Blogia
UN LUGAR PARA APRENDER FILOSOFÍA

PLATÓN

RESUMEN CAP. 4 LIBRO VII “LA REPÚBLICA”

RESUMEN CAP. 4 LIBRO VII “LA REPÚBLICA” En general, en este capítulo se habla del innatismo en el conocimiento, de la educación asociada a éste y de quiénes son buenos para gobernar y quiénes no.

• educación no es lo que algunos dicen (los sofistas) afirmando poder otorgar conocimiento a quién no lo tiene (símil con la visión otorgada a los ojos ciegos).
• Sino que, teniendo ya «algo» el alma (innatismo) sea dirigida (bien dirigida; bien educada) hacia el conocimiento.
• Pues resulta que las virtudes del conocimiento son diferentes a las del resto del alma (algunas de las cuales se parecen y desarrollan como las del cuerpo: la memoria).
• Lo que ya se tiene, se tiene, aunque uno esté mal-educado. Y así, el malo se hace peor y el bueno mejor.
• Y como ya hay algo, hay que educar desde niños para que las buenas naturalezas no se pierdan.
• No serán buenos para gobernar ni los ineducados (incapaces) ni los privilegiados que siguen estudiando eternamente.
• Es obligación nuestra (los fundadores de esta ciudad ideal) obligar a los mejores y no dejarles que permanezcan (inactivos)... ¡Han de bajar con los prisioneros! (que somos nosotros).

PALABRAS Y TÉRMINOS CLAVE PARA LA INTERPRETACIÓN
• proporcionan ciencia al alma = los sofistas no creían en las ideas innatas y por eso pensaban que tenían que dotar de todos conocimientos, como quien cree que puede infundir la vista a los ojos ciegos.
• esa facultad, existente en el alma de cada uno = innatismo.
• volverse... = cambiar de dirección la mirada: desde lo cambiante a lo inmutable (esencias).
• la parte más brillante del ser = el bien.
• arte de descubrir... = educación dialéctica.
• más divino = el alma, según Platón, tiene un origen extraterreno, divino.
• que jamás pierde su poder = el alma es inmortal.
• excrecencias plúmbeas = los sentidos, asociados a lo cambiante.
• islas de los bienaventurados = paraíso intermedio entre tierra y cielo (Fedón 110A y ss.)
• fundadores = en el diálogo, los interlocutores figuran ser los fundadores de una ciudad perfecta, pero imaginaria.

ARTE, VIRTUD Y FELICIDAD EN PLATÓN

Arte. - Es sinónimo de técnica para orientar convenientemente la mirada, habilidad para enlazar con corrección las preguntas y dirigir el alma hacia el objeto del auténtico conocimiento. Con el arte el alma llegará a captar la verdad, apartándose de la doxa. Y cuando haya alcanzado el conocimiento de los valores éticos y políticos podrá conseguir la virtud o arete.
Virtud.- Es realizar la función propia; el valor en los soldados, autoridad en los políticos. La virtud hará posible el desarrollo del ser humano en una sociedad justa, donde los individuos puedan alcanzar los ideales de conocimiento y armonía.
La moral en los sofistas era convencional, se inculcaba un patrón de comportamiento útil. El hombre virtuoso era el prospero en la vida, quien conoce las reglas del juego y sabe utilizarlas en bien propio. Para Platón es necesario un canon universal de conducta basado en la razón. Platón contrapone a la moral convencional una moral racional.
Felicidad.- Para Platón el pensamiento ético se complementa con su pensamiento político. Bondad o maldad, de acciones individuales o políticas depende de que favorezcan o no la vida feliz. La felicidad es la armonía entre el individuo y la sociedad.
Para Platón felicidad es sinónimo del buen vivir, del desarrollo pleno de la personalidad del hombre como ser racional y moral, de relación armónica de las partes del alma. Para Platón el alma se compone de tres partes:
- Alma concupiscible, sede de impulsos y deseos desordenados.
- Alma irascible, sede del valor
- Alma inteligible, sede de la razón
Estas partes se hallan en relación de subordinación y las partes inferiores deben someterse a la parte superior, el alma racional debe moderar el deseo y templar la voluntad. Así se establecerá la armonía, ideal de vida feliz (dike) que sólo puede lograrse por la educación. Los distintos estamentos del estado: productores, guardianes-guerreros y regentes-filósofos se corresponden con las tres partes del alma. De este modo la felicidad individual tiene su proyección en el orden político.
Sin embargo, el hombre tiende a dejarse llevar por sus instintos, por lo que el acceso a la vida intelectual requiere esfuerzo y no se da de forma natural. El prisionero tiene que ser conducido hacia el conocimiento.
Para Platón siempre habrá hombres que crean en la supremacía de la razón y que con una educación adecuada podrán conducir a la comunidad hacia la búsqueda del orden justo y por tanto a la felicidad.
La filosofía aparece como pedagogía, y la preocupación del filósofo se centra en los que viven en su sociedad, la pedagogía es en definitiva política.

LO QUE NACE Y LO QUE ES

El objetivo fundamental para Platón de la educación consiste en apartar el alma de lo que nace y dirigirla hacia la contemplación del ser.
Para Platón el mundo fisico está constituido por las cosas particulares sometidas al cambio y la transformación; es el mundo de lo que nace, su conocimiento es problemático y expuesto a contradicción.
Para Platón debe aspirarse a lo universal y estable, a lo que es. Lo que posee rasgos de autenticidad y estabilidad.
Para compaginar la inestabilidad de lo fisico con la necesidad de la definición, constituyo la teoría de las ideas. Que viene a decir, que para alcanzar el auténtico conocimiento hay que penetrar más allá de lo mudable y captar el ideal que encarna.
La verdad aparece como desvelamiento del ser, de los particulares no podemos tener conocimiento, solo de los universales, de las ideas que encaman. Así llama Platón "Idea" a aquello que es objeto de auténtica definición.

EDUCACIÓN EN PLATÓN Y EN LOS SOFISTAS

EDUCACIÓN EN PLATÓN Y EN LOS SOFISTAS CONCEPCIÓN PLATÓNICA DE EDUCACIÓN
En los capítulos IV y V se pregunta por aquello que puede proporcionar plenitud al ser humano, y la consecución de una sociedad justa, y su respuesta es la paideia (educación).
Su concepción de educación es opuesta a la de los sofistas. Para estos consistía en inculcar a los alumnos ciertos saberes necesarios para alcanzar el éxito y poder; para ellos el conocimiento tenía un valor utilitarista y convencional. Esta concepción haría imposible la búsqueda de lo desconocido por estar exento de toda inquietud investigadora. Platón entiende por educación el arte de conducir el alma hacia la verdad, de orientar la mirada hacia la contemplación del ser, apartándola de lo que cambia o nace. La diferencia entre Platón y los sofistas consiste en una educación mera instrucción, donde el profesor sólo inculca nociones y normas de comportamiento, un alumno pasivo; y una educación superior en donde se estimula la actividad investigadora.
"No se alcanza el saber enseñando a alguien, sino preguntándole, y sacándole la ciencia de sí mismo".
El saber es para Platón, una actividad de búsqueda que se basa en una asociación entre lo conocido y lo que no se conoce. Para Platón conocimiento es anamnesis en cuanto que poseemos una comprensión implícita de lo que alguna vez llegaremos a comprender. Es el diálogo entre profesor y alumno lo que hace posible el descubrimiento.
Los conocimientos geométricos del esclavo están en la herencia de conocimientos recibida a través del lenguaje. El lenguaje recoge y conserva la concepción extrasubjetiva del mundo de la comunidad lingüística, su experiencia colectiva e histórica. Por eso está implícito el saber dormido (anamnesis).
• Diametralmente opuesta a la de los sofistas
• Arte de conducir el alma hacia la verdad, de orientar la mirada hacia la contemplación del ser. Educación es el método (camino) que debe llevar al fin de conocer la verdad. (educación y verdad deben estar al servicio de la polis –ciudad- para hacer que la justicia resplandezca).
• El saber es, una actividad de búsqueda que no se basa en un proceso memorístico, sino una asociación entre lo conocido y lo que todavía no se conoce.
• El conocimiento es "anámnesis" (saber dormido - conocer es recordar-) y es el diálogo entre el profesor y el alumno lo que hace posible el descubrimiento. Es el preguntar lo que pone en movimiento el progreso del conocimiento. Todos los hombres todas las almas tienen en germen todas las ideas, las ideas son innatas.
• El profesor debe estimular la actividad investigadora del alumno. ("No se alcanza el saber enseñando a alguien, sino preguntándole, y sacándole la ciencia de sí mismo". MAYEUTICA
• Para Platón las leyes eran una prolongación de las leyes naturales, casi tan necesarias e inmutables como ellas.
• Platón está dispuesto a mantener el pasado. Conservadurismo de la nobleza, de la aristocracia.
• Para Platón la educación no puede dejarse a la iniciativa privada y a una decisión personal; hay que establecer un sistema estatal. Sirve a las necesidades políticas del Estado, que es quien organiza la vida de los hombres.
• La dialéctica es la visión de las ideas como consecuencia de la educación recibida.

CONCEPCIÓN SOFISTA DE EDUCACIÓN (sophistes-el que sabe (profesional que vive del saber)
• Hablarón mucho pero dejaron muy poco escrito
• Dan un auge a las cuestiones lingüísticas, a la oratoria, el derecho político, la sociología y la ética. Con ellos la filosofía gana prestigio social.
• Inculcar a los alumnos ciertos saberes necesarios para alcanzar el poder y el éxito, para triunfar en sociedad, aunque lo que defendieran fuera injusto, sólo perseguían el enriquecimiento personal.
• Fundan las primeras escuelas de pago. Son maestros vendedores ambulantes de ideas.
• Inculcan nociones y normas de comportamiento a un alumno pasivo.
• El conocimiento tiene para ellos un valor utilitarista, pragmático, convencional, relativo y arbitrario, limitado a situaciones concretas. Las leyes podían cambiarse tantas veces como conviniera.
• La educación en manos de los sofistas capacitaba para la adquisición de determinadas destrezas y mañas, suficientes para el triunfo en la vida social y pública.
• Carencia de inquietud investigadora.
• Educación de mera instrucción
• Para Platón aparentan ser filósofos sin serlo. Son demagogos, el cáncer de las democracias.
• Son para Platón los culpables de la crisis de la Polis por sus violaciones a los fundamentos tradicionales de la religión y la moral. Conmueven los cimientos de la tradicional educación griega. Hacen tambalear muchas creencias tradicionales griegas.
• Sistematizan el saber
• Nunca diseñan una ciudad ideal a cuyos fines debería someterse todo

CUERPO Y ALMA EN PLATÓN

CUERPO Y ALMA EN PLATÓN EL CUERPO
• Es la cárcel del alma, como la concha lleva dentro la ostra
• Es un mal, por las necesidades que crea al alma y porque le impide buscar la verdad, como las enfermedades, deseos, temores, pasiones, sentidos etc.~
• Es una pesada carga de la que tiene que liberarse poco a poco, de la que tiene que purificarse, para poder acceder a la contemplación de las Ideas.
• Es el que le fuerza al alma a tener posesiones materiales, a ambicionar cosas de este mundo sensible, es el que impulsa al hombre a las guerras y a toda clase de violencias.
EL ALMA
• Es completamente superior al cuerpo
• Es lo que en definitiva constituye nuestro Yo
• Es el auténtico Hombre; el cuerpo es sólo una sombra, una apariencia; el alma lo es todo en el hombre, es el propio y verdadero ser de cada uno de nosotros.
• El alma racional ha sido creada directamente por el Demiurgo tomando como modelo las Ideas eternas.
• El alma toma todos los conocimientos, todas las Ideas de esta primera existencia.
• El alma es inmortal, y transmigra o peregrina en varios cuerpos, hasta llegar a la contemplación de la Verdad.
• Platón diferencia tres tipos de alma. La vegetativa, la sensitiva y la racional.

El alma para Platón ha sido creada directamente por los dioses. Para Platón el cuerpo pertenece a una naturaleza más o menos depravada; lo que vale es el alma. Lo que impide hacer llegar al alma a la verdad es el cuerpo. Ha abierto un abismo entre el mundo del espíritu y el mundo de los sentidos; materialismo y espiritualismo. Destrozando la visión unitaria del hombre.

REDACCIÓN: El alma y el conocimiento de la realidad según Platón

REDACCIÓN: El alma y el conocimiento de la realidad según Platón Hemos visto cómo el dualismo de Platón entre lo sensible y lo inteligible, entre lo material y espiritual, se manifiesta también en la naturaleza humana: el ser humano es un compendio de dos mundos, alma y cuerpo. El alma o psiqué es el principio que da vida al cuerpo, pero también es el principio racional que ordena la vida a través del conocimiento de lo universal y perfecto. El destino del hombre es «salir de la caverna» y vivir conforme al alma, es decir, conforme a lo perfecto, a lo racional, a las ideas. ¿Pero cómo es posible llegar a este conocimiento de las ideas?

Las clases de conocimiento
Platón distingue dos tipos de conocimiento: dóxa, o conocimiento sensible, y nóesis, o conocimiento intelectual.
La dóxa comienza en la sensación, en la percepción de las imágenes, eikasía, y nos permite forjarnos una creencia, pistis, sobre el mundo que tenemos ante nosotros. Esta visión del mundo es el resultado de la opinión sobre lo cambiante, de lo que nos parece que es, pero sólo refleja un mundo imperfecto. La dóxa no cumple las condiciones de un conocimiento universal que pueda guiar nuestra vida hacia lo perfecto.
El auténtico conocimiento, capaz de desvelarnos la verdad, alétheia, sólo puede ser un conocimiento intelectual, nóesis. Cuando somos capaces de «mirar» con la inteligencia prescindiendo de los sentidos descubrimos el mundo inteligible. Eso les ocurre a los geómetras, cuyo conocimiento, dianoia, toma las figuras sensibles como pretexto para pensar en aquello a lo que se parecen y que no puede percibirse, las figuras ii matemáticas. -
Finalmente, la epistéme es el verdadero conocimiento científico, universal y necesario, sin referencia alguna a lo sensible. La epistéme permite conocer los modelos racionales de la realidad, las ideas, y las relaciones entre éstas. A este conocimiento, que también llamará Platón «dialéctico», le corresponde la función ordenadora de la vida humana: sólo quien es capaz de remontarse por encima de lo particular y llegar a conocer perfectamente lo que es justo en sí puede vivir justamente.

Los objetos de conocimiento
Conocimiento y realidad están unidos en la filosofía platónica, a cada grado de conocimiento debe corresponder un objeto conocido. Será la necesidad de justificar un conocimiento de lo universal y perfecto la que conducirá a Platón a afirmar la existencia de una realidad universal y perfecta, las Ideas.
Siguiendo el símil de la línea del libro VI de la República, encontramos las diferentes clases de conocimiento y los objetos o realidades que corresponden a cada una de ellas.
El cuadro está organizado en torno a dos ejes: un eje vertical y un eje horizontal.
Si seguimos el eje vertical, encontramos a la izquierda los tipos de conocimiento y a la derecha los objetos conocidos. Podemos reproducir el camino de liberación y conocimiento del mito de la caverna si partiendo de la dóxa ascendemos desde el conocimiento de las imágenes y los objetos físicos hasta la nóesis o conocimiento inteligible que conoce las realidades inteligibles o noetá: los objetos de la matemática y las ideas o formas.
Si seguimos el eje horizontal, encontramos una división entre la parte superior, en la que aparece un mundo perfecto, auténtico e inteligible, y la parte inferior, donde está ubicado un mundo imperfecto, sensible e inestable, copia del mundo inteligible. Cada una de estas dos mitades, la de arriba y la de abajo, podría dividirse a su vez en otras dos; de ese modo comprobamos que las ideas son con respecto a los objetos de la matemática lo que los seres físicos son con respecto a las imágenes, es decir, los primeros son la causa del conocimiento de los últimos. El conocimiento de la realidad parece explicarse desde el mito de la caverna como el efecto de un juego de espejos.

Conocer es recordar. La reminiscencia
En el Menón la preocupación ética conduce a Platón a la preocupación epistemológica: ¿cómo es posible conocer lo universal, la esencia o el eidos de la virtud, aquello por lo que llamamos a las acciones o a las personas virtuosas?
La pregunta equivale a cuestionar cómo es posible el conocimiento de lo perfecto y universal teniendo en cuenta que el mundo que tenemos ante nosotros es un mundo del devenir, de lo particular e imperfecto.
La respuesta de Platón se presenta como «verdad de los sacerdotes y de los poetas». El alma es inmortal y en su existencia anterior a su encarnación en el cuerpo «ha visto tanto lo de aquí congo lo del Hades». Luego el alma conoce los modelos universales de la realidad, las ideas. El verdadero conocimiento o epistéme es el recuerdo o reminiscencia, anámnesis, de aquello que el alma ya ha conocido en una existencia anterior: «el aprender no es otra cosa que recordar [...] y esto no sería posible si nuestra alma no hubiera existido en otro lugar antes de llegar a ser en esta forma humana» (Fedón 72c). El conocimiento de las ideas no es, por tanto, el resultado de un proceso inductivo de lo particular, sensible e imperfecto a lo universal, inteligible y perfecto, sino el recuerdo de las ideas que nos permite comprender el mundo sensible como un reflejo del mundo de las ideas.
La verdad se encuentra dentro de cada ser humano y para recordarla hay que seguir el camino de la dialéctica. La función educadora del filósofo consiste en facilitar este aprendizaje que consiste en recordar; así lo había entendido Sócrates en la mayéutica.
VER MAPA CONCEPTUAL CAPS. 1, 2 Y 3

REPASO FINAL CAPS. I,II,III L. VII -LA REPÚBLICA-

REPASO FINAL CAPS. I,II,III L. VII -LA REPÚBLICA- Las primeras líneas del mito de la caverna advierten de que el relato esta relacionado con la naturaleza humana y con la importancia de la educación en este proceso de la vida humana hacia su destino: el conocimiento, la felicidad y la perfección.
El ser humano se encuentra entre el mundo de abajo y el mundo de arriba: su cuerpo pertenece al mundo físico, imperfecto, cambiante, perecedero, mientras que su alma pertenece al mundo inteligible, perfecto e inmutable. Por eso el mito presenta al hombre encadenado en el interior de la caverna, confundido en un mundo de apariencias, de sombras, que su ignorancia interpreta como la auténtica realidad.
Sin embargo, aunque esclavo de un cuerpo que le desvía de su auténtica naturaleza y de su destino, tiene como vocación salir de la caverna hacia la luz y conocer el verdadero mundo real, liberarse, en suma, de las cadenas de los prejuicios y la ignorancia. En esto consiste la felicidad humana, en vivir conforme a lo real, a lo perfecto, a lo racional.

El camino del conocimiento
Para conseguirlo el alma humana tiene una facultad natural, la inteligencia, que le permite ascender en el camino del conocimiento; aunque el camino que lleva a la luz, a la auténtica realidad, a la liberación es tortuoso. En primer lugar, porque, aunque el alma humana aspira a lo inteligible, el cuerpo se siente atraído por lo sensible y no puede por sí solo ascender. En segundo lugar, porque es costoso dudar de las seguridades de nuestras creencias, de nuestros prejuicios, que son cadenas que nos impiden mirar con los ojos de la inteligencia.
El propio Platón decía en el Fedón por boca de Sócrates que la plena realización de este destino, que exige la liberación de los prejuicios, no puede cumplirse hasta que se produzca la separación definitiva del alma, es decir, con la muerte. En este sentido define la filosofía como el «arte de saber morir».
El relato de la caverna presenta diferentes momentos que van marcando la secuencia de este proceso de liberación que Platón llama dialéctica: es un recorrido por diferentes fases del conocimiento que nos van situando ante los diferentes grados de perfección de lo que existe. Partiendo de la percepción de las sombras de los objetos encontramos al final del camino la verdadera realidad y la Idea de Bien, que, como el sol, ilumina todo el, conocimiento intelectual.

El papel del filósofo
El ser humano no se encuentra solo en este viaje. Al filósofo, que ha conseguido salir de la caverna y contemplar la luz, la auténtica realidad, como Sócrates, corresponde retornar y ayudar a otros en el difícil ascenso hacia el exterior de la caverna.
Sin embargo, el papel del filósofo es arriesgado: las cadenas de los prejuicios son fuertes e invisibles y mantienen al ser humano en la comodidad de la costumbre, incompatible con la verdad. El filósofo es una figura molesta para los ignorantes; por eso, como Sócrates, es incomprendido e incluso maltratado.

En síntesis, la condición humana aspira a lo inteligible y a lo perfecto. Pero el hombre tiene diferentes pulsiones: es atraído por el conocimiento, pero también por el placer, por el poder, por la comodidad o el miedo, que le pueden hacer aferrarse a la ignorancia. El ser humano tiene que armonizar todas las pulsiones desde la razón y para ello necesita de la educación. La finalidad de la educación es facilitar el proceso de realización de la virtud según la propia naturaleza humana. A los filósofos corresponde guiar al alma y a la ciudad hacia la armonía cuyo resultado es la justicia.

LOS SIGNIFICADOS DEL MITO DE LA CAVERNA

Aunque es el mismo Platón el que nos pone en las pistas de la interpretación del mito (según acabamos de ver en la sección III) no pareciendo querer dejar a otros su inter¬pretación, sí al menos, y siguiendo fielmente, la lectura platónica, al mito de la caverna se pueden asociar, al menos, las siguientes interpretaciones:
(1) La primera, indudablemente y siguiendo al propio Platón, es la de «con respecto a la educación o falta de ella, se halla nuestra naturalezas. Por lo tanto, la descripción de nuestro estado de ignorancia (con respecto a la verdad) en la que nos encontramos al estar encadenados en el fondo de la caverna frente al estado de conocimiento (haber alcanzado la verdad) después de haber salido de la caverna.
(2) También siguiendo a Platón, se expresa la relación que existe entre la verdad y la opinión; entre los mundos racional o inteligible (mundo ideal, representado por el exterior de la caverna) y sensible (mundo material, representado por el interior de la caverna). Y por la misma razón, la relación existente entre el conocimiento verdadero y el conocimiento sujeto a la opinión. Hay grados del ser (sombras, reflejos, cosas y sol) y, correspondientemente, grados del conocer.
(3) El proceso que lleva al prisionero liberado desde el fondo de la gruta a la contemplación de las cosas verdaderas es el proceso educativo o ascensión que debe seguirse (gradual y sucesivamente más complejo) para alcanzar la verdad.
(4) La relación que existe entre las enseñanzas de los sofistas (el engaño y la persuasión) frente al conocimiento del verdadero filósofo (Sócrates; la verdad y las esencias).
(5) Por otro lado es el proceso de liberación del alma desde el fondo de la caverna hasta la contemplación directa de las cosas y del sol (el bien), que es la causa de todo. Esta liberación es la purificación del alma desde el engaño a la verdad y, por lo tanto, su preparación para cuando tenga que abandonar el mundo.
(6) También es un símil con lo que debe ser la vida del gobernante: primero liberarse y ascender hasta la contemplación de la verdad, pero sin quedarse en ese lugar, sino que tiene que descender para enseñar la verdad a los que aún siguen encadenados: obligación de quien ha alcanzado la verdad de ocuparse como misión de los asuntos humanos.

CLAVES INTERPRETATIVAS CAPS I,II y III LIBRO VII -LA REPÚBLICA-

CLAVES INTERPRETATIVAS CAPS I,II y III LIBRO VII -LA REPÚBLICA- CAPITULO I
Se inicia el mito de la caverna, describiendo la condición de los prisioneros y las extrañas ocurrencias que allí suceden que les llevan a creer que lo que sucede y lo que conocen es lo real, aunque el espectador de la escena capta todos los engaños que en ella se dan. Un prisionero (sin saberse por quién) es liberado y empieza a ascender, aunque siente grandes molestias porque tiene que ir adaptándose lentamente a la luz y si se le preguntara qué es la verdad contestaría que lo que veía en el fondo de la caverna.
PALABRAS Y TÉRMINOS CLAVE PARA INTERPRETAR EL TEXTO
• educación o falta de ella = el conocimiento de la verdad y las ideas.
• nuestra naturaleza = apresados por el cuerpo y los sentidos.
• ligaduras = lo que nos ata (la sensibilidad).
• luz de un fuego = causa de las sombras; luz que ilumina los objetos.
• plano superior = metáfora de que la verdad está por encima del mundo de los prisioneros.
• tabique, tabiquillo = artilugio para engañar, desconcertar.
• maravillas = trucos, engaños.
• iguales que nosotros = nosotros somos prisioneros de engaños.
• estar refiriéndose a las sombras = el mundo sensible es copia del mundo ideal, como una sombra lo es del objeto que la proyecta.
• eco = sonido distorsionado.
• liberados de sus cadenas = curados de su ignorancia.
• mover el cuello = cambiar los puntos de vista.
• sentir dolor = sentirse incómodo por tener que abandonar el mundo de los sentidos y no comprender lo que le pasa.
• más cerca de la realidad = la realidad son los objetos y no las sombras.
• visión más verdadera = estar cerca de la verdad y no como en el fondo de la gruta, donde sólo percibía sombras y no los objetos que las causan.
• lo que antes contemplaba le parecería más verdadero = le resultaba más fácil comprenderlo.
CAPITULO II
El prisionero liberado seguirá resistiéndose mientras se le arrastre deprisa hacia la sali¬da. Pero si se hace con pausa, por grados, la cosa será distinta. Tendría que acostum¬brarse y primero se le enseñarían los reflejos, luego los objetos y posteriormente vería las estrellas y la luna y finalmente la luz del sol directamente. Pero una vez contemplada la visión del sol (alcanzado el conocimiento y la verdad; la visión directa de las cosas) se daría cuenta de sus errores anteriores y de las equivocaciones del fondo de la caverna, comprendería qué es la causa de las cosas y se reiría y compa¬decería de la condición y honores que en la caverna se otorgaban entre sí los prisioneros, sin sentir ninguna nostalgia de aquél falso conocimiento.
Y si volviera al fondo de la caverna, al volver a ver mal otra vez, sería torpe y se bur¬larían de él y los prisioneros pensarían que había vuelto trastornado y que no había vali¬do la pena la ascensión. Y a quien quisiera liberarlos y hacerles subir le matarían.
PALABRAS Y TÉRMINOS CLAVE PARA INTERPRETAR EL TEXTO
• áspera y escarpada subida = símil de la educación, que no es algo cómodo.
• necesitaría acostumbrarse = tiene que haber un proceso gradual para adaptarse a la comprensión.
• cosas de arriba = los objetos reales, las ideas.
• sol = fuente de todas las cosas que se ven (el bien causa de todo lo que se comprende).
• ¿envidiaría a los que se dan honores sobre falsedades conociendo él ya la verdad? = una vez en posesión de la verdad no se puede tener envidia de nada ni de nadie.
• por discernir con mayor penetración sobre las sombras = el conocimiento en el fondo de la caverna no es verdadero; es opinable.
• competir = en el mundo de los prisioneros hay competencia por la interpretación (pues no conocen la verdad, que no es opinable).
• ha vuelto con los ojos estropeados = se ha trastornado.
• no vale la pena la ascensión = mucho esfuerzo para haber regresado más torpe de lo que se fue puesto que no puede ver (comprender) nada de lo que ocurre.
SÍMBOLOS DEL MITO DE LA CAVERNA
• prisioneros: nuestra condición al estar apresados por los sentidos; y además estamos inmovilizados y atados a ellos.
• la caverna: es el mundo de los sentidos y el de las cosas cambiantes. Lo que en la linea del conocimiento llamábamos «mundo sensible». Se corresponde, a nivel de episte¬mología o grados del conocimiento, con la doxa (opinión y conjeturas, pero no la ver¬dad)
• sombras: los reflejos de las cosas reales, que los prisioneros las consideran como lo real y verdadero y se atreven incluso a hacer especulaciones acerca de lo que son.
• liberación del prisionero: es liberado (por alguien) y de modo lento y gradual (como tiene que ser la educación) va ascendiendo, con dolor, sufrimientos y ofreciendo resis¬tencia, hasta la contemplación directa de las cosas reales (lo que es causa de las som¬bras).
• fuera de la caverna: es donde existe la realidad que es iluminada por el sol (la perfec¬ción; la idea de bien). Al llegar a ese punto el prisionero se dará cuenta de lo errores en los que vivía anteriormente (y en el que siguen viviendo los demás prisioneros). Es el mundo de las cosas inmutables; de las esencias captadas por la razón. Se corresponde, a nivel de epistemología o grados del conocimiento, con la episteme (cien¬cia o conocimiento veraz que está en contacto con las cosas verdaderas). Una vez contemplada la verdad, el prisionero se sentiría feliz y si se acordara de los que fueron sus compañeros los compadecería y no sentiría ninguna envidia de los honores que entre ellos se repartieran.
• el sol: que lo ilumina todo, es la idea de bien y además es causa de todo lo existente.
• regreso a la caverna: quien ha contemplado la verdad tiene que regresar para enseñarla a sus antiguos compañeros. En el proceso de bajada (al igual que le ocurrió al subir) tendrá que sufrir una paulatina adecuación de la vista (ahora a la oscuridad; al contrario de lo que había ocurrido al subir). Se muestra torpe y se burlan de él (piensan que no ha valido la pena tanto esfuerzo para regresar tan incompetente) y además creen que desvaría porque dice que la verdadera realidad se halla fuera de la caverna (cosa que ellos no comprenden).
CAPITULO 3
La escena anterior hay que aplicarla al conocimiento: el fondo de la caverna es el mundo de los sentidos y fuera de la caverna es el mundo de las ideas (de la verdad). Y la ascen¬sión es el descubrimiento de la verdad. En el mundo inteligible lo último que se descu¬bre es la idea de Bien, que una vez descubierta se comprende que es la causa de todo. Y no es de extrañar que los que hayan descubierto las ideas no quieran ya ocuparse de los asuntos humanos.
Los hombres que han visto la verdad se muestran torpes cuando han de volver a tratar con los asuntos humanos. Y a causa de eso hay que tener cuidado y no reírse de los torpes y averiguar si están subiendo o bajando.
PALABRAS Y TÉRMINOS CLAVE PARA INTERPRETAR EL TEXTO
• región revelada por la vista = fondo de la caverna = mundo de los sentidos.
• región de la luz = mundo de la verdad o de las ideas.
• ascensión = proceso de liberación del alma de sus ataduras sensibles = educación.
• tribunales = los asuntos humanos, cuestiones relativas a las sombras.
• interpretan esas cosas = los asuntos relativos a las sombras son opinables, frente a la verdad que no lo es, porque quien ha visto la justicia no discute sobre lo justo.

COMENTARIO DE TEXTO -MITO DE LA CAVERNA-

COMENTARIO DE TEXTO -MITO DE LA CAVERNA- «Hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si la comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin. he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la Idea del Bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas: que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública. »

Estamos ante el fragmento de un texto de Platón que hace referencia al conocido mito de la caverna, recogido en su obra La República. La idea principal alrededor de la cual gira el fragmento es la estructura de la realidad y el problema del conocimiento.
Contexto histórico y ubicación de la obra
Platón desarrolla su pensamiento filosófico en la Grecia clásica, concretamente en Atenas. Son acon¬tecimientos que enmarcan su pensamiento las Gue¬rras del Peloponeso, el gobierno de los Treinta Tira¬nos y la Liga de Delfos entre otros. Recibió una educación esmerada en el seno de una familia aristo¬crática. Se formó en música. aritmética y poesía de la mano de maestros insignes como Sócrates y Arqui¬tas.
El fragmento que nos ocupa pertenece a la época de madurez del autor, correspondiente al periodo que va desde la fundación de la Academia hasta su se¬gundo viaje a Italia. En dicha época, además de La República, escribió otros diálogos muy importantes, como El Banquete o Fedón.
Comentario
Podemos dividir el fragmento en las siguientes partes:
• —Hay que comparar (...) está en lo cierto» (líneas 1-8). donde se compara la ascensión del alma con la salida de la caverna.
• «En fin [ ...] privada o pública» (líneas 8-17). que trata de la Idea de Bien.

El mito de la caverna (libro VII de La República) es una alegoría que pretende representar simbólicamente la estructura de la realidad: los hombres que viven en este mundo son como prisioneros que nunca han visto la luz del Sol y que se hallan encadenados de pies y manos en el fondo de una gran caverna, de espaldas a la única abertura que comunica con el exterior. Dentro de la caverna y detrás de ellos arde una hoguera de la que les separa un muro, a lo largo del cual van pasando hombres portadores de figuras de cosas y animales. Los prisioneros solamente pueden escuchar sus voces y contemplar las sombras que se proyectan sobre el fondo de la pared que tienen ante ellos. En este estado permanecen hasta que uno de ellos se libera de sus cadenas y sale de la cueva para contemplar la luz del Sol y las cosas reales.
Este mito puede interpretarse desde una perspectiva ontológica. Platón estructura la realidad en dos partes: el mundo sensible, el interior de la caverna «vivienda-prisión» y el mundo de las Ideas. la «región revelada».
El autor comienza refiriéndose a la ascensión del alma al «mundo de arriba», es decir, a la ascensión dialéctica desde el mundo sensible al Mundo Inteligible, que debe ser llevada a cabo por el alma humana. Platón considera al hombre como un compuesto de cuerpo y alma. El cuerpo pertenece al mundo sensible. es material y perecedero. El alma pertenece al Mundo de las Ideas, es de naturaleza espiritual e inmortal. La unión de cuerpo y alma es accidental y transitoria. En este sentido, la teoría de Platón se puede considerar opuesta a la que luego desarrollaría Aristóteles, en la que afirmaría que el cuerpo y el alma están sustancialmente unidos, como la cara y la cruz de una misma moneda.
La aspiración del alma es, según Platón, separarse del cuerpo y ascender al Mundo de las Ideas. Este aspecto de la teoría platónica es una herencia directa de la doctrina pitagórica de la transmigración de las almas, y de su maestro Sócrates, ardiente defensor de la inmortalidad del alma.
El mundo ideal es simbolizado en el fragmento por los objetos que están en el exterior de la caverna, así como por las sombras que éstos proyectan. Las Ideas son definidas por el filósofo ateniense como entes metafísicos que encierran el verdadero valor de las cosas. Las Ideas son los modelos ejemplares de las cosas, son únicas, inalterables, eternas. sólo captables por la inteligencia, son, en una palabra, la realidad misma se puede decir que poseen las características del Ser de Parménides. Por el contrario, las cosas del mundo sensible son cambiantes y captables por los sentidos. La relación entre ambos mundos es la de la imitación o la participación, es decir. las cosas del mundo sensible imitan a las ideas, participan de su perfección, pues las Ideas son las causas ejemplares o modelos de las cosas que habitan el mundo sensible.
Pero el ascenso hacia el Mundo Inteligible tiene un segundo momento en el cual el alma debe ascender de idea en Idea hasta llegar a la cima. Tal y como se nos explica en el texto, el Mundo de las Ideas está jerárquicamente organizada y en la cúspide se encuentra la Idea de Bien: «en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo es la idea del Bien». El Bien es identificado por Platón con la verdad v la belleza. «es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas». Es la suprema realidad. gracias a la cual existen v son verdaderas las cosas del mundo sensible. Así pues. todos los seres poseerán realidad en tanto que participan de la Idea de Bien.
Cabe también comparar el texto con el símil de la línea que aparece en libro VI de La República. Si se proyectan sobre una recta, cada uno de los sectores en que se divide la caverna v su exterior se corresponderían con la representación de los distintos grados del ser. Desde el fondo de la caverna hasta el Sol, aparecería una gradación continua que iría desde la pura oscuridad del fondo de la caverna, que representa la materia, hasta la máxima luz representada por el Sol, y que simboliza la Idea de Bien. Esta línea es una representación de la gran cadena del ser. El escalonamiento de los diversos sectores de la caverna y salto» hasta el Sol muestra los grados del saber y de la realidad.
Así pues, para Platón. los grados del conocer se corresponden con los grados del ser. de forma que el puro conocimiento será el único capaz de captar la verdadera realidad (las Ideas), mientras que el no-ser es absolutamente incognoscible. Existen. pues. diversos grados de conocimiento:

Mundo Sensible ............. Mundo Inteligible
Sombras .... Cosas ............. Matemáticas ..... Ideas
........DOXA.......................................... EPISTEME
La opinión, o doxa, fundamentada en la percepción de las cosas del mundo sensible, es decir de las entidades corporales sometidas al devenir espacio-temporal. Es el grado inferior de conocimiento. A su vez, la opinión se divide en otros dos tipos:
• La imaginación o conjetura (eikasía, que es el conocimiento que tenemos de las cosas cuando percibimos sus sombras o sus reflejos.
• La creencia (pistis), que es el conocimiento que surge de la percepción directa de las cosas.

La ciencia, o epistéme, es el conocimiento estricto. universal y necesario, cuyo objeto son las Ideas del Mundo Inteligible, el único real, y al que se llega por medio de la inteligencia. Platón divide también este conocimiento en otros dos:
• El pensamiento discursivo (dianoia).
• La inteligencia pura, el auténtico conocimiento (nóesis).

Así, a los objetos de la realidad puramente material le corresponderá un conocimiento sólo aparente la opinión. Sin embargo, cuando el alma logra liberarse de las cadenas del mundo sensible y elevarse al Mundo de las Ideas surge la posibilidad del conocimiento verdadero y absoluto, es decir, de la ciencia auténtica.
Así pues, vemos que la calidad del conocimiento depende de la calidad del objeto conocido, de ahí que siendo la Idea de Bien la suprema realidad, su conocimiento sea el conocimiento supremo, la suprema sabiduría. Asimismo, puesto que las cosas son en tanto que participan de la Idea de Bien, también serán conocidas en función del grado de participación, de manera que puede decirse que la Idea de Bien es también la causa del conocimiento cierto de todas las cosas.
Por otra parte, sólo quien llega al conocimiento de la Idea de Bien puede ser sabio y sólo el sabio puede obrar con sabiduría, es decir, sólo el sabio puede obrar bien. De aquí se deduce que el ignorante que no sabe qué es el Bien nunca podrá obrar con sabiduría. por lo que los más adecuados para gobernar la polis son, sin duda, los filósofos, pues son los únicos que, siendo capaces de elevarse hasta el conocimiento de la Idea de Bien, podrán ser guiados por éste para ser gobernantes buenos y justos.
En su concepción de la realidad Platón es heredero de otros autores. El cambiante mundo sensible es concebido de acuerdo con la idea de Heráclito de que toda la realidad está sometida a un incesante cambio. Parménides le inspira cuando caracteriza a las Ideas del Mundo Inteligible con las mismas características que el ser (inalterables, perfectas...). Pitágoras, con su teoría de la transmigración de las almas, es un claro precedente de la caracterización del alma como inmortal, concepción que también comparte con Sócrates.

MATRIX Y PLATÓN

MATRIX Y PLATÓN Thomas A. Anderson es un joven programador de software que cada mañana madruga para ir a la oficina a trabajar y ganarse la vida; es un empleado capaz y paga sus impuestos puntualmente. Pero por las noches el Sr. Anderson se trasforma en Neo, un hábil hacker que comete todo tipo de delitos informáticos. Neo espera delante de su ordenador, pasa largas noches insomnes de búsqueda, de desasosiego. Tiene el presentimiento de que algo va mal en todo lo que le rodea, hay algo en el mundo que lo incomoda, que lo atormenta.. Una doble vida. Una sola pregunta: ¿estoy viviendo en un sueño?
La primera parte de la película nos muestra al protagonista y sus incertidumbres. La expectativa que dirige la trama en esta parte del filme no es otra que hallar la respuesta a la inquietante pregunta ¿qué es Matrix? Para contestar a esto aparece Morfeo, un personaje enigmático que pone a Neo ante una difícil disyuntiva: por un lado, le propone mostrarle la dolorosa verdad, el mundo como realmente es, su vida auténtica; y por otro, devolverlo a su vida cotidiana, irreal, a la inconsciencia. Le ofrece dos píldoras: una roja, la verdad, y otra azul, regreso al sueño.
"El mundo puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad", eso es Matrix. Se trata de un mundo donde cada individuo tiene su vida, con sus sentimientos y sensaciones, pero todo es falso, aparente. Este entorno virtual es creado por Matrix, un potente ordenador encargado de esconder al ser humano su verdadera situación: es un esclavo.
¿Cómo ha llegado el hombre a tan penoso extremo? La humanidad libró una cruenta guerra contra las máquinas, de la que salió derrotada. La tecnología creada por el hombre fue capaz de vencer a su creador. Durante la contienda los hombres destruyeron el sol, creyendo que así las máquinas no tendrían energía para subsistir. No sólo se equivocaron, sino que las máquinas descubrieron que podían obtener más energía del ser humano que del astro rey. Pocos fueron los que consiguieron sobrevivir y pocos son los que escaparon al control de las máquinas y actualmente luchan contra ellas. Estos hombres forman la resistencia, de la que Morfeo es uno de sus líderes.
Morfeo explica toda esta trama a través de un interesante monólogo acompañado por un impresionante despliegue visual y sonoro. Durante la exposición nos habla del Elegido, una persona que está llamada a liberar al hombre de su oneroso yugo.
La siguiente parte de la cinta se ocupa de averiguar si Neo es el Elegido del que habla Morfeo. Para ello, nos desplazamos con los hermanos Wachowsky por una historia llena de inconvenientes, revelaciones y tensiones donde Neo se somete a un duro entrenamiento. La prueba demostrativa de su condición mesiánica llega cuando acude al rescate de Morfeo, después de que éste arriesgara su vida por él, el presunto Elegido. La comprensión de que está en un mundo virtual y no real -es decir, dotado de leyes físicas inalterables- será definitiva en el final de la cinta, donde Neo adquiere plena conciencia de que Matrix es una "simulación interactiva neural" y nos engaña para que no nos percatemos de nuestro verdadero estado; sin embargo, lo más importante es que se da cuenta de que las leyes del mundo fingido no son inquebrantables ("la gravedad es un parámetro") y se pueden vulnerar si se posee la capacidad necesaria, es decir, se pueden "hacer trampas".

LA LIBERACIÓN DEL PRISIONERO

LA LIBERACIÓN DEL PRISIONERO Pero el mito describe, además, un segundo estadio. En él se nos presenta la vida como un proceso de liberación y un camino que hay que andar en una dirección. Al final de ese recorrido se halla la salida y en ella aparece otro mundo —cosas reales, luz, aire— distinto de las simples «visiones» de imágenes y sombras a las que el prisionero estaba acostumbrado. El mito platónico marca un sendero desde la tiniebla a la luz, e índica, al mismo tiempo, que el camino está ahí para recorrerlo. Entre tantas enseñanzas de estas páginas platónicas se encuentra la de que el saber es siempre progreso, camino. (Tal vez por eso el término método quiere decir camino por recorrer.)
Todo conocer parece surgir de esa sombra inicial y su meta es, tras el recorrido de nuestros pasos «mentales», la inteligencia de la realidad, y la luz que nos lleva a descubrir el mundo, investigarlo y, en definitiva, hacerlo nuestro, convertirlo en nuestro lenguaje y, por supuesto, poderlo comunicar.
Pero hay un tercer acto en la «comedía» platónica. El prisionero que haya podido liberarse de sus ataduras y contemple, al fin, lo que hay al otro lado de la caverna, no se detiene en el gozo que, sin duda, le ofrece la realidad y la luz con la que ve la verdad. Se levanta en él un
sentimiento de solidaridad con los pobres encadenados que siguen en el fondo, y ese sentimiento le impulsa a comunicar a los antiguos compañeros su sorprendente descubrimiento. Un componente moral, una actitud de solidaridad parece encontrarse en todo proceso de conocimiento. El saber no es saber sí no se comunica, sí no se enseña, sí no sirve para sentir en él la necesidad de compartir y educar.
El mito platónico deja, sin embargo, un sabor pesimista. Los prisioneros, felices entre sus sombras, no quieren escapar de sus cadenas. Están cómodos allí, al abrigo de la costumbre, y se ríen de quien les habla de otro mundo verdadero y real; le toman por loco y sí le pudieran echar mano acabarían por matarlo. Sin embargo, entre esos dos mundos, el de la caverna y el de la luz, el de la libertad y el de la prisión, hay una frontera que representa el movimiento del primer liberado y su necesidad de liberar a los demás. Y esto nos lleva a otro de los grandes problemas del platonismo: la educación.

PRIMER ESTADIO DE REALIDAD: LAS SOMBRAS

PRIMER ESTADIO DE REALIDAD: LAS SOMBRAS Según el simbolismo platónico, podríamos pensar que los hombres nacen encadenados a determinados esquemas propios de la época en que viven y desde los que contemplan su vida. Esta interpretación plantea un problema de extraordinaria modernidad. Como si el pensamiento, lo que verdaderamente somos, dependiese de algo que está fuera de nosotros mismos y que nos condiciona y determina.
Para los prisioneros de la caverna, el mundo es lo que ven. La verdadera realidad está, sin embargo, en otra parte. Al menos, es lo que nos hace creer el narrador del mito. Los condenados a ver lo que otros les muestran sólo conocen el mundo por su apariencia. Una apariencia sin sustancia, sin cuerpo y reflejada en la sombra (sombras inanes).
En ese primer estadio, los hombres sólo ven imágenes; pero oyen también las palabras, las que ellos se dicen y las que vienen de las conversaciones detrás de la pared por donde pasan quienes transportan los objetos. Seguramente, personajes parecidos a éstos tendrán la misión de atizar el fuego para que no se acabe el tinglado de la engañadora iluminación y de las engañosas sombras. Sí traspasamos esta frontera del mito y de su simbolismo, podemos pensar que aquí se habla de conocimiento y de saber. Los encadenados son todos los seres humanos, sujetos a lo que sus sentidos filtran del mundo. Estamos, pues, atados a un momento del mundo y de la historia. Lo que vemos es lo que nuestro presente nos deja ver. Y eso que se nos deja ver, con independencia de las naturales limitaciones de nuestros sentidos, es, en buena parte, lo que el lenguaje en el que nacemos y las instituciones —familia, escuelas, centros docentes, etc.— nos enseñan. Ésa es, en cierto sentido, nuestra caverna. Una caverna que, en principio, no tiene que ser algo negativo, porque es el mundo en el que, queramos o no, nos encontramos.
La lengua que hablamos es un poco como las sombras de nuestra caverna personal desde la que vemos el mundo. Lo que sabemos y lo que podamos saber arranca del reflejo que es esa lengua en la que hemos nacido. Pero, al mismo tiempo, hay en nuestros días, por el desarrollo de los medíos de comunicación, una forma de experiencia que no tuvieron los hombres de otras épocas no muy lejanas. A través del cine y, sobre todo, de la televisión, los hombres de nuestro tiempo pueden «ver» lo que jamás pudieron imaginar las generaciones que nos precedieron.
Todavía no hace muchos años, nuestros ojos para ver tenían que mirar a donde les llevara nuestro cuerpo. Era un ver inmediato, natural, humano. Veíamos el mundo real; el mundo de las cosas. Pero hoy podemos ver, sin tener que estar allí donde vemos. La televisión nos hace ver, muchas veces, imágenes sin sustento en lo real, y sin que nuestro cuerpo tenga que moverse de donde está para percibir « visiones» . Una forma más refinada, y si no somos conscientes de su refinamiento, más insidiosa y cavernosa.
Es cierto, pues, que ya el lenguaje y el tiempo en que vivimos son una limitación; constituyen, en parte, una caverna. Pero una caverna de la que, aunque no podamos suprimirla, sí podemos escapar. Esa escapada es el proceso de conocimiento, la larga marcha de la curiosidad y el asombro que está puesto en la misma naturaleza humana como origen del progreso y del saber. Pero el reto que plantea la huida de la caverna se presenta también en nuestros días ante lo que, siendo un prodigioso invento, producto de la inteligencia y la creatividad, puede, a veces, convertirse en una caverna artificial dentro de la natural e indestructible caverna de nuestro mundo y de nuestra época.

ARTICULO: LA FILOSOFÍA AL PODER

Autor: Manuel Vicent (Fecha: 10-08-04 EL PAIS)

La brisa del Jónico agitaba las páginas de La República de Platón que yo leía a la sombra del sicomoro, mientras el personal del hotel arrastraba una y otra vez un carrito cargado de manteles, cubiertos y vajillas para montar en el fondo del jardín sobre el foso de la latomía los preparativos de una fiesta. "Esta noche vamos a tener una boda y el fin de semana habrá una convención de políticos. Unos policías ya han venido a revisar el nombre de los huéspedes. Han preguntado quién es usted", me dijo la chica de recepción. Por lo demás el hotel Villa Politi seguía deshabitado.

Arístocles de Atenas, conocido como Platón por sus anchos omoplatos, viajó tres veces de Grecia a Siracusa con el propósito de poner en práctica un experimento atrabiliario: quería convertir la filosofía idealista en una fuente de poder. La magnitud de esta locura se puede medir recordando que en Siracusa reinaba Dionisio I el Viejo, un tirano dispuesto a segar cualquier cabeza pensante por menos de nada y que la filosofía del ateniense no tenía más armas que las ideas sintéticas a priori y las sombras de la caverna. Platón llegó a Siracusa sin lanzas ni corazas, sólo con rollos de papiros bajo el brazo y uno de ellos, editado por Gredos, era el que yo ahora leía sentado en el sillón de mimbre con los pies en la barandilla del belvedere que daba al vacío de la latomía de Capuchinos.
Platón anduvo sobrado por la vida, no sin motivos. Venía de una familia de reyes por parte de padre, llamado Aristón, descendiente del monarca Codro y su madre, de nombre Perictiona, presumía de que el mítico Solón, el primer legislador de Grecia, era su antepasado. Cármides y Critias, dos de los Treinta Tiranos que protagonizaron el golpe oligárquico en el año 404 antes de Cristo, eran también tíos carnales del filósofo, quienes le invitaron a participar en el gobierno siendo todavía un jovenzuelo. Platón conoció a Sócrates cuando éste tenía 63 años. Desde el primer día fue su maestro y en el círculo del ágora, entre otros discípulos ensabanados, estaba Academos, un atleta que nunca había ganado ninguna hoja de acebuche en los juegos olímpicos. Platón también se hizo amigo de este perdedor nato y con el tiempo lo convirtió en un campeón idealista.
Por vocación y relaciones familiares Platón intentó varias veces entrar en política, pero su ideal dórico, basado en el orden antiguo, siempre chocó con la realidad. Sus parientes en el gobierno, Cármides y Critias, le dieron a probar el primer sapo: habían ordenado a su maestro Sócrates, que según Platón era el hombre más justo de su tiempo, que prendiera a León de Salamina, un demócrata exiliado, para darle muerte. Sócrates se negó. "Yo me había hecho muchas ilusiones que nada tenían de sorprendente a causa de mi juventud", se excusó el filósofo, pero muy pronto presenció algo mucho más ruin. Estos oligarcas fueron desbancados por los demócratas, quienes, al regresar del exilio, primero gobernaron con moderación y votaron una amnistía que puso fin a la guerra civil. Platón volvió a caer en la tentación de mezclarse en asuntos del Estado y bajo este gobierno democrático Sócrates fue procesado y condenado a muerte. Los mismos que él había salvado lo llevaron a los tribunales bajo la grave acusación de impiedad y corrupción de menores, entre ellos del propio Platón y del atleta Academos. En vez de arredrarle, estos avatares forzaron a Platón a imaginar un régimen sin los errores de la oligarquía ni de la democracia. Así comenzó la lucha por implantar su República con un orden justo y sólido. La filosofía al poder, hubiera escrito Platón en las paredes del teatro Odeón de París, en Mayo del 68. Lo dijo a su manera: "Así pues, no acabarán los males para el hombre hasta que llegue al gobierno la raza de los puros y auténticos filósofos o hasta que los jefes de las ciudades, por una especial gracia de la divinidad, se pongan verdaderamente a filosofar".
En el año 399 tuvo lugar la condena y muerte de Sócrates. Platón se refugió primero en Megara; luego se fue a África y después de varios viajes por Italia se dirigió a Siracusa donde reinaba el griego Dionisio I el Viejo, un tirano que tenía en jaque a los cartagineses y se había apoderado de toda Sicilia. En Siracusa un admirador de Platón, de nombre Dión, que era cuñado del tirano, consiguió que éste le llamara para recibir lecciones de filosofía socrática con la promesa de aplicarlas a la política.
Tal vez el filósofo fustigó demasiado los desórdenes y placeres de la corte, de hecho Dionisio no tardó nada en sacudírselo de encima, lo expulsó de la ciudad, lo embarcó en una nave espartana que hizo escala en la isla de Egina, a la sazón en guerra con Atenas, y Platón fue hecho esclavo, luego rescatado por Anniceris, un pitagórico a quien había conocido en Cirene, regresó a Atenas en el 387 y fundó la Academia, la primera escuela universitaria cuyo nombre impuso como homenaje a su amigo, el atleta Academos, que acaba de ser derrotado de nuevo en los juegos olímpicos. Allí permaneció 20 años dedicado al estudio y la enseñanza, pero Platón no sentó la cabeza en política, porque a Dionisio I el Viejo le sucedió su hijo Dionisio II el Joven, al parecer más pastueño para la filosofía y Dión volvió a llamar a Platón, quien se embarcó en su segundo viaje a Siracusa.
Estas cosas leía yo cuando al atardecer la explanada del hotel Villa Politi comenzó a llenarse de coches cuyas puertas dejaban salir a señoras de seda muy sudada. Las risas se alternaban con el tintineo de los collares y las pulseras de oro; bajo los pinos algunas muchachas vestidas de largo por primera vez hacían equilibrios sobre las aguja de sus tacones y se asomaban al vacío de las latomías donde la oscuridad estaba llena de palomas y pájaros ya recogidos. Seguían llegando más coches y de ellos se apeaban caballeros encorbatados, de hombros cuadriculares, todos con gafas negras de espejo a pesar de ser ya de noche. Los hombres se daban muchas palmadas en la espalda y las mujeres acercaban levemente el pico de los labios a las mejillas de otras invitadas a la boda y cuando llegó el Cadillac rosa adornado con camelias, el gentío se fue abriendo hasta que los novios se apearon en medio de la fiesta y en ese momento en la doble escalinata de la entrada del hotel Villa Politi comenzaron a sonar violines y acordeones con una melodía que no era exactamente una tarantella, sino una tonada de mayor profundidad mediterránea y a continuación los camareros danzaron con las bandejas por debajo de las pamelas de las señoras y alrededor de las brillantes solapas de los caballeros. Ninguno de ellos se quitó las gafas negras durante banquete.
En su segundo viaje a Siracusa, Platón encontró la ciudad atiborrada de festines nada platónicos; según sus palabras "la gente se hinchaba de comer dos veces al día, sin que nadie durmiera solo por la noche, con todo lo que conlleva este género de vida". Naturalmente no había hombre bajo el cielo que, siguiendo estas costumbres, pudiera tener una naturaleza equilibrada para aceptar la filosofía. Siracusa no podía mantenerse tranquila bajo unas leyes, cualquiera que fueran éstas, con gentes que dilapidaban sus bienes siempre entre festines, excesos de bebidas y esfuerzos de placeres amorosos.
Probablemente esta soflama moral la repetía Platón en las sobremesas llenas de manjares exquisitos con que le obsequiaba el joven tirano, pero tal era el empacho de filosofía, de consejos y de advertencias que el ateniense, a medias con su amigo Dión, vertía en una y otra de sus orejas que un día se hartó, montó en cólera y creyendo que conspiraban contra él mandó a Dión al exilio y a Platón lo retuvo en Siracusa vigilado, unas veces en su propio palacio y otras prisionero en el fondo de una caverna, la misma o parecida que sirve de base a este hotel donde miles de años después se estaba celebrando una boda siciliana iluminada por antorchas de parafina que producían un resplandor semejante al que permitía llegar a las viandas en los nocturnos banquetes a los griegos antiguos.
Mientras estaba prisionero en este misma latomía de Capuchinos creó Platón el mito de la caverna. Unos hombres cautivos desde su nacimiento se hallaban atados de piernas y cuello en el interior de una gruta y tenían que mirar siempre adelante sin poder volver el rostro. La luz que iluminaba ese antro provenía de un fuego encendido detrás de ellos, distante y elevado. Entre el fuego y los prisioneros se había construido un camino por donde discurrían unos hombres transportando todo tipo de figuras humanas y de animales, de estatuas que hablaban o callaban. Los cautivos no habían visto nunca nada más que las sombras proyectadas en el fondo de la caverna y creían que esas sombras eran reales. Pero la realidad estaba fuera.
Dión eligió Olimpia para su exilio, mientras Dionisio celebraba sobre Platón una convulsa alternancia de admiración y sospecha, que unas veces le llevaba a darle un banquete y otras a atarlo con una correa de perro, hasta que finalmente decidió desterrarlo. Remontando el río Alfeo, que discurría sobre la mar, Platón fue en busca de Dión en el momento en que se estaban celebrando los juegos olímpicos. En una de las gradas de la palestra derramaba lágrimas Academos, ya metido en carnes, bajo el polvo que levantaban los caballos de las cuadrigas, feroces sin bocado ni herraduras. Los atletas corrían, lanzaban el disco y la jabalina y aunque el templo de Zeus estaba muy cerca en el bosque de Altis, Platón recordaba a sus amigos las enseñanzas que impartía Sócrates a los jóvenes burlándose de los dioses y del cuerpo heroico de los gimnastas para animarlos hacia la fortaleza del espíritu, mientras permanecía tumbado a la sombra de cualquier pórtico del ágora haciendo flotar sus huesos dentro de la sábana.
Después de un tiempo, Dionisio el Joven sintió otra vez la nostalgia de la filosofía y volvió a llamar a Platón, y aunque parezca increíble éste acudió a Siracusa rodeado de discípulos donde permaneció seis años y de nuevo el filósofo idealista iba de banquete en banquete hasta que de pronto el tirano se hartó del vuelo de las ideas puras y lo metió en el fondo de la caverna para que pudiera comprobar su teoría, esta vez en la llamada Oreja de Dionisio, una gruta en forma de oído gigantesco que era una mina de donde los griegos habían extraído la piedra para levantar los templos y dioses. El filósofo no fue decapitado con todos los saberes de la mente de puro milagro, ya que le salvó en última instancia un tal Arquitas, que al parecer tenía mano en la corte. Una vez libre Platón regresó a Atenas, pero Dión no cejó en su empeño. Reclutó un ejército formado por platónicos, esta vez cubiertos de bronces hasta más arriba de las cejas, venció a Dionisio, no mediante la filosofía sino con armas más modernas, y después de ejecutarlo instauró su propia dictadura, que sólo duró tres años, puesto que Dión fue asesinado por Calipo, discípulo de Platón y éste desde Atenas no hizo sino soñar el resto de su vida en la isla Ortigia de Siracusa, un sagrado lugar donde pudo arraigar el amor de la diosa Calipso pero no la filosofía idealista. Paseando un día por los jardines de la Academia, del brazo del viejo atleta Academos, que nunca ganó una corona de olivo en los juegos olímpicos, Platón vio pasar por el cielo de la Ática una bandada de ideas sintéticas a priori como aves azules, se fue detrás de ellas y finalmente murió a causa del mal de altura.
Ya de noche, cuando el sol ya se había ido por el mar Tirreno a mi espalda, los jardines del hotel Villa Politi estaban iluminados con antorchas de parafina y yo pensaba que aquella boda siciliana era la realidad que se proyectaba en forma de sombras en la pared interior de la caverna. Los invitados bailaban al son de violines y acordeones y entre los invitados se alternaban ancianos con bastón, niños de pecho que estaban siendo amamantados bajo la música, niños corriendo, niñas con muchos lazos, y hasta mí llegaba un vientecillo cargado de colonia espesa. Eran las grandes viandas y licores la única realidad que había entre el fuego y la oscuridad y la filosofía se derivaba de las carcajadas de los invitados, nada idealistas, puesto que significaban negocios cerrados.
Una vez apagadas las antorchas del jardín, la boda siciliana dejó de proyectarse en el fondo de la latomía de Capuchinos, pero al día siguiente, a media tarde, la explanada comenzó a llenarse de coches oficiales precedidos por tanquetas militares y furgones de policías. Medio centenar de políticos rodeados de secretarios con carpetas y expedientes tomaron el hotel Villa Politi. Durante el fin de semana había retenes de guardias armados, guardespaldas y pistolas en cada esquina. Tenía que abrirme paso bajo las miradas de los sabuesos y todo mi consuelo era pensar que estaba cautivo en el interior de la caverna del hotel y que aquellos seres sólo eran sombras que no existían en la realidad, aunque una de ellas había preguntado por mi nombre en conserjería. ¿Existía yo realmente? Mientras aún sonaba en mi mente la música de la boda siciliana vi pasar a un tipo cargando en el hombro una estatua de Apolo. Era de piedra caliza. Había sido extraída de esta caverna y su vaciado era la única realidad que llenaba todo aquel foso que estaba bajo mis pies. Como cualquier dios que haya sobrevivido a nuestra cultura este Apolo no tenía nariz y lucía el sexo roto.

LA FELICIDAD DEL SABER Y LA SOLIDARIDAD EN EL MITO DE LA CAVERNA

LA FELICIDAD DEL SABER Y LA SOLIDARIDAD EN EL MITO DE LA CAVERNA Autor: Emilio Lledó
Las dos aspiraciones fundamentales de la vida humana y por las que, tal vez, merezca que siga ésta fluyendo «entre el silencio de las esferas», son la inteligencia y el amor. Y ello es lo que motiva ese equilibrio que los griegos llamaron eudaimonía -felicidad-. Pero ambos términos han sufrido un deterioro tan creciente, y sus vetas se han cuarteado tanto en la costra de lo social, que el mencionarlas, arrastra inevitablemente, un regusto humanista y el aire de una consoladora y romántica utopía. Y sin embargo, el miedo a ciertas palabras, metido en las articulaciones de una sociedad deformada, ha de vencerse únicamente con la voluntad decidida de pronunciarlas y, por supuesto, con la de pensar y estructurar las otras que nos encarcelan y reprimen.
Pero esa felicidad del conocimiento que Platón expone, está enturbiada siempre, cuando sale del estrecho dominio de lo privado -del viejo símbolo de la torre de marfil. No hay conocimiento sin amor-. El amor irrumpe en el prisionero liberado, bajo la forma de recuerdo. «¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?» (516c).
Recuerdo, felicidad, compasión, solidaridad. Porque aquí, ante el silencio total de las interpretaciones que conozco, es donde comienza la parte esencial del mito platónico, que se integrará con la filosofía griega posterior y, a través de ella, con la fílosofía europea. El sentido de esta filosofia, ha sido, tácito o expreso, distinto del que se le atribuye: un saber basado en la especulación -un saber de espejos- y alejado de la realidad de la vida. Aunque, tal vez, con poco acierto por lo que se refiere a la praxis, los filósofos no se dedicaron sólo a interpretar el mundo; lo que realmente pretendieron fue cambiarlo y, en algunos pocos casos, evitar que cambiase. Lo difícil, sin embargo, eran los medios para ese cambio; el análisis de las fuerzas que lo harían posible. Basta repasar, no los manuales de historia de la Filosofía, sino las obras mismas de los filósofos y los fenómenos culturales o históricos a los que, de alguna forma, eran respuesta, para descubrir las mediaciones de todo gran pensamiento con la historia dentro de la que surge. Lo cual no quiere decir que la filosofía no tenga, en su propia tradición, problemas específicos, cuestiones fronterizas entre el sol que brilla fuera de la caverna y la hoguera encendida en ella. Pero nadie escribe por escribir. Nadie piensa por pensar. Toda mente es respuesta a estímulos; y el pensamiento se hace dentro de un entramado colectivo, cuyo centro emisor fundamental es el lenguaje y la vida real que lo ciñe, lo crea y lo articula. El pensamiento, la filosofía, nace de un complejo de instancias en las que lo llamado especulativo es meramente forma, o sea speculum, reflejo en cuyos límites se ajusta un mundo que, en ningún momento, se identifica con la tersa superficie en la que lo contemplamos.
Liberado de todas sus oscuridades, instalado en la felicidad del saber, el antiguo prisionero experimenta otra forma más sutil de encadenamiento. Siente que conocer no es contemplación y que el espejo solamente conserva imágenes. Tal vez por ello sea imposible la permanencia fuera de la caverna. Tal vez no exista, para el hombre, la visión de objetos bajo un sol limpio. Es cierto que aquel prisionero liberado percibe la inconsistencia del mundo en que vivió; el carácter sin sustancia de los espectros que veía. «Pero, ¿crees, Glaucón, que sentiría nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquéllos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que prefiriría, decididamente, trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio, o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?» (516d). Cualquier otro destino preferiría el ex prisionero, antes de vivir entre sombras, aunque ello le reportara privilegios huecos y sombríos. Cualquier destino preferiría, menos el de renunciar a aquel que va implícito en la esencia misma de la vida intelectual: la comunicación de los conocimientos, la solidaridad.
El regreso del prisionero es aún más doloroso que el proceso de su liberación; precisamente, porque ha asimilado un saber que podría parecer una «razón sin esperanza», camino como va de la tiniebla. Pero el impulso que le empuja hacia la oscuridad no es ya Eros, sino Philia. No es pasión por el conocimiento, porque éste, de alguna manera, ya se posee. No es simple inteligencia lo que culmina el desarrollo de una vida humana; ni fruición por una sabiduría que no pudiera ser compartida; sino ampliar el dominio de lo inteligible, en una conciencia colectiva que le da realidad y sentido.
El liberador misterioso que desató al primer prisionero, cobra, en este momento del mito, corporeidad. Al entrar, de nuevo en la caverna, el peregrino de la luz es ya libertador. El símbolo del texto se va convirtiendo en historia. Pasado por la experiencia que el lenguaje describe, la palabra se hace compromiso, y la filosofía, ética.
El primer libertador no tenía otra misión que soltar, y empujar un poco en los momentos de desfallecimiento. Es el proceso limpio de la inteligencia que aporta, inicialmente, la esperanza de la razón. Pero convertido en historia, el liberador tiene que luchar también contra la historia misma. Desde el momento en que arrastra consigo la claridad aprendida, hasta el reino de la confusión y de la violencia, no puede ya sólo desatar, sino convencer. Porque no es contagiosa la sabiduría sino el deseo; pero el deseo es ya, en una sociedad corrompida, el deseo de la sombra, el espíritu de la ofuscación. Casi no sirven las palabras, porque el murmullo de la paredilla tras los prisioneros, la voz que llega de los paseantes de simulacros, sólo les ha estado instruyendo en la poderosa terminología de la falsedad: un lenguaje sin fundamento, una transformación de lo dicho, en un oído que no puede consonar con lo que el ojo ve y unos conocimientos partidos en dos campos distintos: la sombra y el eco, y que jamás podrán acompasar sus signos, ni casar sus significaciones. Y, sin embargo, hay que volver. La caverna es la historia, y nada es real ya fuera de ella.
«Y si tuviese que competir, de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando (gnomateúonta, la única vez que hallamos este término en griego clásico, como si Platón quisiera indicar la peculiaridad de este hecho) acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad... ¿No daría que reír y no se diría de él que por haber subido allá arriba, ha vuelto con los ojos estropeados y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? Y, ¿no le matarían, si encontraban manera de echarle mano?» (517a).
No es sólo el eco de la muerte de Sócrates lo que resuena en este olvidado texto. Aquí se cierra el ciclo del conocimiento. Un final melancólico para el ideal de progreso. La risa de los encadenados, es la primera defensa que esa historia, sustentada en la pseudo-naturaleza de lo social, hace de los privilegios oscuros de la estupidez.
Pero puede ocurrir que esas risas no basten para acallar a inseguridad que brota en la conciencia, ante las palabras del que viene de la luz; ni para denigrar a la voz que no cesa -como el rayo aquél del poeta- de clamar contra la instalación en la sombra. Puede ocurrir que la deformación que se transmiten los que no quieren ser liberados, los mensajes que comparten, los oscuros intereses que defienden, no puedan justificarse sólo en el desprecio al viejo compañero.
Entonces, como no pueden seguir oyéndolo más, porque se resquebrajarían las normas del juego, y porque, de algún modo, tendrían que hacerse cargo del nuevo lenguaje, acaban por matarlo. «La cólera de los imbéciles llena el mundo» habría de decir, siglos después, otro platónico. La violencia y la muerte han sido los dos únicos recursos de los sin recursos. Con ellas, enmudece la voz y parece extinguirse la claridad. Pero sólo momentáneamente. La vida humana es vida, porque siempre hay un prisionero liberado, y un sol esperando.

¿ES ANTINATURAL EL CONOCIMIENTO? (7-10-04)

¿ES ANTINATURAL EL CONOCIMIENTO? (7-10-04) ACTIVIDAD ¿Crees que los hombres tienden por naturaleza a la búsqueda de la verdad o, por el contrario, a aferrarse a los prejuicios y a vivir en la ignorancia? Razona tu respuesta.

Es un viejo problema de la filosofía el de si la vida teórica, a pesar del lugar supremo que ha ocupado, desde las inolvidables descripciones de Aristóteles, no es, en el fondo, un acto antinatural. O sea, si el peso de la physis, y de sus instintos enmarca y constituye primordialmente a la existencia humana.
El hecho de que no baste la liberación del prisionero, sino que las etapas de esa liberación estén determinadas por el esfuerzo y el dolor, parece referirse a la antinaturalidad del conocimiento, a la no fluidez de la experiencia intelectual, en oposición al perfecto engranaje que la naturaleza presenta. Sin embargo, la lucha por vencer todo tipo de posible resistencia en el saber, ofrece el aliciente más intenso de la vida, su logro más importante. Nadie puede rechazar este proyecto de liberación; ningún hombre escapado ya de la propia caverna de su animalidad, en un nivel de evolución histórica, puede negarse a la ascensión.
El problema, sin embargo, consiste en que el dolor y las dificultades no son de índole individual o subjetivos. La salida de la caverna, de los marcos de la sensibilidad cerrada en sí misma, tropieza no con la oposición de la naturaleza, sino, sobre todo, con la de la sociedad. Tal vez, aleccionada la historia y los que la hacen, por la tendencia natural de poder y dominio -hay abundantes testimonios teóricos sobre este hecho- se calca el desarrollo humano sobre moldes de violencia y opresión. La interpretación de este acto individual, y del pequeño dolor privado de unos ojos que no pueden acostumbrarse, de pronto, a la paulatina luz, se enfrentan ante un medio mucho más complejo. Los supuestos actos de los habitantes de la caverna están chocando o engarzándose, continuamente, con los de los liberadores o los engañadores. El proceso subjetivo se diluye en el cauce de la objetividad, o sea, en el ámbito de la historia, de sus tensiones y luchas, de sus esperanzas y oprobios.
Una vez establecida la retícula social, por donde tiene que circular todo individuo, el conocimiento y la vida intelectual son una incesante batalla que hay que reñir contra la negatividad. La sociedad no deja fluir a los elementos que la componen, con la cálida suavidad con que, normalmente, fluye la sangre por nuestras venas, o con la precisión con que, sin saberlo, acomodamos la retina a la luz. La vida social, también como nosotros mismos, es ciudadana de dos mundos, de la naturaleza y de la libertad. Pero mientras en la individualidad, la naturaleza ha ido fraguándose lentamente con la libertad, con una posible racionalidad, en la historia, en la vida colectiva, ha surgido una nueva naturaleza social, un magma de presiones, falsedades, engaños e intereses, que pasean sus objetos por encima del tabique que separa los dos mundos de la caverna.
Entre la naturaleza que somos y la racionalidad y libertad a que aspiramos, hay un tercer mundo más poderoso, aunque no más real, que la mordiente utopía de la justicia y la perfección, y más inconstante y feroz que el lógico discurrir de la vida. Y este es el mundo humano. En él tiene que desarrollarse el aprendizaje y el progreso.

ACTIVIDAD

ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES EN EL MITO DE LA CAVERNA (5/10/04)

ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES EN EL MITO DE LA CAVERNA (5/10/04) Autor: Emilio Lledo (La memoria del logos)

SINOPSIS
Los planos de este rodaje lo constituyen un prisionero que escapa; la dificultad de la ascensión hacia la luz, hacia la puerta de la caverna; el dolor de los ojos acostumbrados a la oscuridad, fraternalmente hechos a las tinieblas; el asombro de ir descubriendo el montaje de la caverna; los deseos de volver al punto de partida, tan cómodo en el fondo; la duda de si es mejor la luz cegadora y dolorosa que la apacible oscuridad; el deslumbramiento y la imposibilidad de ver, una vez salido de la caverna y enfrentado con el sol que ilumina árboles y montañas y casas; los recuerdos de su prisión; la felicidad; el regreso; la discusión con los que no lograron liberarse, la muerte.

ESCENARIO
La caverna platónica aparece como una prisión. En ella no sólo hay ataduras que sujetan a los prisioneros, sino que hay, además, oscuridad, privación de movimientos, privación de luz. Un espacio cerrado para la vida, para el camino; incluso para la mirada. Pero sabernos que es prisión, que es clausura de la existencia, porque hemos leído el mito; porque se nos ha dicho que fuera está la luz.
Efectivamente el hueco de la caverna que Platón dibuja, podríamos subdividirlo en cuatro espacios:
a) Un primero, el más profundo, el más alejado de la salida y en donde hay unos personajes encadenados desde niños. Frente a ellos la pared de la gruta en la que se reflejan las sombras.
b) Detrás de los prisioneros e invisible para ellos un segundo espacio, el de la simulación y el engaño. Por él circulan unos personajes tras un muro de la misma altura que sus cabezas, y sobre el que hacen desfilar objetos, cuyas sombras verán los prisioneros.
c) Porque el tercer espacio lo ocupa una hoguera, cuya luz proyecta la sombra de los objetos sobre el telón final de la caverna, sobre la pared de piedra, a cuya inevitable visión se está condenado.
d) Por último, un cuarto espacio, el que representa la salida (Eisodos) hacia la realidad iluminada, hacia el mismo sol.
Estos serían los elementos primarios de la tramoya ideológica que va a representar, en este escenario, el drama de la existencia y un símbolo permanente y válido de nuestra modernidad.
PRISIONEROS
Se trata de unos hombres; de una existencia encadenada. Son los verdaderos protagonistas. Cuando alzamos, con la lectura, el telón del texto, están en silencio, absortos en el panorama de sombras que en el fondo de la caverna se divisa. Al mismo tiempo están oyendo un lenguaje, unas voces de otros personajes del drama que aún no hemos podido ver; pero las voces que oyen nuestros prisioneros, son voces sin rostro, sin labios. Como las sombras chinescas del fondo de la cueva, la voz que oyen es eco, sombra, pues, de palabras; comunicaciones sin contexto.
Debe ser algo así la vida: el nacimiento en una estructura férrea, en una sociedad no elegida, en unas ideologías heredadas, como la sangre o el lenguaje. Oyendo las voces-ecos, viviendo los objetos-sombras, sintiendo, de cuando en cuando, la oscuridad y el silencio; así debe ser el inicio de toda existencia. Pero el posible espectador fuera de la caverna, llegará a descubrir que no acaba aquí el juego. ¿O no hay espectadores posibles? Porque si no los hubiera, si no hubiera ojos que fuera del escenario-gruta, descubrieran otro espacio del drama, nadie podría quejarse de injusticia. Tal vez los prisioneros son felices, instalados en su original ignorancia, o mejor dicho, saturados de su sabiduría. Porque saber podría ser algo así como la conformidad entre la realidad y el deseo. Y ¿qué podría desear el prisionero, conforme con el eco y la sombra? ¿De dónde podría arrancar la duda? ¿De qué rincón de la oscuridad saldría la insatisfacción para sentir las cadenas como privación, la voz como eco, la realidad como sombra? Pero los mitos, las palabras, ruedan por la historia, y en ella aparece una mirada que descubre, detrás de los conformes prisioneros, el artilugio.
PORTEADORES
Hay una pared, para disimular el engaño, y hay unos engañadores. Unos hombrecillos que por un camino trazado de antemano hacen desfilar, incesantemente, objetos diversos que constituyen el mundo conocido por los prisioneros. Estos personajes del segundo espacio de la cueva, parecen más libres, caminan y llevan objetos, y hablan entre sí. Pero no sabemos a dónde van ni de dónde vienen. Sólo sabemos que su verdadera misión se cumple, cuando la luz del fuego que hay tras ellos convierta a los objetos en sombra, y los deslice hasta el fondo de la caverna, mientras estrella contra el muro infranqueable otras sombras, las de esos mismos portadores, que no pueden pasar al otro lado de su propio engaño.
Estos personajes tienen también sus cadenas: la ruta continua, su monótona misión de colaboradores, inconscientes quizá, de un engaño. Su existencia insensata entre el muro y el fuego les hace tan prisioneros como los encadenados contempladores. Porque éstos, al menos, miran, pueden adivinar y descubrir. Salen, a través de los ojos, del círculo cerrado de la subjetividad. Pero los habitantes de ese segundo estadio, no tienen otra misión que transportar los objetos del misterioso guiñol, y utilizar sus ojos para ver siempre la idéntica tierra del camino por donde tienen que circular sus pasos. Prisioneros de dos cautividades diferentes, estos hombres son los protagonistas presentes del teatro platónico.
ALIENADOR NO ALIENADO
Y en este punto aparecen los personajes que el mito no nombra; que están ausentes del tinglado; y que, sin embargo, descubre ese contemplador ideal, tal vez imposible. Porque tiene que haber otros engañadores, alguien que haya encadenado a esos prisioneros y que, sobre todo, haya establecido esa complicada noria de la mentira. ¿Quién ha ideado ese muro? ¿Quién ordena las secuencias de esos porteadores? ¿Quién ha organizado y con qué intención el múltiple engaño?
Los personajes que «hablando o callando», pasean los objetos ante el muro son engañadores-engañados. Ellos mismos forman los hilos de esta oscura trama. Pero hay un alienador no alienado, alguien fuera de la oscuridad, alguien que programó el absoluto engaño y mantuvo en sus manos el absoluto poder. Estos mismos personajes ausentes, alimentarán el fuego de la hoguera, que tiene que estar vivo siempre, para que no cese el embaucamiento, para que el ritmo de las sombras alimente un resquicio de esperanzas. El tiempo biológico de los latidos y las miradas de los prisioneros, se integra así en otro tiempo, en otro ritmo fuera de la naturaleza, y en las puertas mismas de la historia, que no puede, sin embargo, cuajar porque sólo se nutre de fantasmas. No es realidad, pues, lo que se ve en el fondo de la caverna, sino simulacro de realidad. No son de hombres, de animales vivos las sombras que se reflejan. Son objetos inanimados, figuras sin sustancia. Los hombres que las llevan tienen, incluso, bloqueadas sus sombras, la sombra de la vida que no podrá atravesar el muro donde, de hecho, esa sombra se extingue.
PRISIONERO LIBERADO
De pronto entran en escena otros nuevos personajes no incluidos en la nómina de Platón. «¿Qué pasaría si los prisioneros fueran liberados de sus cadenas?» (515b). Por lo visto hay también unos liberadores, alguien que desate y que obligue a emprender la ardua subida. Pero estos personajes no aparecen, no están encarnados en figura alguna, como la del prisionero o la del alienador-alienado. Los ojos del contemplador-histórico, que levanta el telón del mito, están fuera del tiempo que se agolpa en el texto, en el lenguaje del texto. La comunicación de la escritura, el sentido de lo dicho, se congrega en torno a unas ideas que se han convertido ya en historia, o sea, que han perdido compromiso y urgencia para ganar significación. Y, sobre todo, el bloque homogéneo y clausurado para siempre del mensaje escrito, arrastra consigo un tiempo perfecto y acabado ya. Entonces el lector efectúa la suprema tergiversación del texto:
Lo que es objeto se hace sujeto a través del puente del lenguaje. La experiencia ganada, las perspectivas entrevistas, los sueños realizados, inyectan una nueva forma de vida y circulan, a través de los ojos encadenados del lector, hacia el fondo de la caverna del texto. Pero esos ojos son ya liberadores. La conciencia histórica permite -tendría que permitir-, a todo lector, a todo hombre, descubrir en la voz escrita la sombra de un simulacro; pero no sólo del que Platón nos habla, sino de un simulacro pleno: aquel que en el telón de fondo de la caverna-texto, dejase reflejar la experiencia completa, sin el muro del engaño. Un reflejo sin muro, que dejase ver el movimiento de los personajes que transportan objetos simuladores de la vida; y que indicase, al par, que las palabras se transportan, a su vez, sobre el río de los hombres. Entonces, el fuego cercano de la realidad, las experiencias, las acciones, los sentimientos, las ideas que pueblan el mundo, serían capaz de convertir el sueño en vida, la ficción en historia.
No sabemos muy bien por qué; pero en la caverna andan juntos los fantasmas de la libertad y la mentira. No basta con soltar la cadena, con sentir la posibilidad de caminar. La libertad absoluta, vacía no existe. Sólo existe como liberación, como camino que asciende y que deja descubrir la trampa y la miseria. Pero aun así, el homo viator, el prisionero suelto, puede descubrir la falsedad, entrever la hoguera, los hombres ante ella, el desfile de las sombras inertes, y, con todo, aceptar esa media realidad. El estoicismo y el escepticismo fueron, en la filosofía helenística, ejemplos de esa sumisión lúcida a la sombra, ya conocida como sombra y reconocida como limitación.

EL PRISIONERO DE LA CAVERNA (5-10-04)

Desde el primer párrafo, Platón explicita que compara la educación que puede recibir un ser humano con la experiencia que va a narrar a continuación, de los que viven atados en una caverna desde niños. Y cualquier psicólogo o persona entrenada en descifrar metáforas, debería haber visto de lo que está hablando: en términos metafóricos habla de la educación en un ambiente cerrado, con un entorno falto de complejidad, sin estímulos culturales e imaginativos.
Comparando a los cautivos de la caverna, con las fanáticos del Islam, que ahora están tan de moda, que han crecido en ambientes segregados y con "orejeras". Y cualquiera que haya sido "condicionado" / adoctrinado / manipulado en las ideas de la cultura o de la religión en la región en la que se nace y crece y en la que no existe pluralidad ideológica, se convierte en un prisionero, cautivo, atado con cadenas (nacido y atado en caverna), que le impide moverse y ver a su alrededor, con la imaginación degradaba y sin posibilidad de razonar de forma lógica, e incapaz de ver otra realidad que no sea a través de sus condicionamientos mentales.
De forma que si un talibán crece condicionado, encerrado y atado en la caverna de los colegios de Afganistán, donde se le hace estudiar exclusivamente el Corán, y al que se le niega la posibilidad de ampliar sus fuentes de información, si sólo recibe refuerzos por actuar como sus maestros, crueles intérpretes del Corán, que ven en la mujer un ser de naturaleza inferior, a la que hay que encerrar y subordinar, ¡qué se puede esperar que aprenda!. ¿Por qué nos asombra que adopten el compromiso de permanecer ligadas a sus creencias y de defenderlas altruistamente hasta la muerte?
Cuando esa persona viaja, sale al exterior de su prisión, de su pequeño y cerrado mundo de ideas, lee libros "prohibidos", ve películas "malas", conoce costumbres "perniciosas",... (mira el sol), en principio tiene las estructuras cognoscitivas esclerotizas (a causa de encandilamiento no percibe nada) y no es capaz de admitir ni entender las nuevas ideas (no ve la realidad, y el sol le daña la vista). Por mucho librepensador o racionalista que le intente hacer ver otra realidad (la luz del sol) y le quiera cambiar su pensamiento y le diga que todas sus creencias son mitos, y que está muriendo y luchando por unos ideales falsos, pues no serviría de nada. Las palabras del racionalista, le ofendería (la luz del sol le dañaría la vista). Y mataría al racionalista por soliviantarlo o por blasfemar.
Pero si estuviese aún en edad de que, su mundo de ideas pudiese ser modificado fácilmente (hay una edad crítica, pasada la cual, los nuevos aprendizajes son más difíciles de implementar), cuando se introduce en ambientes abiertos y se acostumbra a las nuevas ideas (mira al sol), puede aprenderlas y preferir malvivir en este nuevo mundo, antes que en el anterior (de sombras y tinieblas). Pero en ese caso, al volver al mundo de los fanáticos e intentar mostrar su verdad a sus antiguos compañeros, ahora el masacrado sería él.
Las personas que han sufrido un condicionamiento desde la infancia (han estado en una caverna atados de pies y manos, y viendo una realidad de sombras), es muy difícil que cambien de ideas cuando salen y se exponen a otras (igual les pasa a los compañeros de bin Laden y a él mismo, que a pesar de estudiar en Europa y en Estados Unidos, lo han hecho a una edad en la que la exposición a las nuevas ideas, no les ha modificado en absoluto sus pensamientos fanáticos, y por tanto la luz del sol los ha dejado ciegos).
Y sólo se conseguirá modificar las creencias de cualquiera que haya estado en una caverna, gracias al refuerzo y a un fuerte aprendizaje que neutralice sus fuertes creencias, asentadas fuertemente en su consciencia.

LA FORMA DEL DIÁLOGO EN PLATÓN (01/10/04)

Platón quiere adecuar su obra a una época en la que la filosofía aún no se ha sedimentado en sistemas y teorías, sino que es discusión que brota desde la raíz misma de la comunidad y de sus problemas como tal comunidad. Y la mejor manera de plasmar esta reflexión en común se la ofreció el estilo literario del diálogo.

Sólo mediante el diálogo es posible hacer compatibles diversas opiniones sobre un problema. En él se refleja el pensamiento vivo en el que las ideas se entrecruzan y se fecundan. En esto consistía la mayeútica socrática: la sucesión de preguntas y respuestas.

Pero únicamente se nos plantea una pregunta cuando surge la duda sobre si las cosas son tal y como creemos que son; por eso es más difícil preguntar que responder, puesto que el que pregunta para saber parte del reconocimiento de la propia ignorancia.

«... En los diálogos platónicos no es difícil descubrir la distinción crítica entre habla auténtica y habla inauténtica. El que en el hablar sólo busca tener razón, no darse cuenta de como son las cosas, considera lógicamente que es más fácil preguntar qué dar respuesta, entre otras cosas porque no se corre el peligro de dejar a deber una respuesta a alguna pregunta. Sin embargo, el fracaso del que se pone a preguntar con esta intención viene a demostrar que el que está seguro de saberlo todo no puede preguntar nada. Para poder preguntar hay que querer saber, esto es, saber que no se sabe».

Esta es la auténtica actitud filosófica. Pero muchas veces ocurre que, por la comodidad de aceptar la opinión de la mayoría, somos incapaces de reconocer nuestra ignorancia y de plantearnos preguntas; no en vano la palabra que entre los griegos designaba a la opinión (doxa), significa la decisión adoptada por la mayoría en la asamblea. Pero, ¿coincide el ser de las cosas con la opinión que en general se tiene de ellas?. Esta es la pregunta que se hace el que realmente quiere aspirar al saber; el filósofo.

Por eso el arte del diálogo no es el arte de ganar a los interlocutores en la argumentación, sino el arte de seguir preguntando, de buscar la verdad, es el arte de pensar. Para desarrollar este auténtico arte de la investigación se deben cumplir unas condiciones fundamentales:

- La auténtica pregunta debe ser formulada de forma clara y precisa; y debe estar abierta a respuestas diversas.
- Los interlocutores no deben pretender aplastar al otro con argumentos, sino comprender y valorar la opinión contraria.
- La conclusión del diálogo no debe preconcebirse de antemano, pues su auténtica productividad consiste en que lo que sale a la luz es algo que pertenece a todos. La forma literaria del diálogo devuelve el lenguaje al movimiento originario de la conversación y con ello la palabra se protege de cualquier abuso dogmático.

Platón revela en el mito de Theuth, que no tiene una buena opinión de la filosofía escrita, puesto que lo que está escrito, no puede ser modificado para encontrar lo que cada lector necesita encontrar: «En Naucratis de Egipto vivió uno de los antiguos dioses de allá, aquel cuya ave sagrada es la que llaman ibis y cuyo nombre es Theuth. Este fué el primero que, entre otras cosas inventó la escritura. Era entonces rey de todo Egipto Thamus, cuya corte estaba en Tebas. Theuth fué al rey y le mostró su arte, afirmando que debía ser comunicado a los demás egipcios. Thamus le preguntó entonces que utilidad tenía. Y Theuth le respondió: «Este conocimiento, ¡oh rey!, hará más sabios a los egipcios; es el elixir de la memoria y de la sabiduría lo que con él he descubierto». Entonces Thamus le dijo: «¡Oh Theuth!, por ser el padre de la escritura le atribuyes facultades contrarias a las que posee, pues ella producirá en el alma de los hombres el olvido de la sabiduría, ya que, fiándose en la escritura, recordarán de un modo externo, no desde su propio interior. Será, por tanto, la apariencia de la sabiduría, no su verdad, lo que la escritura producirá en los hombres; y una vez que haya hecho en ellos eruditos sin verdadera instrucción, su compañia será difícil de soportar porque se creerán sabios en lugar de serlo»» (Fedro).

Es la articulación de preguntas y respuestas la que orienta al hombre hacia el conocimiento «de lo que es cada cosa en sí, la noción de su esencia». Cuando el diálogo alcanza este fin se convierte en auténtica dialéctica.

EL LENGUAJE DEL MITO
El mito, lejos de ser ajeno a nuestro pensamiento cotidiano forma parte integrante de nuestra conciencia colectiva: incluso no se opone al pensamiento científico. Mito y ciencia son dos formas de explicación de lo real que utilizan lenguajes distintos, metafórico e imaginativo uno, preciso y conceptual el otro.

El mito responde a una necesidad fundamental del espíritu humano y no puede ser considerado como un ensueño gratuito: más bien es una hipótesis de trabajo que el hombre utiliza para cuestionarse el presente y proyectar el futuro.

La grandeza del mito es que permite que nos reconozcamos en esas imágenes del pasado plasmando en ellas nuestras vivencias y limitaciones. Y al igual que la ciencia pretende ofrecer al hombre un modo de actuar sobre el mundo, asegurándole su posesión espiritual y material.

En el Mito de la Caverna, Platón nos propone un sistema de símbolos que nosotros vamos a intentar llenar de significado con nuestros problemas y aspiraciones.

DIÁLOGOS DE PLATÓN
Conjunto de escritos de Platón.
Sócrates no escribió nada pues creía que la escritura no era el lugar apropiado para la transmisión de la verdad y del conocimiento. Sabemos que su método de investigación y de enseñanza era la mayéutica y que el diálogo era una de sus partes fundamentales. Platón será fiel en gran medida a su maestro y también considerará que la verdad se muestra en el intercambio de ideas entre diversos interlocutores. Incluso definirá el pensamiento como "el diálogo que el alma mantiene consigo misma". En su juventud Platón escribió tragedias, pero, según cuenta la tradición, cuando conoció a Sócrates decidió quemar todos sus escritos y dedicarse a la filosofía. Estos dos hechos -la importancia que le dio al diálogo y su destreza literaria- se reúnen en el modo de escribir de este filósofo: sus obras están dotadas de una alta calidad estética y tienen la forma de diálogos, en su mayoría cortos: se reúnen varios amigos y entablan una conversación relativa a un tema de importancia filosófica (el conocimiento, el bien, la virtud, el amor, la belleza, el ser, ...); en casi todos los diálogos participa Sócrates como interlocutor principal y es quien habitualmente expresa las ideas del propio Platón.
Los diálogos de Platón se suelen dividir en grupos atendiendo al momento en que fueron escritos:
• diálogos de juventud (o diálogos socráticos): presentan las ideas de Sócrates y
una reivindicación de su figura; destacan "Apología de Sócrates "y Protágoras
• diálogos de transición: primeros esbozos de la Teoría de las Ideas y de la inmortalidad del alma; destacan "Menón"y "Crátilo";
• diálogos de madurez: en ellos presenta la Teoría de las Ideas ya desarrollada, sus implicaciones en antropología, ética y política, y los mitos más importantes; destacan "Banquete", "Fedón ", "República", "Fedro";
• diálogos de vejez: son los últimos escritos de Platón; aparecen algunas críticas a su propia teoría, preocupaciones por cuestiones lógicas y cosmológicas y en el campo de la filosofía política un mayor interés por la historia y las condiciones reales de la vida política; destacan "Teeteto ", "Parménides", "Sofista ", "Político", "Timeo " y 'Leyes"."

MITO O ALEGORIA DE LA CAVERNA (04/08-10-04)

Mito con el que Platón describe nuestra situación respecto del conocimiento: al igual que los prisioneros de la caverna que sólo ven las sombras de los objetos, nosotros vivimos en la ignorancia cuando nuestras preocupaciones se refieren al mundo que se ofrece a los sentidos. Solo la filosofía puede liberarnos y permitirnos salir de la caverna al mundo verdadero o Mundo de las Ideas.
En el libro VII de la "República" (514a-516d), Platón presenta el mito de la caverna. Es, sin duda, el mito más importante y conocido de este autor. Platón dice expresamente que el mito quiere ser una metáfora "de nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación", es decir, sirve para ilustrar cuestiones relativas a la teoría del conocimiento. Pero tiene también claras implicaciones en otros dominios de la filosofía como la ontología, la antropología e incluso la política y la ética; algunos intérpretes han visto también implicaciones religiosas.
La descripción del mito tal y como lo narra Platón en la "República" se articula en varias partes:
1. Descripción de la situación de los prisioneros en la caverna.
2. Descripción del proceso de liberación de uno de ellos y de su acceso al mundo superior o verdadero.
3. Breve interpretación del mito.

1. DESCRIPCIÓN DE LA SITUACIÓN DE LOS PRISIONEROS
Nos pide Platón imaginar que nosotros somos como unos prisioneros que habitan una caverna subterránea. Estos prisioneros desde niños están encadenados e inmóviles de tal modo que sólo pueden mirar y ver el fondo de la estancia. Detrás de ellos y en un plano más elevado hay un fuego que la ilumina; entre el fuego y los prisioneros hay un »camino más alto al borde del cual se encuentra una pared o tabique, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima de él, los muñecos. Por el camino desfilan unos individuos, algunos de los cuales hablan, portando unas esculturas que representan distintos objetos: unos figuras de animales, otros de árboles y objetos artificiales, etc. Dado que entre los individuos que pasean por el camino y los prisioneros se encuentra la pared, sobre el fondo solo se proyectan las sombras de los objetos portados por dichos individuos.
En esta situación los prisioneros creerían que las sombras que ven y el eco de las voces que oyen son la realidad.

II. PROCESO DE LIBERACIÓN DEL CAUTIVO
A. Subida hacia el mundo exterior: acceso hacia el mundo verdadero.
1. En el mundo subterráneo.
Supongamos, dice Platón, que a uno de los prisioneros, "de acuerdo con su naturaleza" le liberásemos y obligásemos a levantarse, volver hacia la luz y mirar hacia el otro lado de la caverna. El prisionero sería incapaz de percibir las cosas cuyas sombras había visto antes. Se encontraría confuso y creería que las sombras que antes percibía son más verdaderas o reales que las cosas que ahora ve. Si se le forzara a mirar hacia la luz misma le dolerían los ojos y trataría de volver su mirada hacia los objetos antes percibidos.
2. En el mundo exterior.
Si a la fuerza se le arrastrara hacia el exterior sentiría dolor y, acostumbrado a la oscuridad, no podría percibir nada. En el mundo exterior le sería más fácil mirar primero las sombras, después los reflejos de los hombres y de los objetos en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y la luz de los astros y la luna. Finalmente percibiría el sol, pero no en imágenes sino en sí y por sí. Después de esto concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años, que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
Al recordar su antigua morada, la sabiduría allí existente y a sus compañeros de cautiverio, se sentiría feliz y los compadecería. En el mundo subterráneo los prisioneros se dan honores y elogios unos a otros, y recompensas a aquel que percibe con más agudeza las sombras, al que mejor recuerda el orden en la sucesión de la sombras y al que es capaz de adivinar las que van a pasar. Esa vida le parecería insoportable.
B. Regreso al mundo subterráneo, exigencia moral de ayuda a sus compañeros.
1. Confusión vital por la oscuridad de la caverna.
Si descendiera y ocupara de nuevo su asiento tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, sería incapaz de discriminar las sombras, los demás lo harían mejor que él, se reirían de él y dirían que por haber subido hasta lo alto se le han estropeado los ojos -y que no vale la pena marchar hacia arriba.
2. Burla y persecución.
Si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz se burlarían de él, lo perseguirían y lo matarían.
III. INTERPRETACIÓN
A. Comparación de las realidades.
Debemos compara la región visible con la morada-prisión y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol.
B. Comparación de los procesos.
El ascenso y contemplación de las cosas de arriba es semejante al camino del alma hacia el ámbito inteligible.
C. Valor de la Idea del Bien.
Objeto último y más difícil del mundo cognoscible: la Idea del Bien.
Idea del Bien: causa de todas las cosas rectas y bellas; en el mundo visible ha engendrado la luz y al sol y en el ámbito inteligible es la productora de la verdad y de la inteligencia; es la realidad que es necesario ver para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.
TEXTO DE PLATÓN