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UN LUGAR PARA APRENDER FILOSOFÍA

FILOSOFIA

REFLEXIONES DESDE LA PELÍCULA: FAMILY MAN

REFLEXIONES DESDE LA PELÍCULA: FAMILY MAN Vamos a recordar la película. Que comienza en un aeropuerto en el que Jack está a punto de emprender un ansiado viaje de estudios a Londres, y su novia Kate, insiste en que se quede junto a ella. Jack debe elegir entre una vida hogareña y contraer matrimonio con Kate o elegir en busca de su éxito profesional. Esta decisión marcará el resto de su vida.
REFLEXIÓN
La película nos va a mostrar dos vidas, dos rumbos distintos. El de Jack Campbell tomando el avión y el no tomarlo. También nosotros en nuestra vida tomamos decisiones desconociendo las consecuencias a largo plazo. Y es necesario dirigir nuestra existencia hacia lugares que realmente deseemos, marcarnos objetivos.
COMENTARIO
En un comienzo la película nos muestra el itinerario de Kate, en tomar el avión, hacer el master, y es un exitoso hombre de negocios en Nueva York, tiene todo lo que desea (dinero, mujeres, autos y un empleo que lo apasiona).
En Nochebuena, antes de volver a su lujoso piso de Manhattan, Jack entra en una pequeña tienda para hacer unas compras. En ese momento, irrumpe un ladrón, Cash, a quien Jack logra desarmar poniendo en juego su propia vida. Salen juntos del local y tienen una conversación acerca de los valores y las prioridades en la vida. Cuando el hombre de negocios afirma que tiene todo lo que siempre ha deseado, Cash no se muestra muy convencido.
REFLEXIÓN
La vida de Jack se basa en la vida de un "yettie", actual escala de los "yuppies", neoyorquino. El ladronzuelo es la voz de su conciencia. Su "angelito" de la guarda que recuerda la película ¡Qué bello es vivir!.
¿Alguien sabría hacer un resumen de esta película “¡Qué bello es vivir!”?
COMENTARIO
De regreso en casa, Jack se queda dormido. Pero se despierta en los suburbios de New Jersey, acostado junto a Kate, con quien se ha casado y tiene dos niños. Ya no es un exitoso financista, ahora trabaja en la gomería de su suegro. ¿Qué ha sucedido? Alguien ha decidido hacerle vivir a Jack una vida paralela, partiendo del supuesto que no hubiera abordado aquel avión hace trece años.
De esta manera, el film plantea una serie de oposiciones que parecen ser las únicas formas de vida posibles para cualquier hombre: se puede ser padre de familia o realizarse en su vocación, dormir todas las noches con la misma mujer o hacer el amor con esculturales mujeres que no tienen cerebro, sacar a pasear el perro de nuestros hijos en medio de una fuerte nevada o viajar a Aspen a esquiar, ser un mediocre gomero.
Hay necesidades económicas, hay necesidades afectivas. El personaje sufre un desdoblamiento que lo enloquece: en Wall Street está su vida pero no lo reconocen, ni siquiera el portero del lujoso edificio donde vive, y mucho menos sus compañeros de trabajo. Su mujer está feliz junto a él, Campbell sabe que es la novia que perdió pero nunca se imaginó que se había casado con ella, y que tenía dos críos que atender. Pero no puede zafar. Aquí aparece otra debilidad del guión: la tortura del personaje que está viviendo tamaña ambigüedad resueltas con gotitas de inconsistencia.
El ladrón-angelito usa el Ferrari de Campbell y le sigue dando consejos al atribulado neoyorquino. Algo tendrá que aprender de semejante lección. ¿Qué puede ser?
REFLEXIÓN
¿Cómo afecta nuestra vida a otras personas? Por ejemplo Annie y Joshie no habrían nacido. ¿Te gustaría conocer tu árbol de la vida entero?

SUGERENCIA PARA COMENZAR UNA CLASE DE FILOSOFÍA

SUGERENCIA PARA COMENZAR UNA CLASE DE FILOSOFÍA Jorge Bucay Libro:De la autoestima al egoísmo
Sala de conferencias en una librería. Sillas blancas de plástico. Gente haciendo cola afuera. Algunos se saludan, se reconocen.
Muy cerca, Jorge toma un café con Miguel, su editor. Aviso de llamada. Jorge se enjuga la frente con un pañuelo y sale a escena.
En el centro del espacio destinado para él, una silla giratoria azul; cerca, a la izquierda, una pequeña mesa con una botella de plástico de agua mineral y vasos. A la derecha, el rotafolios (indispensable).
Lleva saco, camisa color salmón e infaltables tirantes, esta vez grises. Cuando hace su ingreso, todavía ha gente terminando de acomodarse. Algunos, sentados hace rato, chistan. Otros aplauden.
J. B.: Llegar a un lugar donde hay gente que yo no conozco y tiene la bondad de decirme que me conocen, es para mí una experiencia fantástica, absolutamente desbordante. Por eso, primero que nada, muchas gracias por estar aquí. Porque si yo tuviera que elegir, jamás usaría un sábado en la mañana para escuchar una charla de Bucay; así que les agradezco a ustedes haber hecho esta elección. Habitualmente, cuando me siento frente al público que se reúne para escuchar las cosas que intento mostrar, elijo algún cuento que ilustre esa situación. Éste, que recuerdo hoy, es un cuento sufí. Los sufíes se constituyeron en una corriente mística —que nosotros conocemos más como la filosofía de los derviches— que utilizaba la parábola y el cuento para transmitir sabiduría, como casi todos los pueblos místicos de la historia.
El protagonista de las historias sufíes es siempre el mismo, se llama Nasrudím y es un personaje muy particular. A veces es un viejo decrépito, a veces es un joven; otras, un sabio; otras, un torpe, un tonto. También aparece como un hombre adinerado, o como un mendigo. Y siempre se llama Nasrudím. Que esos personajes tan distintos tengan el mismo nombre quizá sirva para mostrar que nosotros somos, también, cada uno de esos personajes. O, tal vez, que tenemos la capacidad de ser de diferentes maneras: a veces sabios, a veces tontos, a veces jóvenes, a veces decrépitos.
Específicamente en esta historia, Nasrudím es un hombre que, por alguna razón que no se sabe, ha cosechado fama de ser lo que entre los sufíes se denomina “un iluminado”, esto es, alguien que ha logrado un cierto conocimiento sobre cuestiones importantes y trascendentes para otros.
La fama que tiene Nasrudím es absolutamente falsa. Porque él sabe que, en realidad, no sabe nada; que todo lo que los demás suponen que él sabe es sólo una creencia. Está convencido de que lo único que él ha hecho es viajar y escuchar; pero que, con certeza, no tiene grandes cosas para decir. Y, sin embargo, cada vez que llega a una ciudad o a un pueblo, la gente se reúne para escuchar su palabra creyendo que tiene cosas importantes que decir.

El cuento empieza cuando Nasrudím llega a un pequeño pueblo en algún lugar de Medio Oriente. Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudím, que en verdad no sabía qué decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:
Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles. La gente dijo:
No... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos. ¡Hablanos!
Nasrudím contestó:
Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es 1o que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.
Dicho esto, se levantó y se fue.
La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes —nunca falta uno— mientras Nasrudím se alejaba, dijo en voz alta:
¡Qué inteligente!
Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice “¡qué inteligente!” para no sentirse i un idiota uno repite: “¡Sí, claro, qué inteligente! “.Y entonces, todos empezaron a repetir:
¡Qué inteligente!
¡Qué inteligente!
Hasta que uno añadió:
Sí, qué inteligente, pero... qué breve. Y otro agregó:
Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.
Entonces fueron a ver a Nasrudím. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.
Nasrudím dijo:
No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.
La gente dijo:
¡Qué humilde!
Y cuanto más insistía Nasrudím en que no tenía nada para decir, más insistía la gente en que querían escucharlo otra vez. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudím accedió a dar una segunda conferencia.
Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia del día anterior. Nasrudím se paró frente al público e insistió en su técnica:
Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles.
La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:
Sí, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido.
Nasrudím bajó la cabeza y añadió:
Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.
Se levantó y se volvió a ir.
La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:
¡Brillante!
Y cuando todos oyeron que alguien había dicho “¡brillante!”, el resto comenzó a decir:
¡Sí, claro, éste es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!
¡Qué maravilloso!
¡Qué espectacular!
¡Qué sensacional, qué bárbaro! Hasta que alguien dijo:
Sí, pero... mucha brevedad.
Es cierto —se quejó otro.
Capacidad de síntesis —justificó un tercero. Y enseguida se oyó:
Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!
Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudím para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia.
Nasrudím dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenía conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenía que regresar a su ciudad.
La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudím aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.
Por tercera vez se paró frente al público, que ya eran multitudes, y les dijo:
Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido yo a decirles.
Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:
Algunos sí y otros no.
En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudím con la mirada.
Entonces, el maestro respondió:
En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben. Se levantó y se fue.

PÚBLICO EN GENERAL: (RÍSAS.)
]. B.: Me acuerdo de esta historia por dos o tres razones importantes. La primera, porque yo seguramente no sé lo que algunos de ustedes creen que sé. La segunda, porque aquel Jorge Bucay que algunos de ustedes conocen a través de mis libros, es una síntesis de las pocas cosas que he cosechado de otros, y que escribí solamente en aquellos mejores momentos de mi vida, que, de hecho, son los únicos momentos en los cuales yo puedo escribir. Porque yo no soy un escritor, así que, para escribir, necesito estar en uno de esos momentos. Y la tercera razón por la cual me acuerdo de este cuento, es porque el tema que vamos a tratar hoy seguramente comprende aspectos que algunos conocen y otros no.
Se trata, entonces, de cosas que algunos les contarán a otros. Vamos a ver si podemos, entre todos, armar esta charla. Porque esto es una charla, no es una conferencia. Las conferencias son muy aburridas para mi gusto y tienen dos problemas. El primero es que el público se duerme y el conferenciante se siente muy defraudado de que esto ocurra; y el segundo problema es que se duerme el conferenciante, lo cual, en general, termina con la conferencia.
PÚBLICO EN GENERAL: (RÍSAS.)
J. B.: Como vamos a necesitar de todos aquí, si ustedes me ven cabecear y dormirme, háganme una pregunta rápidamente para que me despierte y sepa que algo no está sucediendo bien. Sobre todo, necesito que ustedes participen, que colaboren con lo que va sucediendo.
Cuando pensamos cómo se ha dado la historia del conocimiento humano, advertimos que en cualquier área ocurre más o menos lo mismo. Vamos a demostrarlo con un ejemplo, para que ustedes entiendan qué quiero decir. (Dibuja en el rotafolios.) J. B.:
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¿Cuántos cuadrados hay acá?
MUCHACHA SONRIENTE: Dieciséis.
Jorge anota “16” al lado de la cuadrícula.

PÚBLICO EN GENERAL: (Silencio.)
J. B. (Repite.): ¿Cuántos cuadrados hay acá?
PARTE DE PÚBLICO: Dieciséis... dieciséis... dieciséis.
joven embarazada: Más. Muchos más.
J. B.: ¿Muchos más?
joven embarazada: Diecisiete.

Jorge anota “17” debajo del “16”.

flaco alto cabezón: Más de diecisiete. señora con bebé gordito: Veintiuno.

Jorge anota “21” debajo del “17”.

caballero con pipa: No, cuatro. público en general: (Superposición de voces.)
J. B.: ¿Cuántos? Dieciséis ya sabemos. Pero alguien vio
más de dieciséis. FLACO ALTO CABEZÓN; Veinticuatro.
Jorge anota.

CALVO DEL FONDO: Veinticinco.

Jorge anota.

SEÑORA QUE TOSE: Treinta.

Jorge anota “30” en números grandes.

J. B.: Fíjense qué ha pasado, a ver si podemos darnos cuenta de esto tan importante que ha sucedido aquí. Este movimiento que se ha producido con las respuestas de ustedes es la clave del crecimiento humano, un devenir en el cual se define toda la historia de la humanidad. Porque desde que el hombre se ha vuelto pensante, alguien dibujó algo o vio algo —no importa qué— y determinó claramente que lo que había allí eran, por ejemplo, dieciséis cuadrados, que es lo que hay. Porque hay dieciséis, los podemos contar.
Hasta que alguien, cualquiera, vio diecisiete. Alguien observó —uno de los que están aquí— que había
algo más de lo que se veía aparentemente. Y, sin duda, lo que esa persona vio es que, además de los dieciséis cuadrados pequeños, había un cuadrado grande, de diferente tamaño pero tan visible como los otros dieciséis. Y, cuando ese alguien dijo “diecisiete”, otro pensó: “Si el cuadrado grande que contiene a los más pequeños se suma como uno más, entonces quiere decir que se pueden contar otros cuadrados de diferente tamaño”. Y entonces se dio cuenta de que no sólo los dieciséis cuadrados formaban un nuevo cuadrado sino que, además, cada cuatro cuadrados pequeños la figura volvía a repetirse. Y entonces ese alguien dijo: “veintiuno”. Pero ese que dijo “veintiuno” lo hizo porque otro había dicho “diecisiete”. El que dijo “No, cuatro” demostró algo muy importante, y es que lo emotivo no consiste sólo en ver más, sino en ver, en ver algo diferente y animarse, porque hay que animarse a decir: “No, cuatro” en voz alta.
Esto es muy interesante, porque después alguien vio veinticuatro. ¿Y cómo vio los veinticuatro? A los primeros dieciséis sumó los cuatro cuadrados formados cada cuatro pequeños en los ángulos del cuadrado mayor, y probablemente agregó luego los formados cada tres. Y es interesante que haya visto veinticuatro, sobre todo porque se olvidó del grandote.
Es decir, el que vio veinticuatro no vio lo que había visto el que observó diecisiete. Y cuando dijo: “Veinticuatro”, alguien advirtió: “Veinticinco”. Ése que dijo “veinticinco” juntó lo que el anterior había descubierto más lo que él había descubierto, y de pronto entonces vio veinticinco. Y así, hasta que alguien vio treinta, que es la cantidad de cuadrados que hay. Pues sumando los veinticinco observados hasta allí más los cuatro cuadrados laterales —no ya los que están sobre los ángulos— y el del centro, llegamos a esa cantidad.
La humanidad funciona así. Para que la humanidad llegue a progresar hace falta que, antes que otros, a contrapelo de los otros, en contra incluso de la opinión de los otros, haya alguien que diga: “Yo veo más” o “Yo veo menos”. No importa si está equivocado o no.
En una oportunidad similar a ésta, le pregunté a alguien que veía diecisiete cómo los veía, y entonces esa persona —muy graciosa, por cierto— me dijo: “Dieciséis ahí y tú, diecisiete.” Y, sin embargo, esos “diecisiete” dispararon que el resto siguiera viendo veinte, veintiuno, veinticuatro, veinticinco, veintiséis, treinta. Fantástica historia la del conocimiento humano.
Lo que vamos a hacer hoy entre todos es ver si podemos lograr que, a partir de algunas cosas que yo dibuje y diga, ustedes vayan diciendo “diecisiete” o “veinte”, “veintiuno”, etcétera, para ver si podemos llegar a los “treinta”. Esto es, intentaremos reproducir este mecanismo que se ha dado respecto de la gráfica pero en relación al tema que hoy nos convoca, que es el camino que va de la autoestima al egoísmo.

SOBRE LA LIBERACIÓN DEL ESTÍMULO

SOBRE LA LIBERACIÓN DEL ESTÍMULO Autor: J.A. Marina Libro: Teoría de la Inteligencia creadora Ed. Anagrama
Lee el texto siguiente y contesta a las preguntas formuladas a continuación:
En un momento de su evolución, el hombre aprendió a decir no al estímulo. Inhibió una respuesta ordenada en él desde hacía siglos. No sabemos cómo sucedió, pero no me resisto a imaginarlo, advirtiendo al lector que debe tomar este párrafo como un ejercicio literario y no como una exposición científica. Nuestro antepasado de frente huidiza y largos brazos caza el bisonte en el páramo. Atraviesa corriendo un paisaje de olores y pistas. Arrastrado por el rastro, salta, corre, gira la cabeza, explora, husmea. La presa es la luz al fondo de un túnel. Solo existe esa atracción feroz y una sumisión sonámbula. Solo sabe que la ansiedad se aplaca al seguir aquella dirección. No caza, se desahogo. No persigue un bisonte: corre por unos corredores visuales y olfativos que le excitan. Las huellas le empujan. Los signos disparan los movimientos de sus piernas, con el certero automatismo con el que alteran los latidos de su corazón. No hay nada que pensar, porque aún no piensa. Su cerebro calcula y le impulso. Está sujeto a la tiranía del «Si A... entonces B». La secuencia If/then. Si ve la oscura figura del animal en la entreluz de la maleza, corre sesgado (para cortarle el paso). Si está muy cerca, aúlla (para atraer a sus compañeros de horda). Si el estímulo afloja su rienda, se detiene, se agita, gira a su alrededor (para uncirse otra vez a la rienda y, atado a ella, proseguir de nuevo su carrera). No conoce ninguno de los paréntesis. Como el sonámbulo guía sus pasos y elude los obstáculos sin tener conciencia de ello, así nuestro antepasado se deslizó durante siglos por las cárcavas inhóspitas de la prehistoria.
La transfiguración ocurrió un misterioso día, cuando al ver el rastro detuvo su carrera, en vez de acelerarla, y miró la huella. Aguantó impávido el empujón del estímulo. Y, de una vez para siempre, se liberó de su tiránico dinamismo. Aquellos dibujos en la arena eran y no eran el bisonte. Había aparecido el signo, el gran intermediario. Y el hombre pudo contemplar aquel vestigio sin correr. Bruscamente era capaz de pensar en el bisonte, aunque ni en sus ojos, ni en su olfato, ni en sus oídos, ni en su deseo estuviera presente ningún bisonte. Podía poseer el bisonte sin haberlo cazado. Y, además, indicárselo a sus compañeros.
Esta descripción fantástica no es arbitraria. Está inspirada en los relatos que nos cuentan la educación de los niños sordomudos-ciegos. Las biografías de Marie Heurtin o Hellen Keller, por citar las más conocidas, son relatos patéticos y maravillosos. En ellos asistimos al momento glorioso en que unas subjetividades encadenadas, sometidas a impulsos espasmódicos, agitadas por sentimientos y experiencias no controlados, viviendo sin progreso, sin inteligencia, sin esperanza, son capaces de comprender un signo. Más aún, son capaces de proferirlo. Algo que hacen ellos puede dominar lo absolutamente lejano. La realidad deja de ser una barahúnda de estímulos y el yo, un torbellino de sentimientos. Una fértil calma se apodera de los niños, que, de repente, con una rapidez emocionante, se descubren sujetos activos, dueños de sí mismos, capaces de suscitar, controlar y dirigir sus ocurrencias: inteligentes. Y todo al mismo tiempo, como si un nuevo régimen se hubiera instaurado en su vida. Y lo asombroso es que a partir de ese momento aprenden con suma rapidez. Sucede como si hubieran tomado posesión del control del comportamiento, por un veloz golpe de mano.
CUESTIONES
1) ¿Qué relación hay entre este texto y la formalidad de realidad de la percepción humana?
2) ¿A qué da origen la inhibición del estímulo?
3) ¿Qué ventajas conlleva?
4) ¿Qué es, para el autor, síntoma de inteligencia?

PLAN DE DISCUSION: ¿HASTA DÓNDE PUEDE INVADIR LA SOCIEDAD LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO?

PLAN DE DISCUSION: ¿HASTA DÓNDE PUEDE INVADIR LA SOCIEDAD LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO? Comenta las siguientes situaciones, en las que la cuestión que se plantea es si la sociedad (a través de sus representantes legales --la policía-- o a través de otros medios) ha ido demasiado lejos al inmiscuirse en la libertad del individuo.

1. Un policía acaba de detener a dos sospechosos del robo de un banco. Está teniendo muchas dificultades con ellos y te pide a ti, que eres un espectador, que le ayudes. ¿Puedes negarte a ello?
2. La policía está tratando de arrestar al ladrón que queda, pero él se esconde. ¿Es eso un nuevo delito o puede hacerlo?
3. La policía ha localizado el escondite del ladrón. Llama a la puerta principal. En lugar de abrir, el ladrón escapa por la ventana de atrás. ¿Ha cometido un nuevo delito o tenía derecho a hacerlo?
4. Un grupo de individuos, cada uno de los cuales ha quebrantado la ley en diversas ocasiones, se reúnen en una banda. ¿Asociarse con criminales conocidos es un nuevo delito?
5. Un preso que ha cometido un asesinato es condenado a muerte. La mañana de la ejecución, el verdugo tiene jaqueca y le pide al recluso que se mate él mismo. ¿Puede negarse a ello el prisionero? ¿Con qué razones?
6. Un policía (al sospechoso que acaba de detener): «Todo lo que digas puede ser usado contra ti.» El sospechoso: «En ese caso no diré nada.»
¿Está el detenido en su derecho al negarse a responder a preguntas respecto al delito del que es sospechoso? ¿Con qué razones?
7- ¿Tiene derecho un testigo a negarse a responder a preguntas sobre un delito que ha cometido otro?
8- Un buen nadador se niega a ayudar a otro que está en un apuro. La multitud increpa a la persona que no quiere salvar al otro. ¿Tiene derecho aquél a negarse?
9- Te han reclutado y ahora eres un soldado en combate. Tienes miedo e intentas desertar “Es un delito eso o eres libre de hacerlo"
10- El gobierno tiene una misión peligrosa que le gustaría realizar. Aunque es tiempo de paz, la misión es de espionaje. Tú eres un espía experto, aunque retirado. ¿Puede obligarte el gobierno a llevar a cabo la misión?

¿HASTA QUE PUNTO PUEDE INMISCUIRSE LA SOCIEDAD EN LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO?

¿HASTA QUE PUNTO PUEDE INMISCUIRSE LA SOCIEDAD EN LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO? Desde luego, este es un tema importante, no sólo respecto a las leyes actualmente en vigor en una sociedad determinada, sino también respecto a la constitución de esa sociedad. Nuestra Constitución se interesa por este tema: por ejemplo, por el derecho de la policía a entrar en nuestras casas sin una orden, a arrestarnos sin motivo, a fijar una fianza excesiva, a sentenciarnos sin el debido juicio, etcétera.
Aparte de esos ejemplos específicos del problema, ¿hay una forma más general de establecer hasta qué punto puede inmiscuirse la sociedad en la libertad individual? Una de las respuestas que se han dado tiene que ver sólo con los adultos, y no con los niños. Afirma que la sociedad no tiene justificación para meterse en la vida de un ciudadano, en tanto sea un adulto racional y su conducta le afecte exclusivamente a él. Tampoco está justificado, según esta opinión, que la sociedad se entrometa en las actividades de un grupo de gente que se asocia, mientras lo que hagan sea de su pleno consentimiento. No puede intervenir en un combate de boxeo, donde los boxeadores pueden hacerse daño, pero a sabiendas y de buena gana.
Supongamos que alguien objeta, «pero todo lo que hago puede ser considerado potencialmente peligroso para alguien. Si canto en la ducha, mis vecinos podrían quejarse de que lastimo sus oídos, y si respiro, de que consumo su oxígeno. La sociedad siempre encontraría alguna excusa para inmiscuirse en mi libertad, según la posición que acabas de describir».
La respuesta aquí sería parecida a ésta: «por supuesto, podría decirse que todo lo que haces puede perjudicar a otros. En ese caso, hay que adoptar el siguiente procedimiento: antes de impedirte hacer lo que quieres por ejemplo, cantar en la ducha deberíamos preguntarnos si el daño que te causamos al impedírtelo no es mayor que el que causas tú a tus vecinos al cantar. Debemos sopesar las consecuencias de una y otra formas de actuar, y decidir sólo cuando hayamos visto qué consecuencias producen más daño en todos los implicados.»
“Además, sea lo que sea lo que decidamos, debemos ser consecuentes y actuar de la misma forma con todo el que esté en una situación similar. Si nosotros - la sociedad-- te impedimos cantar en la ducha, debemos impedirles a todos que canten en la ducha. Por tanto, no sólo debemos preguntarnos por las consecuencias de impedir a una persona una acción determinada, sino también qué sucedería si esa prohibición se convirtiera en regla de política social. A la hora de sopesar los perjuicios también debemos tener en cuenta el que ocasionaría hacer cumplir determinada política, hecha para impedir un acto individual que parecería perjudicial para otros individuos.”
¿,Hasta qué punto pueden aplicarse estas teorías a los niños? ¿Qué derechos tienen sobre su propia conducta privada? Estas son preguntas que la sociedad no ha resuelto hasta ahora, y que están siendo discutidas.

COMENTARIO DE TEXTO
Stuart Mill, Sobre la libertad, pág. 32, Orbis, 1984.

“El único objeto que autoriza a los hombres, individual o colectivamente, a turbar la libertad de acción de cualquiera de sus semejantes es la propia defensa: la única razón legítima para usar de la fuerza contra un miembro de una comunidad civilizada es la de impedirle perjudicar a otros: pero el bien de este individuo, sea físico, sea moral, no es razón suficiente. Ningún hombre puede, en buena lid, ser obligado a actuar o a abstenerse de hacerlo porque de esa actuación o abstención haya de derivarse un bien para él, porque ello le ha de hacer más dichoso o porque, en opinión de los demás, hacerlo sea prudente o justo. Estas son buenas razones para discutir con él, para convencerle o para suplicarle, pero no para obligarle o causarle daño si obra de un modo diferente a nuestros deseos. Para que esta coacción fuese justificable, sería necesario que la conducta de este hombre tuviese por objeto el perjuicio de otro. Para aquello que no le atañe más que a él, su independencia es, de hecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su cuerpo y su espíritu, el individuo es soberano.»
CUESTIONES
1. Resume brevemente el texto.
2. Según lo que se dice en él, ¿puede una sociedad imponer normas? Explica tu respuesta.
3. Si alguien con más experiencia que tú cree que es mejor para ti hacer algo, ¿tiene derecho a imponértelo?
4. Si has respondido afirmativamente a la pregunta anterior, ¿cómo compaginas eso con tu libertad?
5. Si has respondido negativamente a la pregunta 3, ¿de qué sirve la experiencia y el conocimiento, si no puede evitar que te perjudiques a ti mismo?
6. Es legítimo que un gobierno obligue a sus ciudadanos a mejorar sus condiciones de vida? Justifica tu respuesta

COMENTARIO: LA CONDICIÓN HUMANA

COMENTARIO:  LA CONDICIÓN HUMANA Savater, F., Etica para Amador, Ariel, pp. 24-25-26-27 y 29
No hay animales malos ni buenos en la naturaleza, aunque quizá la mosca considere mala a la araña que tiende su trampa y se la come. Pero es que la araña no lo puede remediar...
Voy a contarte un caso dramático. Ya conoces a las termitas, esas hormigas blancas que en África levantan impresionantes hormigueros de varios metros de alto y duros como la piedra. Dado que el cuerpo de las termitas es blando, por carecer de la coraza quitinosa que protege a otros insectos, el hormiguero les sirve de caparazón colectivo contra ciertas hormigas enemigas, mejor armadas que ellas. Pero a veces uno de esos hormigueros se derrumba, por culpa de una riada o de un elefante (a los elefantes les gusta rascarse los flancos contra los termiteros, qué le vamos a hacer). En seguida las termitas-obrero se ponen a trabajar para reconstruir su dañada fortaleza, a toda prisa. Y las grandes hormigas enemigas se lanzan al asalto. Las termitas-soldado salen a defender a su tribu e intentan detener a las enemigas. Como ni por tamaño ni por armamento pueden competir con ellas, se cuelgan de las asaltantes intentando frenar todo lo posible su marcha, mientras las feroces mandíbulas de sus asaltantes las van despedazando. Las obreras trabajan con toda celeridad y se ocupan de cerrar otra vez el termitero derruido... pero lo cierran dejando fuera a las pobres y heroicas termitas-soldado que sacrifican sus vidas por la seguridad de las demás. ¿No merecen acaso una medalla, por lo menos? ¿No es justo decir que son valientes?.
Cambio de escenario, pero no de tema. En la Ilíada, Homero cuenta la historia de Héctor, el mejor guerrero de Troya, que espera a pie firme fuera de las murallas de su ciudad a Aquiles, el enfurecido campeón de los aqueos, aun sabiendo que éste es más fuerte que él y que probablemente va a matarle. Lo hace por cumplir su deber, que consiste en defender a su familia y a sus conciudadanos del terrible asaltante. Nadie duda de que Héctor es un héroe, un auténtico valiente. Pero ¿es Héctor heroico y valiente del mismo modo que las termitas-soldado, cuya gesta millones de veces repetida ningún Homero se ha molestado en contar? ¿no hace Héctor, a fin de cuentas, lo mismo que cualquiera de las termitas anónimas?. ¿Por qué nos parece su valor más auténtico y más difícil que el
de los insectos? ¿Cuál es la diferencia entre un caso y otro?.
Sencillamente, la diferencia estriba en que las termitas-soldado luchan y mueren porque tienen que hacerlo, sin poderlo remediar (como la araña que se come a la mosca). Héctor, en cambio, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Las termitas-soldado no pueden desertar, ni rebelarse, ni remolonear para que otras vayan en su lugar: está programadas necesariamente por la naturaleza para cumplir su heroica misión. El caso de Héctor es distinto. Podría decir que está enfermo o que no le da la gana enfrentarse a alguien más fuerte que él. Quizá sus conciudadanos le llamase cobarde y le tuviesen por un caradura o quizá le preguntasen qué otro plan se le ocurre para frenar a Aquiles, pero es indudable que tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. Por mucha presión que los demás ejerzan sobre él, siempre podría escaparse de lo que se supone que debe hacer: no está programado para ser héroe, ningún hombre lo está. De ahí que tenga mérito su gesto y que Homero cuente su historia con épica emoción. A diferencia de las termitas, decimos que Héctor es libre y por eso admiramos su valor.
Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad. Los animales (y no digamos ya los minerales y las plantas) no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que está programados naturalmente para hacer. No se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudirles por ello porque no saben comportarse de otro modo. Tal disposición obligatoria les ahorra sin duda muchos quebraderos de cabeza. En cierta medida, desde luego, los hombres también están programados por la naturaleza. Estamos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de todas nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso pero parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma (un lenguaje que se nos impone desde fuera y que no hemos inventado para nuestro uso personal) y somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas...; en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles... Y sin embargo... Por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir sí o no, quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos veamos por las circunstancias nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.
Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable.

CUESTIONES
1.- "Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable". Según esta frase, la última del texto, ¿qué significa "libertad"?.

2.-Explica, a partir de los dos últimos textos si somos individuos libres o un simple elemento del entramado cultural.

COMENTARIO DE TEXTO: LA LIBERTAD ES LA ESENCIA DEL HOMBRE

COMENTARIO DE TEXTO: LA LIBERTAD ES LA ESENCIA DEL HOMBRE Sartre, El existencialismo es un humanismo, Ediciones del 80
Consideremos un objeto fabricado, por ejemplo un libro o un cortapapel. Este objeto ha sido fabricado por un artesano que se ha inspirado en un concepto; se ha referido al concepto de cortapapel, e igualmente a una técnica de producción previa que forma parte del concepto, y que en el fondo es una receta. Así, el cortapapel es a la vez un objeto que se produce de cierta manera y que, por otra parte, tiene una utilidad definida, y no se puede suponer un hombre que produjera un cortapapel sin saber para que va a servir ese objeto. Diríamos entonces que en el caso del cortapapel, la esencia -es decir, el conjunto de recetas y de cualidades que permiten producirlo y definirlo- precede a la existencia; y así está determinada la presencia frente a mí, de tal o cual cortapapel, de tal o cual libro. Tenemos aquí, pues, una visión técnica del mundo, en la cual se puede decir que la producción precede a la existencia.
Al concebir un Dios creador, este Dios se asimila la mayoría de las veces a un artesano superior; y cualquiera que sea la doctrina que consideremos, trátese de una doctrina como la de Descartes o como la de Leibniz, admitimos siempre que la voluntad sigue más o menos al entendimiento, o por lo menos lo acompaña, y que Dios, cuando crea, sabe con precisión lo que crea. Así el concepto de hombre en el espíritu de Dios es asimilable al concepto de cortapapel en el espíritu industrial; y Dios produce al hombre siguiendo técnicas y una concepción, exactamente como el artesano fabrica un cortapapel siguiendo una definición y una técnica... En el siglo XVIII, en el ateísmo de los filósofos, la noción de Dios es suprimida, pero no pasa lo mismo con la idea de que la esencia precede a la existencia. Esta idea la encontramos un poco en todas partes: la encontramos en Diderot, en Voltaire y aun en Kant. El hombre es poseedor de una naturaleza humana; esta naturaleza humana que es el concepto humano, se encuentra en todos los hombres, lo que significa que cada hombre es un ejemplo particular de un concepto universal, el hombre; en Kant resulta de esta universalidad que tanto el hombre de los bosques, el hombre de la naturaleza, como el burgués, están sujetos a la misma definición y poseen las mismas cualidades básicas. Así, pues, aquí también la esencia del hombre precede a esa existencia histórica que encontramos en la naturaleza.
El existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre, o como dice Heidegger, la realidad humana. ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia?. Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así, pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia... el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos hecha en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor fue la piedra o la mesa? Porque queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser. Porque lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. Yo puedo querer adherirme a un partido, escribir un libro, casarme; todo esto no es más que la manifestación de una elección más original, más espontánea que lo que se llama voluntad. Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es. Así, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Y cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres. Hay dos sentidos de la palabra subjetivismo y nuestros adversarios juegan con los dos sentidos. Subjetivismo, por una parte, quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo, y por otra, imposibilidad del hombre de sobrepasar la subjetividad humana. El segundo sentido es el sentido profundo del existencialismo. Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero también queremos decir con esto que al elegirse elige a todos los hombres. En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir esto o aquello, es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos ... Si en efecto la existencia precede a la esencia... no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad.

CUESTIONES
1.- ¿Qué significa "el hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente"?
2.- ¿Por qué considera Sartre que el hombre es un ser libre?
3.- ¿Qué significa "subjetividad"? ¿Puede el hombre sobrepasar su subjetividad?
4.- ¿Qué relación existe, según Sartre, entre libertad y responsabilidad?

NOTICIA: EL HOMBRE DE FLORES

NOTICIA: EL HOMBRE DE FLORES Hallada una especie humana de un metro de altura que vivió hace 18.000 años en Indonesia

El nuevo homínido, junto al que se han encontrado restos de herramientas, vivió a la vez que el hombre moderno

MALEN RUIZ DE ELVIRA - Madrid
EL PAÍS - Sociedad - 28-10-2004

Un nuevo y sorprendente primo se ha añadido a la familia a la que pertenece el Homo sapiens, el único homínido viviente. Es el hombre de Flores, un pariente que sólo medía un metro y tenía un cerebro pequeño, como el de un chimpancé. Vivía en la isla de Flores hace sólo 18.000 años, lo que indica que coexistió, en el tiempo al menos, con el hombre moderno, igual que pasó con los neandertales en Europa, y ya tiene nombre científico -Homo floresiensis-. Restos de un ejemplar de esta nueva especie (partes de un esqueleto de una mujer adulta) presentada hoy en la revista Nature, fueron encontrados en un interesante yacimiento en una cueva. En ella también hay numerosos restos de herramientas que parecen indicar que un ser tan primitivo podía tallar piedra y hacer otras cosas que hasta ahora se asociaban con homínidos mucho más desarrollados.
Los restos en sí indican algo muy importante, explican los paleontólogos australianos e indonesios autores del estudio de este pigmeo arcaico: que la diversidad humana es mucho mayor de lo que se creía. Hasta ahora lo que estaba aceptado es que en Asia, durante el pleistoceno sólo existieron dos especies del género Homo, el Homo erectus y el Homo sapiens, que se caracterizan ambas por ser más altos y tener un cerebro más grande y dientes más pequeños que los australopitecos que vivieron antes en África.
El Homo floresiensis, aunque muy moderno y encontrado en un lugar remoto, ha venido a cambiar este panorama, señalan otros expertos en la misma revista. Si va a quedarse como una curiosidad en la historia de la evolución humana o va a representar algo más todavía está por ver. Sus descubridores creen que la nueva especie pigmea tuvo su origen en el Homo erectus, que llegó a la zona hace dos millones de años y era mucho mayor, y evolucionó a partir de ella en los últimos centenares de miles de años en las condiciones de total aislamiento de la isla de Flores. La discusión no ha hecho más que empezar, sin embargo, a juzgar por las reacciones que se empezaron a producir ayer ante este anuncio.
"Parece una broma", aseguró ayer el paleontólogo español Juan Luis Arsuaga, de la Universidad Complutense. "La primera reacción es de estupor, sobre todo por lo reciente que es. Nosotros [el Homo sapiens] llevábamos ya miles de años haciendo pinturas muy evolucionadas en Europa cuando vivió este enano, y nuestra especie llegó a Australia hace 40.000 años". Además, a este experto le extraña muchísimo que un ser tan pequeño y tan poco evolucionado fuera capaz de tallar herramientas y cazar elefantes, como proponen los investigadores australiano e indonesios. "Por lo pronto sólo pudo llegar a la isla navegando y un ser así no debía de ser capaz de navegar". Aún dejando aparte este escollo, Arsuaga es de la opinión de que la industria lítica encontrada -las herramientas- no corresponden a esta sorprendente especie, sino al Homo sapiens. "Enanos con cerebro de chimpancé y tecnología moderna que cazan elefantes. Es increíble", comenta. "No se sabe cuándo llegó esta última especie a la isla, pero se puede pensar que la industria es suya y que fue la especie que causó la extinción de los pigmeos", añade.
En realidad no se trata de pigmeos como los actuales en algunas zonas del mundo, que son humanos modernos con el mismo cerebro, aunque no crecen como los demás en la adolescencia, sino seres mucho más pequeños en general. Para Arsuaga sus ascendientes serían, en todo caso, los australopitecos africanos, de menor tamaño que el H. erectus.
"Es un hallazgo extraordinariamente importante", aseguró ayer en Londres Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres. "Desafía el concepto mismo de lo que nos hace humanos".
Ignacio Martínez, también paleontólogo, en la Universidad de Alcalá de Henares, cree que el descubrimiento plantea tantas preguntas que no se va a aceptar sin más. "Es casi un fósil viviente, algo revolucionario y se va a debatir mucho. Como siempre en paleontología hay que esperar para tener más datos y ver si es aceptado y en qué términos. En la misma isla hay un yacimiento que se dijo hace unos años que tenía 800.000 años de antigüedad y todavía se discute si lo encontrado son herramientas o no". Martínez duda también del origen del hombre de Flores y piensa que es mucho más lógico deducir que es un descendiente de los Homo ergaster primitivos que vivieron en Georgia (los primeros euroasiáticos), en vez de antepasado de Homo erectus.
Los descubridores del yacimiento dicen que tienen otros ejemplares incluso más modernos, aunque todavía no los han estudiado a fondo. Uno de ellos, Peter Brown, de la Universidad de New England en Armidale, aseguró ayer: "El descubrimiento de estos homínidos en una aislada isla en Asia, con elementos de comportamiento humano moderno en la fabricación de herramientas y en la caza es verdaderamente notable y no podía haber sido predicha por descubrimientos anteriores". El ejemplar que se presenta hoy se encontró en septiembre de 2003 en el yacimiento de Liang Bua en muy buen estado y ni siquiera fosilizado, dada su modernidad.
Un aspecto muy interesante de lo que todavía está por llegar respecto al hombre de Flores es la posibilidad de realizar análisis de su material genético, debido a la buena conservación de los restos. Este análisis del ADN mitocondrial, que se realizará probablemente muy pronto aunque ayer los científicos no lo comentaron, permitirá conocer el grado de diferencia entre los humanos actuales y estos homínidos casi modernos. Seguramente también permitirá datar con cierta precisión su origen y evolución. Es un método que hasta ahora sólo se ha podido aplicar a los neandertales, extinguidos hace 30.000 años, y ha permitido saber que genéticamente eran muy distintos de nosotros.

COMENTAR EL TEXTO : PENSAR POR SÍ MISMO

COMENTAR EL TEXTO : PENSAR POR SÍ MISMO Autor: Kant “¿Qué es la ilustración?”
Ilustración es la salida del ser humano de su minoría de edad, de la cual el mismo es culpable. Minoría de edad es la incapacidad de servirse del propio entendimiento sin dirección de otro. Él mismo es culpable de esta minoría de edad porque la causa de la misma no radica en un defecto del entendimiento sino en la falta de la decisión y del coraje de servirse del propio sin dirección de otro. ¡Sapere ande! ¡Ten el coraje de servirte de tu propio entendimiento! es, en consecuencia, la divisa de la Ilustración.
Pereza y cobardía son las causas de por qué una parte tan grande de seres humanos, después de que ya hace mucho tiempo que la naturaleza los ha declarado libres de dirección ajena (naturalite maiorennes), no obstante gustosamente se mantienen de por vida menores de edad; y de por qué a otros les resulta tan fácil erigirse en sus tutores. Es tan cómodo ser menor de edad. Si tengo un libro que juzga por mí, un director espiritual que reemplaza mi conciencia, un médico que me dicta la dieta, etc., entonces yo mismo ya no necesito molestarme. No tengo necesidad de pensar, basta con que pueda pagar, otros me sustituirán en seguida en la fatigosa empresa. La mayoría aplastante de seres humanos (entre ellos el bello sexo en su totalidad) tiene también por muy peligroso el paso hacia la mayoría de edad, y además causa penas: de ello ya se cuidan aquellos tutores que muy gratamente han tomado sobre sí la supervisión de los otros. Después de haber atontado en un primer momento a sus animales domésticos y de que hubiesen prevenido cuidadosamente que estas tranquilas criaturas osasen dar un solo paso fuera de las andaderas en que las habían recluido, posteriormente les mostraron el peligro que las amenaza si intentan caminar solas. Es evidente que, de hecho, este peligro no es tan grande, porque, después de caer algunas veces, habrían acabado por aprender a caminar: pero sólo un ejemplo de este tipo ya produce timidez y, por lo común, quita las ganas de hacer cualquier intento posterior.
Así pues, para todo ser humano individual es difícil lograr salirse de la minoría de edad que casi se le ha convertido en naturaleza. Incluso se ha habituado a ella con complaciencia, y por ahora es efectivamente incapaz de servirse de su propio entendimiento porque no se le deja nunca intentarlo. Reglamentaciones y fórmulas, instrumentos mecánicos de un uso racional o, mejor, del abuso de sus dones naturales, son los grilletes de una minoría de edad persistente. Quien se los quitase, de todas formas, sólo podría dar un salto inseguro por encima de la más estrecha trinchera, ya que no está acostumbrado a un movimiento libre de tales características. Por ello son sólo pocos los que, mediante transformación autónoma de su espíritu, han conseguido salirse de la minoría de edad y, sin embargo, emprender una marcha segura,
En cambio, es más bien posible que un público se ilustre a sí mismo; en efecto, ello es casi indefectible sólo con que se le ofrezca libertad. Pues siempre habrá algunos que piensen por sí mismos, incluso entre los que han sido designados tutores de la gran masa, los cuales, después de haberse sacudido el yugo de la minoría de edad, ensancharán a su entorno el espíritu de una estimación racional del valor propio y de la vocación de todo ser humano a pensar por sí mismo. Lo notable en esto es que el público, conducido previamente por ellos bajo ese yugo, los obliga luego a que también ellos permanezcan sometidos, si le han incitado a rebelarse algunos de sus tutores que son incapaces ellos mismos de toda Ilustración; tan perjudicial es implantar prejuicios, pues terminan por vengarse de aquellos mismos que han sido sus autores, o bien fueron sus precursores. Por eso el público sólo lentamente alcanzará la Ilustración. Por medio de una revolución quizá suceda que caigan el despotismo personal y la opresión codiciosa o dominadora, pero jamás llegará a una verdadera reforma del modo de pensar; sino que nuevos prejuicios servirán, de idéntica manera que los antiguos, de cauce conductor de la gran masa, carente de pensamiento.

CUESTIONES
1) ¿Qué entiende Kant por “tutor” y por “menor de edad” en este texto?
2) Si la incapacidad, el estar sometido a una autoridad religiosa o política, casi se ha convertido “naturaleza”, ¿Cómo es posible la emancipación?
3) ¿Cabe pensar que la opinión de Kant –acerca del miedo que no afecta a algunos varones y sí a la gran mayoría de ellos y a la totalidad de las mujeres- es una afirmación carente de una determinación sexual?

LECTURA/REFLEXIÓN: EL HOMBRE DEMEDIADO

LECTURA/REFLEXIÓN: EL HOMBRE DEMEDIADO Autor: Italo Calvino “Nuestros antepasados. El vizconde demediado” (texto refundido Págs. 16, 41, 42 y 59 Ed. Alianza Tres Madrid, 1977)
"Había una guerra contra los turcos. El vizconde Medardo de Terralba cabalgaba por la llanura de Bohemia... Cuando estalló la refriega, el vizconde asaltó con la espada desenvainada un cañón enemigo, pensando que les metería miedo a los dos artilleros. Pero, en cambio, recibió un cañonazo en pleno pecho. Medardo de Terralba saltó por los aires. Sus restos fueron colocados en un carro y llevados al hospital. Le faltaba un brazo y una pierna, y no sólo eso, sino todo lo que era tórax y abdomen entre el brazo y la pierna había desaparecido. De la cabeza quedaba un ojo, una oreja, una mejilla, media nariz, media boca, media barbilla y media frente. Por resumir, se había salvado sólo la mitad, la parte derecha, que, por lo demás, estaba perfectamente conservada. Los médicos cosieron, pegaron, amasaron; quién sabe lo que hicieron. El caso es que la día siguiente Medardo abrió el único ojo, la media boca, dilató la nariz y respiró. La fuerte fibra de los Terralba había resistido. Ahora estaba vivo y partido por la mitad.
Aquella mitad regresó a Terralba. Sus primeras acciones no dejaron lugar a dudas. Su antigua nodriza, que le conocía bien, dijo: Ha regresado la mitad mala de Medardo.
Y el vizconde tenía la maldita manía de partir todo por la mitad (...)
Ojalá pudiera partir todas las cosas enteras; así cada uno podría salir de su obtusa e ignorante integridad. Estaba yo entero y todas las cosas eran para mí naturales y confusas, estúpidas como el aire: creía verlo todo y no veía más que la corteza. Si alguna vez te conviertes en la mitad de ti mismo, muchacho, y te lo deseo, comprenderás cosas que escapan a la normal inteligencia de los cerebros enteros. Habrás perdido la mitad de ti y del mundo, pero la mitad que quede será mil veces más profunda y valiosa. Y también querrás que todo esté partido a la mitad y desgarrado a tu imagen, porque belleza y sabiduría y justicia existen sólo en lo hecho a pedazos.
Y el vizconde llegóse a enamorar de una campesina. Pero por entonces sucedió lo que se podía haber esperado: regresó la otra mitad de Medardo, el lado bueno. Y Medardo el bueno se dedica a hacer el bien... y a enamorarse de la misma campesina. Y ante ella hace esta alabanza del estar demediado:
-Eso es lo bueno de estar partido: el comprender en cada persona o cosa del mundo la pena que cada uno y cada una tiene por su propia incompletez. Yo estaba entero y no entendía, y me movía sordo e incomunicable entre los dolores y las heridas sembradas por doquiera, allí donde, de entero, uno menos se atreve a creer. No soy sólo yo un ser cortado y arrancado, sino tú también y todos. Y ahora yo tengo una fraternidad que antes, de entero, no conocía: con todas las mutilaciones y las faltas del mundo (...)
La historia termina como tenía que terminar: los dos Medardo luchan por el amor de la campesina, y se hieren justo en el lugar donde cada uno conservaba la gran cicatriz del cañonazo que los dividió. Llega entonces el médico: los une y los cose. Así volvió Medardo a ser un hombre entero, ni bueno ni malo, sino una mezcla de maldad y de bondad."
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REFLEXIÓN: LAS PROMESAS

REFLEXIÓN: LAS PROMESAS Autor: Fernando Savater Libro: Los diez mandamientos en el s. XXI.
Sin duda son los políticos quienes, en cualquier lugar del planeta, cargan, con mayor o menor justicia, con el sambenito de ser quienes más promesas hacen y, por contra, los más incumplidores.
Uno de los episodios más impresionantes se encuentra en los escritos de Platón cuando en la Carta VII cuenta su malhadada aventura y se le acusa de intentar convertir al tirano Dionisio en una especie de rey filósofo como él soñaba. En un momento determinado, un amigo de Platón y de Dionisio tuvo que huir porque el tirano había decidido matarlo. Platón intercedió y Dionisio le dijo que el exiliado se presentase con toda tranquilidad porque él prometía perdonarlo. Cuando el perseguido volvió fue de inmediato condenado a muerte y ejecutado. Platón, conmocionado, fue a protestarle a Dionisio: «Tú me habías prometido perdonarle», dijo. Entonces el tirano miró a Platón con frialdad a los ojos y le dijo: «Yo no te he prometido nada».
Ésta es la verdad. El tirano no promete nada. Es decir, puede hacer el gesto de prometer, puede pronunciar las palabras, pero no las considera un compromiso, porque se siente por encima de todos y nadie le puede obligar a cumplir con lo que él dice.
Muchas veces somos demasiado exigentes con las promesas de los políticos. Estos personajes las utilizan para ofrecerse y venderse a los electores.
De todas formas, habría que preguntarse: ¿les toleraríamos que no nos hicieran esas promesas? ¿Realmente votaríamos a un político que confesara sin pudor sus limitaciones, o que reconociese que las dificultades son grandes y que, a corto plazo, no podría resolver los problemas, o que va a exigir grandes sacrificios a la población? ¿Cuántos hombres podrían prometer, como hizo Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial: «Sangre, sudor y lágrimas»? ¿Admitiríamos que un político nos dijese la verdad con crudeza, y nos exigiese que le aceptásemos?
Muchas veces nos quejamos de que los políticos mienten, pero de forma inconsciente les pedimos que lo hagan. Nunca los votaríamos si dijesen la verdad tal cual es, si no diesen esa impresión de omnisciencia y omnipotencia que todos sabemos que están muy lejos de poseer. De modo que aquí hay una especie de paradoja: por un lado no queremos ser engañados por los políticos, pero a la vez exigimos que lo hagan.

La mejor manera de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás. (NAPOLEÓN BONAPARTE)

DEBATE: ORIGEN DE LA GUERRA

DEBATE: ORIGEN DE LA GUERRA La guerra, para bien o para mal, acompaña a nuestra especie desde tiempos inmemoriables. En este mismo momento, mientras usted lee estas líneas, decenas de guerras diferentes siguen su curso en alguna parte del mundo. No importa si las razones de esas contiendas son económicas, étnicas, religiosas, expansionistas o, sencillamente, de supervivencia. El hecho es que, en la vida de cualquier persona, la guerra ocupa un lugar absolutamente real y tangible, ya sea como protagonista o víctima de la misma. De hecho no transcurre un solo día sin que los informativos de cualquier región del planeta dediquen amplios espacios a alguna contienda o enfrentamiento bélico en curso. Las guerras han existido siempre, y nada permite suponer que las cosas vayan a cambiar en un plazo de tiempo razonablemente breve. La propia Historia, la cronología de los pueblos, se arma a menudo sobre un esqueleto hecho de efemérides de batallas, conquistas, enfrentamientos armados, conflictos bélicos que normalmente suponen el fin o el principio de una etapa en la vida de los pueblos que los sufren.
Ahora bien
- ¿Cómo nació la guerra?. ¿En qué momento surgió el tipo de enfrentamiento que hoy llamamos guerra? ¿Cuál es su origen?
- ¿Guerreaba el hombre prehistórico como lo hicieron (y hacen) sus descendientes civilizados?
- ¿La guerra es síntoma de civilización o signo de barbarie? ¿Es una actividad exclusiva de organizaciones sociales avanzadas o es posible también en las sociedades más primitivas?
En primer lugar debes clarificar, la base de que si el hombre es un ser "pacífico" por naturaleza, que emprende acciones violentas cuando la necesidad le obliga, o partir de considerarlo un depredador nato, siempre dispuesto al combate y la conquista.
El registro fósil, en esta tarea, no es capaz de aportar demasiada claridad. Y aunque existen restos de homínidos del Paleolítico Inferior con muestras evidentes de haber sufrido muertes violentas o traumáticas, nada permite suponer que dichas muertes no se produjeran en el transcurso de episodios aislados y ajenos por completo a un auténtico enfrentamiento entre grupos. Más recientemente, en el Paleolítico Medio, los restos que reflejan traumatismos se multiplican, y existen pruebas de individuos que sobrevivieron durante mucho tiempo después de sufrir una agresión, lo cual indica que el hombre de Neandertal era capaz de dar sustento, en el seno de sus grupos, a individuos tullidos y no productivos.

ACTIVIDAD: ARBOL GENEALÓGICO

ACTIVIDAD: ARBOL GENEALÓGICO Dibuja el árbol genealógico de la especie humana; recogiendo todos los datos o descubrimientos citados en el siguiente texto:
" Los escépticos de la teoría de la evolución mencionaban, durante la vida de Darwin, el eslabón perdido de la cadena de la evolución humana. Si los antropoides y el hombre han evolucionado a partir de antepasados comunes, y si la evolución es un proceso gradual, tiene que haber existido, en el pasado, organismos intermedios entre el hombre y los antropoides. Los críticos preguntaban: ¿Dónde están los restos fósiles de tales eslabones de la cadena evolutiva? Hoy en día, el eslabón perdido ya ha sido encontrado; no uno, sino muchos eslabones fósiles -organismos intermedios entre los antropoides vivientes y el hombre- han sido descubiertos y se encuentran en las colecciones de museos y otros centros de investigación.

En 1848 se había ya encontrado en Gibraltar un cráneo humano con ciertos rasgos simiescos. Otro cráneo semejante fue descubierto en Alemania en 1856, que fue llamado Hombre de Neandertal, por el lugar, cercano a Düsseldorf, donde este segundo cráneo fue encontrado. Numerosos cráneos y esqueletos de Neandertal han sido descubiertos hasta el presente en un extenso territorio que va desde España, a través del centro y sur de Europa, hasta Palestina y Asia central. Al principio, algunos autores vieron en el hombre de Neandertal al escalón perdido, pero no se trata de un organismo intermedio entre el hombre y los simios, sino que es mucho más semejante al hombre. Los neandertales son restos fósiles de seres humanos, muy parecidos a nosotros pero con cabeza configurada de manera un tanto diferente, con frente baja e inclinada, cejas salientes y fuerte mandíbula. Los hombres de Neandertal son considerados como una subespecie o raza diferente -Homo sapiens neanderthalensis- de nuestra especie. Los hombres modernos pertenecen a la subespecie Homo sapiens sapiens.

Mucho más significativo como eslabón intermedio es el fósil descubierto en Java, entre 1891 y 1892, por un jóven médico holandés, Eugene Dubois. Dubois había abandonado su puesto universitario para dedicarse a buscar fósiles de los eslabones perdidos en las Indias Orientales. Siguiendo la opinión de Alfred Russell Wallace, co-descubridor de la teoría de la selección natural, Dubois creía que la transición del simio al hombre debía haber ocurrido en el clima cálido de los trópicos y no en clima frío y riguroso de Europa. Dubois no consiguió encontrar patrocinadores de una pretendida expedición, decidiendo entonces ingresar como médico en el ejército holandés, a fin de poder llegar así a las Indias. Allí fue destinado a la isla de Java, en donde tuvo la fortuna de encontrar la parte superior del cráneo y un fémur de un fósil, que fue llamado Hombre de Java o también Pithecanthropus, que significa "simio-hombre".
El hombre de Java dio lugar a polémicas considerables, entre quienes creían que se trataba en efecto de un eslabón intermedio en la evolución de los simios al hombre, y los que negaban tal posibilidad, proponiendo que se trataba de un antropoide extinguido y no de un antepasado humano. La controversia duró, en parte, hasta la década de 1920, en la que se descubrieron numerosos fósiles de una forma algo más avanzada que el hombre de Java en una cueva de Choukotien, cerca de Pekín. Estos restos de un nuevo Pitecanthropus, correspondientes a un total de 40 hombres, mujeres y niños, desaparecieron a principios de la segunda guerra mundial, cuando los japoneses ocuparon China. Afortunadamente, el estudio de estos fósiles ha podido continuarse debido a la existencia de moldes de escayola preparados antes de la desaparición de los huesos. Otros fósiles de Pithecanthropus fueron más tarde descubiertos en varias localidades de Asia, Africa y Europa.
Los fósiles que anteriormente se llamaban Pithecanthropus se clasifican ahora como Homo erectus, especie que vivió entre algo más de un millón y unos quinientos mil años. El Homo erectus de Java tenía una capacidad craneal de unos 900 cm3; en cualquier caso, se trata de un cerebro de tamaño casi exactamente intermedio entre el de gorila (500 cm3) y el del hombre moderno (1400 cm3). Homo erectus era bípedo -es decir, caminaba erguido, de ahí el nombre-, construía útiles de piedra y es el primer organismo del que se sabe que usara el fuego. La existencia de cráneos intencionadamente quebrados en Choukoutien, hace suponer la existencia de prácticas rituales, asociadas tal vez con la práctica del enterramiento.
En 1924, Raymond Dart, antropólogo sudafricano, descubrió en Taung, unos 120 Km. Al norte de Kimberley, en Sudáfrica, el cráneo de una criatura aún más primitiva que Homo erectus, que fue designado como Austrolopithecus africanus. Un segundo cráneo fue encontrado en 1936 en Sterkfontein, en el Transvaal, también en Sudáfrica, Muchos otros han sido descubiertos más recientemente en diversas localidades tropicales y subtropicales de África.
Los Austrolopitecus africanus eran también bípedos, con una capacidad craneal de unos 500 cm3, y sólo de algo más de un metro de altura y, por ello, más bajos que el Homo erectus. En su cabeza reunían una mezcla sorprendente de caracteres humanos y simiescos, la frente baja y la cara simiesca, pero con los dientes de proporciones semejantes a los del hombre moderno.
Un tipo distinto de australopitecino, Australapithecus robustos, fue descubierto en Epaf en el Transvaal, a kilometro y medio de la localidad de Sterkfontein, en donde dos años antes se había descubierto un Austrolopithecus africanus. Los individuos Austrolopithecus robustus eran de mayor tamaño y un tanto menos humanos, en apariencia, que A. Africanus, con dientes más grandes y mandíbulas más fuertes que éstos. Otra especie aún más robusta, Austrolopithecus boisei, fue más tarde descubierta en Africa oriental. Los austropitecinos vivieron en Africa desde hace unos 5 millones de años hasta hace cerca de un millón de años.
Una forma intermedia entre Austrolopithecus africanus y Homo erectus fue descubierta en 1961 en Olduvai Gorge, África Oriental, por Jonathan Leakey, hijo de Louis y Mary Leakey y hermano de Richard Leakey, todos ellos antropólogos famosos que han contribuido con descubrimientos importantes al estudio de la evolución humana. Se trataba en este caso de un cráneo de 1,8 millones de edad, que perteneció a un individuo de una especie, llamada Homo habilis, de individuos bípedos con dientes aún más humanos que los Austrolopithecus y un cerebro mayor -unos 700 cm3-, a medio camino entre los cerebros de A. Africanus y H. Erectus. Homo habilis (hombre hábil), construía útiles de piedra bastante avanzados y vivió desde hace dos millones hasta hace aproximadamente un millón de años.
EL LINAJE EVOLUTIVO DEL HOMBRE
La tasa de descubrimientos de eslabones perdidos entre los simios y el hombre moderno se ha acelerado en años recientes. De hecho, se han descubierto más fósiles de seres intermedios y hombres primitivos desde 1965 hasta el presente que en todos los años anteriores; y no hay duda de que los descubrimientos continuarán en años futuros. Se conocen, en efecto, yacimientos fósiles importantes para cuya investigación eficaz sólo se necesitan medios. Aún cuando muchos detalles de la evolución humana son todavía desconocidos o hipotéticos, los jalones principales de los últimos cinco o seis millones de años están bastante bien confirmados. De manera esquemática, tale jalones están representados por las transiciones Austrolopithecus africanus- Homo habilis- Homo erectus- Homo sapiens.
La situación es, sin embargo, más compleja de lo que el esquema indica. La evidencia presente sugiere que la evolución del linaje humano durante los últimos 6 millones de años empieza a partir del Australopithecus africanus. Entre hace tres y cuatro millones de años, evolucionan a partir de este linaje tres ramas diferentes, mientras que A. Africanus también continúa. Uno de los nuevos linajes representa evolución hacia cerebros mayores y rasgos cada vez más humanos; este linaje evoluciona primero hacia el Homo habilis, después hacia el homo erectus y, finalmente, hacia Homo sapiens. Es el único linaje que ha persistido hasta tiempos modernos. Los otros dos linajes representan evolución a partir de formas gráciles hacia las formas mayores y burdas que son A. Robustus y A. Bosei. Estos dos últimos linajes proceden, probablemente, de la escisión a partir de A. Africanus, en vez de tratarse de dos linajes independientemente derivados de tal estirpe.
Así pues, han existido cuatro linajes diferentes de homínidos en la evolución humana. (El género Australopithecus y el género Homo son los dos de que consta la familia Hominidae). Tres de los linajes se extinguieron, mientras que el cuarto dio origen al hombre moderno. Hubo una época en que coexistían, al mismo tiempo, cuatro especies diferentes de homínidos -Homo habilis, Australopithecus africanus, A. Robustus y boisei- aunque no todos vivían simpáticamente. A. Robustus y A. Bosei vivieron, al menos durante parte de su existencia, al mismo tiempo, pero en regiones diferentes: A. Robustus en el sur de África; A. Boisei en el este.
(Francisco J. Ayala: Origen y evolución del hombre. Madrid. Alianza Universidad)

ACTIVIDAD- COMENTARIO DE TEXTO

Resalta el tema del texto, la tesis que defiende el autor y los problemas que trata o suscita el texto.
" A los animales [...] les basta vivir. Porque su existencia se desliza armoniosamente con las necesidades atávicas (tendencia a mantener o imitar las formas de vida). Y al pájaro le basta con algunas semillitas o gusanos, un árbol donde construir su nido, grandes espacios para volar; y su vida transcurre desde su nacimiento hasta su muerte en un venturoso ritmo que no es desgarrado jamás ni por la desesperación metafísica ni por la locura. Mientras que el hombre, al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituyó las bases de su grandeza pero también los orígenes de su angustia; porque con sus manos y con los instrumentos hechos con sus manos iba a erigir esa construcción tan potente y extraña que se llama cultura e iba a iniciar así su gran desgarramiento, ya que habrá dejado de ser un simple animal pero no habrá llegado a ser el dios que el espíritu le sugiera. Será ese ser dual y desgraciado que se mueve y vive entre la tierra de los animales y el cielo de sus dioses, que habrá perdido el paraíso terrenal de su inocencia y no habrá ganado el paraíso celeste de su redención. Ese ser dolorido y enfermo del espíritu que se preguntará, por primera vez, el porqué de su existencia. Y así las manos, y luego el hacha, aquel fuego, y luego la ciencia y la técnica habrán ido cavando cada día más el abismo que lo separa de su raza originaria y de su felicidad zoológica."

E. Sabato, "Sobre héroes y tumbas". Seix Barral, 1984, pp 519-520

REFLEXIÓN: LAS GUERRAS

REFLEXIÓN: LAS GUERRAS Autor: Fernando Savater Libro:Los diez mandamientos en el s. XXI Pag. 31

Durante la historia del hombre sobre la tierra, infinidad de ejércitos se han enfrentado en nombre de dioses o de creencias. Se habla incluso de un Dios de los ejércitos; todos tienen sus capellanes castrenses, sus banderas y estandartes. En 5.500 años de historia, para no ir más lejos, se han producido 14.513 guerras que han costado 1.240 millones de vidas y nos han dejado un respiro de no más de 292 años de paz, aunque seguro que durante dicho tiempo también debieron de haber guerras menores en curso. En el momento en el que usted lea estas estadísticas ya se habrán convertido en anticuadas. Estas cifras tienen la particularidad de incrementarse minuto a minuto por obra y gracia de los propios hombres. De hecho, una gran parte de las guerras tuvieron su origen en desencuentros e intolerancias debidas a distintas creencias. Pero también está claro que, casi siempre, lo religioso fue una simple excusa para resolver diferencias territoriales o económicas. Como verán, nada ha cambiado.
Hoy en día podemos ver en nuestras casas, sentados cómodamente ante el televisor, a aquellos que mediante atentados tiran abajo edificios en nombre de una divinidad vengadora que persigue al Gran Satán Occidental. Y desde Estados Unidos se utiliza una frase arcaica: «Dios está con nosotros». Un lenguaje propio de la época de las Cruzadas. Nos encontramos en pleno auge de la justificación teológica de los enfrentamientos terrenos.

ESTEREOTIPOS - EL MITO DEL INMIGRANTE

ESTEREOTIPOS - EL MITO DEL INMIGRANTE El mito del inmigrante

Saïd el Kadaoui Moussaoui - Barcelona

EL PAÍS - Opinión - 17-10-2004
Una amiga colombiana me explicó la siguiente anécdota: va al médico aquejada de un dolor de espalda y agarrotamiento de hombros. Mi amiga hacía poco había presentado la tesis doctoral e intuía que la tensión acumulada y los largos ratos pasados delante del ordenador podían tener alguna cosa que ver.

Antes de poder explicarle esto al médico, éste le dice que los dolores que describía eran frecuentes en personas que se dedicaban a las tareas domésticas -dando por hecho que ésta era su principal dedicación-.

Esta anécdota, y otras, reflejan claramente una visión estereotipada que se da de las personas que venimos de otros países.

Esta imagen es totalmente contraria a otra que se tenía de las personas "blancas" en los países colonizados. Se daba un fenómeno que algunos han llamado el "mito del hombre blanco" (u occidental). Muchos nativos pensaban que aquellas personas que habían llegado a su país eran inmensamente ricas y venían de países donde no había pobreza, delincuencia, etcétera.

Pues bien, hoy, con la inmigración, creo que en nuestro país (y también en otros que son receptores de personas que emigran) se da otro fenómeno que podríamos llamar "mito del inmigrante".

Según este mito, muy extendido, el inmigrante sería una persona frágil, que viene buscando sobrevivir de cualquier manera, que viene a ocupar los lugares de trabajo que los otros no quieren, etcétera. Si bien muchos inmigrantes trabajan efectivamente en situaciones precarias y en trabajos que no están muy bien remunerados, aspiran y aspirarán siempre a mejorar su posición laboral y su calidad de vida (como la inmensa mayoría de gente). Y muchos de ellos lo conseguirán, entre otras cosas, porque el nivel de formación de muchos inmigrantes que están llegando es considerable.

Los mitos son complejas uniones de realidades, fantasías, verdades, mentiras, que acaban formando una especie de lentes desde las que miramos la realidad. Quitarse estas lentes es necesario si queremos entender algo de esta realidad compleja y variada.

HOMO SAPIENS SAPIENS

HOMO SAPIENS SAPIENS ¿Dónde y cuando apareció el humano actual? Este enigma, que fue uno de los más debatidos entre los especialistas, finalmente parece haber sido resuelto con las aportaciones de las ciencias últimamente incorporadas a la antropología, en concreto la biología molecular.

La aparición del Homo Sapiens Sapiens por evolución del Homo Erectus es unánimemente aceptada en la actualidad por la comunidad científica, sin embargo, se da la controversia sobre el modo como se produjo tal evolución, controversia que ha dado lugar a dos hipótesis diferentes: la hipótesis de la Monogénesis (también llamada modelo del Arca de Noé o de sustitución) y la hipótesis del Multirregionalismo.

Según la primera, que en la actualidad es la imperante, y la que exponemos a continuación, nuestra especie proviene de una sola rama evolutiva que apareció en Africa hace unos 190 mil años desde donde emigró al resto del mundo, sustituyendo a las poblaciones Neanderthalenses existentes, sin que se diera mestizaje entre ellos.

La hipótesis del Multirregionalismo defiende la tesis de que el hombre actual evolucionó, de forma paralela, a partir de varias ramas surgidas del Erectus en regiones independientes, hasta alcanzar el grado de Homo Sapiens Sapiens hace aproximadamente unos 150-125 mil años. Este tipo de evolución habría producido rasgos anatómicos regionales propios que se habrían heredado y que se encontrarían en el fondo de las diferencias raciales.

Ahora bien, ¿Cuál es la genealogía del Homo Sapiens Sapiens? Su origen se encuentra en el Homo Erectos y, concretamente, en la rama que evolucionó en Africa, el llamado Homo Ergaster. Las condiciones de la sabana africana eran completamente diferentes de las de Europa sometida a los hielos, por lo que la evolución tomó otro camino. Evolución que si bien en el caso concreto del cerebro en cuanto a volumen fue menor, se desarrolló de manera diferente, y esto gracias a la aparición del lenguaje.

¿Cuándo se produce el despegue cultural que nos hace definitivamente Sapiens Sapiens? Resulta difícil dar respuestas a preguntas en las que intervienen elementos que no dejan huellas como el lenguaje, la inteligencia, la reorganización y el desarrollo de las capacidades mentales etc., pero acogiéndonos a los restos culturales se observa que los primeros Sapiens Sapiens utilizan un utillaje que apenas se diferencia de los Neanderthalenses, mientras que el Sapiens Sapiens que penetra en Europa, hace aproximadamente 45 mil años, ya ha comenzado a utilizar unos útiles claramente más avanzados. En muy poco tiempo este utillaje da un enorme salto cuantitativo y cualitativo, despegándose definitivamente del Neanderthal, que permanece estancado. La industria lítica del Sapiens Sapiens es de una perfección admirable, hojas finas, largas y afiladas como cuchillo, realizadas con gran maestría y precisión. Utilizan propulsores, arpones de diferentes tipos, gran diversidad de puntas, etc. Inventan el vestido y la aguja de coser. Utilizan el hueso y el marfil, sobre el que realizan tallas en muchos casos decorativas, con gran sentido estético. Todo esto indica que la capacidad creativa, de acumulación de conocimientos, de aprendizaje, en definitiva, su cultura, no tenía parangón en ninguna época anterior.

Hace 40 mil años nuestra especie ya está plenamente formada. Poseían todas las cualidades físicas y mentales que nos definen. Posesión del lenguaje, memoria, tradición, desarrollado aprendizaje, avanzada organización social, consciencia de la propia identidad y seguramente, digámoslo así, los atisbos de su propia posición en el mundo, como podemos deducir de su producción estética. Con la aparición del Homo Sapiens Sapiens ha aparecido definitivamente el humano y la cultura. A partir de este momento avanzará de manera progresivamente acelerada, al menos en los aspectos técnicos. Una vez puesta en marcha la cultura, ésta empezó a evolucionar según sus propias leyes de selección y pautas, curiosamente más parecidas a la teoría de Lamarck que a la de Darwin: herencia acumulativa de los caracteres adquiridos de generación en generación.

Pero durante estos 40-35 mil años, la selección natural siguió actuando. Ha moldeado el organismo humano, posiblemente por medio de una fuerte presión selectiva que ha sido auxiliada por la selección cultural. El organismo humano se ha adaptado a los más diversos niveles de altura y calidad del aire, desde el nivel del mar a los indios andinos o tibetanos (4 mil metros de altitud), al frío extremo y al calor (esquimales y nilóticos), intensidad de las radiaciones solares (diferentes colores de la piel), tipos de alimentación (lactosa, colesterol), etc. Cambios adaptativos que se encuentran en la base de la gran diversidad biológica y étnica de nuestra especie.

Pero, volviendo al tema que nos ocupa, nuestra evolución biológica, y al hilo de las reflexiones anteriores, es necesario realizar algunas preguntas: ¿Hemos superado por completo nuestra naturaleza biológica o por el contrario seguimos siendo grandes o pequeños deudores de aquellos simios y homínidos que nos han precedido?, ¿Qué queda de todos ellos en nosotros?, ¿Podemos hablar con legitimidad de simios intelectuales e imaginativos o ya sólo debemos centramos en nuestros aspectos intelectuales y espirituales, olvidándonos del simio ancestral?, ¿La cultura ha roto definitivamente con la biología, o por el contrario somos, salvando las distancias, como esos desgraciados chimpancés de los circos que montan en bicicletas, fuman, saben elegir frases, utilizar sombrero, etc.? El profundo mundo de la irracionalidad, los instintos, pulsiones, etc. ¿nos pertenecen en exclusiva o es herencia común con otros géneros del reino animal, como los pelos, las necesidades fisiológicas etc.? ¿Hemos conseguido el control total de nuestro fondo biológico? Las preguntas podrían seguir, pero creemos que ya son suficientes.
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DEL HOMO ERECTUS AL HOMO SAPIENS

DEL HOMO ERECTUS AL HOMO SAPIENS A partir de Homo Habilis surgen el Homo Erectus y, en el seno de éste, a su vez, el Homo Ergaster, que representa un avance significativo, y del que se piensa que proviene nuestra especie, como veremos más adelante.

El Homo Erectus apareció hace 1.800.000 años aproximadamente, y se le calcula una existencia de 1.300.000 años. Su larga existencia, lo que significa un gran éxito evolutivo (pensemos que a los primeros ancestros de nuestra especie se les estima una antigüedad de sólo 175.000 años) le permitió ser el protagonista de la primera gran emigración de los homínidos que, partiendo de Africa, les llevó a Asia y a Europa.

En el terreno físico dos características llaman la atención poderosamente. En primer lugar, su considerable altura, alcanzan los 180 cm. y posiblemente más. En segundo lugar, el volumen de su cerebro, que por término medio es un 33% superior al Habilis (existen, incluso, algunos cráneos que alcanzan el considerable volumen de 1200 cm3).

Las herramientas del Erectus, cuya cultura denominamos Achelense, son mejores y más útiles y de una técnica mucho más depurada que la de los Habilis, e igual podemos decir de sus técnicas de caza, que debieron exigir una mayor capacidad de organización y cooperación. Ahora bien, su mejora tecnológica no es equiparable con el aumento de masa encefálica y la proporcional inteligencia que podría representar, pues sus herramientas permanecen invariables durante 1,3 millones de años, lo que indica un gran estancamiento cultural.

Esto introduce un importante e interesante problema, porque siempre se ha considerado en paralelo el volumen cerebral con el desarrollo de la inteligencia, y esto se explicaba en un proceso de recíproca influencia cerebro-mano, que quedaba plasmado en útiles cada vez más variados, complejos y perfectos. La inteligencia era medida por la calidad de la producción técnica. El Horno Erectus representa un punto débil de esta hipótesis.

Dos peculiaridades culturales importantes del Homo Erectus son, primero que establecieron asentamientos permanentes (campamentos), lo que significa una compleja vida social y, segundo, que en los últimos periodos y coincidiendo con una glaciación consiguieron controlar el fuego. No obstante, es necesario hacer la advertencia de que dos cosas muy diferentes son el uso y control del fuego , que debió ser muy antiguo, y el saber producirlo y usarlo a voluntad, esto es, el descubrimiento del fuego, que es algo de significado técnico y cultural muy superior.

El Homo Erectus, sin embargo, empieza a sufrir cambios entre hace 400 y 150 mil años que habrán de desembocar en lo que ya definimos como Homo Sapiens. Esos cambios, por lo que sabemos, siguieron dos ramas distintas, por una lado la europea que da lugar al hombre de Neanderthal, el más conocido y del que hablaremos a continuación, y la africana, que inicia un largo proceso, seguramente a partir del Homo Ergaster, todavía no suficientemente conocido, pero que sabemos que llevará al Homo Sapiens.

Lo que más llama la atención de los Sapiens es su enorme capacidad craneana, que en algunos individuos supera los 1.600 centímetros cúbicos, mientras que el humano actual posee una media de 1.400. ¿Podemos pensar, en consecuencia, que su inteligencia también lo era? Para contestar a esta pregunta es necesario hacer primero algunas consideraciones sobre la inteligencia y, en segundo lugar, acudir a los restos de su cultura y tratar de llegar a alguna conclusión.

Un cerebro más grande no significa necesariamente una mayor inteligencia. Podemos estar seguros de que eran más inteligentes que sus antecesores, pero también que distaban mucho de nosotros, tanto en cantidad como en calidad. Su cerebro era por término medio más voluminoso que el nuestro, pero esto no significa que su organización interna y la especialización de sus áreas fuera equivalente, y que por tanto sus capacidades cognitivas, de abstracción, perceptivas, de habla, etc. fueran las mismas. Debemos pensar que estamos hablando de otra especie o, cuando menos, de una subespecie, por lo que seguramente eran muy diferentes.

En cuanto a su cultura, que denominamos "Musteriense", nos muestra una rica variedad de útiles muy perfeccionados respecto de los del Erectus y de uso más versátil, pero que curiosamente también permanecieron inmutables casi a lo largo de toda su existencia; sólo en los últimos tiempos de su existencia se observa un cierto progreso técnico, el cual pudo estar motivado por las mayores dificultades que encontraban para sobrevivir, o por la influencia de los Sapiens Sapiens con lo que ya habían tenido sus primeros contactos.

Una prueba más contundente nos la proporciona los estudios que demuestran que carecían de habla. En efecto, el Hombre de Neanderthal no hablaba como nosotros, y todo despegue cultural implica un despegue lingüístico. El habla en el sentido humano es el conservador y transmisor de la experiencia acumulada, de los conocimientos de la especie. Por medio de él conseguimos transmitir mensajes alejados espacio-temporalmente de la experiencia inmediata. En su ausencia el aprendizaje se realiza básicamente por imitación. Pero, además, con la palabra se desarrollan las capacidades de conceptualización, abstracción, asociación, etc.

Sobre el hombre de Neanderthal quedan muchas incógnitas sin despejar todavía. Algunos hallazgos resultan sorprendentes, por ejemplo, el hecho de que se haya encontrado objetos que podemos calificar de inútiles, objetos simplemente decorativos, lo que parece indicar el nacimiento del sentido estético, o el hecho de que enterraran a los muertos. La sepultura más antigua data de 80.000 años y ya se nota un gran cuidado en su preparación. En una tumba, descubierta en la cueva Tshik-Tash de Uzbekistan, un niño de nueve años aparece con seis pares de cuernos de cabra montés colocados en círculo alrededor de la cabeza. Esto ha llevado a pensar a algunos antropólogos en la existencia ritos funerarios y por tanto en alguna creencia de tipo religioso-mágico que los sustentara.

HOMO HABILIS

HOMO HABILIS Pero un salto, si cabe, definitivo, para la evolución humana, habría de ser la aparición de la especie llamada Homo Habilis pues con ella aparece el "Género Homo". Fue identificada por primera vez por Louis Leakey en la famosa garganta de Olduvai (Tanzania) en 1965, y le dio el nombre de Homo Habilis (el hombre artesano), al llegar a la conclusión, no compartida por todos los paleontólogos, de que fue la primera especie en poseer la capacidad humana de fabricar instrumentos. Su datación se ha fijado entre unos 2,5 y algo menos de 2 millones de años, por lo que coexistió con el Austrolopithecus y el siguiente eslabón, el Homo Erectus.
Su característica física más notable es el aumento del cerebro, que pasa de 450 a 600-800 cm3, siendo, además, su complejidad anatómica y funcional muy superiores.
Su industria lítica es muy tosca, todos sus elementos pertenecen a la categoría de los "Chopers" (hachas de roano) y de la "Lascas". Muchos de estos instrumentos han sido encontrados junto a huesos de animales, lo que nos hace pensar que fueron utilizados para descarnarlos, partirlos y extraer la médula, lo cual nos revela otras dos características esenciales, la primera es que eran habituales comedores de carne, y segundo que se comía en común, lo que significa un comportamiento cooperativo muy avanzado.
La obtención de la carne, ya sea por el carroñeo, seguramente su principal fuente, ya sea por la caza, nos hace pensar que debían poseer una cierta estrategia, capacidad de organización y flexibilidad en la acción para tener éxito frente a los competidores y mantenerse a salvo de los depredadores, lo cual a su vez exige, por una parte, una más potente y refinada inteligencia, y por otra un cierto lenguaje, un nivel comunicativo mucho más complejo que el de los simios actuales.
¿Podemos hablar de cultura en este primitivo ancestro? La respuesta depende de cuan exigentes seamos en la definición de "Cultura". Lo más sensato tal vez sea considerar que nos encontramos ante una fase en la que se supera la protocultura de los simios actuales y los Afariensis, adquiriendo ya alguna de las características de lo que denominamos modernamente cultura: conductas aprendidas socialmente y que son esenciales para la supervivencia y el mantenimiento de grupo.
Lo más transcendental del Horno Habilis es, posiblemente, que con él se cruza la frontera de la selección natural exclusivamente en las capacidades físicas a la selección basada en las capacidades cerebrales-cognitivas.

EL AUSTROLOPITECUS

EL AUSTROLOPITECUS El nombre de Australopithecus, literalmente "mono del sur" es empleado para referirse a una familia de protohomínidos, que, más o menos contemporáneamente, vivieron en diferentes zonas de África en un periodo comprendido entre los 4,5 y los 1,5 millones de años. El fósil más famoso (y hasta la actualidad el más antiguo) de Australopithecus fue descubierto por Donald Johanson en 1974 en la región de Afar, situada en el valle del Rift, al que se denominó científicamente "Australopithecus Afariensis", y familiarmente Lucy. A Lucy, una hembra joven de la especie se le ha atribuido una antigüedad de unos 3,25 millones de años. Unos años más tarde en 1978, Mary Leakey descubrió lo que constituye uno de los documentos mas interesantes e impactantes de la paleontología: las huellas dejadas por dos o tal vez tres Australopithecus hace aproximadamente 3,8 millones de años. Estas huellas demuestran que los Australopithecus eran perfectamente bípedos, y estaban adaptados a la vida permanente en tierra. Su tamaño corporal es pequeño, alzaban entre 1,10 y 1,40 cms. , y su cerebro oscila entre los 400-550 cm. cúbicos, capacidad equivalente a la de los simios actuales, pero la proporción cerebro-cuerpo, es notablemente superior, lo que nos permite pensar que debían ser, en el peor de los casos, tan inteligentes y habilidosos como éstos.
Con el Australopithecus ya se ha dado un paso esencial hacia la Hominización, de ahí su gran importancia e interés: la postura erguida, bipedismo, la liberación de las manos, que ya se han diferenciado funcionalmente de los pies, y han adquirido capacidad manipuladora, la posición erguida de la cabeza y el desarrollo del cerebro, la cooperación intergrupal, etc. Características esenciales de lo que con el tiempo será la humanidad.