LECTURA: "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano
APUNTES: QUÉ ES LA FILOSOFIA
Debate Chesterton UCM - Carlos Fernández Liria ( 76 min - 24/04/2007
BLOGFESORES DE FILOSOFÍA
ENLACE ARTÍCULO: El infierno según Ingrid
El alma
La palabra alma (psique) significa, en los poemas homéricos, «vida». Vida como principio, como latido, como movimiento. Esta idea de que el cuerpo está recorrido por un soplo que lo alienta se encuentra ya en los primeros testimonios escritos de nuestra cultura. Pero estos comienzos de la terminología filosófica tienen lugar siempre en la observación de la naturaleza, del mundo que nos rodea. Por ello, alma tiene que ver con el verbo griego que significa «respirar». Ese movimiento que se percibe en nuestros pulmones es, pues, el signo que manifiesta, en el hombre, el proceso de vivir. Este hecho físico se expresó, al mismo tiempo, no ya en un verbo, sino en un sustantivo, psique, que significaba no solo el movimiento, sino su principio originador. Platón determinará ya con claridad este cambio e iniciará la descripción de lo que posteriormente habrá de llamarse psicología. El alma es, pues, el principio de la vida del cuerpo y, siguiendo con una cierta concepción dualista, el elemento opuesto a la corporeidad.
CRISIS FINANCIERA MUNDIAL
NOTICIA INTERESANTE: INTERNET Y LA FORMA DE PENSAR
ANÁLISIS DE PELÍCULAS:
Calle Mayor – Grand’Rue
Director: Juan Antonio Bardem. Nacionalidad: Hispano-francesa. Producción: Guión P.C. (Madrid) para Suevia Films (Madrid), Play Art (París) e Iberia Films (París). Año: 1956. Productores: Cesáreo González y Serge Silverman. Jefe de producción: Manuel José Goyanes. Ayudante de producción: Samuel Menkes. Regidor: Miguel Pérez Marián.
Exteriores: Cuenca, Logroño y Palencia. Estudios: Chamartín (Madrid). Laboratorios: Madrid Films. Sonorización: RCA. Fechas de rodaje: 13 enero a 14 abril de 1956. Argumento: Juan Antonio Bardem, inspirado en la comedia “La señorita de Trévelez”, de Carlos Arniches (estrenada el 14 diciembre 1916, en el teatro Lara, de Madrid). Guión: Juan Antonio Bardem.
Fotografía: Michel Kelber, en blanco y negro. Operador: Mario Pacheco. Foto fija: Felipe López. Música: Joseph Kosma e Isidro B. Maiztegui. Dirección musical: Serge Baudo. Sonido: Fernando Bernáldez. Decorados: Enrique Alarcón. Atrezzo: Mengíbar, Luna y Mateos. Maquillaje: Carmen Martín González. Vestuario: Humberto Cornejo. Peluquería: Dolores Clavel. Montaje: Margarita Ochoa. Ayudante montaje: Alfonso Santacana. Ayudante dirección: José Puyol. Auxiliar dirección: Marcelo Arroita-Jáuregui. Script: Carmen Pageo.
Intérpretes: Betsy Blair (Isabel), José Suárez (Juan), Yves Massard (Federico), Luis Peña (Luis), Dora Doll (Tonia), Alfonso Goda (El calvo), Manuel Alexandre (Luciano), José Calvo (El doctor), Matilde Muñoz Sampedro (La chacha), René Blancard (Don Tomás), María Gámez (La madre), Lila Kedrova (Pepita), Josefina Serratosa (Doña Obdulia), Julia Delgado Caro (La señora de la procesión), José María Prada (Don Evaristo), Pilar Gómez Ferrer (La señora de la Calle Mayor), Manuel Guitián (El taquillero), Margarita Espinosa (Maruja), Pilar Vela (Encarna), Elisa Méndez (Monja 1ª), Ángeles Bermejo (Monja 2ª), Amelia Orta (Victoria).
Distribuidora en España: Suevia Films-Cesareo González. Distribuidora en Francia: Les Films Marceau. Estreno mundial: 6 septiembre 1956, Festival de Venecia. Estreno en España: 5 diciembre 1956, cine Windsor (Barcelona). Estreno en Francia: Cine Marbeuf (París). Longitud: 2701 metros. Duración: 99 minutos.
Premios: Premio de la Crítica Internacional (FIPRESCI) y Mención de Honor a Betsy Blair en el Festival de Venecia (1956); Cuarto premio del Sindicato Nacional del Espectáculo (1956); Premio a Betsy Blair, como mejor actriz extranjera en película española, del Círculo de Escritores Cinematográficos (1956); Mejor film del año de la revista “Cinema Nuovo”, de Milán (1956); Premio San Jorge, de Barcelona (1956); Premio a Juan Antonio Bardem, como mejor director español, y a José Suárez, como mejor actor español, por “Calle Mayor”, de la revista “Triunfo”, de Madrid (1957); Premio de la revista “Fotogramas”, de Barcelona (1957); Premio Cantaclaro, de Venezuela (1957); Premio Pluma de Oro, de Austria (1958).
Título inglés: Main Street (también conocida como The Lovemaker) Título alemán: Hauptstrasse. Título italiano: Calle Mayor. Título portugués: Rua Principal.
VISIONADO: CALLE MAYOR
http://www.encadenados.org/n40/rashomon.htm
Autor: Juan Antonio Rivera Libro “Lo que Sócrates diría a Woody Allen” Págs. 81-83
PRESENTACIÓN DE PERSONAJE
Los sucesos tienen lugar en una pequeña ciudad de provincias innominada de un país cualquiera que, algo más que por casualidad, ofrece todas las trazas de ser España. Juan es el protagonista masculino (José Suárez); Federico (Yves Massard) es su amigo, un intelectual afincado en Madrid, con el que Juan compartió estudios y ambiciones en la juventud, y que ahora está de paso por la capital de provincias en que su amigo Juan ha ido a caer como empleado de banca. Pasada la «alegre muchachada», en eso han acabado las aspiraciones con que estos dos amigos se deslumbraban a sí mismos y a los demás; aspiraciones que en su día ambos tuvieron en común, y que ahora solo Federico parece mantener en pie.
Aparte de por ver a su amigo, Federico está en la pequeña ciudad de provincias para obtener la firma, como colaborador en una revista cultural en la que él trabaja, de la lumbrera local: don Tomás, el presidente del Círculo Recreativo, Artístico y Cultural; sin mucho éxito, hay que decir. Precisamente el ilustrado don Tomás acaba de ser blanco de una broma de gusto dudoso (mejor dicho: nada dudoso), perpetrada por una camarilla de amigotes de mediana edad -en la que Juan se integró al poco de llegar al lugar-, que matan el mucho tiempo libre del que disponen jugando al billar en el casino y gastando burlas pesadas a la gente. Son «gente que se aburre», le dice don Tomás a Federico, en parte como explicación y en parte como disculpa.
Otro personaje central de Calle Mayor, de Juan Antonio Bardem, es Isabel Castro (Betsy Blair), hija del difunto don Blas (coronel de Caballería), la solterona sobre la que se va a abatir una de esas sangrientas cuchufletas de señoritos de provincias sumidos en el pegajoso légamo del tedio. El caso es que Juan, su futuro verdugo sentimental, se la encuentra en el paseo ritual que da con su amigo Federico por la Calle Mayor. Isabel va acompañada de la esposa del jefe de Juan (le recuerdo que Juan está empleado en un banco). Sí, pasear por la Calle Mayor es un ritual del que nadie escapa en una pequeña ciudad provinciana.
Federico le pregunta a Juan, que también ha sido forastero en la villa pero que ya se ha aclimatado a sus usos, si sale con mujeres. Juan le aclara enseguida la situación. Solo hay dos posibilidades: o salir a la vista de todos con una misma chica dos veces, con lo que pasas de inmediato a ser tenido por su novio formal; o «tener un plan», actuar de tapadillo. Pero en una pequeña ciudad de provincias esos secretos no duran mucho: el galán afortunado no podrá evitar alardear de su conquista ante sus amigos, que se encargarán de difundir la sabrosa nueva entre la población. En un sitio en el que todos padecen ésa dolencia anímica que es el aburrimiento, noticias de ese calibre se extienden como el fuego entre la hojarasca seca. En condiciones así, es difícil «tener un plan», y no necesariamente porque las chicas del lugar sean decentes, como le explica Juan a su amigo: «No es eso; si tienes plan con una, todos tus amigos lo van a saber y todo el mundo también. Por eso, ellas se andan con mucho cuidado, porque luego, como no pesquen a un forastero...». Las mujeres que no observan el debido recato abandonan el club de las novias posibles, decentes, y solo pueden aspirar a pescar como marido a un incauto que esté de paso.
Por descontado queda una tercera posibilidad: el Café de Pepita en el barrio viejo, es decir, el trato con prostitutas; esto no compromete a los varones rijosos del lugar porque las chicas de alterne han quedado ya descartadas como parejas sentimentales estables, y también porque las esposas de estos encalabrinados varones conocen y consienten la situación; digamos que se resignan a que sus maridos den estas rudimentarias muestras de «hombría». Allí, en el Café de Pepita, los hombres descontentos de su vida marital consumen un sucedáneo de baja calidad de la pasión amorosa: el contacto carnal hay que comprarlo y la diversión tiene que ser forzada, y facilitada a la vez, por el consumo de alcohol. Por cierto, ha de saber que en el Café de Pepita trabaja Tonia (Dora Doll), una muchacha de la que Juan anda algo encaprichado; y parece que la cosa es mutua.
El amigo forastero de Juan se siente casi de inmediato incómodo con esa compañía de juerguistas insustanciales que Juan se ha buscado; Federico no tarda en olfatear la vaciedad y la condición mediocre de sus vidas, los simulacros de diversión a los que se entregan; y le duele que su amigo Juan, al que ha visto en mejores momentos, se haya dejado enredar por semejante chusma provinciana. Federico y, en otro sentido, Tonia (la chica de alterne del Café de Pepita) se van a convertir en altavoces de la conciencia moral de Juan, le van a recordar que él puede ser mejor de lo que muestra en su comportamiento durante esa noche de ronda que, como tantas otras previas, acaba de esa forma triste y abyecta que nos recuerda la canción.
Para Federico está claro que el problema de Juan, la fuente de ese incipiente olor a podrido que ventea en él, procede de su integración en esa tropilla de simios con gabán, ese grupo de guasones que se aburren mortalmente y en medio de los cuales Juan ha de mantener su reputación: la de que él no se achica ante las gamberradas que de forma periódica, y por turnos, van perpetrando los de la cuadrilla para matar el tedio. El que la hace más gorda es el que ocupa momentáneamente la cúspide en la jerarquía informal de dominancia dentro del grupo. Y no es otra cosa que el tedio el que los empuja a esas bajezas morales, unas iniquidades que sus encallecidas conciencias prefieren al horrible marasmo mental del hastío provinciano.
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PROGRAMAS DE RADIO DE LA UNED -FILOSOFIA-
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Búsqueda avanzada. Asignatura filosofía.
COMENTARIO DE TEXTO: PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES
http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=2687&id_firma=5150
Artículo de Arturo Pérez-Reverte
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA? (El mundo de Sofía)
¿Qué es la filosofía?
Querida Sofía. Muchas personas tienen distintos hobbies. Unas coleccionan monedas antiguas o sellos, a otras les gustan las labores, y otras emplean la mayor parte de su tiempo libre en la práctica de algún deporte.
A muchas les gusta también la lectura. Pero lo que leemos es muy variado. Unos leen sólo periódicos o cómics, a algunos les gustan las novelas, y otros prefieren libros sobre distintos temas, tales como la astronomía, la fauna o los inventos tecnológicos.
Aunque a mí me interesen los caballos o las piedras preciosas, no puedo exigir que todos los demás tengan los mismos intereses que yo. Si sigo con gran interés todas las emisiones deportivas en la televisión, tengo que tolerar que otros opinen que el deporte es aburrido
¿Hay, no obstante, algo que debería interesar a todo el mundo? ¿Existe algo que concierna a todos los seres humanos, independientemente de quiénes sean o de en qué parte del mundo vivan?. Sí, querida Sofía, hay algunas cuestiones que deberían interesar a todo el mundo. Sobre esas cuestiones trata este curso.
¿Qué es lo más importante en la vida? Si preguntamos a una persona que se encuentra en el límite del hambre, la respuesta será comida. Si dirigimos la misma pregunta a alguien que tiene frío, la respuesta será calor. Y si preguntamos a una persona que se siente sola, la respuesta seguramente será estar con otras personas.
Pero con todas esas necesidades cubiertas, ¿hay todavía algo que todo el mundo necesite? Los filósofos opinan que sí. Opinan que el ser humano no vive sólo de pan.
Es evidente que todo el mundo necesita comer. Todo el mundo necesita también amor y cuidados. Pero aún hay algo más que todo el mundo necesita. Necesitamos encontrar una respuesta a quienes somos y por qué vivimos.
Interesarse por el por qué vivimos no es, por lo tanto, un interés tan fortuito o tan casual como, por ejemplo, coleccionar sellos. Quien se interesa por cuestiones de ese tipo está preocupado por algo que ha interesado a los seres humanos desde que viven en este planeta. El cómo ha nacido el universo, el planeta y la vida aquí, son preguntas más grandes y más importantes que quién ganó más medallas de oro en los últimos juegos olímpicos de invierno.
La mejor manera de aproximarse a la filosofía es plantear algunas preguntas filosóficas:
¿Cómo se creó el mundo? ¿Existe alguna voluntad o intención detrás de lo que sucede? ¿Hay otra vida después de la muerte? ¿Cómo podemos solucionar problemas de ese tipo? Y, ante todo: ¿cómo debemos vivir?
En todas las épocas, los seres humanos se han hecho preguntas de este tipo. No se conoce ninguna cultura que no se haya preocupado por saber quiénes son los seres humanos y de dónde procede el mundo.
En realidad, no son tantas las preguntas filosóficas que podemos hacernos. Ya hemos formulado algunas de las más importantes. No obstante, la historia nos muestra muchas respuestas diferentes a cada una de las preguntas que nos hemos hecho.
Vemos, pues, que resulta más fácil hacerse preguntas filosóficas que contestarlas.
También hoy en día cada uno tiene que buscar sus propias respuestas a esas mismas preguntas. No se puede consultar una enciclopedia para ver si existe Dios o si hay otra vida después de la muerte. La enciclopedia tampoco nos proporciona una respuesta a cómo debemos vivir. No obstante, a la hora de formar nuestra propia opinión sobre la vida, puede resultar de gran ayuda leer lo que otros han pensado.
La búsqueda de la verdad que emprenden los filósofos podría compararse, quizás, con una historia policiaca. Unos opinan que Andersen es el asesino, otros creen que es Nielsen o Jepsen. Cuando se trata de un verdadero misterio policiaco, puede que la policía llegue a descubrirlo algún día. Por otra parte, también puede ocurrir que nunca lleguen a desvelar el misterio. No obstante, el misterio sí tiene una solución.
Aunque una pregunta resulte difícil de contestar puede, sin embargo, pensarse que tiene una, y sólo una respuesta correcta. O existe una especie de vida después de la muerte, o no existe.
A través de los tiempos, la ciencia ha solucionado muchos antiguos enigmas. Hace mucho era un gran misterio saber cómo era la otra cara de la luna. Cuestiones como ésas eran difícilmente discutibles; la respuesta dependía de la imaginación de cada uno. Pero, hoy en día, sabemos con exactitud cómo es la otra cara de la luna. Ya no se puede creer que hay un hombre en la luna, o que la luna es un queso.
Uno de los viejos filósofos griegos que vivió hace más de dos mil años pensaba que la filosofía surgió debido al asombro de los seres humanos. Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas, opinaba él.
Es como cuando contemplamos juegos de magia: no entendemos cómo puede haber ocurrido lo que hemos visto. Y entonces nos preguntamos justamente eso: ¿cómo ha podido convertir el prestidigitador un par de pañuelos de seda blanca en un conejo vivo?
A muchas personas, el mundo les resulta tan inconcebible como cuando el prestidigitador saca un conejo de ese sombrero de copa que hace un momento estaba completamente vacío.
En cuanto al conejo, entendemos que el prestidigitador tiene que habernos engañado. Lo que nos gustaría desvelar es cómo ha conseguido engañarnos. Tratándose del mundo, todo es un poco diferente. Sabemos que el mundo no es trampa ni engaño, pues nosotros mismos andamos por la Tierra formando una parte del mismo. En realidad, nosotros somos el conejo blanco que se saca del sombrero de copa. La diferencia entre nosotros y el conejo blanco es simplemente que el conejo no tiene sensación de participar en un juego de magia. Nosotros somos distintos. Pensamos que participamos en algo misterioso y nos gustaría desvelar ese misterio.
P. D. En cuanto al conejo blanco, quizás convenga compararlo con el universo entero. Los que vivimos aquí somos unos bichos minúsculos que vivimos muy dentro de la piel del conejo. Pero los filósofos intentan subirse por encima de uno de esos fines pelillos para mirar a los ojos al gran prestidigitador.
INTRODUCCIÓN A PLATÓN
Cronológicamente, LA REPUBLICA fué escrita durante el periodo intermedio de la vida de Platón (probablemente entre el primer viaje a Sicilia y el segundo); y nos va a mostrar el convencimiento de su autor en la existencia de una estrecha relación entre la teoría y la práctica, entre el conocimiento verdadero y la vida satisfactoria.
No debemos entender que LA REPUBLICA es fundamentalmente la elaboración ideal de la sociedad perfecta; sino más bien un tratamiento terapéutico de los regímenes políticos existentes en su tiempo; el pensamiento político de Platón surge ante la decepción profunda que le producen las teorías políticas vigentes.
El hombre griego del S. V ya había captado la diferencia entre la necesidad de las leyes físicas y la convención (nomos) de las leyes estatales. Es evidente que cuando el poder cambia de manos ya no puede creerse en su origen divino; pero esto encierra el peligro de que se deje el camino abierto a la ambición y a la teoría de la fuerza. Estas fueron las preocupaciones de nuestro autor que tan magníficamente nos expone en su CARTA VII. En ella vemos como la lucha entre estados tomó el cariz de lucha de regímenes, de pugna entre democracia y oligarquía, y acabó originando guerras civiles en las que la inhumanidad llegaba a sus más altas cotas.
Es normal que en éstas épocas de crisis sucumba la moral del hombre medio y que los ambiciosos dicten las reglas del juego que permiten sus tropelias. Pero lo peor de todo fue que las que empezaron siendo normas de relaciones internacionales en periodo de guerra, se fueron convirtiendo en normas de comportamiento público, divulgadas y enseñadas por los sofistas. La enseñanza de estas pautas de conducta, basadas en el poder y la fuerzá, amenazaba con sofocar toda doctrina ética. Y provocar, un estado anárquico en la sociedad. Ante este peligro se enfrentó Platón, convencido de que si los hombres se mueven por la búsqueda del poder y la riqueza terminarán en disputa unos contra otros, provocando el dcsordcn y la injusticia.
Pero Platón está convencido de que, la racionalidad es la facultad más importante del hombre y de que la razón ordena el cosmos; de manera que la vida del hombre debe aspirar a la realización de la razón y no a la consecución del placer; y sólo los que crean en esta supremacía del orden racional podrán acabar con los abusos y las injusticias creando la armonía y el bienestar social.
Vemos, pues, que Platón tiene un triple objetivo al escribir LA REPÚBLICA:
1) Conocer los principios de la razón que regulan el universo, la estructura esencial de las cosas, «lo que son».Objetivo ONTOLOGICO.
2) Educar al hombre para que viva según la razón y alcance su plenitud. Objetivo PAIDEUTICO.
3) Aplicar la racionalidad al orden social para conseguir el bien del individuo y de la comunidad. Objetivo POLITICO.
INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA
- La guerra del Peloponeso -VER MAPA-
EL SHOW DE TRUMAN Y LA FILOSOFÍA
http://www.boulesis.com/boule/el-show-de-truman/
http://www.auladecine.com/recursos/show_de_truman.pdf
http://blog.educastur.es/lechuzaminerva/2007/12/18/el-show-de-truman/
http://dolphin.blogia.com/2005/100203-visionado-el-show-de-truman.php