él no quería llegar tan lejos, sólo darle un susto, habían tenido diferencias sentimentales...
Es verdad que esto no ocurre todos los días. Pero las violencias sexuales y los acosos responden a la reconstrucción de un poder machista sobre los barrios difíciles, que algunos creen fruto de la cultura patriarcal de las familias de inmigrantes y otros atribuyen al empuje del islamismo fundamentalista. Muchos observadores creen que la degradación de la condición femenina es un hecho: así lo afirma un libro blanco elaborado sobre la base de 200 testimonios, anónimos casi todos, recogidos por una federación de asociaciones implantada en barrios difíciles
En la sede parisiense de esta federación, donde sólo se ve a jóvenes de origen inmigrante, facilitan muy gustosos las 32 páginas del trabajo recopilado, por más que el nombre del periódico que se lo pide, EL PAÍS en este caso, no les suena de nada. Pero necesitan que su problema salga a la luz. 'Una de las manifestaciones del gueto', afirman, 'es la vuelta forzosa a formas de organización social tradicionales, fundadas sobre el machismo y el patriarcado: la segregación (las chicas de un lado, los muchachos de otro), la agresividad y el desprecio, la miseria sexual y los tabúes, la fuerza como única fuente de autoridad'.
En ese contexto, 'las chicas se convierten en signos exteriores de riqueza, una apuesta de poder y una propiedad exclusiva. Aquellas que se creían que podían vivir como mujeres emancipadas y libres son tachadas de putas, y aquellas que quieren permanecer de acuerdo con el modelo de hija de buena familia son calificadas de esclavas. Colocadas ante esta alternativa imposible, la mayor parte no tiene otra opción que la mentira: fumar a escondidas o hacer el amor en la parte trasera de un coche. Nuestra vida es sórdida, no estamos seguras en ninguna parte, nuestros derechos más elementales son pisoteados cotidianamente y todo esto ocurre en medio de la más profunda indiferencia'.
No es políticamente correcto relacionar estos fenómenos con determinadas minorías procedentes de la inmigración; pero el problema existe. Hélène Orain, que trabaja en la preparación de una 'marcha nacional' de mujeres de barrios para el próximo mes de febrero, ha hecho unas declaraciones al diario Le Monde en las que introduce ese dato del siguiente modo: en un espacio público dominado por los hombres, 'las chicas deben desarrollar estrategias complicadas para evitar a los grupos de muchachos, haciendo a menudo largos rodeos. Se desplazan solas muy pocas veces, más bien en grupos de chicas. Las únicas que escapan a los insultos son las que llevan velo'.
AQUELLO QUE VEN AQUELLO QUE HACEN
Comentario de texto: El velo de la discordia
José Luis Martí, profesor de Derecho, Universitat Pompeu FabraTexto publicado en La Vanguardia 3-III-07 Veo con preocupación cómo se instala un nuevo discurso de lo políticamente correcto en determinados ámbitos culturales europeos, donde parece que lo tolerante es permitir el uso del velo, y lo intolerante, prohibirlo. Pero el problema del velo es cualquier cosa excepto sencillo. Son muchos los tipos de velo y también diversas las respuestas que probablemente debemos dar a cada uno. Las razones para defender su uso no son sólo religiosas, sino también identitarias, culturales, etcétera.
Las razones para limitarlo en ciertos ámbitos, por otra parte, no se basan únicamente en el laicismo y la libertad religiosa, sino en algunos casos en la seguridad pública. Además, siendo un problema que afecta en primera persona a las mujeres, es especialmente llamativo que las feministas, europeas o extranjeras, estén divididas frente a este fenómeno. Esto merece tomarse al menos como un indicador de la complejidad del asunto. Y en la medida en que el uso del velo responde a veces a un acto de reafirmación identitaria y de protesta frente a una sociedad que no ha sabido integrar a su inmigración, el problema afecta al núcleo más importante de nuestra organización social y política. Repito, lo que no puede decirse en ningún caso es que se trate de un problema sencillo, de algo sobre lo que podemos pronunciarnos rápidamente, sin meditar bien la respuesta.
En una sociedad como la nuestra, cada vez más marcada por el hecho profundo del pluralismo, es evidente que urge repensar el principio de libertad religiosa, un principio nacido en la Europa del siglo XVI como germen del liberalismo político, y que recogen hoy todas las constituciones y declaraciones de derechos modernos. Suele entenderse que la libertad religiosa abarca tanto la libertad de creencias como su libre ejercicio, y que mientras la primera es ilimitada, puesto que cada uno puede creer en lo que le dé la gana sin encomendarse a nadie más que a su propia conciencia, el segundo tiene claros límites. Tradicionalmente se ha entendido que dichos límites venían impuestos por el daño a terceros, no amparando los sacrificios humanos rituales o la castración femenina. Pero ahora necesitamos una concepción moderna de dicho principio que recurra a la idea más amplia de ámbito público, no basada en el daño a terceros sino en el respeto por el conjunto de valores básicos que dan sentido a nuestra sociedad, y sobre el que nuestras consideraciones privadas nunca pueden imponerse.
No se trata de juzgar o valorar las creencias religiosas de nadie, ni de potenciar o mitigar un choque entre culturas, sino de la observancia estricta de los derechos y deberes que se derivan del conjunto de valores que hemos adoptado libremente en Europa. Si se puede prohibir o no el uso del velo en la escuela pública, por ejemplo, no depende de cuánto respeto nos merezca la práctica del velo en sí misma, sino de la interpretación que adoptemos del principio de libertad religiosa en conjunción con el resto de los principios constitucionales.
En una sociedad liberal-republicana, la esfera de lo privado es la esfera de lo plural, el ámbito en el que cada ciudadano es soberano de su propia vida, y desarrolla las actividades que estima oportunas sin merecer por ello ningún tipo de reprobación pública, y por ello toda mujer tiene el derecho indiscutible a vestir como desee en dicha esfera de su vida. Mientras que el ámbito de lo público se define por los valores que nos unen y que nos hacen iguales, y por el respeto ineludible hacia los derechos y deberes de todos. Por esta razón, ninguna de las dos posiciones (la prohibicionista y la permisiva) es prima facie más tolerante o más respetuosa que la otra. Si llegáramos a la conclusión de que el uso del velo en las escuelas vulnera los derechos de algunas niñas, entonces la práctica más respetuosa y tolerante sería indudablemente la de prohibirlo. Lo que debemos preguntarnos, entonces, es a cuál de los dos ámbitos pertenece la escuela pública.
La escuela es el espacio en el que el Estado brinda a sus ciudadanos las condiciones necesarias para que éstos puedan desarrollar un modo de vida autónomo y en el que debemos transmitir a nuestros hijos los valores públicos de convivencia, libertad e igualdad básica que caracterizan nuestras sociedades. Si pensamos que se puede estar forzando a algunas niñas a usar una prenda que actúa como signo público de dominación y se las está educando en un contexto de desigualdad, es una función de la escuela pública neutralizar tales distorsiones.
Precisamente porque todas las creencias individuales, religiosas o no, poseen el mismo valor desde el punto de vista público, precisamente porque el valor de la igualdad básica entre hombres y mujeres es irrenunciable, la escuela debe garantizar que cada uno de los niños y niñas que acuden a ella estarán provistos en el futuro inmediato de las herramientas necesarias para diseñar autónomamente su vida.
Por eso celebro la decisión judicial de hace unas semanas que en el Reino Unido ha impedido a una maestra ejercer sus funciones completamente cubierta por un nikab, que sólo dejaba vislumbrar sus ojos. Porque la primera lección es que todos somos iguales y que nos podemos mirar a la cara limpiamente cuando hablamos. Sin embargo, insisto, el problema del velo no es para nada sencillo. Discutamos sin prejuicios acerca de estas cuestiones. Nada nos puede hacer mejores ciudadanos, más respetuosos o más tolerantes.